Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

{2} Extrañas Sensaciones

'Fríos ojos, fuentes de miedo

Hielan el alma, hieren el cuerpo'

A pesar del cansancio que sentía, esa noche volví a encontrar dificultades para dormir. No estaba lloviendo, el firmamento se exhibía despejado en el exterior y el frío no era un problema debido a la calefacción que mantenía encendida. No entendía el motivo de mi insomnio, pero me rendí a él después de transcurrir una hora completa dando vueltas en la cama, sin lograr conciliar el sueño. Encendí la lámpara, cuyo resplandor se reflejó en el cristal de mi ventana. Más temprano, antes de recostarme, había cerrado la persiana por lo que no podía ver hacia afuera, sin embargo, me quedé observando el vidrio unos segundos, pensando en lo que había del otro lado.

Justin. Así había llamado mi hermano menor al chico que habitaba la casa contigua. No podía encontrar una justificación adecuada, pero él causaba un ápice de temor en mi interior, además de una profunda irritación sin sentido. Estaba intrigada por los sentimientos que mi nuevo vecino despertaba en mí. No era normal que la sola mirada de un extraño me provocara cosas tan intensas, como si realmente nos conociéramos, como si existiera un nexo invisible entre nosotros. Por supuesto, me convencí que era producto de mi mente saturada. Debía estar estresada a causa del estudio. Necesitaba abandonar los libros un tiempo para volver a conectar con otras personas que no fueran mi familia.

Con ese mismo pensamiento, me levanté a la mañana siguiente y, luego de compartir el desayuno con mi madre y mi hermano, volví a mi habitación para utilizar el teléfono fijo instalado allí. Marqué varios dígitos ya situados en mi memoria y una profunda voz masculina atendió al segundo pitido.

—Oh, Setter ¡Por todos los cielos! Son las diez de la mañana. —Se quejó Brian a través del auricular.

Al percibir la desidia en su tono, comencé a reír.

—¡De un hermoso día soleado! —Exclamé, simulando un exasperante júbilo. —Así que levanta tu trasero de la cama. Hagamos algo hoy.

—¿Me estás diciendo que quieres salir? —Preguntó él, denotando sorpresa —¿Qué pasó? Pensé que no ibas a sacar tu nariz de los libros en las semanas de vacaciones.

—Necesito distraerme un poco del estudio. Creo que me tiene abrumada. —Confesé.

—¿Solo es por eso? ¿Segura? —Inquirió con recelo.

Incluso sin estar frente a mí, Brian discernía cuando algo iba mal conmigo. Había sido mi mejor amigo por años. Al comenzar el instituto, me asignaron como su tutora de Matemáticas. Al principio, no podíamos congeniar. Él era el atleta de la clase, candidato prometedor a futuro galán necio, y mis prejuicios con respecto a eso no me permitían aproximarme a él más de lo estrictamente necesario que nuestras sesiones particulares.

Entonces, un acontecimiento épico sucedió y provocó que nos volviéramos inseparables. Estábamos abandonando la biblioteca una noche, después de pasar la tarde estudiando. Divisamos un chico riendo de forma estridente en medio de la calle y el espanto me impactó al percatarme de que sostenía el cabello de una compungida joven, zarandeando los mechones con fuerza. Me conocía lo suficiente para saber que debería haberme asustado al punto de quedarme inmóvil, sin embargo, un impulso extraño se apoderó de mi cuerpo mientras observaba a aquel despiadado muchacho. La furia tomó el control de mí, quitándome cualquier atisbo de razón. Caminé con prisa hasta la escena.

—¡¿Qué diablos haces?! —Espeté.

El joven se giró y en cuanto sus ojos se posaron en los míos, dio varios pasos atrás, como si mi mirada lo hubiera golpeado. Liberó a la chica, quien comenzó a correr calle arriba, desesperada por alejarse.

No me detuve a analizar el pánico que abarcó el semblante de ese chico al verme. Su cercanía producía un burbujeo de cólera en mi pecho que aplacaba cualquier otra cosa. Me encontraba bloqueada, no podía pensar, ni escuchar, ni ver nada más que al individuo frente a mí. Quería abalanzarme sobre él, quería provocarle daño. Estuve a punto de hacerlo, pero parpadeé, tan solo una milésima de segundo, y él había desaparecido.

—¡Alessia! —La voz de Brian al fin ingresó a mi oídos y sentí su mano posarse sobre mi hombro. —¿Qué fue lo que le hiciste? Huyó despavorido. —La diversión era evidente en su tono —Lo juro, chica, jamás te haré enfadar. —Se burló, haciendo que yo carcajeara y se fugara en esa risa el enojo descomunal que antes me abrumaba.

