17 de febrero: La chica nueva
Había una chica nueva en la clase y todos estábamos expectantes por verla. Entendedlo, somos jóvenes y las hormonas hablan por sí solas en nosotros. Cuando entró por la puerta, todos nos sorprendimos. No esperábamos que fuera así. La mezcla de razas era evidente ya desde su propio rostro. Era una chica bastante extraña, era de piel oscura, muy oscura, pero con los ojos achinados, típicos de los orientales, y los ojos de un color verde claro, prácticamente transparente. Era guapa, de una manera exótica y diferente, pero lo era. A pesar de eso, los comentarios despectivos del grupito de chicas pijas no se hicieron esperar:
—¡Oh, por Dios! Nos han metido una abominación en la clase...
—¡Cállate, Lilly! Cada día tu estupidez se hace más patente... —dije yo mirándola de mala manera. Me levanté del asiento y me acerqué la chica nueva, tendiéndole mi mano—. ¡Hola! Yo soy Andrew.
La chica me miró cohibida, no era difícil adivinar que no era la primera vez que oía ese tipo de comentarios y su mirada sobre mí denotaba una profunda desconfianza. Aun así me contestó:
—Ariadna, un placer.
Le sonreí ampliamente y me propuse eliminar esa desconfianza de sus ojos.
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