
32.
Contado por Enzo
Salí de Nueva York con mil protestas de mi cuerpo, que dictaba una y otra vez que no me alejara, que no dejara sola a mi chica…porque sí, ella era mi chica. Todavía nos falta mucho que trabajar o incluso evolucionar pero sin dudas lo podremos hacer juntos.
No tengo miedo abrirme a lo que siento, pero ella sí lo tiene. Estoy seguro de dónde está mi lugar en el mundo y voy a ocuparlo. Con ella tengo una paciencia infinita. Recomponer algo que tú no rompiste es un trabajo difícil, pero no imposible. Es como si una tasa de porcelana se cae y rompe en un millón de pedacitos y quieres repararla. Deberás poner mucha dedicación para volver a juntar cada uno de esos pedacitos.
Andrea ha pasado por tanto y eso que yo solo conozco lo que optó por contarme. Es increíble cómo a pesar de todo le sonríe a la vida, demostrándole que ella es más dura. Jamás pensé encontrarme alguien tan extraordinaria en un mundo tan común.
—Señor lo busca…―las palabras de mi secretaria se quedan al aire cuando la psicóloga irrumpe descaradamente en mi oficina.
—Yo no necesito presentación cariño ―le dice ella a mi secretaria.
Camina por mi oficina y se sienta en la mesa frente a mí.
—Está bien Bea. Puedes retirarte ―expreso.
Miro sin pisca de positividad a la mujer que está sentada frente a mí. Otra falsa réplica de Andrea, me atrevo a asegurar que es la que más empeño ha puesto en imitarla.
—No vuelvas a entrar así a mi oficina Alexia ―digo con notable tranquilidad, sin embargo mis palabras eran fuertes.
—Debes continuar con las consultas ―comenta mientras hace el intento de sentarse en mis piernas—. Tienes que olvidarla. Yo haré que la olvides.
Su mano agarra mi cuello y busca desesperada mi boca. Agarro sus caderas con fuerza y la levanto de encima de mí.
―Deberías utilizar todo el dinero que has ganado con tus consultas en conseguir un psicólogo para ti. De psicóloga pasaste a ritmo acelerado a paciente —expreso.
―Podría hacerme esos tatuajes que te encantan —expone pasando de lo que dije anteriormente.
No entiendo de qué forma ella terminó en este estado. Su comportamiento se ha agravado con el tiempo.
―No te atrevas a tatuarte —declaro casi rujo. No quiero que alguien más tenga esos tatuajes en el mismo lugar donde mi chica lo tiene―. Si lo haces…
Ella se acerca a paso apresurado hasta mi alcance y coloca sus dedos en mis labios impidiendo que siga hablando.
—Tranquilo mi amor, no lo haré ―manifiesta. Su voz sale suave y desesperada por hacer lo que le ordeno—. Vamos a nuestra casa. Te he preparado tu desayuno favorito. Quiero que lo disfrutes como tanto te gusta, desde mi cuerpo.
Con sus palabras y su forma de hablar me demuestra que definitivamente no está bien. Ha confundido todo lo que le conté en las consultas y se ha puesto ella como la protagonista de la historia.
―Alexia no somos nada. Tú eres la psicóloga y yo el paciente que nunca encontró mejoría. Indiscutiblemente no puedo ni quiero olvidarla. Así que mis consultas han terminado. Y si eres bastante inteligente entiendes que nuestros encuentros también.
Ella se aferra a mi cuello y apoya su cabeza en mi pecho.
—No puedes alejarte de mí, amor. Tenemos planes. Pronto tendremos una familia ―comenta con voz temblorosa.
En qué puto casting me habré metido. Esto tiene que ser la grabación de alguna novela. No puedo entender esta obsesión tan repentina.
Cómo puede alguien inventarse tal película en su cabeza. Cómo puede sonar tan firme diciendo tanta basura. Ni siquiera con Andrea he hablado de un futuro y es con la única que lo quiero.
¿Qué mierda hago con ella?
—Alexia no me jodas. Vuelve a tu casa y busca a un psicólogo que te ordene esos pensamientos tan distorsionados que tienes, incluso que te de los planes esos que dices que tenías conmigo...planes que jamás existieron.
—No te dejaré. Tu eres mío Enzo —lloriquea mientras se aferra más a mi cuerpo.
Joder. Lo que me faltaba.
¿Cómo demonios me libro de semejante loca?
—Alexia, preciosa. Espérame en casa ¿Sí?. Termino unos asuntos pendientes y voy a buscarte —expreso con cariño fingido.
—Está bien amor —deposita un beso en mis labios—. No demores.
Con una amplia sonrisa y mirándome varias veces se marcha. Esas actitudes significan o que esta actuando como toda una profesional o está irremediablemente falta de tratamientos y psicólogos.
Bufo, liberando el estrés que me ha provocado esta escena.
