{10} Difusa Amistad
'Oscuridad opaca los sinuosos caminos que estás recorriendo
Donde se combina la verdad con la mentira y nada es certero'
—¿Cuánto tiempo podremos evadir a Setter? —Pregunté, observando la espalda de Justin, quien caminaba delante de mí —Con todo lo de Cambridge.
—No mucho —Me respondió, el sonido de su voz voló con el viento que soplaba de frente y llegó hasta mí con claridad —Utilizando su farsa de Stanford pretendía llevarte lejos con sutileza. Guardar el secreto de su linaje es sumamente importante para la raza Venandi y terminar siendo descubiertos por secuestrar a una joven no es atractivo para ellos, pero créeme que Alessandra no es demasiado paciente. Si tiene que arrastrarte a la fuerza, lo hará.
Continuamos recorriendo la explanada en silencio. El fresco aire impactaba contra nosotros, mas el sol resplandecía en el cielo despejado, como hacía mucho tiempo no sucedía. Los brillantes rayos de luminiscencia que irradiaba producían que el césped reluciera de un vivo color verde.
Nos encontrábamos en el límite de la ciudad, varios kilómetros de pasto que separaba nuestra jurisdicción con las carreteras principales. Ofrecía un bello paisaje, aunque siempre estaba desierto a esas horas del día, ya que los únicos interesados en ese lugar eran los jóvenes ansiosos por ingerir sustancias ilegales y solían hacerlo en la clandestinidad de la noche.
Esa misma mañana, había terminado de rendir mis últimos exámenes finales por lo que estaba oficialmente libre de la escuela secundaria. Al menos hasta que obtuviera mis calificaciones, lo cual no sucedería hasta dentro de un par de semanas, tiempo que nos ofrecían para aplicar a las Universidades, y luego regresar para la graduación y la ceremonia del baile que acompañaba a la misma.
Yo ya había comunicado mi falsa decisión de asistir a Cambridge, rechazando a Stanford. Mi madre, a pesar de no escoger su alma mater, estaba exultante de felicidad debido a mis logros. En pocos días, partiría hacia Inglaterra para conocer mi futura Universidad, o eso era lo que simulaba, porque en realidad Justin (tal como mis entrenadores) había utilizado mis estudios como camuflaje para sus verdaderas intenciones. Yo no estaba al tanto por completo de su plan, pero me había advertido que íbamos a visitar algunos lugares donde podría encontrar una escapatoria a mi destino.
Esperaba que fuera cierto. Esperaba que el viaje a Inglaterra me salvara.
Me sorprendí enormemente cuando mi vecino reveló, también, que la plaza en Cambridge no era una absoluta mentira. Podía conseguirme una si ese era mi anhelo. En instancias anteriores de mi vida, aquello hubiera sido un sueño hecho realidad, pero era muy consciente de que las tácticas de Justin para conseguir una vacante allí no serían exactamente legítimas, y el pensamiento de asistir a la Universidad a través de trampas me hacía sentir decaída.
Las últimas tres semanas, luego de que Justin anunciara lo de Cambridge, la frustración que me poseía, junto a las largas horas de estudio y el hecho de que mis amigos o bien estaban enfadados conmigo, como Brian, o bien me evadían por mi extraño comportamiento reciente, me había mantenido con un humor irritable. Por eso no me encontraba dispuesta a festejar el suceso de haber culminado mis exámenes finales. Simplemente, me había encerrado en mi habitación, recostada en mi cama, observando el techo y hundiéndome en desesperados pensamientos sobre mi incierto futuro.
Entonces, en tan solo un parpadeo, Justin apareció en mi cuarto, de pie a un lado de mi cama, asustándome de manera que me incorporé en ésta misma, soltando un grito ahogado.
—¿Qué diablos...? —Jadeé, intentando respirar con normalidad y apaciguar los desenfrenados latidos de mi corazón.
Mi vecino sonrió, denotando su diversión por verme en aquel estado.
—Terminaste tus exámenes hoy ¿No es así? —Señaló, mostrándome la mochila que cargaba consigo.
A causa de la sólida amistad formada entre nuestras respectivas madres, durante las últimas semanas habíamos sido forzados a pasar una considerable cantidad de tiempo juntos, en la cual mantuvimos las apariencias de una amena relación entre nosotros, sobre todo cuando mi mamá o mi hermano menor estaban presentes. A veces, fingíamos tan bien el ser amigos y llevarnos bien (como cuando nos burlábamos uno del otro en las cenas, o jugábamos con David, o compartíamos verdaderas conversaciones a la hora del té) que la línea encargada de separar la verdad de la mentira estaba comenzando a ser difusa para mí.
A pesar de ello, jamás, bajo ninguna forma, me hubiera esperado que Justin me invitara a ir de picnic.
