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15.

Regresamos nuevamente a la mesa. No sé por qué lo presiento pero formaremos un grupo de aquí. No tengo pruebas, pero tampoco dudas.

El tal Christian tontea con Keira. Ella parece seguirle el juego. Keira 1, Aiden 0.

—Claro —le responde Keira al tal Christian—. ¿Sabes que es lo que más me agrada de tí?. Que no intentas imponer las cosas. Me refiero a que las chicas debemos tener la opción de elegir.

Sin darnos cuenta acabamos todos mirando a Aiden, excepto Christian, que está ajeno a todo.

—Exactamente —intervengo yo, apoyando a mi Keiri—. Buen punto. Nosotras somos capaces de hacerlos perder el control y todavía hay hombres que se creen el mejor partido del universo.

—Keira —habla Gabriela, quién acaba de llegar con el novio—. Veo que ya te llevas muy bien con Christian.

Gabriela también apoya el plan de poner de los nervios a Aiden. Si les soy sincera, el imbécil de Aiden solo quiere intentar mantenerse en la posición de fuckboy, pero la verdad, su mirada no miente, de que está como loco con mi amiga lo está. Keira, desde que lo conoció está diferente, es más divertida, más sociable, con todo y el mal carácter del ogrito le ha hecho bien. Este chico estiradillo llamado Christian convertiría a Keira en más aburrida que lo que era antes. No me equivoco en mis visiones.

—Es una chica diez —comenta el chico.

—La verdad Gabi, este chico es genial —expresa ella.

La cara de Aiden indica que está a nada de explotar.

—Recuerdas cuando estabas en mi...—comienza a decir Aiden pero Keira rápidamente lo interrumpe.

—Christian si quieres que pase más...—se queda unos segundos en silencio para dar duda a sus palabras— más tiempo contigo, me refiero, asegúrate no ser un completo imbécil, queriendo tener el control de todo y cambiando de humor cada cinco segundos.

¡Oh! ¡Mamasita le estás tirando con todo!

—No podría ser así con alguien como tú —expone Christian.

—Me encantaría verlos juntos —agrega Gabriela. Aunque ella a quien quisiera ver juntos sería a Keira y Aiden verdaderamente. Pero, observando su posición con Aiden, creo que quiere hacer que se vuelva aún loco.

—Pasarán toda la tarde hablando del mismo tema —expone algo molesto Aiden.

—¿Celoso Aiden? —le pregunto.

—El hombre es celoso cuando está enamorado. Y no es el caso.

—Totalmente de acuerdo con Aiden —comenta Liam—. Un hombre celoso es capaz de hacer lo que sea y delante de quien sea con tal de demostrar que esa es su chica.

—Ya me extrañaba a mí que estuvieras tan callado —le responde Gabriela—. Y te digo que te equivocas porque hay muchos que por miedo, orgullo o por creerse muy machos prefieren aguantar antes de demostrar algo.

—Sinceramente, —ahora expone sus ideas Dylan— yo no sé qué cosa es estar celoso, pero por lo que leí en un diccionario, —reímos— no se rían, busqué en el diccionario, porque desconocía esa palabra y yo soy una persona que lo sabe todo. Estar celoso es estar ahora mismo como... —deja sus palabras al aire.

—¿Como quién? —pregunto.

—Como él —señala al novio de Gabriela—. Por la cantidad de besos que voy a darle a su novia.

—Voy al baño —anuncia Keira y Aiden la sigue.

Me encanta como son de discretos estos dos.

—¿Podemos hablar? —pregunta una voz a mi espalda. Giro a ver de quién se trata. No he visto esa cara jamás, estoy segura que si la hubiese visto no se me habría olvidado.

—Estamos hablando —digo terminando la frase con una sonrisa.

—En privado —manifiesta este.

—En privado hablo otro idioma —declaro. Su cara es un poema.

—¿El mismo que yo? —interroga. Mira de un lado a otro de forma extraña. Tal vez, vigilando a alguien.

—¿Cuál es tu idioma? —inquiero.

Mira una vez más de un lado a otro y acerca su boca a mi oído.

—Rodillas y palmas de las manos apoyados en la cama —susurra.

Me río.

—Gael —dice una chica al lado del susodicho que hasta hace un segundo me susurró al oído que quería follar.

La chica lo mira a él con mala cara y luego a mí. El hombre cambia radicalmente y se vuelve una mansa paloma.