Ocupo mi silla detrás del escritorio. Me suelto los botones de la maldita camisa y remango las mangas hasta los codos.
Debería ganarme un premio por lidiar con tantas locas.
Andro entra en mi oficina sin tocar la puerta. Ya es una costumbre de él, pero hoy realmente estoy hasta las pelotas de todo.
—Un día de estos me encontrarás follando —me quejo—. Para que está la maldita puerta si no es para tocarla.
Él mostrando una media sonrisa atraviesa mi oficina y se sienta en una de las sillas frente a mi escritorio.
—Alguien está de pésimo humor hoy. Aunque no entiendo el porqué. Vi salir a la psicóloga con cara de haber tenido el sexo de su vida.
—La he enfermado y no precisamente con una follada. De psicóloga pasó a paciente. Ahora dice que soy su amor, que me espera en casa con mi comida favorita y que tenemos planes juntos. ¿Cuándo mierda yo llegué a tanto con ella?. Ni yo mismo tengo comida favorita...bueno sí, pero ella no me la puede ofrecer. ¿Qué planes hemos hecho?. En mi jodida vida he hecho planes —acabo de decirle todo eso exasperado.
Andro emite un sonido gracioso y levanta sus manos.
—Hombre calma —expone.
—¿Cómo puedo estar calmado cuando me libro de una loca llamada Alaska para enredarme con una loca llamada Alexia? —inquiero exaltado—. El reinado de Enzo llegará a su fin después de las triple A.
¿Qué mierda tengo yo con las A?
Andro solo ríe ante mi estado eufórico.
No sabe exactamente quién es la mujer, solo sabe que estoy irremediablemente perdido por una.
—Deberías relajarte. Vayamos a un viaje, unas pequeñas vacaciones. Invita a tu chica, esa que te trae loco y que sé que volviste a ver después de tanto tiempo, pues a pesar del estrés vivido con la psicóloga enferma, no puedes ocultar la cara de imbécil.
—No sé si será buena idea —comento.
—Lo es. Es una gran idea. Lo planearé para dentro de dos días —dice y sin darme tiempo a responder se marcha.
Lo del viaje con Andrea lo necesito. Después de tanto tiempo me encantaría tenerla por horas. Mi problema en aceptar el plan radica en qué un viaje en parejas sería algo nuevo para Andrea y no sé si sea de su agrado.
Pero, no diré sobre el viaje, solo la llevaré y punto.
¿Dónde estás ahora?
No entiendo qué pretende sabiendo dónde estoy. La conversación termina en solo dos frases. Podría seguir enviándole mensajes pero opto por no hacerlo.
El resto del día me ocupo de los negocios, pretendo ir nuevamente a San Francisco.
Cierro el negocio de compra de una pequeña fábrica de diseños de calzado. La fábrica actualmente está en bajos niveles de satisfacción al cliente y las ventas por ende están en los suelos.
¿Por qué la he comprado? Porque sé que se convertirá en algo grande o la convertirán en algo grande.
Tenía pensado ir a casa, estaba recogiendo todo cuando alguien irrumpe en mi oficina.
Cuando mis ojos reparan en la persona mi cuerpo se estresa aún más de lo que estuve por la mañana. Es mi padre.
—La puerta está para tocarla. Esta no es tu maldita empresa —comento.
—Necesito hablar contigo, deja las gilipolleces. Soy tu padre y puedo entrar a dónde se me de la gana sin tocar.
—Haz lo que se te dé la gana en otro lugar, no en el mío. Y has utilizado tiempo en vano, no tengo nada que hablar contigo.
—Enzo piensas que la vida es tan fácil, que puedes decidir largarte y hacer de tu vida lo que quieras...
—Exactamente eso hice —lo interrumpo—. Y seguiré haciendo.
—Yo soy tu padre, el que te dio todo lo que hoy tienes. A mi me debes respeto, lealtad. ¿Cómo puedes ser tan malagradecido?.
—¿De qué carajo hablas? —mi voz suena aún más gruesa y enfadada que antes—. Toda esta mierda que ves aquí la logré con mi propio mérito, sacrificio y dinero. Ni un puto centavo tuyo hay en todo esto. Te recuerdo que estudié, algo que no quería pero me ayudó para alcanzar esto. Trabajé para tí, todo el maldito tiempo. ¿Sabes por qué te aguanté tanto? Pues estaba de forma silenciosa levantando mi propio imperio.
—Aún puedes tener mucho más. He decido dejarte toda mi fortuna. Tengo dinero para vivir cómodamente hasta que me muera.
No sé por dónde va este hombre que dice ser mi padre. Ya lo he mencionado antes. No es un samaritano, el cobra su ayuda o en este caso su aporte.
—No necesito nada tuyo —declaro seguro—. Con todos mis negocios, que son igual de grandes que los tuyos tengo para vivir cómodamente.
—Pero algún día todos serán tuyos. Eres mi hijo Enzo. A pesar de que te hayas portado mal conmigo, yo te quiero hijo.
