
VIII
Siempre ame los girasoles. Quizás porque en vez de darme una mascota, mis padres decidieron regalarme una semilla de girasol y una maceta para mi séptimo cumpleaños. No los culpo, ellos habrían sido los encargados de cuidar a la mascota, así que, aunque me había sentido decepcionado, ahora entiendo porque fue lo mejor. Ellos no habrían tenido tiempo de cuidarlo adecuadamente. En fin, me había gustado mi girasol. Felizmente cuide de la semilla y ansiosamente espere el momento en que finalmente brotará. Cuando sucedió, ¡la flor creció hasta el mismo tamaño que mi cara! Era la flor más hermosa que había visto.
Recuerdo cómo te habías reído tiernamente mientras mirabas el álbum de fotos que mamá y yo habíamos hecho de Girasolito. Con mi letra de niño había escrito encabezados como "Regando a Girasolito", "Protegiendo a Girasolito de la lluvia" o "¡Girasolito cumple un mes!" y muchos más. Tus expresiones iban de un aww a una risa encantadora. Luego explique cómo había llorado el día que murió el girasol, y aunque habían pasado años desde que sucedió, tú me envolviste en tus brazos sin ninguna duda. En ese momento, tu gesto fue tan obvio, solo eras mi amigo abrazándome. Ahora deseaba que pudieras sostenerme con más frecuencia, no cada vez que nos despedimos. Solo anhelo los días en que puedas tenerme en tus brazos.
Ya habían pasado muchos años, pero todavía recordabas esa parte de mí, esta tonta historia que te conté la primera vez que visitaste mi casa. No era de extrañar que cuando cumplí veintidós años me regalaras una experiencia memorable, una grata sorpresa que me alegra haber compartido contigo.
Esta noche, soñé que volvíamos a ese momento. Por supuesto que, en mi sueño, había alterado la memoria real, agregando el factor más importante, que me amabas de la misma manera que yo te amaba.
Como siempre, íbamos tomados de la mano mientras caminábamos por un campo de girasoles. Créeme, si todo fuera real, sostendría tu mano dondequiera que fuéramos, rehusó a soltarte.
Los girasoles estaban por todos lados, era como ahogarnos en un océano amarillo con tintes verdes. Los girasoles no tenían un aroma particular, pero estando aquí contigo pensé que era el segundo aroma más agradable, después del mar. Mi mano libre acaricio los suaves pétalos de girasol. A pesar de lo hermoso que era el paisaje, tú eras el que deslumbraba más.
—¿Sabías que son flores heli-
—Heliotrópicas —dijiste, asintiendo con orgullo. —En la etapa de brote, miran al sol en todo momento. Lo recuerdo. Me dijiste lo fascinante que fue cuando Girasolito lo hizo.
Sonreí avergonzado. —Ni siquiera somos tan viejos y ya estoy repitiendo mis historias. Lo siento.
Tu mano tocó mi cara, tu pulgar acarició suavemente mi mejilla. Te inclinaste para besarme, suave y dulce. —No, no lo digas. Solo quería impresionarte. Pero puedes decírmelo otra vez, deberías contármelo una y otra vez. Me encanta escuchar tu voz, nunca me cansaré de oírte hablar.
Ahora fui yo quien tomó tus labios en un beso.
El sol estaba en lo alto del cielo cuando llegamos a la mitad del campo. Saqué mi cámara y te pedí que posaras para mí. Recuerdo que siempre decías que no salías bien en fotos, lo cual era ridículo porque eras la persona más hermosa que había visto. Desearía poder habértelo dicho fuera de mis sueños, desearía que lo escucharas de mí y no de él. Pero supongo que me tendré que conformar con decírtelo aquí, mientras veía como te sonrojabas y escondías tu cara para oler las flores.
Entonces dijiste que era mi turno de posar. Nos reímos mucho mientras nos tomábamos fotos tontas y sorprendentes. Ojalá lo hubiéramos hecho en ese momento, para así tener nuestro propio álbum de recortes y pueda recordar uno de los días más felices de mi vida. No importa, por lo menos tenemos si nos tomamos una foto juntos ese día. Era mi favorita, donde me diste un besó en la mejilla porque yo era el cumpleañero y merecía que me besaran. Me gusta mirarla de vez en cuando, pretender que todo lo que soñaba era real, las otras fotos simplemente faltaban.
Ojalá hubiéramos vuelto a hacer esto hoy. Podríamos repetirlo un millón de veces y sería muy feliz. Ese había sido mi deseo esta noche cuando mi familia y amigos me cantaron esa canción de cumpleaños y apagué las velas.
Sin embargo, nunca se hizo realidad. Por supuesto todo lo que recibí de ti fue un texto de felicitación y una foto de una caja de macarones, un regalo que me traerías de Paris. Porque, por supuesto, estabas allí con él, celebrando vuestro primer aniversario.
Así que, encuentro mi consuelo soñando que estamos acostados en un campo de girasoles, ya que nuestra foto juntos fue lo último que vi antes de cerrar los ojos.
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