¡Mira lo sínicos que son!

—Mi vida le estaba preguntando a ella por Gabriela, para despedirnos. Es su amiga —expone él.

—Y te lo dije hace minutos, pero tal vez tú no hablas el mismo idioma que yo —le respondo al chico con una sonrisa.

Me voy a voltear nuevamente a la mesa, cuando la voz de la chica me interrumpe.

—No te fijaste en su mano que estaba casado —expone ella—. O eres de esas mujeres que le gustan los hombres de otras, en vez de buscarse uno propio.

Yo, Andreita, la que es un tsunami, pero que ha estado más quieta que una estatua, que no se ha metido con este tipo, que él solito vino hasta mí tengo que aguantar estas pendejadas.

—Nena —le hablo con tanta dulzura, pero es que siento pena por ella—. ¿Ese hombre es tuyo verdad? —pregunto, ella frunce el ceño—. Pues te recomiendo que le pongas un cartel en la frente, para ver si él se lo cree, porque está volando sin límites fuera de la jaula.

Vuelvo a girarme a la mesa y dejo atrás un huracán, no me importa.

—Me pregunto si esa boquita es tan buena para más cosas a parte de hablar —comenta distrayéndome el bombón vestido de traje de la entrada.

¡Este día promete!

—Me encantaría demostrarte —declaro.

—Te invito a salir esta noche —comenta él—. Unas copitas y si se puede algo más.

—A salir yo siempre me invito sola. Soy la madre de las fiestas, por lo tanto, si quieres, sabes dónde buscarme y sino, averigua.

Él me dedica una última mirada y se marcha. Muchos hombres hoy, pero, nada productivo.

—Ya no tengo dudas que eres una versión mujer nuestra —dice Liam.

Tanto Dylan como Liam ha sido testigo de estas escenas y yo sin darme cuenta.

—No me subestimes, ustedes son mis hijos —declaro haciendo que rían.

—Haremos algo, esta noche en el club veremos quién liga más...

—Muy fácil. Soy mujer. Si tú llegas a un hombre y le dices ¿Follamos?, ¿Crees que te dirá que no?. Bueno, está el caso de ustedes que huyen, —ellos se ríen— pero generalmente no es así. Por otra parte, cuando ustedes llegan y le dicen a una mujer ¿Follamos?, muchas aceptan pero otras te tirarían la copa por la cabeza.

—A nosotros siempre nos dan el sí —dice Dylan.

—Trato hecho entonces —declaro—. Y como ustedes son dos y yo una sola, propongo entonces que mi cuenta debe rondar el doble de la cuenta de ustedes juntos.

Ellos se miran por lo que acabo de decir. Pensaban que diría que ellos al ser dos, me benefician en que mi número de ligues serían la mitad de los de ellos, por ejemplo si ellos tienen 20 entre los dos, yo con más de 10 gané, puesto que competimos 2 contra 1. Pero no, se equivocan, si ellos tienen 20, yo tengo que ligar como mínimo 21.

—¿Incluyendo o excluyendo el sexo? —inquiere Liam.

—Excluyendo —manifiesto.
No me voy a follar a 21 hombres seguidos. ¡Vamos que estoy loca, pero aún no nivel psiquiátrico!

—Trato —acordamos los tres.

                          ***
Entramos a Pura Club. Estaba a tope. Nos sentamos en una mesa, que según las lenguas es de Dylan.

—¿Qué van a tomar? —pregunta Liam, haciéndole una seña al camarero.

—Lo prometido es deuda —dice Keira mientras mueve sus caderas al compás de la música. ¿Qué están haciendo con mi amiga?—. Whisky.

—Keiri —De un brinco me subo en la mesa—. ¿Dónde está la chica que moría con un Martini en la mano? —la cuestiono. Ella solo sonríe y sigue con sus movimientos al ritmo de la música.

—Andrea, después de tantos giros que últimamente da mi vida, jamás daré nada por seguro —declara Keiri.

—Bravo —aplaudo mirando a Aiden—. Así debías ser hace mucho. Apuesto por tí a que eres capaz de dominar a una bestia. Eres más que lo que creen otros ver —concluyo—. Para mí un Daiquirí.

—No digo que no tengas la capacidad bella, —le dice Liam a Keira— pero esa bestia es dura de dominar.

—Amigo, —responde ella— dura de dominar soy yo.

—Buckett, serás dura de dominar el día que la bestia te toque y no se te aflojen las piernas —expresa Aiden y Keira se juega con el pelo como si sus palabras no le afectaran.

—Yo apuesto por la bestia —manifiesta Dylan.

—Vamos a hacerlo más divertido —llama nuestra atención Gabriela—. Si la bestia cae hoy, vamos todos a París. Por cierto, mi voto es para bella.

—Enana, si gana la bestia, te quedas sin viaje a París —informa Aiden.

—No seas cabrón Aiden, confío en bella, pero las capacidades de la bestia las desconozco.

—Hermanita. ¿Tu decides? —la presiona.

Keira expone un tranquila a Gabi, camina hasta Aiden y le susurra algo al oído.

—No hay nada más que hablar —responde este contra la boca de mi amiga.

¡Que escenón!

—Ustedes están completamente locos —expresa por primera vez el novio de Gabriela—. Es un apuesta bastante excéntrica. No veo a ninguno de los dos dispuesto a perder. La química se nota a leguas y al final, saben por lo que apuesto yo: porque los dos van a caer.

—Hermano, —interviene Dylan— si eso sucede eres oficialmente miembro del grupo.

—Y si los dos caen, —se queda pensando— vamos todos a París —concluye.

—Gabriela, tu nunca pierdes —comenta Aiden.

—No hermano, soy como tú.

—¿Ya decidieron que van a tomar? —interrumpe el camarero, quien estaba parado ahí hace aproximadamente cinco minutos.

—Martini —pide Gabriela—. Y un vodka para mi novio.

—Cuatro whiskys ''Johnny Walker'' etiqueta negra, un Daiquirí, un Martini y un Vodka —le repite Liam al camarero.

Gabriela y yo acompañamos a Keira a bailar. Estamos robándonos todo el show, cuando aparece Christian detrás de mi Keiri y comienza a bailar. Mi amiga le sigue el juego.

Recuerdo la apuesta con Liam y Dylan. Me toca sacar a la luz hoy mi lado más extrovertido. Dylan ya estaba con dos chicas, le proporcionaba un beso a una y luego a la otra. Me acerco a este.

—Van dos, voy para cuatro —susurro en su oído—. Empezó fuerte esto. A partir de ahora todos los ojos en mí.

Recorro con mi mirada al local. No tengo que esforzarme mucho. Mi mirada se encuentra con un hombre, un hombre que no tiene el estilo que me gusta, pero este juego lo pienso ganar.

Entre mis vistas, se encuentra Liam, con una chica pegada a una de las paredes del club.

Ya tendría que ir por seis. Madre mía. Por esto mismo decidí excluir el sexo. Una cosa es gustitos y placer, otra el deporte.

—Todos los ojos en mí —le susurro al oído a Liam, quién estaba tan enfocado en su hacke que no me escuchó llegar.

No espero respuesta y voy directo a lo seguro. El chico con el que antes había cruzado mirada.

—Hola —saluda él—. ¿Cómo te llamas?

¿Aún las personas aplican este método tradicional de ligue?. Disculpen, ya yo utilizo el método de Andrea...mi propio método.

Opto por seguirle la rima.

—Andrea —contesto.

—Bonito nombre —expresa—. Sin embargo, yo ya te nombré con uno mejor.

—Ah si —me acerco más a él.

—La futura madre de mis hijos —expone. Aquello me hizo reírme.

—¿Tanto impacto provoqué en tí? —inquiero ya contra sus labios.

El chico acomoda sus manos en mis nalgas. El beso no tarda en llegar. No sé si es que estoy acostumbrada a otra intensidad, si esas manos fueron algo tranquilas, no sé exactamente, pero ni siquiera mi sexo sintió efecto. Me separo despacio de él.

—¿Podemos vernos cuando la fiesta? —indaga.

—Si, nos vemos afuera cuando esto acabe —le digo mientras voy caminando en sentido contrario a él.

—Mamacita —expresa un hombre que me intercepta a mitad de camino—. ¿Qué tengo que hacer para poder saborear esos labios?

Pues nada. Solo hablar. Me acerco a su boca y lo beso. El beso fue fugaz.

—No seas malita y me dejes así. ¿Por qué no nos vemos cuando se acabe esto?

—Esta bien, cuando acabe espérame afuera —le digo y sigo mi camino.

Me acerco a los chicos, que seguían mis pasos con sus atentas miradas. Liam lleva su vista a su reloj.

