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{16} Cruel Instinto


'Descubrir la verdad ¡Cuánto dolor infiere!

Y la vida que fue tuya, cambia para siempre'



Dentro de las cuarenta y cuatro hectáreas que conforman el microestado del Vaticano, solo residen ochocientos habitantes oficiales. Con la acentuación en la palabra "oficiales", pretendo aclarar que existen más personas situadas en ese lugar, cuyas identidades son desconocidas y sus existencias ignoradas por el resto del mundo. En aquel pequeño país independiente, cada individuo sirve de alguna forma a la Santa Sede, incluidos los que residen allí de incógnito. Y éstos son, por supuesto, los Venandi.

Encontrarme en el corazón de Roma no me había cautivado al punto de producirme embeleso. No podría hacerlo en la situación que me encontraba. Dos Venandi de prominente tamaño me escoltaban a través de la plaza de San Pedro, para introducirme luego en la basílica que portaba el mismo nombre.

—Es un placer conocerte al fin de la manera pertinente, Alessia — Habló un hombre que se encontraba en el umbral de la gigante puerta del edificio, esperándome.

Hizo una leve reverencia ante mi presencia y lo reconocí entonces. Era el mismo que había tocado a mi puerta el primer día de mi estadía en Inglaterra. Aquel que me había ofrecido un folleto haciéndose pasar por un empleado del hotel, aquel por el cual yo me había empoderado por primera vez...

» —Mi nombre es Camillo — Se presentó, ignorando mi falta de respuesta —Y soy tu abuelo.

Aquella revelación logró captar mi atención. Lo observé fijamente, absorbiendo sus rasgos. Ciertamente, se parecía mucho a mi padre.

—¿Dónde está él? — Solté la pregunta recordando a mi progenitor, hablando por primera vez desde que los dos Venandi detrás mío me habían recogido en el aeropuerto —¿Dónde está mi padre?

—Emilio está... realmente disgustado — Respondió mi interlocutor.

Hizo una seña a mis ascendentes quienes me escoltaban y, pronto, desaparecieron entre el gentío de turistas que por allí paseaban. Eran apenas las tres de la tarde, la luz del día alumbraba los secretos que todos preferían ignorar.

» —Entra — Me indicó el hombre, dándome la espalda e ingresando en la basílica.

Lo seguí, recorriendo varios pasillos de la sublime construcción hasta descubrir una habitación privada de extranjeros, donde mi abuelo nos encerró antes de sentarse frente a un enorme escritorio y retomar el habla:

—Han llegado hasta mis oídos los motivos del profundo enojo que asalta a mi hijo — Comenzó a exponer —Y yo mismo me sentí impresionado ante ellos — Se inclinó sobre el escritorio, apoyando los codos sobre éste y contemplándome con firme atención —Dime, Alessia ¿Cuál es el actual vínculo que los une a Justin Bieberian y a ti?

No respondí. Ni siquiera continué respirando. Mantuve el aire que anteriormente había inhalado dentro de mis pulmones, reteniéndolo allí por una dañina cantidad de tiempo. Ante mi falta de reacción, Camillo prosiguió:

—Entiendo que has transcurrido tu vida ignorando los acontecimientos para los que estabas predestinada, pero también sé que esa información se te fue revelada hace un tiempo, y aún así, tus reacciones me resultan bastante desconcertantes — Se reclinó en su asiento, recargando su peso sobre el respaldo, y el brillo de interés que delataban sus ojos no me pasó desapercibido —Tienes pleno conocimiento de que eres la criatura sobrenatural más poderosa que existe hoy en la tierra, la primera descendiente mujer de una estirpe sumamente fuerte, por tanto, la única con la capacidad de erradicar la aberración que significa el vampirismo. Durante siglos, hemos estado esperando tu nacimiento, Alessia — Afirmó —Te hemos ansiado más de lo que una sequía ansía la lluvia... Y puedo decir lo mismo del último Bieberian que queda con vida. Él también ha esperado por ti, mas, a diferencia de nosotros, tu familia, quienes te hemos anhelado, él aguardaba tu llegada solo para eliminarte una vez que aparecieras.

» —Sin embargo, él fue más astuto — Determinó, adoptando un aire taciturno, como si estuviera cavilando sobre ello —Desde la eternidad, los Bieberian han gobernado su especie porque su violenta naturaleza se ha impuesto sobre cualquiera. Al contrario de lo que te ha hecho creer, la apetencia por destrucción transita constante en la esencia de Justin y debido a eso supimos que él querría una batalla épica contigo, por eso no te asesinó cuando tuvo la oportunidad de hacerlo al ser tu apenas una recién nacida. En cambio, fingió desarrollar simpatía hacia ti para tenerte más cerca. Destruirte le iba a resultar mucho más fácil si tú renunciabas a tu naturaleza...

