Capítulo 28
Salgo de la casa lo más rápido que puedo para conseguir un taxi que me lleve hasta el hospital en Seattle, no puedo dejar que José se desquite con Christian por los errores que yo cometí, jamás me lo perdonaría.
Consigo uno apenas dos cuadras de caminar y le indico el lugar de mi destino. Tengo algo de dinero que podré utilizar por varias semanas si puedo administrarlo con mucha sabiduría.
Por primera vez me alegra que el taxista conduzca como un loco hasta Seattle, pero unas pocas calles antes de llegar, mi móvil suena con una llamada desconocida.
— ¿Si?
— ¿Señorita Steele?
— Soy yo — Digo con desconfianza.
— Soy Jason Taylor, de la asociación de veteranos. Lamentamos mucho la partida de nuestro querido amigo Ray, y a nombre de nuestro grupo nos gustaría realizar una ceremonia en su honor.
— Si, claro, me parece bien pero ¿Podría llamarme más tarde? Estoy por entrar a una reunión importante.
— Lo entiendo, señorita Steele, pero también hay otro asunto que tengo que mencionarle...
— Por supuesto — Lo interrumpo porque el taxi estaciona en la entrada del hospital — Permítame llamarlo más tarde.
— Bien, señorita Steele. Que tenga buen día.
Termino la llamada para pagar la tarifa del taxi y poder entrar al hospital. Pregunto a la chica del mostrador por la doctora Grey, ya que el comité de ética debe estar reunido en su oficina o algún lugar parecido.
— En la sala de juntas — Ella señala el pasillo.
Aprovecho el breve momento para pensar en qué quiero decir, porque no tengo nada planeado. ¿Me permitirán hablar? ¿Seré tomada en cuenta? ¿Mis palabras serán de utilidad para Christian?
Veo la sala de juntas cuando me acerco lo suficiente y distingo al grupo de hombres vestidos de traje, con ceños fruncidos y caras largas en una enorme mesa. Un hombre se encuentra de pie, claramente discutiendo con al doctora Grace, pero reconozco inmediatamente al hombre junto a él.
José Rodríguez.
Sin esperar invitación, golpeo la puerta de cristal para que me vean y entro sin preguntar. Las miradas de todos los presentes se posan en mi, pero la única que devuelvo es la del hombre de ojos grises que se pone de pie.
— ¿Quién es usted? — Gruñe el hombre al frente de la mesa.
— La Señora Rodríguez — Responde Grace por mi.
— En ese caso, señora Rodríguez — El hombre le lanza una mirada a José, quién ni siquiera me mira — Debe esperar a su esposo afuera, esto será rápido.
— No — De nuevo me miran, solo José sigue balanceándose en su silla como el gran imbécil que es — No estoy aquí para apoyar a mi esposo.
Camino entre ellos para situarme junto a Grace. Christian está sentado en el extremo más lejano de la gran mesa con la doctora Lincoln a su lado y el expediente de Ray extendido entre ellos.
— ¿Entonces a qué vino?
— Es mi padre del que están hablando, ¿No? Tengo derecho a estar aquí.
— ¿Quiere saber quién es el responsable de la muerte de su padre? — Se burla otro hombre.
— No señor. Conozco a mi padre lo suficiente como para saber que lo que hizo, lo hizo por su propia voluntad.
— ¿Entonces no cree que el doctor Grey lo influenciara de alguna manera para llevar a cabo ese acto?
— ¿Influenciarlo? ¡Por supuesto que no!
— No mientas, Annie. Deja de proteger a tu maldito amante.
Tomo asiento en una silla junto al hombre que me habla y le lanzo una mirada de odio a mi esposo. ¿Qué rayos intenta hacer?
— No protejo a nadie, esa es la verdad. Mi padre no era un hombre cobarde ni tomaba las cosas a la ligera. Si lo hizo, fue completamente su decisión y aunque me duela aceptarlo, él sabía lo que hacía.
— Ponlo en el acta — Le dice el hombre a otro que escribe en una gran carpeta — ¿Entonces no culpa al doctor Grey, la doctora Lincoln o al Hospital Regional por la muerte de su padre?
— No.
— Deja de mentir, Annie. Señores, creo que es obvio que mi esposa está aún en shock y no sabe lo que dice. El hospital tendrá que indemnizarnos por el fallecimiento de mi suegro. O en todo caso, me conformo con que revoquen la licencia del doctor Grey.
— ¡No! — Le grito — ¡Tú no tienes nada qué reclamar aquí! ¡Vete!
— ¿Lo ven? ¡Está histérica! — Me señala y ríe.
— Señora Rodríguez, por supuesto que su esposo puede presentar una queja ante este consejo o ante las autoridades correspondientes.
— No, no tiene ningún derecho de intervenir porque sus motivos para hacer esto no son legítimos. Lo que él intenta es dañar al doctor Grey porque es tan cobarde que no acepta sus errores.
— ¿Mis errores? — Dice con incredulidad — ¡Es tu jodido amante! ¡Me engañas con él!
Los hombres de traje no se sorprenden de sus declaraciones, lo que me lleva a pensar que este maldito boca floja ha hablado mal sobre Christian.
— ¡Todo fue tu culpa! ¡Eres tú quién me maltrataba frente a todos! ¡Él solo me defendía de ti! — Me dirijo entonces al hombre al frente de la mesa — Déjeme explicarlo, porque seguramente este señor no les ha dicho cómo su personal fue testigo de su comportamiento violento sobre mi. El doctor Grey me defendió en varias ocasiones y yo tengo que admitir que eso me llevó a sentir por él más que gratitud.
Las miradas se dirigen a Christian, que sigue observándome en silencio. Pero tengo que evitar mirarlo o voy a romperme, y estoy aquí precisamente para salvarlo de José.
— ¿Quieres seguir adelante con esta acusación, querido? — Levanto el rostro para mirarlo sin miedo — Yo estaré encantada de presentar mi propia demanda por violencia doméstica y presentar los videos de las cámaras de éste hospital.
Me dirige otra mirada de odio antes de volverse hacia su abogado que le habla al oído un momento. Se levanta de su silla para ajustarse el costoso traje marrón, antes de soltar su veneno.
— Tú y él pueden irse a la mierda, cariño.
Sale de la sala de juntas con su abogado detrás de él y creo que esto ha terminado, pero entonces el hombre al frente de la mesa habla.
— En vista de lo ocurrido, se deshecha la queja por negligencia médica. Pero ya que el doctor Grey incurrió en una falta al código de conducta, se suspende su licencia por tres meses efectivo a partir de ahora. Es todo, pueden retirarse.
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