Desde Cero
Los días habían comenzado a pasar de una forma abrumadora, todos los médicos que revisaban al rizado concordaban en una sola cosa: físicamente hablando, él estaba listo para regresar a casa, pero su memoria se limitaba a corto plazo, no lograba recordar nada por más de ocho horas, y no sabían a ciencia cierta cuánto duraría la amnesia, esperaban que los estímulos y el regreso a su rutina diaria lo ayudaría.
Y así fue como una tarde de otoño, con el viento golpeando su rostro y alborotado sus rizos el ojiverde cruzó las grandes puertas de cristal tomado del brazo de su madre y su hermana del otro lado, subieron a la camioneta y se dirigieron a la casa de los Styles.
— De manera que yo soy Harry — el chico intentaba recordar el nombre que le habían dado como suyo y lo repetía tantas veces como lo recordaba. La mujer detrás del volante y la chica en el asiento trasero asintieron con una sonrisa.
— Y además eres mi hermano menor — dijo la rubia.
Ahora fue el turno del chico de asentir con la cabeza mirándola por retrovisor — ¿Y a dónde me llevan? — preguntó alarmado luego de unos minutos de mirar por la ventanilla.
— Amor tranquilo — la mujer de mayor edad se detuvo en un alto y lo miro de forma tierna, con cariño, como sólo una madre puede hacerlo — No tienes de que preocuparte cariño, vamos a casa.
El chico asintió, miró el camino intentando recordar lo que había en el camino desde el hospital hasta llegar a casa.
El supermercado, una gasolinera, tiendas de ropa y comida, el chico repetía en voz alta como un niño pequeño cuando hace el recorrido de su casa a la escuela y viceversa.
Anne no tuvo otra opción más que llevarlo con ella, bien sabía que él desde hace meses vivía con un joven rubio llamado Niall, pero también sabía que hace semanas lo había esta llamando y se negaba a responder sus llamadas, le dolía esconderle esa parte a su hijo, pero la verdad era que ella no sabía que había pasado entre ellos y no podía obligar a su hijo menor a volver a un lugar del que desconocía el motivo de su salida. Ella había acordado con su hija investigar un poco acerca de lo que había pasado, por si en algún momento el rizado recobraba la memoria ellas pudieran explicar y apoyarle.
Al llegar a la casa la mujer se estacionó al pie de la cerca blanca que rodeaba el inmueble. Ambas guardaron silencio y esperaron un poco para ver si él reconocía el lugar, pero no sus ilusiones se desvanecieron al escucharlo preguntar — ¿Quién vive aquí?
Las dos con toda la calma del mundo le explicaron que era su casa, que ellos vivían ahí, la rubia bajó, lo ayudó a hacer lo mismo y a entrar a la casa, se sentaron en el sofá en silencio observando como el chico miraba con asombro cada parte de la casa, su sonrisa crecía un poco más y sus ojos se iluminaban al ver algunas fotos de él en pequeños cuadros adornando toda la estancia en la que se encontraban.
Cada día el rizado se asombraba por las mismas cosas, por saber que su nombre era Harry, que su madre y su hermana lo amaban, que su padre era un magnífico hombre digno de admiración, al ver sus fotografías por todas partes, por que había aprendido a tocar la guitarra, por el sabor de los tacos, cada que comía uno decía:
— Creo que puedo comer esto el resto de mi vida y juro que jamás me voy a cansar de ellos.
Ambas mujeres se seguían preguntando por el departamento en el que vivía con el chico rubio, a este lo llamaban pero siempre rechazaba las llamadas y sólo regresaba un texto, siempre era el mismo.
<<Harry, basta ya no me busques esto también es muy difícil para mí, deja de jugar conmigo de esta manera>>.
Todo era tan confuso.
Una vez más era la hora de la cena y los cuatro integrantes de la familia estaban sentados en sus respectivos lugares de la mesa, degustando una sopa de pasta con albóndigas, cuando al hombre de mediana edad miró al chico y la manera en la que miraba con tanto asombro su plato.
— Harry, creeme si lo pruebas te sentirás en las nubes — le sonrió de manera cálida antes de llevar el tenedor con un poco de pasta hasta su boca.
El chico de orbes esmeralda levantó la mirada con una enorme sonrisa — ¡Me llamo Harry! — los miró un poco confundido —, ¿pero, quiénes son ustedes y qué hago yo en este lugar? — comenzo a mirar para todas partes — ¿cómo llegué aquí? — dijo con uno tono de desesperación y angustia impregnadas en su tono.
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