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{11} Incipiente Emoción


'La implacable fuerza de las palabras ejerce su poderío

Para bendición o maldición, ellas marcarán tu destino'


Estaba admirando el paisaje que la pequeña ventana del avión exhibía, cautivada por el sublime color celeste del cielo, el cual acaparaba la mayor parte de mi visión, y las nubes que lo adornaban se encontraban tan cerca que producían en mí una sensación de bello ensueño. Quise perderme en él para no enfrentar la realidad que me esperaba. 

Justin me había explicado que aquel viaje era más que un simple señuelo para evadir mi entrenamiento. Inglaterra era el único país del mundo que poseía mayor cantidad de habitantes vampiros que humanos. Allí, podríamos encontrar una especie vampírica denominada 'Ancest'.

—¿Y qué se supone que ellos pueden hacer por nosotros? — Lo había interrogado horas antes.

—Han vivido más de cinco mil años. Al transcurrir tanto tiempo sobre la tierra, los vampiros desarrollan capacidades especiales — Respondió.

—¿Qué tipo de capacidades?

—Tienen el poder para sellar pactos. 

—¿Eso qué significa?

—Absorben la energía de un ente natural y la imprimen en sus propias palabras. Al tener respaldo vital, sus dichos cobran vida propia y se convierten en una especie de profecía... Lo que digan, será hecho — Esclareció.

—¡Eso es perfecto! — Exclamé, pero al notar que mi vecino no compartía mi entusiasmo, agregué: —¿Qué ocurre?

—Será muy difícil encontrar algún Ancest dispuesto a ayudar nuestra causa y, aunque lo hiciéramos, ellos están limitados en sus pactos. No pueden conjurar nada que la naturaleza no apruebe...

Aún observando el cielo, me llené de pensamientos optimistas. La guerra entre razas no era un plan de la naturaleza, sino una malvada desviación de sus pobladores. Si un vampiro Ancest profesara terminar con el conflicto, debería estar de acuerdo con ello...

«Pero entonces ¿Por qué no lo habían hecho antes?»

Mi capacidad sensorial captó un movimiento a mi izquierda por lo que quité la mirada de la ventana para dirigirla a la persona ubicada a mi lado. Una vez más, Justin se había inclinado en su asiento para inspeccionar el cinturón de seguridad en mi abdomen. Una expresión seria estaba plasmada en su rostro mientras sus ojos escrutaban el cinto y sus manos palpaban el broche, cerciorándose que estuviera correctamente enlazado.

—¡Justin, deja esta cosa en paz! —Exclamé.

—Odio los aviones —Farfulló él, retomando la postura erguida y acomodándose en su asiento —Si supieras la cantidad de fallas técnicas con las que circulan los transportes aéreos, jamás subirías a uno.

—Supongo que tú sí conoces todas esas fallas y aún así estás en un avión ahora —Señalé.

—Por si tu frágil intelecto aún no pudo sacar esa conclusión, permíteme decirte que no existe otro medio más que éste para llegar a Inglaterra —Me respondió, la molestia se explayó audible en su comentario.

—Podríamos haber ido en barco —Me burlé, sintiendo diversión a causa de su enojo.

—Son mucho más lentos y, además, el descuido mecánico de los transportes marítimos es peor que el de los aviones. ¡Es un descaro que naveguen por ahí teniendo en cuenta sus enormes desperfectos!

—¿Por qué siquiera te importa?— Pregunté, confundida por su arrebato —Tú no puedes morir.

—¡Pero tú sí! —Espetó.

Luego de pronunciar esas palabras, sus ojos esquivaron los míos de inmediato, pero yo mantuve mi atención en él aún cuando solo podía ver su nuca. Percibí un indicio de preocupación por mí en su manifestación, sin embargo, bien mi percepción podía estar distorsionado por mis deseos de que así fuera. Los vampiros tenían la capacidad de sentir casi anulada y por eso mantenía mi barrera de dudas a ese respecto.

