Despertar
Harry
El rizado llevaba cerca de dos horas sentado en su cama, con la mirada pérdida en la pared, no se movía, tan sólo respiraba.
Esta vez no iba a llorar, esta vez no lo haría, ya le había llorado una vez y no volvería a hacerlo, parpadeo un par de veces, tomó las llaves de la camioneta, bajo la escaleras y se dirigió a un bar, aquel que nadie conocía, aquel que había dejado de frecuentar desde que conoció a Barbie.
Aparcó a unos metros de la entrada, sus ojos se cristalizaron al recordar como es que ahora todo por lo que un día lucho se había ido al carajo, aún en su cabeza podía escuchar el sonido del anillo al caer. Limpió las lágrimas antes de que salieran y bajó dirigiéndose de inmediato a la entrada de aquel lugar de mala muerte.
En un parpadeo ya había terminado con cuatro botellas, nada importaba, había lastimado al único chico al que amaba, al que comenzó a amar sin saberlo, a ese chico rubio que con sólo una sonrisa, una mirada o su simple presencia iluminaba sus días.
Se regañaba mentalmente por no haber luchado una vez más por él, esto dolía como la mierda, ¿porqué había estado dispuesto a perderlo?, ni siquiera era capaz de responderse esa pregunta.
Sólo estaba buscando una escusa para pelear con alguien, para poder desquitar su coraje o para que alguien lo golpeara por ser un completo imbécil. Un hombre paso por su lado empujándolo leve y sin intensión, acción que para el rizado fue suficiente para abalanzarse contra este a golpes.
Sólo buscaba provocarlo, ya que cuando éste reaccionó para defenderse el ojiverde no metía las manos, no intentaba esquivar sus golpes o al menos protegerse, sentía que era lo que él merecía, por haber lastimado a su bebé.
Su vista comenzó a nublarse, el dolor de los golpes había cesado ya no sentía nada, así que no fue consciente del momento en en que aquel hombre golpeó su cabeza en repetidas ocasiones contra el pavimento, no se dio cuenta cuando rompieron una botella para después encajarla una y otra vez en su abdomen.
Todos huyeron dejándolo ahí en un charco de su propia sangre, perdiendo un poco más a cada gota, los latidos habían disminuido.
Estaba listo para el final.
La sirena de la ambulancia retumbaba por la calles, avanzaban a una gran velocidad, una vida estaba en juego y la pelinegra se aferraba, tenía todas sus esperanzas puestas en que lo salvaría, tenía que llegar al hospital con vida.
Una vez más se encontraba en aquel quirófano dónde meses atrás había sido intervenido en tres ocasiones, aquel quirófano dónde estuvo a punto de morir
Anne se encontraba llorando en la sala de espera, ahora estaba de nuevo en un hospital, dónde su único hijo varón se encontraba luchando una vez más por su vida.
Pero algo no era como aquella vez, ahora estaba sola, ninguno de sus amigos del chico había llegado, ni siquiera el rubio. Anne tomó su celular y comenzó a llamarlo, se resignó tras varios intentos, no sabía el porqué, pero si sabía que no le iba a responder.
"Esto debe de ser una broma", pensaba la mamá del rizado después de hablar con el doctor encargado de su hijo.
Harry estaba en coma una vez más, ella sabía que Niall había sido una parte fundamental al igual que los demás chicos que habían venido aquella vez, la pelinegra se preguntaba -cuando albergaba esperanzas de que éste despertara-, que le diría a su pequeño cuando abriera sus ojitos y preguntara por ellos.
Los minutos, las horas, los días comenzaron a correr de forma impresionante, cada día que pasaba Anne comenzaba a hacerse a la idea de que su hijo no volvería a casa, no quería aceptarlo pero tal vez así fuera su bebé no despertaría.
Una vez más estaba junto al chico tomó su mano y comenzó a hablarle dándole los motivos por los cuales debía quedarse y seguir adelante, la presión en su mano la alertó un poco antes de volver a ver esos ojos color esmeralda que le devolvieron la felicidad, lágrimas caían por sus mejillas, lo abrazó con fuerza intentando ser cuidadosa.
Harry abrió los ojos lentamente, miro con un poco de confusión, inspeccionó todo el lugar, antes de posar su atención en la mujer que se encontraba con él.
— Hola, emmm... disculpe ¿quién es, usted?
— Harry soy yo Anne, tú mamá
—¿Mamá? — Negó al escucharla — Creo que usted me esta confundiendo con alguien más.
Harry había despertado, pero como el doctor lo había pronosticado los golpes que le propiciaron en la cabeza habían dejado estragos, haciendo que el rizado perdiera la memoria, aún no se sabía si sería temporal o de manera indefinida.
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