{14} Ilusoria Realidad
'Siempre se va el sol, siempre cede ante la oscuridad
¿Quién estará para ti, cuando tú ya no puedas brillar?'
Una espesa capa de césped cubría la gruesa raíz de un árbol, ocultándola de los ojos distraídos. Mi hermano tropezó con ella, mas me apresuré en su dirección y lo sujeté por el codo antes de que pudiera caer al piso.
—¡Cuidado, enano! — Advertí, señalando el capcioso camino que recorríamos.
—¡Wow! — Exclamó David, observándome fijamente con una brillante mirada que delataba fascinación —Corriste super rápido — Apuntó.
Eché un vistazo hacia atrás y pude apreciar la enorme distancia que había recorrido en tan solo un segundo. Mi madre, Patrice y Justin, junto a quienes venía recorriendo el tramo, aún estaban a varios metros de mí, avanzando con lentitud entre los árboles.
—Sia... — Jadeó mi mamá, atónita —Eso fue... Fue... — Titubeó.
—¡Heroico! — La interrumpió Patrice, mostrando una sonrisa —Eres una maravillosa hermana mayor.
Solté a David, asegurándome de que sus pies estuvieran sobre suelo firme. Me encontraba perturbada por mi accionar. Me había desplazado a una velocidad extraordinaria y ni siquiera me había percatado de ello... Mas ese tipo de cosas habían estado sucediéndome con frecuencia los últimos días, y cada vez era más difícil ignorar las señales.
—¿Estás bien? — Le pregunté al niño.
Él asintió con energía.
—Estoy bien. La señora Patrice tiene razón, tú eres la mejor hermana de la tierra — Confirmó, enredando sus brazos en mi cintura y apretándome en un fuerte abrazo que no dudé en devolver.
—David ¡Deja de adelantarte! — Lo regañó mi madre, llegando a nuestro lado —Este terreno es peligroso.
Eché un vistazo alrededor. A donde fuera que mirara solo podía captar hectáreas del bosque de Sheerwood. Habíamos viajado hasta aquel pueblo para visitar el lugar, atraídos por ser el terreno donde la leyenda de Robin Hood había comenzado. En realidad David era el más entusiasmado con la idea, por otro lado, mientras más nos adentrábamos en el bosque y el número de árboles crecía, juntando sus copas e impidiendo que la luz del sol traspase sus hojas, mi propia emoción por aquella excursión decaía.
Mis ojos detuvieron su examen en cuanto se toparon con los de Justin, quien me observaba atento. Pude vislumbrar el resplandor ámbar que sus irises comenzaban a irradiar debido a la creciente oscuridad.
Luego de nuestro fracaso con Petzat, un acuerdo tácito se gestó entre ambos y evadimos cualquier tema sobrenatural, tratando de transcurrir el resto del viaje con normalidad. En el fondo, aquello no era más que un intento por evitar pensar en el inminente desastre que se avecinaba a nuestras vidas, como si ignorar el hecho fuera a hacerlo desaparecer. De todas formas, éramos buenos fingiendo que nada abrumador sucedía.
«Demasiado buenos»
Los últimos dos días solo nos habíamos dedicado a visitar puntos turísticos y a merodear por el hotel. El lugar donde estuviéramos no era de importancia suma, puesto que, fuera donde fuera, siempre terminábamos de la misma manera: besándonos en algún recóndito espacio apartado.
Mi madre continuó su camino, manteniendo a mi hermano menor a su lado y tanteando el suelo del bosque con cada paso. Los observé alejarse hasta que estuvieron lo suficientemente lejos y la voz de Patrice irrumpió el silencio:
—¿Qué ha ocurrido? — Inquirió, luciendo confundida.
—Un Venandi se ha infiltrado en el hotel hace unos días y ha llegado hasta Sia — Explicó Justin —Ella se ha empoderado. Su costado sobrenatural ha comenzado a fluir.
Mientras hablaba, el vampiro se mantuvo inexpresivo, mas su madre pareció realmente afectada por la declaración. Sus ojos se desviaron a los míos y me digirió una mirada cargada de significado: ella creía que yo estaba perdida. Incluso pude dilucidar eso en la sonrisa vacilante que me dedicó antes de seguir los pasos de mi madre.
—Me queda poco tiempo ¿Verdad? — Murmuré, mi voz salió estrangulada por la falta de aire.
En vez de responderme, mi vecino buscó mi mano con la suya y enredó nuestros dedos.
—Sígueme — Indicó, girando sobre sus talones y empezando a andar entre los enormes y viejos árboles cubiertos de musgo.
