
34.
Pensaba que cuando me habló así solo bromeaba. No tomé en serio sus palabras. Continué disfrutando de mi noche o eso intentaba. Cuando era hora de regresar a casa no di más de dos pasos. Me agarro con fuerza la mano y no me dejó avanzar.
Hace que le siga el paso. Tiene mi mano agarrada como si fuésemos pareja. Llegamos a su auto y no pongo resistencia en subirme. Sé que no me dejará ir y tampoco desataré un show en plena salida de todos del club.
Conduce hasta su casa. La casa que él comentó una vez que había vendido, con el propósito de quedarse a dormir en la mía. Todo seguía igual que la última vez que estuve aquí. De este lugar tengo muy buenos recuerdos.
Se baja del auto, al pasar la reja de la entrada y antes de que yo me bajase por mis propios medios él estaba abriendo la puerta del auto y tomándome en brazos.
—Puedo caminar ―me quejo.
Él no me responde. Simplemente camina conmigo en brazos. Me lleva hasta la terraza. Aquel lugar que presenció como por primera vez en la vida lloré por un orgasmo. Me coloca nuevamente en el suelo y justo como aquella vez junta mis manos con unas esposas al hierro que quedaba sobre mi cabeza.
Lo miro seria a los ojos. No estoy de humor, de verdad. A mi mente aún llegan esos recuerdos de Maurice detrás de él en tan poca ropa. Me molesta aún, para que mentir a mí misma.
Entra a su casa, ahí me quedo bajo la fresca brisa, con mi mirada perdida al mar. Las vistas que obtengo desde aquí son bastante bonitas, debido a las luces de las mansiones alrededor que se reflejan en el mar. Me distraigo en eso para no ponerme tensa por estar de esta forma a la disposición de Enzo.
Luego de segundos Enzo sale. Está sin camisa el muy imbécil. Alcanza una silla con una mano, pues en la otra tenía un vaso con whisky. Se sienta frente a mí con sus ojos recorriéndome entera.
—No me he follado a Maurice ―expone dándole un sorbo al whisky.
―Me importa una mierda Enzo F. En ningún momento te he prohibido follar con todas tus mujeres —comento. Aunque intentaba sonar tranquila, la voz salía con molestia. Lo noto yo y lo nota él que me conoce tan bien.
Me analiza por escasos segundos.
—No me lo prohibiste, pero te molesta creer que lo he hecho. Cómo me molesta a mí pensar que has follado con otro ―responde con firmeza.
Río ante sus palabras. No le demostraré eso que dice. Él no puede tener esa seguridad de mí.
―Estás completamente loco si crees que a mí me afecta en algo. Soy un alma libre y lo sabes. Tú eres como un cometa que pasa fugaz por mi vida, como han pasado todos los demás anteriormente…
Corto mis palabras cuando él se levanta ágil de la silla y echa un pedazo de hielo que tenía en su whisky por mis tetas. Suspiro al sentir el frío que emana. El sujetador y vestidos apretados impiden que el hielo caiga.
Lleva su boca al hielo y lo toma. Desliza el hielo sujetado por sus labios por encima de mis pechos y cuello. Vuelvo a suspirar.
¡Maldito seas Enzo!
Lleva el hielo nuevamente al vaso.
—¿Cómo han pasado los demás? ―inquiere él con una media sonrisa—. ¿Crees que me parezco en algo a todos esos idiotas a los que has sometido en tu cama?.
De su bolsillo saca una cuchilla. Sus ojos recorren nuevamente mi cuerpo con descaro. Lleva la cuchilla hasta en borde superior del vestido justo por el medio de mis senos. Empieza a rasgarlo despacio. Poco a poco el vestido va convirtiéndose en dos piezas hasta que cae completamente en el suelo, dejándome en ropa interior.
No se detiene ahí. Lleva la cuchilla hasta el medio de mi sujetador y lo rompe, mis senos rápidamente quedan a su merced. Lo mismo hace con las bragas, con la ayuda de la cuchilla se deshace de ella. Ahora sí estoy completamente desnuda frente a él.