Mi vecino había confesado haber logrado sentir cuando me tuvo en brazos siendo yo un bebé, mas también dejó en claro que no supo cómo manejar la situación y terminó abrumado por ella. Eso me daba la pauta de que, aún si lograba activar sus sentimientos, Justin no podría lidiar con ellos. Se convertirían en una tortura para él pues no eran parte de su naturaleza. Un vampiro, heredero del individuo más fuerte y sádico de su raza, jamás permitiría que ningún atisbo de sentimentalidad estorbara su existencia.

De hecho, por mucho que nos habíamos acercado en el último tiempo, me convencía de que estaba ayudándome a evadir mi destino solo para no exponer a su especie al exterminio. O, mejor dicho, para no ponerse a sí mismo en peligro. Ya había comprendido mi misión, yo era la única que podía erradicar la estirpe vampírica de la tierra a partir de aniquilar a Justin.

«¿Aniquilar a Justin?»

Aquel pensamiento hizo eco en mi mente mientras la confusión se apoderaba de mí.

—Espera... Tú no puedes morir — Repetí —Los vampiros son inmortales... Pero tu padre y tus hermanos han muerto y se supone que yo debo matarte... ¿Acaso eso tiene sentido?

Al oír mi pregunta, Justin se volteó y me observó con detenimiento, la intensidad irradiando de sus irises color ámbar provocaba que mi coherencia se desintegrara, pudiendo solo concentrarme en ellos, como si me absorbieran. A veces me preguntaba si aquel no sería un poder suyo.

—No podemos morir porque ya estamos muertos —Me explicó, pronunciando la respuesta de manera lenta y empleando un tono de voz aún más ronco del habitual —Lo que caracteriza un ser vivo es el ciclo de vida que consta de nacer, reproducirse y morir. Es una paradoja, pero la muerte es esencial para determinar la vida y nosotros somos inmunes a ella. No podemos morir, pero podemos dejar de existir y hay solo una manera para lograr eso.

—¿Cuál? —La curiosidad me precipitó a interrogar.

Por supuesto, Justin no respondió a mi interrogante. Guardó silencio mientras su mirada paseaba por el lugar, lejos de mí. Mi madre (durmiendo plácidamente) y la suya (leyendo una revista) estaban situadas detrás nuestro, y podía vislumbrar los dedos de mi hermano menor tamborilear al ritmo de la música que desprendían sus auriculares en el apoyabrazos de su asiento, delante de mí.

»—Eso es lo que mis ascendientes pretenden enseñarme ¿Cierto? La manera de exterminar vampiros, en eso consiste el entrenamiento al que me quieren someter — Insistí.

—Por supuesto que quieren enseñarte a asesinarnos, creí que eso ya había quedado claro ¿O es que todavía no entendiste la parte más importante de tu propia historia? — Masculló, irritado. El nivel de enfado en su voz iba en aumento acorde continuaba hablando: —¿Crees que estamos viajando miles de kilómetros sobre el océano solo para tomar fotos y comprar recuerdos? ¡Estamos en medio de una maldita guerra!

—¡Lo sé! —Exclamé, alterada por su arrebato.

—¡No, no lo sabes! No pareces haber tomado consciencia del asunto. Eres el único ser vivo en la tierra capaz de terminar esa guerra, Alessia, y eso es lo que todas las razas están esperando. Tanto si triunfas como si eres derrotada, tanto si vives como si mueres, eres tú la que marcara el final y el rumbo que tomarán las especies...

—Entonces ¡¿qué diablos estamos haciendo ahora?! Si mi destino es inevitable ¿Por qué siquiera intentamos huir de él? — Me lamenté.

—¡Yo no estoy huyendo! ¡Tú eres la que intenta huir! Yo solo estoy aprovechando la oportunidad para acabar con esto de una vez — Alegó —Tú te niegas a aceptar tu deber como Venandi y tal vez pueda utilizar tu obstinación para equilibrar la disputa eterna entre las razas. Si existe la posibilidad de que tú y yo sellemos un pacto sin necesidad de enfrentarnos, los cazadores se quedarán sin su única arma fiable. Indefensos frente a nosotros, son más útiles que derrotados por completo.

—Veo que tienes tu plan muy bien trazado — Señalé, encolerizada por su declaración.