Me río en su puta cara.
—No tapes tu mal papel como padre. No me sueltes a mi la culpa de nuestra distancia. Tu eres el verdadero culpable. El que se portó mal conmigo fuiste tú al jugar tan mal papel como padre.
—Por ello quiero dejarte de una vez por todas todo lo que tengo. Eres el único heredero de mi fortuna.
—Por milésima vez te aclaro que no quiero nada tuyo —manifiesto—. Lamento si no supiste aprovechar tu tiempo de ser padre, pero ya el momento ha pasado. Si te quedó grande el lugar lo lamento.
—No discutiré contigo hijo, ya hemos tenido suficiente durante años. Quiero que ocupes el lugar que te corresponde como mi heredero. De ahora en adelante tu guiarás el curso de las empresas.
—No...
No me deja terminar de hablar, simplemente me interrumpe.
—Solo una cosa estaba estipulada por años en la cláusula. No lo he inventado yo, sino que ha pasado en generaciones. Debes estar casado con una mujer, no una mujer cualquiera sino una de prestigio en la sociedad.
—He seguido tu juego, tus malditas órdenes por mucho tiempo, ya no. Puedes regresar a tu lujosa mansión y acostarte sobre los millones que te ha dejado tus jodidas empresas, a mí no me sirve, ni me importa nada.
Camino hasta la puerta y antes de pasar por ella me aseguro de que el hombre salga. Él me observa antes de salir y finalmente lo hace.
Para congeniar con la cantidad de erotismo que he tenido en mi vida me tocó dramatismo hoy. Odio los malditos dramas, es más fácil follar.
Cambio la ruta, ya no iré a casa, sino a Paraíso. Tal vez un par de copas y una charla con Maurice mejore el día.
Como siempre la música estaba a tope. Los culos se movían de un lado a otro buscando la satisfacción de los que pagan. El olor a alcohol resaltaba y los billetes llovian.
Me acerco a la barra y como de costumbre pido un whisky. Maurice bailaba sobre el escenario. Observo el whisky mientras pienso en algo que no está aquí o mejor dicho alguien.
—Encito —se acerca a mí Maurice. Estaba tan sumergido en mis pensamientos que no me enteré cuando terminó de bailar.
—Maurice —la saludo.
—Tienes cara de estresado. ¿Necesitas conversar? —inquiere.
—¿Dirás algo bueno de tu boca? —indago.
—Depende de que quieras escuchar —expone.
—La verdad —declaro.
—La verdad no siempre es sinónimo de lo que queremos escuchar —dice.
—Estoy preparado para ello —comento.
—Hablemos tranquilamente arriba. Llevo una noche de locos, que siga otra por mí —expone.
Vamos hasta su habitación. Un millón de veces he estado aquí. Durante mucho tiempo está fue mi aula, hace algunos años solo sirve de chisme con Maurice.
—Me cambiaré de ropa —dice Maurice.
El sonido de mi móvil indica una videollamada de Andrea. La tomo sin pensarlo mucho, pues ya la estaba extrañando. Sí, suena patético y todo lo que quieran, pero, estoy completamente loco por esa maldita loca.
—Me debatí un millón de veces si llamarte o no, pero creo que mi mente ya no genera de la misma forma cuando se trata de tí...
—Encito ya estoy lista —declara Maurice callando de inmediato a Andrea.
Maurice estaba a mi lado en la ropa que ella utiliza para dormir. Lo sé porque la conozco hace muchísimos años. La prenda es de encaje transparente, permitiendo dejar absolutamente nada a la imaginación.
No es la primera vez que estoy con ella en la habitación y ella está vestida así. Eso no significa que me la vaya a follar, ni siquiera percibo las ganas. Maurice es como una maestra, que más tarde se convirtió en amiga. No mentí cuando dije que hace muchísimo tiempo, desde que estuve preparado, no volvimos a follar.
—Olvídalo Encito —expresa con notoria molestia e ironía Andrea—. Mejor folla.
Cuelga el teléfono sin dejarme ni siquiera hablar. Bufo. El estrés me consume hoy.
—¿Cuál es la diferencia entre tener sexo y hacer el amor Maurice? —inquiero.
Mis lecciones jamás implicaron algo relacionado con hacer el amor. Pero hoy realmente necesito tener la definición clara, pues presiento que estoy e...
—Tener sexo implica solo contacto físico mientras que hacer el amor se va mucho más allá de lo físico, pues implica evidentemente más cosas. Cuando haces el amor hay un vínculo afectivo que prevalece sobre el deseo sexual. Durante el sexo buscas hacerlo rápidamente y llegar a tu objetivo. En cambio, hacer el amor, busca alcanzar el placer juntos y piensas como satisfacer a tu pareja. Hacer el amor implica las relaciones sexuales con sentimientos.
—Lo he hecho por primera vez, he hecho el amor.
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