—No escucharás lo que deseas escuchar de mi boca. No soy como esas sumisas que estás acostumbrado a tratar que hacen lo que les dices y expresan las palabras que tus oídos quieren oír ―manifiesto.
—No pruebes fuerza Andrea ―noto su voz con algo de cabreo.
—No me subestimes Enzo, me encanta probar fuerza —espeto. Yo también estoy empezando a cabrearme.
―Tú también has pasado por mi vida como pasan todas las demás —dice y el cabreo en mí asciende.
Me río…una sonrisa provocativa y fingida a la vez.
—Has hecho tantas copias baratas mías que no estoy seguro de eso que dices ―declaro.
—¿Qué me dices de ti?. No has podido follar con ningún otro hombre porque ninguno sabe cómo hacerte explotar como lo hago yo ―contesta.
—Te he mentido todo este maldito tiempo. No he dejado de follar. Todos los putos orgasmos que supuestamente me has dado los he fingido ―expreso. Todo lo que le dije es mentira, sin embargo me cabreó de tal manera que busco decirle cosas que lo molesten en gran medida.
Esos ojos se vuelven más oscuros. Su rostro da miedo. Pasa la lengua por su labio inferior y movía a veces la cabeza analizándome. Jamás lo había visto así.
No sé que será capaz de hacer o cómo se liberará de su furia.
Toma nuevamente el hielo, que debido al tiempo en el trago ya estaba mucho más pequeño. Lo agarra con sus labios y los pasa por las puntas de mis senos. Al sentir el frío las puntas se me ponen duras. Baja el hielo por el medio de mis tetas, lo desliza por mi barriga y finalmente llega a mi sexo. No emito ningún sonido. Estoy realmente cabreada. Intento cerrar mis piernas pero él me lo impide. Baja lo último que quedaba de hielo por mis muslos.
Joder.
Su boca va con destreza a mi sexo. Vuelvo a intentar cerrar las piernas y el nuevamente lo impide. Quiero quedarme callada y no mostrar mi satisfacción pero es una tarea difícil. Aún así no me rendiré. Su lengua se mueve ágil sobre mi clítoris, por instantes succiona. Mi posición de mantenerme impasible se va yendo cada vez más al traste. Lo hace de la forma que me encanta. Muevo un poco mi cabeza hacia atrás y me muerdo el labio impidiendo que los gemidos que amenazan con salir salgan a la luz. Él continúa su ardua misión de hacerme enloquecer.
Siento que estoy cada vez más cerca de correrme. Intento nuevamente apretar mis muslos. Si continúa en esto terminaré corriéndome y gimiendo. Vuelve a llevar sus manos a mis mulsos e impide que los ajunte. Su boca se come con precisión mi sexo. No doy más. Me muerdo duro el labio inferior hasta el punto de hacer que salga sangre de mi labio. Producto de la excitación ahora no me duele. Un orgasmo increíble me parte en dos. Aunque mi boca no manifiesta la satisfacción mi sexo sí. Acabo de dejar prueba de ello en Enzo y el suelo.
Se pone de pie, llegando a mi altura. Pasa su lengua por mi labio.
—Te conozco Andrea Anderson. ¿Crees que tienes necesidad de hacerte daño así? ―inquiere mientras pasa un dedo por mi labio, esa parte donde escurría nuevamente sangre—. Sé lo que te gusta, sé donde tocarte, se cómo hacer que te estremezcas ―sus manos van hasta el botón de su pantalón y los desabrocha permitiendo así la liberación de su erección —. No tiene sentido que intentes engañarnos a ambos.
Agarra mis piernas y hace que rodee a su cintura. Mi cuerpo está como si no me hubiese corriendo segundos antes. Introduce su sexo de una estocada en mi interior.
Mierda.