Detuvimos nuestro andar cerca de un viejo y solitario sauce llorón, denominado así porque sus ramas, junto a sus múltiples hojas, caen hacia el suelo en cascada, de la misma manera en que lo hace la lluvia, otorgándole un aspecto abatido. Mi vecino depositó la mochila en el suelo y se giró, enfrentándome. Hacía tiempo atrás había dejado de sentir por completo la ira instintiva que me guiaba a atacarlo, al contrario, los sentimientos de calma que se despertaban al sentir su tacto eran los que prevalecían desde nuestro acercamiento.
—Espero que traigas los sándwiches de pollo que prepara tu madre en esa mochila, porque es el único motivo por el cual he aceptado venir —Bromeé.
—Y el único motivo por el cual yo te traje es que estuviste media hora tirada sobre tu cama, sin siquiera pestañear— Explicó, inclinándose para sacar un recipiente con sándwiches de la mochila —Lucías espeluznante. Si no conseguía una mínima expresión de ti, iba a comenzar a asustarme, y eso es decir mucho teniendo en cuenta que no tengo la capacidad de hacerlo.
—No puedo creer que acabes de utilizar la palabra "espeluznante" —Dije, mientras reía y extendía una manta sobre el césped.
—A veces te olvidas que mi cerebro alberga varios siglos de vocablo —Se excusó, tomando asiento sobre la manta y colocando la comida sobre ésta.
Imité su acción y quedé situada frente a él.
—¿Cuántos siglos, exactamente? —Inquirí, curiosa por su edad.
Justin se limitó a observarme por encima del termo con café y mostrar una enigmática sonrisa.
—Algunos —Evadió mi pregunta.
—Realmente quiero saberlo ¡Dímelo, tío Justin!
La mueca de diversión que antes pintaba el semblante del vampiro fue reemplazada por un pronunciado ceño fruncido.
—¿Tío Justin? —Repitió, lentamente.
Apreté mis labios para evitar que una carcajada se escapara de ellos, al ver la perplejidad en su rostro.
—¡Sí! Eres el hermano de mi hiper-mega-tatara abuela, lo que te convierte en mi tío.
—¡No soy tu tío! —Exclamó, a la defensiva.
—Por supuesto que sí... Un tío muy lejano pero un tío al fin y al cabo —Continué burlándome.
—Créeme, los Setter han dejado de ser mi familia muchas generaciones atrás. Mientras más procrean con humanos, más degeneran su raza... Tú eres un claro ejemplo de eso.
—¿Yo? No comprendo.
—Tu humanidad es más poderosa que tu linaje Venandi, es por eso que logras controlar tu costado sobrenatural.
—¿Te refieres a mi ansiedad por asesinarte, tío Justin?
—Mejor empieza a comer antes de que te decapite —Me amenazó.
Sin poder evitarlo, empecé a reír.
—Me está empalagando la ternura que desbordas —Me mofé.
Serví dos tazas de café y le pasé una, mientras saboreaba un sándwich. El sauce servía como escudo de las ráfagas de viento, por lo que podíamos disfrutar el tenue calor del sol sin ser golpeados por la fresca brisa.
» —¿Qué otros poderes tienen los vampiros? —Interpelé de repente, interesada en su respuesta —¿Qué más puedes hacer?... Además de aparecer y desaparecer, tener un oído super-desarrollado, ver en la oscuridad, arrancar cabezas y ser un idiota profesional —Sonreí.
Él me devolvió la sonrisa antes de aclarar:
—No aparezco y desaparezco, poseo una velocidad extraordinaria tal que tú no eres capaz de percibirla, por eso tienes la sensación de que me esfumo.
—Que te esfumes no es mi problema, sino que te presentes de la nada algún día y me mates de un paro cardíaco.
—Esa hipérbole fue dramática —Me indicó, manifestando diversión.
—La exageración es un don mío, ahora dime los tuyos —Insistí.
—Podría quebrar este sauce con un golpe de mi puño —Se encogió de hombros, mas la falsedad de su modestia era evidente.
—No esperaba menos de ti. ¿Qué más?
Súbitamente, fuimos cubiertos por espesas sombras, tan oscuras que el color ámbar en los ojos de Justin se iluminó, resplandeciendo de aquella forma atípica. Como siempre me sucedía, tuve que esforzarme por apartar mi atención de ellos y así elevar mi vista al motivo de la repentina umbría.
Las ramas del sauce llorón se habían estirado hacia nuestra dirección, creando una cúpula alrededor de nosotros. Sus hojas danzaban, su mover constante jugaba con los rayos del sol, que entraban y salían haciendo de aquel domo un espectáculo de luz. Examiné cada detalle con fascinación, soltando breves risas incrédulas cada vez que una rama ondeaba, cediendo su espacio a otra, girando mágicamente.
Miré a Justin, quien ya me observaba fijamente.
—Esto es hermoso —Susurré. Él me sonrió.
—Puedo manipular la energía de los entes naturales —Declaró —Cuando los primeros vampiros habitaban la tierra, ésta era la capacidad más preciada pues vivían en la intemperie. Luego fueron desarrollando sus propias guaridas, pero encontraron otras utilidades para este poder durante la guerra con los humanos y los Venandi.
—¿Lo utilizan como un arma ahora? —Interrogué.