Me guió con destreza por varios metros, aún por lugares sinuosos entre mata y rocas. Pronto nos detuvimos en una porción de tierra llana, donde un solitario sauce llorón estaba situado en el medio, apenas iluminado por el cielo. Ambos nos encaminamos al árbol y una vez frente a éste, él soltó mi mano y comenzó a escalarlo. Lo imité, pero las ramas eran frágiles y el vampiro demostraba mayor destreza que yo para dominar el ascenso. Estuve a punto de quejarme cuando, de repente, las ramas empezaron a moverse por sí solas, como siendo empujadas por un viento delicado, y juntas formaron una especie de escalera para que yo pudiera impulsarme hacia arriba. Sonreí, sabiendo que era Justin quien estaba manipulando las ramificaciones para ayudarme.
Finalmente, llegué a una desviación del grueso tronco y me subí sobre él, procurando equilibrarme para no caer. Una mano sujetó mi brazo, ayudando a mi estabilidad. Levanté mi rostro para encontrar que los irises de Justin habían comenzado a brillar impetuosamente en las sombras producidas por las hojas del sauce cayendo alrededor de nosotros y la luz color ámbar que irradiaba me cautivó de tal forma que me tomó varios segundos lograr mantenerme de pie por mí misma.
—¿Recuerdas cuando nos conocimos propiamente? — Interrogué en cuanto nos sentamos en el tronco, nuestras piernas colgando, nuestras manos entrelazadas nuevamente y ubicadas sobre mi regazo —No me refiero a la noche cuando te vi a través de mi ventana y tú estabas allí, exhibiendo tu impecable aura de maldad en su máximo nivel — Ironicé —,sino cuando fui a tu casa a cenar y amenazaste con decapitarme... Esa fue una gran primera impresión — Me burlé, mientras negaba con la cabeza.
—Que me hayas seguido hasta la cocina, acechándome en mi propia casa, tampoco deja de ti una impresión encantadora — Él me sonrió, mofándose.
—Yo creo que sí, porque mira donde estamos ahora — Señalé, mientras mi vecino se inclinaba para unir sus labios con los míos.
Nos besamos por un largo tiempo. Justin acunó mi rostro entre sus manos y yo enredé las mías en su cabello. En un momento, fui consciente de que las delgadas ramas que portaban las miles de hojas habían comenzado a moverse, como aquella vez, durante el picnic que mi vecino y yo compartimos, cuando provocó que formaran un túnel alrededor de nosotros. Pero en esa ocasión, simplemente bailaban, produciendo aquel espectáculo de luces que tanto me maravillaba. Rompí el beso, separándome suavemente de él, para admirarlas con mayor embeleso. Sin embargo, fueron tan solo unos segundos antes de volver mi atención al vampiro.
—Quiero que esto dure por siempre — Expresé.
De forma abrupta, las ramas se quedaron inmóviles mientras Justin observaba mis ojos fijamente. Una sonrisa quiso tirar la comisura de sus labios, pero vaciló y terminó por deformarse.
—Desearía que así fuera — Contestó.
Nuestro último día en Inglaterra resultó amanecer con un bello clima, donde el sol irradiaba su cálida potencia. El hotel decidió servir el desayuno en el amplio patio trasero, utilizando una larga mesa para exhibir la comida y colocando varias mesas y sillas en el césped. Mi madre y yo estábamos sentadas en una, conversando mientras ingeríamos nuestros respectivos aperitivos matutinos.
—Lamento que la oferta de Cambridge no te hubiera convencido — Me dijo ella, mientras daba un pequeño mordisco a una tostada —Pero aún puedes ir a Stanford — Agregó, entusiasmada.
—Seguro que sí — Susurré, procurando que mi pesar fuera imperceptible.
Justin hizo su aparición en el patio. Aún a varios metros de distancia, reconocí su cuerpo saliendo por la enorme puerta. Nuestras miradas se encontraron y él me dedicó una dulce sonrisa que devolví casi por instinto.
—¿Qué hay entre ustedes? — La voz de mi madre hizo que volviera mi atención hacia ella.
—¿Entre quiénes? — Indagué, tomando un sorbo de mi café.
—Entre Justin y tú — Esclareció, sonriendo con complicidad, como si supiera que yo estaba haciéndome la desentendida a propósito.
—Oh... Él es un gran chico — Afirmé.
—Y bastante guapo ¿no crees? — Añadió, guiñándome un ojo.