Aún estoy cabreada y él también, puedo notarlo. Arremete contra mí, embistiéndome con gran brutalidad. Se libera de la molestia que le han causado mis palabras de esa forma. Mis manos suspendidas del hierro que hay sobre mi cabeza, mis piernas rodeando su cintura y sus manos agarrándome por las nalgas, todo ello aguanta el movimiento de mi cuerpo brincando por la bestialidad de Enzo.
Sus ojos se mantienen fijos en los míos. Quiero mantenerme en la posición de no emitir mi placer ante sus acometidas, así que hago de todo mi autocontrol para no demostrarle lo que logra en mí.
Durante algunos minutos nos estamos retando con la mirada. Ninguno de los dos está dispuesto a rendirse. Somos tan parecidos que asusta. Llevar al precipicio al otro es fácil, lo difícil es no caer juntos. El calor y excitación se concentran el mi sexo estoy a nada de correrme. Cada vez es más complicado no mostrar mi gozo ante lo que hace. Contraigo las paredes de mi sexo. Él quita una mano de mi nalga y la lleva hasta mi nuca. Acerca su cara a la mía hasta que nuestros labios rozan.
—Córrete para este simple mortal que ha pasado por tu vida como han pasado los demás, fugaces como cometas ―expone contra mis labios.
Ni siquiera me da tiempo en responder. Toma con furia mis labios, al principio intento no seguirle el juego, pero son tan adictivos sus besos que termino moviendo mis labios al ritmo de los de él.
Ahora sí no puedo aguantar más. El cuerpo tiembla en las manos de este hombre de ojos profundos. Él mientras se aferra más a mí hasta que se corre en mi interior.
Después de algunos segundos en los que nuestra respiración se calma se separa de mí y me quita las esposas. Tengo las muñecas un poco rojas de los movimientos de antes y el roce con las esposas.
Agarra mi mano y dirige el camino hasta la orilla de la playa. Ahora mismo no estoy actuando como actuaría la Andrea de antes. Estoy demasiado tranquila.
Me asusta.
Me asombra.
Se sienta en la arena y me jala hasta lograr tenerme a horcajadas sobre él.
—No me follé a Maurice, Andrea. Hace muchísimos años que eso no sucede. Maurice se convirtió en una amiga. ¿Crees que si me la estuviese follando aceptaría tu llamada justo en su cuarto?.
―No necesitas darme explicaciones de nada Enzo. No tenemos nada fuera del sexo —comento.
Por muy poca gracia que haya dado ver a la señora en esos atuendos detrás de él, lo cierto es que no tenemos ninguna relación, ambos somos libres de hacer lo que nos plazca. Qué no haya podido seguir mi ritmo de folladas con la variedad de hombres mortales que normalmente tenía, no quiere decir que él haga lo mismo con sus simples mujeres.
―Somos algo más que sexo Andrea —expone.
―Tenemos una regla que nos impide mucho más que eso —declaro.
―Hace mucho las malditas reglas se quebraron —contesta.
—¿Entonces a qué estamos jugando? ―inquiero.
—Esto nunca ha sido un juego. He esperado pacientemente a qué estuvieras preparada para dar más pasos. No quiero Andrea compartirte con nadie, no quiero tenerte a medias. Quiero a mi chica loca, con todos sus miedos, pero también con toda la valentía que sé que le sobra. No importa que esto te asuste, solo basta con que quieras intentarlo.
Miles de pensamientos invaden mi mente. Desde el recuerdo de lo que me sucedió por entregarme completamente a un chico cuando apenas tenía catorce hasta la posibilidad de terminar a la voluntad de un hombre ahora, después de lo libre que he sido.
Sí soy valiente, eso lo sé perfectamente, pero no sé si al punto de sobrellevar algo parecido a una relación. Sería como una chica virgen en su primera vez, que no sabe cómo actuar o qué hacer, así sería yo en una relación.
Tampoco quiero sentir algo parecido a celos o estar al pendiente de un hombre, que me digan que hacer o huir cuando vean que mi vida nunca ha dejado de ser difícil.