Suspiré ante el recuerdo, encontrando similitudes entre lo que ese violento desconocido me había causado y lo que Justin despertaba en mí.

—Bueno, es que tengo un nuevo vecino... —Comencé a relatar, acercando el auricular a mi oreja.

—¿Nuevo vecino, eh? ¿En la casa embrujada?

—Sí. Y él... Bueno, no lo sé, Brian. Es complicado, realmente no tiene sentido...

—Espera ¿Es joven?

—Sí, debe tener nuestra edad.

—Ya entiendo. Te gusta el vecinito nuevo.

—¡¿Qué?! ¡Brian! —Reí. —No es nada de eso.

—Por supuesto que sí, Setter. —Discutió él. —Al fin un chico logra tener tu atención y no sabes como lidiar con eso.

—Bien ¿Sabes qué? Solo olvidemos eso. —Interrumpí —¿Saldremos hoy o no?

—Por supuesto que sí. Pasaré por tu casa más tarde.

Acordamos los detalles antes de finalizar la comunicación. Una vez que colgué el teléfono fijo, tomé el móvil que se encontraba entre las sábanas de mi cama y descubrí varios mensajes de la noche anterior. Me senté en la silla frente a mi escritorio para responderlos, disfrutando que por primera vez en varios días el sol irradiaba su potencia y los rayos se colaban por mi ventana, iluminando el cuarto. Me fijé en el cielo y apreté el aparato celular que aún sostenía en mis manos al advertir la presencia de Justin a través del vidrio. Él estaba asomado a su ventana, mirando hacia abajo, a la angosta arteria de césped que separaba nuestras viviendas.

En ese momento, no lucía el brío siniestro que me había figurado de él, por lo tanto, no fui embestida por los confusos sentimientos que viví anteriormente en su presencia. Me permití a mí misma observarlo con detenimiento. Era un muchacho atractivo, no podía negar eso sin importar cuán irritada me sintiera a su alrededor. Por un breve instante, dudé en lo que Brian había dicho.

El único chico que había despertado interés en mí era uno de los tantos amigos de Brian, Michael («Mike»), y si bien habíamos compartido un intenso romance en el transcurso de unos meses, finalmente lo dejamos ir al aceptar que eramos mejor dupla como amigos que como pareja. Tal vez, simplemente, ahora me encontraba cautivada por la apariencia de mi nuevo vecino y eso provocaba los impetuosos nervios.

Encendí la cámara del teléfono móvil y, haciendo uso de mi discreción, lo acomodé de forma que apuntara al lugar donde el chico estaba situado. Mis amigas estaban enviándome mensajes de texto en ese momento y pretendía compartir con ellas esa imagen. Fruncí el ceño, desconcertada debido a que lo único que aparecía en mi pantalla era la ventana, sin Justin. Volví la mirada al exterior y él seguía exactamente en la misma posición, por lo que conjeturé que algún reflejo o el ángulo estorbaban el foco. Me moví un poco más cerca de mi cortina, mi celular quedando justo frente al perfil de Justin... Pero mi cámara no lo registraba, no captaba su retrato, como si no estuviera allí.

Asustada por esa anomalía, dejé escapar un escueto jadeo, casi inaudible, y la cabeza de Justin se irguió de repente en mi dirección, conectando sus ojos con los míos. Antes de extender el contacto visual, cerré la persiana de un tirón.

—¡Te juro que su reflejo no aparecía! —Exclamé nuevamente, tratando de controlar las palpitaciones de mi acelerado corazón.

Brian se encontraba sentado en mi cama, observándome mientras yo caminaba alrededor de mi habitación, visiblemente alterada. A pesar de ello, mi mejor amigo sonreía con plena diversión.

—Tienes suerte de que la psiquiatra sea mi madre y no yo, de lo contrario, ya te hubiera recetado un par de pastillitas. —Bromeó.

—No es gracioso, tonto. —Señalé, tomando un peluche de mi repisa y arrojándolo en su dirreción—Lo que digo es cierto... Y fue tan extraño.

—Setter, que le saques fotos a hurtadillas a tu vecino es bastante extraño también. —Carcajeó —Un nivel de acoso que jamás imaginé de ti.

—¡No lo estaba acosando! Yo solo...

—Solo necesitas relajarte. —Sentenció él, poniéndose de pie y acercándose a mí —Vamos por unas patatas y batidos al centro de la ciudad. Y más tarde podemos ir al cine si quieres.

Asentí ante su propuesta, suspirando profundamente.

—Sí. Tienes razón. Necesito abandonar un poco esta casa... Tomaré mi abrigo.