—Lo que estás diciendo no es verdad — Determiné, rechazando cada palabra de su relato —Sé que Justin no ha estado fingiendo conmigo.

—Fue un ingenioso plan de su parte, debo admitir, y veo que ha surtido el efecto deseado — Continuó hablando, escrutando mi rostro con ojos inquisidores —Incluso logró que dominaras tus propios instintos de cacería, a los cuales debiste haber sucumbido sin vacilar.

—No me entregué a los impulsos Venandi porque yo, por voluntad propia, luché contra ellos. Nunca quise lastimar a Justin y estoy segura que él no quiere lastimarme ahora.

Los músculos en la cara de mi abuelo se tensaron mientras apretaba sus párpados con fuerza y exhalaba un fuerte suspiro, luciendo exasperado.

—No puedo concebir esto — Murmuró. Luego, abrió sus ojos, revelando la frialdad que albergaban —Justin Bieberian logró que te enamoraras de él — Conjeturó, su voz delatando hostilidad, como si me estuviera inculpando por aquello.

No me sentía lo suficientemente segura para utilizar ningún término relacionado con la palabra "amor", pero aún así, respondí con firmeza:

—Yo quiero a Justin y él me quiere a mí.

—Alessia, los vampiros no poseen la capacidad de sentir — Remarcó con lentitud.

—Algunos logran desarrollarla — Repliqué.

De repente, la expresión de Camillo mostró un cambio y, en su lugar, se mostró entretenido, casi divertido:

—¿Eso es lo que te dijo? — Mostró una amplia sonrisa rebosante de gracia.

—Sí — Susurré, desconcertada por aquel cambio.

—Bueno, entonces, si estás empeñada en creer en sus palabras, de nada sirven las mías — Se levantó de su asiento y caminó hacia la puerta, rozándome ligeramente el pasar, lo que provocó que mis instintos se encendieran levemente, acelerando mi corazón —Y en ese caso — Prosiguió —,debo mostrarte que has confiado en una vil mentira... Sígueme, por favor.

La adrenalina disparada por su tacto me animó a seguir su paso a través de varios corredores. Fueron largos minutos los que nos dedicamos a caminar por ellos, tanto que comencé a cansarme de hacerlo.

—¿A dónde vamos? — Inquirí.

Un solo segundo después, mi acompañante se detuvo frente a una puerta, demasiado pequeña comparada con el resto de los gigantes umbrales. La abrió y solo pude distinguir oscuridad en el interior de aquel cuarto.

—Creo que es hora de que, finalmente, conozcas a Alessandra — Afirmó.

Su frase provocó que un escalofrío recorriera mi cuerpo. Nunca imaginé mi encuentro con mi ascendiente, pues planeaba que jamás ocurriera. Pronto, con poco esfuerzo ya que yo me encontraba débil debido al aturdimiento, Camillo me guió dentro de la habitación y vislumbré los peldaños de una escalera. Bajé por ellas, siendo firmemente escoltada por mi abuelo, hasta que estuvimos situados en medio de lo que parecía un sótano construido con antiguas piedras. la humedad era tal que el frío produjo temblores en mí, aunque también los adjudicaba a los nervios.

—Alessia — Una profunda voz femenina resonó en las paredes del lugar.

Entonces, de forma abrupta, varias luces se encendieron, cegándome momentáneamente debido al repentino brillo. Cuando mi vista se hubo ajustado al cambio, la vi por primera vez, de pie frente a mí.

Era una mujer alta, que aparentaba menos de cuarenta años, mas los rasgos de su semblante eran tan duros que su rostro podría ser de arcilla. Sus ojos también destilaban aspereza y estaban, precisamente, conectados con los míos.

Habían transcurrido varios siglos desde su generación hasta la mía, aún así, podía apreciar similitudes entre ella y mi padre. Por otro lado, yo no me parecía a ellos en absoluto. Había heredado los atributos físicos de mi madre y, en ese momento, agradecí infinitamente aquello.

«No quería que nada me vinculara a esa mujer»

» —Para tratarse del arma letal que hemos estado esperando durante nuestras cuasi inmortales vidas... — Pronunció mi ascendente —...resultaste ser una infausta decepción.

—El sentimiento es mutuo — Repliqué, osada —Aunque seas la primera de tu raza, es difícil que inspires admiración cuando a lo que te dedicas es absurdo — Desafié —Las atrocidades cometidas por Aldous Bieberian sucedieron demasiado tiempo atrás, y él ha pagado por cada una de ellas en el momento en que lo asesinaste. La guerra que intentas perpetuar, ahora no tiene sentido.

—Te diré algo absurdo... — Anunció mi interlocutora. Las reacciones que denotó ante mis palabras fueron casi imperceptibles, mas vislumbré la forma en que sus facciones se moldearon aún con mayor dureza y sus ojos se tornaron carentes de emoción —Tú, Alessia. Tú eres absurda. Y siento vergüenza solo al mirarte, recordando que creíste las endebles mentiras de un vampiro, que te involucraste con él...