―Enzo he huido de una relación por años. No soy una persona fácil de tratar y lo sabes. Además, he estado con tantos hombres que ni te imaginas. ¿Por qué querrías mantener algo más que sexo conmigo?
Todas y cada una de las cosas que le dije fue con el motivo de hacer que se retracte en su objetivo. Es cierto que no soy una mujer fácil de tratar, jamás podría someterme a un hombre, a su voluntad. Él sabe perfectamente que he estado con muchísimos hombres, se lo recordé como un plus más a qué cambiara de opinión. La mayoría de los hombres se interesan por mujeres exclusivas o al menos las que no ha tenido tanto recorrido sexual, como lo he tenido yo.
Enzo muestra una media sonrisa…sonrisa que derrite hasta el puto hierro.
—No soy un simple mortal Andrea, yo puedo lidiar con todos tus demonios. Te mencioné tantas veces que me da absolutamente igual con cuantos hombres te has acostado, no quiero una monja cuando yo jamás he sido santo. Benditos sean todos los que estuvieron antes, todos ellos ayudaron al crecimiento del tsunami que hoy yo tengo en mis manos y que yo disfruto en gran medida. Eres la única mujer que me ha aportado más que sexo, por muy herrado que te parezca eso, eres la única a la que no puedo dominar como estoy acostumbrado a hacer. Por la única que me preocupo. Tú maldita locura combina a la perfección con la mía. Eres mi pieza perfecta, la que encaja a la perfección en el jodido rompecabezas que es la vida.
Me pierdo en sus palabras. Nunca fui fan a los hombres con labia, me parecían demasiado aburridos, pero este hombre está tan lejos de ser aburrido, que cada una de las palabras que dice son como un trabalenguas, que lo leo más de una vez y sigo sin salir vencedora de tantos términos.
― ¿Qué implicaría una relación? —indago, tratando de asegurarme una misma dirección entre lo que él quiere y lo que estoy dispuesta a dar.
―Quedar para algo más que sexo, aunque no podemos estar en un espacio sin desearlo. Exclusividad, que esa ya la estamos practicando. Salir como una pareja común, de esas que vemos en la calle. Dormir juntos, lo que no es un problema para ti. Verte rondar mi casa como si fuese tuya, más que pequeños ratos, más que algunos días.
No suena tan complicado. La verdad mi mente sigue buscando excusas para impedir esta locura, pero por dentro yo sé la respuesta. Mi cuerpo me lo grita tan fuerte, que lo que piense mi mente ya da igual.
—¿Podrás estar con alguien que no cumplirá con todo lo que le pides y tampoco te esperará desnuda y arrodillada en el suelo? ―pregunto.
—Sí, si te tengo a ti eso no lo necesito ―contesta—. ¿Tú podrás estar con alguien que no se dejará dominar por ti, qué no cumplirá estrictamente con tus órdenes, ni dejará que lo amarres fácilmente a la cama?
La verdad es que Enzo me gusta más dominante que dominado. Ya lo dije una vez, su forma de llevar el poder me pone muchísimo.
―Sí, si te tengo a ti eso no lo necesito —utilizo sus mismas palabras.
No hablamos nada más. Nos envolvemos en un beso intenso que no tiene tiempo límite. Nuestras lenguas danzan apasionadas en busca de más. Sus manos me agarran las nalgas y me empuja más contra él. Su sexo y el mío hacen contactos y todo suelta chispas.
La playa es testigo de cómo nuestros cuerpos se conjugan a la perfección, mientras los gemidos se mezclan con el sonido de las olas y la arena se adhiere a nuestra piel. El cielo será declarante del inicio de esta historia que comienza con temblores y orgasmos.
Una relación será otro motivo más para no soltarnos, otra excusa para follar más, un nombre para seguir durmiendo juntos y siendo bañada por él. Nunca lo quise aceptar, pero la verdad creo que hace mucho tuvimos una relación.
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