Salimos del cuarto y transitamos el rellano hacia las escaleras justo cuando el sonido del timbre se propagó por la sala. Mi madre abandonó la cocina y se precipitó a abrir la puerta, dejándome atónita al descubrir a Justin del otro lado.

Por indescifrable inercia, retrocedí unos pasos, chocando con el cuerpo de Brian. Le indiqué con un gesto que volviéramos al inicio del pasillo para escondernos detrás de la pared. Intrigado, accedió a mi petición y ambos nos ocultamos, asomando nuestras cabezas.

—¿Qué ocurre, Sherlock? —Murmuró él.

—Es él, es mi vecino. —Expliqué.

Justin habló, su voz sonaba profunda y ronca, pero su tono era de suave condescendencia:

—Buenas tardes, señora. —Saludó a mi madre. —Es un placer conocerla finalmente. Soy Justin Bieber, el hijo de Pattie... Vengo a apelar a su bondad hoy, ella me envía a pedirle un poco de harina. Estaba preparando un pastel cuando descubrió que no tenía... —Pidió, desbordando cortesía.

Mi madre, por supuesto, quedó maravillada ante los buenos modales de aquel rostro inmaculado. Mostró una sonrisa enorme, mientras accedía:

—Por supuesto, dulzura. Preparé un recipiente de harina para ustedes enseguida.

Ella retomó su camino hacia la cocina, pero Justin no se movió de su lugar. Seguía de pie, en el umbral de la puerta, observando fijamente la nuca de mi madre mientras se alejaba. Por fin, ella miró sobre su hombro, descubriendo que el chico se mantenía inmóvil.

—¿Sucede algo? —Inquirió.

—No, señora. Para nada. Solo sería una grave falta de educación de mi parte irrumpir en su casa sin que usted lo apruebe. —Respondió, afable.

—¡No te preocupes, hijo! Eres bienvenido a entrar... —Exclamó, ingresando a la cocina.

Después de aquella invitación, una sonrisa ladeada tiró de los labios de Justin y puso un pie sobre sobre la alfombra de la sala, para luego introducirse en ésta por completo.

Las carcajadas ahogadas de Brian producían una leve vibración en el aire.

—Ciertamente, sería una grave falta a la educación del siglo XV. —Se mofó.

No pude evitar la gracia que me causó aquel comentario, sin embargo, reprimí la risa para mantener el silencio. Saqué el móvil de mi bolsillo y, otra vez, encendí la cámara.

—Mira esto. —Susurré.

Mi amigo se apegó a mí para mirar la pantalla mientras acomodaba el teléfono frente a nosotros. En el instante que estuve a punto de enforcar a Justin, él levantó su cabeza, clavando su gélida mirada en nosotros. Dejé caer el celular, el cual causó un ruido estrepitoso al chocar contra el suelo. Mi madre volvió a la sala, llevando un tazón de harina. Fijó su atención escaleras arriba, la causa del bullicio, y se percató de nuestra presencia allí.

—¿Qué hacen ustedes ahí? ¡Vengan aquí!

Brian y yo descendimos por las escaleras, deteniéndonos frente a mi madre, quien se había posicionado a un lado de Justin.

—¡Hola! —Éste se dirigió a nosotros, mostrando un semblante sereno que difería de la dureza que nos había dedicado segundos antes.

—Hola. —Respondió Brian, pude advertir la incomodidad en su voz.

Asimismo, yo no logré articular una palabra. Me encontré frente a sus ojos color ámbar y las sensaciones ya conocidas que éstos provocaban en mí. Apreté mis manos, volviéndolas puños, y contuve la respiración.

«Quería patearlo. Quería golpearlo»

Me asusté por la intensidad de aquellos impulsos. Vi que sus labios formaban una sonrisa casi imperceptible, como si mi reacción lo estuviera divirtiendo.

—Aquí tienes.

Mi madre le entregó el recipiente y me fijé en ella, sacando la atención de mi vecino para recuperar el control de mí misma.

«¿Qué sucedía conmigo?»

—Muchas gracias, señora. Es usted muy amable. —Reverenció Justin. —Permítame que la invite a cenar a nuestra casa esta noche. Estaremos gustosos de recibirla a usted y a su familia.

Al pronunciar aquello último, me miró una vez más, solo por un segundo, pero fue suficiente para notar que su amabilidad no era más que una máscara de papel.

—¡Nosotros estaremos encantados de ir! —Aceptó enseguida mi madre.

—¡Perfecto! Debo irme ahora. Muchas gracias de nuevo. —Su férrea mirada volvió a mí —Nos vemos esta noche.

-TatianaRomina

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro