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Capitulo 17

Despierto con los desbocados brincos de mi alocado corazón, aún no me creo lo que hice y tampoco puedo creerme la forma en que lo hice. No puedo evitar morderme el labio al recordar el cuerpo de Derek hacido sobre mi, haciendome tantas cosas que por pudor, jamás podré describirle a nadie. Siento la emoción acorralarme en una esquina y la alegría salirseme a toda prisa de los ojos: Estoy enamorada ¡Puta madre! ¡Estoy enamorada!

Siendo yo como soy, de esas que se ahogan en un vaso de agua y se extrangula con los bordes, no puedo evitar sentir miedo ¿Ahora que? ¿Me atacará la debilidad? No puedo evitar no sentirme yo misma y el reciente temor sepulta a la euforia de hace un rato.

Me vuelvo hacía el lado derecho de mi cama para encontrarme con un Derek sumido en un profundo y pesado sueño. No puedo evitar sonreir con malicia y orgullo. Trato de recomponer mis recuerdos y poner en orden mis pensamientos, "necesito hacerlo" me digo desubicada.

En un valiente arranque de recuperar la compostura me lanzó de la cama, muy literalmente, y dejo que el crujir de mis huesos en el suelo terminen de despertarme. Pero que disparates hago, de seguro si mi mama pudiera verme pensaría que soy un desastre. Y justo cuando pensé que ya nada podría ser peor: aparece mi madre. Tirada junto a mis bragas, mi celular y mi dignidad, me encuentro con la pañoleta que tan solo hacía unas horas había sido testigo de mi desvergüenza y del mayor placer de mi existencia. Pañoleta que me había obsequiado mi madre la última vez que nos vimos, ya en un lejano martes de un mes que no recuerdo, impregnada con su perfume y con sus mas abnegadas oraciones en mi favor... ya si que toque fondo. La misma pañoleta que había usado en la boda de Ana Pressi, una antigua amiga, así como en el cumpleaños de una tía; me había servido también como pañuelo de lagrimas y en mas de una ocasión como servilleta reciclable. Jamás olvidaría esa pañoleta pues sus sesenta, y mas, palmeras blancas de estampado la hacían una peculiar prenda difícil de olvidar, y de tolerar si se me preguntara, el caso es que anoche... tan solo anoche, esas sesenta y tantas palmeras a mi se me hacían estrellas y hasta galaxias enteras me llegaron a figurar. Mi tía Marta, la de la boda antes mencionada, tenía razón al afirmar que "una mujer no sabe lo que es amar hasta que no la aman en la cama", y a mi me habían amado hasta la sombra, hasta el límite, hasta el borde del exceso.

Presuntamente lúcida me encamino, con pañoleta en mano, hacía el baño y allí la dejo, sin saber como ni cuando, tirada en el lavamanos. Camino luego hasta la cocina y hurgo en mi refrigerador hasta encontrar lo que busco: un buen licor escocés que escondía entre las verduras para cuando alguién osará atentar contra au sobriedad a base de mis licores. Le di unos buenos sorbos directamente desde la botella y así, ahora justamente desjuiciada y atolondrada, volví hacía donde estaba el objeto de mi desvelo.

--Derek --llamo con sutileza al oído de mi casual amante-- ¿Sigues dormido?

--Mmmm --medio responde este para entreabrir los ojos que aún se notaban pañosos por el sueño.

--¡Derek! --Insistó sacudiendolo por el brazo al ver que planea volverse a dormir.

--¿Señorita Sanders le he hecho yo algo malo para que me sarandee con tanta crueldad? --responde al fin.

Observo con sigilo los gestos de Derek al despertar, como se rasca la cabeza, se acomoda, se estruja los ojos y pasa las manos por el rostro, lo miro alelada hasta que un sonoro bostezo me hace volver en mi. Ni el mas fuerte tequila puede contra el amor.

--Podrías contribuir con tan solo no dormir tanto y te dejaría en paz, ¿En qué soñabas? --Pregunto intrigada y luego yo también bostezo.