Eché un vistazo alrededor, incrédula de que tan bella imagen pudiera resultar mortal. Pero, por supuesto, lograr que un río se desborde o un fuego se desate es provechoso para la destrucción.
—Sí... —Las ramas empezaron a retroceder, alejándose de nosotros y volviendo a su lugar original en el tronco —Sin embargo, no podemos mantener la dominación sobre ellos durante mucho tiempo. Comienzan a repelernos cuando su esencia percibe que los estamos controlando. Personalmente, procuro dejarlos libres entonces, pero podría ejercer mayor presión y seguir forzándolos, lo que (si estás utilizando un elemento natural poderoso) podría terminar en una catástrofe... La mayoría de los desastres naturales que se producen, son causa de eso. Algún enfrentamiento entre nosotros y el clan de los cazadores.
—¿Los humanos aún trabajan junto a los Venandi? —Indagué.
—Solo un grupo de ellos, a cargo de las autoridades eclesiásticas católicas.
—¡¿Estás bromeando?! —Exclamé, asombrada —¿La iglesia católica?
—Quieren librar al mundo de los demonios con colmillos —Se burló Justin —El Vaticano es el escondrijo de los Venandi.
—Impresionante —Murmuré.
Me dediqué a comer otro sándwich de pollo y sorber mi café mientras mi mente vagaba por diferentes pensamientos. Era la primera vez que Justin y yo teníamos un encuentro a solas sin pelearnos, discutir o estar agobiados por algún problema que debiéramos resolver. Nunca creía que me provocaría tal entusiasmo aprender más sobre su vida y los acontecimientos que lo rodean, mas no podía contenerlo en ese momento.
» —La raza vampírica no es muy sociable, eso lo sé —Afirmé —No suelen compartir la eternidad en grupos numerosos, pero recuerdo algo que me han contado sobre mi padre, quien se refería a un "clan abominable" y que tú pertenecías a él.
—No era un clan propiamente dicho, solo era la manera en la que los Venandi se dirigían a mi grupo de hermanos.
—Oh... ¿Otros hijos de Aldous Bieberian?
—Sí.
—Pero tú eres considerado el único heredero legítimo...
—Fui su primogénito. El primero, por tanto era el más poderoso entre todos sus hijos.
—¿Eras?
—La mayoría fueron asesinados a mano de tus ancestros, tu propio padre se encargó de matar a los últimos cuatro —Me informó, el tono de su voz se mantuvo impasible, mas para mí aquellas palabras fueron abrumadoras.
—Lo siento tanto —Balbuceé, sin saber qué decir.
Una sonrisa estiró las comisuras de los labios de Justin mientras sus ojos mantenían un intenso contacto con los míos.
—No me importa. Ni siquiera me agradaban.
—¿Y tu padre? —Curioseé, con mucha cautela, pues no sabía hasta qué punto mi vecino me permitiría entrometerme —¿Te agradaba él?
—Lo aborrecía —Aseguró, firme —Lo único bueno que Setter ha hecho con su patético rencor fue aniquilarlo.
—Yo realmente no llegué a conocer al mío —Comenté, adoptando un aire taciturno —Y lo poco que supe de él toda mi vida, fue una mentira... Nunca fue un enfermo psiquiátrico, sino un verdadero cazador de vampiros.
—En mi experta opinión, yo diría que es un cazador y un enfermo psiquiátrico por igual, si eso te hace sentir mejor... —Espetó. Al notar mi expresión de desconcierto, explicó: —Tu padre, Conan Setter, posee cierta inclinación por la morbosidad a la hora de asesinar vampiros que, si me permites la comparación, me recuerda a mi propio padre.
Esa revelación me golpeó con mayor dureza de la que hubiera esperado. Un dolor agudo se gestó en mi pecho y oprimió mi garganta.
Desde que tuve uso de razón, había transcurrido mi vida sin la presencia mi padre. A pesar de todas las dificultades que eso me había traído durante mi crecimiento, siempre sostuve el pensamiento de que él no me hubiera abandonado por voluntad propia, sino que algo más fuerte que él le impidió quedarse a mi lado. Y siempre había amparado la idea de que era un buen hombre, a pesar de su condición. Sin embargo, escuchar que poseía un lado escabroso y lastimaba a otros de forma brutal hacía tambalear la imagen de él a la que me aferraba, por tanto, amenazaba con derribar una parte de mí.
Tragué con dificultad, liberando el nudo atado por la angustia y parpadeé repetidas veces para evitar derramar las lágrimas concebidas en mis ojos.
—Odio cuando lloras —Farfulló Justin, ganándose mi atención.
Le sonreí.
—No lloraré. No te preocupes —Garanticé.
—No estoy preocupado, pero eres muy ruidosa cuando sollozas y eso me molesta en sobremanera.
Su brusquedad, una vez más, produjo que yo estallara en risas, y resultó extraño que aquel vampiro indujera en mí tales carcajadas que aliviaron cualquier rastro de aflicción.
-TatianaRomina-
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