—En poco menos de tres minutos ya has ligado con dos —declara Liam.

—Aún me llevan ventaja, pero denme cinco minutos —digo.

—Ya nos has demostrado que Andrea, es una diosa —expresa Dylan.

—Ustedes pusieron las reglas del juego. Esto aún no se acaba —expongo y me uno a los demás.

—Vamos a hacer un brindis —anuncia Gabriela llamando la atención de nosotros—. Por mí, por mi relación y por la nueva pareja —en ese momento mira a Keira y ella sonríe—. Y por este grupo tan cabrón que hemos formado.

—Y por la apuesta que estoy por ganar —comenta Aiden y Keira curva los labios notablemente hacia arriba.

Se hace el brindis.

La noche continúa y con ella mi juego con Dylan y Liam. Ya llevo en cuenta a 10 tíos, aunque ellos están muy cerca. Han ligado con 4 cada uno, para un total de 8 chicas. A mi me faltarían unos 6 para ganar.

—Aunque tengas diez, para ganar debes contar con el doble —expresa Liam.

—Yo no trabajo bajo presión, así que relájense —expongo.

—Hola —la voz de una mujer nos distrae de nuestra conversación a ambos.

Una más para estos chicos, así que mi cuenta debería subir.

—¿Preciosa buscas algo? —inquiere Liam.

—Hoy es tu día de suerte —declara Dylan.

Yo rodeo los ojos. Es en serio que estos dos son los fuckboy que especulan.

Decido seguir mi camino, no me gusta perder y estos dos están yendo a pasos acelerados.

Una fina mano me agarra mi muñeca. Digo fina, porque debe provenir de una mujer. Las manos de los hombres son diferentes, más toscas, más fuertes, más adictivas.

—Nena quería hablar contigo. ¿Puedes? —es la mujer que acaba de llegar.

—Estamos hablando ¿No crees? —expreso, pero no de mala forma.

Ella lleva su mirada hasta los chicos, que se quedaban atentos a esta escena y luego vuelve a poner sus ojos en mí.

—No te preocupes por ellos —comento.

—Es que...—la mujer no sabe cómo continuar o pensará las palabras correctas para decirlo, no sé—...te voy a ser sincera, llevo mucho tiempo observándote y me encantas.

La cara de Dylan y Liam es un poema.

—Me gustaría que nos encontrarámos afuera del club cuando se acabe la fiesta —continúa la chica—. Si quieres puedes traerlos a ellos, pero principalmente te espero a tí.

La chica, sin darme tiempo a nada deposita un beso en mis labios y se marcha.

—Se acabó el juego Andreita, no solo llevas dos ligues por encima de nuestra cuenta juntos, sino que eres apetecible, deseada, tanto por el sexo masculino, que por el femenino —declara Dylan.

Me río.

—¿Y qué me dicen, hacemos la orgía? —inquiero. No me río más, pero en el fondo estoy loca por soltar la carcajada. Estoy seguro que se follarían dos y más mujeres, pero con un solo gallo en el gallinero, osea, sin la presencia de otra figura masculina.

Soy de mente abierta. No soy una chica que si ve una escena de dos mujeres cogiendo haría una arcada. Pero, eso no es lo mío.

No es menos cierto que en el sexo se vale todo, y quién inventó esa frase se lució. La palabra follar, en el sentido, lugar o posición que la pongas es delicioso y libre, sea mujer con hombre, mujer con mujer, hombre con hombre. Por eso yo no discrimino a nadie, tenga las preferencias que tenga.

En mi caso particular, aclaro, si podría participar en tríos u orgías, con otras mujeres pero siempre con la representación masculina. Y sé que le estoy dando tremendamente importancia a este sexo pero, no se puede negar todo lo que desprenden.

Son esas manos toscas o más fuertes, es el pecho, sea fuerte o no, son las piernas, es la cara, es la espalda, es la forma de tocarte, son las embestidas, las miradas, y la polla...todo ellos son algo adictivo y si saben tocarte como se debe, es aún mejor.

—Yo entro —manifiesta Dylan.

—Lo dejamos por tiempo —expresa Liam—. Dylan estará una hora y yo otra.

Ahora sí no dejo pasar mis ganas de reírme.

—Entonces no sería una orgía, sería un trío —declaro.

—Pues, haremos un trío —dice Dylan.

—Lo siento, pero cuando yo propuse el trío, ustedes pasaron de él, ahora, les tocará quedarse con las ganas.

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