De repente, todos aquellos momentos en los que intuí un verdadero interés hacia mí por parte de Justin quedaron reducidos a ilusiones. Su confesión confirmaba las reservas que mantenía sobre su naturaleza insensible. No entendía el motivo por el cual aquello me afectaba tanto, después de todo, me lo esperaba, mas no pude evitar que la sensación de ser traicionada se posara en mi pecho y oprimiera mi garganta. Guardaba la esperanza de que lo estuviera haciendo por mí... Guardaba la esperanza de tener, al menos, un aliado en el desastre en que se había convertido mi vida.

» —¿Pero has pensado qué pasará después? — Debatí —En el supuesto caso de que lográramos sellar ese bendito pacto entre nosotros y tú sigas con tu vida y yo con la mía como si jamás hubiéramos estado destinados a matarnos uno al otro para detener una guerra infernal... ¿Crees que los otros vampiros o los otros Venandis simplemente lo aceptarán?

La expresión en el rostro de mi interlocutor se mantuvo impertérrita ante mi argumento, sin embargo, cuando proseguí mi discurso, eso cambió:

» —¿Qué sucederá si tengo hijos? — Ante esa exposición, el semblante de Justin adoptó una mueca de disgusto, la ira brilló en sus pupilas, clavadas justo en las mías —¿Qué sucederá si tengo una hija? Otra heredera de Alessandra Setter ¿Y qué sucederá si ella no se niega a sus instintos? Si quiere hacer todo lo que yo no hice... ¿Has pensado en eso? ¿Qué sucederá entonces?

Los ojos del vampiro seguían destilando enojo. Inclinó su rostro para acercarlo al mío de tal manera que nuestra narices rozaban una con otra. Luego, pronunció de forma lenta y segura:

—La mataría — Aseguró —Arrancaría su cabeza sin siquiera vacilar.

Su revelación produjo que mis entrañas se contrajeran y sentí nauseas.

—Entonces ¿Por qué no lo haces conmigo ahora y terminas con esta maldita locura? — Articulé.

—Créeme, Alessia, en el caso de que sea imposible para nosotros sellar un pacto... lo haré — Afirmó.

Mi corazón dolió como si hubiera recibido un golpe en él. Parpadeé para contener las lágrimas acumuladas en mis ojos y cuando volví a enfocar mi visión, Justin ya no estaba. A pesar de la oportuna soledad, no tuve tiempo de manifestar mi lamento porque enseguida Patrice, la madre del vampiro, tomó su lugar.

—Por favor, perdónalo — Me rogó la mujer, tomando asiento a mi lado y observándome con los ojos llenos de comprensión —Sé que realmente no quiso decir muchas de las cosas que te dijo, solo está inquieto por la situación en la que se encuentran.

—¿Cuáles cosas? ¿La de matar a mis futuros hijos o la de matarme a mí? — Remarqué con ironía, permitiendo que el llanto surcara mi rostro.

—Tienes que entenderlo. Es muy difícil para un vampiro controlar sus emociones una vez que logra despertarlas. Justin está intentándolo pero no logra dominarlas, no puede manejarlas y permite que lo desborden...

—¿Emociones? No quiero ser irrespetuosa contigo, Patrice, pero Justin acaba de dejarme muy clara la teoría de que su raza carece de sentimientos...

—Bueno, es algo casi imposible que la especie vampírica desarrolle sentimientos, así como también es casi imposible que algún Venandi logre doblegar sus instintos... — Puntualizó, dedicándome una agradable sonrisa —...pero siempre existió ese "casi". Siempre hubo excepciones. Yo, por ejemplo, soy un vampiro y, aún así, siento. Precisamente ahora me siento muy preocupada por mi hijo... Para sorpresa de todos, incluso mía, Justin está desenvolviendo emociones y él tiene mucho miedo.

—¿Miedo? — Repetí, todavía albergando desconfianza ante sus dichos.

—Sí, miedo de que sus esfuerzos sean en vano, miedo de fracasar en su intento de mantenerte alejada de los cazadores.

—Porque no quiere que me convierta en Venandi y enfrentar la posibilidad de que pueda aniquilarlo — Deduje.

Patrice negó con la cabeza y volvió a sonreír.

—No, Sia... Porque no quiere perderte. 


-TatianaRomina-

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