Su comentario me mortificó, pues estaba segura de que, en la distancia, Justin podía oírnos debido a sus habilidades paranormales. Eché un vistazo en su dirección y lo encontré de espaldas a nosotras, sirviéndose comida de la mesa, sin embargo, pude apreciar que sus hombros se movían debido a la risa que lo asaltaba.
Decidida a usar la situación a mi favor, anuncié:
—También engreído, arrogante y, por sobre todo, entrometido — Remarqué la última palabra y noté que él me miraba sobre su hombro, dedicándome una sonrisa y un rápido guiño antes de volver a centrarse en el desayuno.
Mi madre, por otro lado, parecía perpleja.
—Creí que acababas de decir que era un gran chico — Murmuró, confundida por mi extraña actitud.
Negué con la cabeza para restar importancia a mis anteriores palabras y sonreí.
—Lo es — Confirmé.
Después del desayuno, me dirigí a recorrer por última vez el extenso campo del hotel. Me encontraba caminando con parsimonia por éste cuando sentí una presencia detrás de mí, una presencia que previamente me hubiera despertado un impulso violento, pero que en ese instante solo me hizo sonreír.
—¿No te cansas de acecharme? — Bromeé, y una milésima de segundo después, Justin apareció frente a mí.
—Nunca — Respondió, sonriendo.
Me puse de puntillas de pie para alcanzar sus labios y proporcionarle un corto beso.
—No tengo ninguna queja sobre eso — Confesé.
—¿Sabes? Sobre esa lista de adjetivos para mi persona que estabas enumerando con tu madre hace unos momentos... — Empezó a decir, enredando mi cuerpo entre sus brazos y acercando nuestras anatomías —Creo que te ha faltado el más importante.
—¿Cuál?
—"Trasero caliente"... ¿No era así como me llamaste con esa amiga tuya?
—Te he llamado muchas cosas, Justin, me sorprende tu capacidad para recordar solo las buenas — Observé, aceptando el apretado abrazo en el que estábamos fundidos, aún sin dejar de enfrentar nuestros rostros.
—Poseo muchas otras capacidades con las cuales estarías sorprendida — Insinuó, esparciendo suaves besos por toda mi cara.
Me reí y sostuve sus mejillas para dirigir su boca a la mía. Nos besamos con delicadeza durante un tiempo. Justo cuando su lengua se abrió paso entre mis labios y comenzó a acariciar la mía, un potente grito hizo eco en el aire:
—¡Alessia!
Alarmados por el repentino sonido, ambos nos separamos de inmediato y dirigimos nuestra atención hacia la fuente de éste mismo.
Un hombre de mediana edad nos observaba. Su expresión delataba lo estupefacto que se sentía por la escena desarrollada frente a él. Finalmente, el pasmo dio paso a la ira, evidenciada en todo su cuerpo.
» —¡¿Qué diablos está pasando aquí?! — Vociferó.
La consternación me impedía reaccionar. No tenía idea de quién era el recién llegado, ni porque estaba reaccionando de esa forma. Justin, por el contrario, destilaba igual furia que aquel hombre en la mirada que le estaba dirigiendo.
—¿Qué estás haciendo aquí? — Masculló el vampiro, aunque sus palabras apenas eran reconocibles ya que las pronunció entre sus dientes apretados.
En un parpadeo, el hombre había llegado a nosotros y estaba tomando a Justin por el cuello, lanzándolo al suelo y cayendo sobre él para inmovilizarlo. Fue aquel acto lo que, al fin, produjo en mí el reanimo.
—¡No! — Exclamé.
Tomé los hombros del extraño y los jalé. Desesperanzada, realmente no esperaba que mis pobres esfuerzos dieran resultados pero, para mi sorpresa, ante mi acción, el hombre fue empujado hacia atrás de forma rápida y violenta, cayendo sobre su espalda en el césped, a varios metros de distancia. No presté mayor atención a aquello, sino que enseguida me precipité en ayudar a Justin a incorporarse.
—¿Estás bien? — Inquirí, sosteniendo su brazo, preocupada, aunque él no parecía haber sufrido mayor percance.
—¡Aléjate de él, Alessia! — Demandó el desconocido.
Me giré para enfrentarlo.
—¿Qué demonios te pasa? — Espeté.
Entonces, de manera abrupta, su rostro me resultó demasiado familiar y no tardé en conectarlo con mis recuerdos. Lo asocié a las fotos colgadas en las paredes de mi hogar, a los álbumes guardados, a los videos caseros que había visto... Sentí que mis pulmones se quedaban sin aire y me esforcé por pronunciar:
» —¿Papá?
-TatianaRomina-
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