--No es un "que" sino un quien. Soñaba contigo y ahora que despierto y te siento aquí desearía verte tan clara como en mis sueños.

No resisto y me acerco a Derek para besarlo pero este me detiene:

--Mi vista no es buena pero mis otros sentidos aun por la mañana tienden a no fallarme   ¿Haz bebido? --pregunta Derek inhalando fuerte el olor que emanaba mi boca.

¡Maldito licor escocés!

--Solo tantito --miento descaradamente esperando que él no pregunte mis razones.

--¿Por qué? --me maldigo en silencio.

--mmm.... eh... ¡para despertarme! --respondo esquiva-- es que no podía despegar los ojos ¿Te traigo un poco?

Derek se queda unos instantes en silencio para luego levantarse de la cama dejándome perdida entre su glorioso Monte de los Olivos.

--No gracias --rompe el silencio--. Yo prefiero mil veces las manzanas.

Entre paso y paso con Derek decidimos ducharnos juntos y lo guió tomado de la mano hacía mi oscuro baño. Enciendo la luz y me lanzo con premura y deseosa de su contacto a besarlo, a arrancarle suspiros, la vida y hasta la carne de sus labios.

Encuentro la pañoleta en el lavamanos y recuerdo el juego de los ojos tapados de la noche anterior, la tomo en mis manos, la huelo, y al encontrarme con el olor de mi madre escondido entre sus fibras y en las de mi memoria me obligo a no dejarle fácil a la lujuría hacerme su presa.

Me meto a la ducha seguida de mi hoguera andante y con el miedo de quemarme dejo que me acaricie con tacto y habidez. Enfrentado a mi desnudez Derek me hace suya   de nuevo y puedo sentir como el deseo se funde con el agua y se crea lava. Me trepó sobre él y juntos nos dejamos resbalar hasta el suelo de la ducha donde siento como se clava en mi como un taladro de acero en una superficie de cera, lo dejo que arremeta en mis entrañas y clavo mis uñas  en su espalda y gimo, grito como loca y exploto, lo siento venirse dentro de mi y veo como el agua se estrella contra mi espalda jadeante haciendo salir humo de mi piel, humo y placer, como si se tratara de lluvia derramando en las entrañas de un volcán.

Derek se desliza entre mis piernas y encontrando el centro de mi sexo lo hace vibrar, me acaricia con suavidad con su lengua y me tortura con sus labios, me parte la cordura y me destroza la sensatez, puedo sentir la violencia con que su lengua sacude mi clítoris y deseo que me muerda, que me destroce todo ahí debajo para luego penetrarme con mas violencia. Lo halo del pelo y lo obligo a besarme aún con el gusto a mi en sus labios, y me trago su esencia, la esencia de mi ser. Sostengo su rostro entre mis manos y tras recuperar el aliento me atrevo a cruzar palabra:

--¿Y si ahora nos duchamos?

El sonríe, me besa con suavidad y me ayuda a ponerme de pie, cuando se supone que es el quien no puede hacer estas cosas solo, aún notablemente excitados y con nuestros cuerpos erectos procedemos a lavar nuestras pieles mutuamente sin ninguna malicia.

--Hablemos con tu hermana --digo decidida y suelto lo que desde la mañana, al despertar, rondaba mi cabeza--. Digamosle que nos amamos y que tu eres mio y que yo soy tuya.

Derek me mira con los ojos enfocados en la nada y asiente con la cabeza para luego contestar:

--Vamos a decirle, solo permíteme desayunar contigo y vamos a mi casa.

Me siento plena de nuevo, dueña de mi: Completa. Con mi personalidad recuperada me pierdo en la euforía y comienzo a soñar despierta "por ti y contigo hasta la vida te regalo" pienso para mis adentros.

--¿Y el señor Steele quiere vodka con su desayuno? --pregunto a modo de respuesta afirmativa.  

--La señorita Sanders --responde Derek risueño-- sabe muy bien... que yo prefiero sus manzanas.

 

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