De forma repentina, ella avanzó con extraordinaria velocidad y se detuvo a pocos centímetros de mí antes de golpear su mano contra mi mejilla. Mi pómulo afectado comenzó a cosquillear gracias a un potente ardor de inmediato, sin embargo, noté que el impacto había sido atenuado debido a algo. Observé su palma y la encontré cubierta por un guante. Luego, elevé mi cabeza y la miré fijamente a los ojos, los míos emanando rabia, los suyos aún impasivos.

» —No quiero tener contacto directo contigo aún — Explicó, notando mi anterior análisis —Te empoderarás de tal forma que tu energía no podría soportarlo. Primero, debes entrenarte...

—¡No voy a entrenarme para nada! — Vociferé —¡No voy a hacerlo!

—Tráiganlo — Ordenó la mujer y una puerta adherida al sótano se abrió de repente, revelando dos hombres (Venandi, supuse) arrastrando un cuerpo inerte —Alessia, este es Milan. Uno de los tantos vampiros que disfrutan masacrar humanos.

Con lentitud, la cabeza del demacrado Milan se elevó para conectar sus negros ojos con los míos. Su aspecto denotaba que lo habían mantenido como prisionero durante mucho tiempo.

» —Milan accedió a compartir sus recuerdos con nosotros a cambio de un trato más... amable de parte de los guardias — Explicó Alessandra, gesticulando hacia el vampiro.

Otro Venandi apareció, sosteniendo una vasija cargada de agua. Puso la misma frente a Milan y éste tocó la parte frontal de su cabeza, cerrando los ojos y contrayendo los músculos de su cara, como si estuviera realizando un enorme esfuerzo. Finalmente, se relajó y llevó la mano hacia el agua, la cual se agitó fuertemente. Entonces, le entregaron la vasija a mi ascendente.

—Aquí está — Murmuró, contemplando las pequeñas pero potentes oscilaciones del líquido.

—¿Qué está pasando? — Interpelé, aturdida.

Nuevamente, Alessandra me tomó por sorpresa, haciendo presión en mi cuello y hundiendo mi cara en el agua. La mayor parte de mi rostro quedó sumergida y luché para liberarme y respirar, sin embargo, las imágenes vinieron a mi mente antes de que mis esfuerzos surtieran efecto:

Milan reía de manera histérica mientras veía el charco de sangre extenderse en el suelo. Un cuerpo sin vida yacía a pocos metros y sobre él se inclinaba Justin Bieberian, quien sonreía entretenido y negaba con la cabeza. Su mentón estaba manchado con el brillante color escarlata de la sangre fresca.

"Yo quería decapitar a ésta" Se quejó Milan, mas no parecía contrariado.

"Tal vez la próxima" Respondió Justin, denotando diversión una vez más.

Por fin, pude emerger del agua. El impulso me envió varios pasos hacia atrás, donde fui atrapada por mi abuelo. Comencé a respirar con agitación, debido a los largos segundos faltos de aire y a la terrible escena que fui obligada a ver. Mi pelo, mojado, se pegaba a mi cara y sentía que estaba siendo sofocada tanto por él como por mis emociones.

—¡¿Qué fue eso?! ¡Eso no es real! — Exclamé, mas mi voz salió en un murmullo.

—Es un recuerdo que estaba almacenado en la memoria de Milan. Por supuesto que es real — Se limitó a responder mi ascendente, entregando la vasija a otro Venandi e indicando que se la llevaran.

—Es imposible... ¿Cómo podría ver su recuerdo? — Seguí interrogando, incrédula.

—Los vampiros son capaces de vislumbrar o incluso de extraer recuerdos de las mentes de otros seres cuando éstos experimentan un potente sentimiento o cavilan en profundidad un pensamiento, pues irradian suficiente energía vital para que ellos puedan manipularla — Esclareció ella, observándome con sus irises vacíos de empatía —En este caso, Milan solo estaba concentrándose en recordar, por supuesto, ya que no tiene la capacidad de sentir... Como tampoco la tiene Bieberian.

Ante esa mención, sentí como si mi corazón fuera estrujado. El dolor se volvía insoportable, porque percibía la veracidad de aquello que había visto. Sabía que era cierto. Sabía que aquel recuerdo era real.

Quizás Justin no había destapado su verdadera naturaleza conmigo porque realmente no sentía deseos de hacerlo, sin embargo, él mismo había admitido que mataría a mis hijos sin pestañear. Quizás yo era la única persona exenta de la crueldad de Justin Bieberian, pero eso no la hacía desaparecer.

Para que su vileza dejara de existir, era necesario que él también lo hiciera.


-TatianaRomina-

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