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‐-¡Mierda!
Ricky LaFleur escuchó la maldición viniendo desde el baño de la caravana de la abuela de su amigo, en la que estaba porque era la noche de la fiesta del curso de Julian y quedaron de llegar juntos como los mejores amigos que eran, aunque Ricky era tres años menor y le quedaba sólo otro año para entrar a la secundaria con Julian, si es que no repetía otra vez.
--¿Qué te pasa?--preguntó, entrando al cuarto con una cara preocupada pero hablando con la voz más relajada que tenía--
--Tengo un grano en la cara.
Efectivamente, el pelirrojo vio hacia el espejo y su amigo tenía una diminuta protuberancia blanca en la mejilla derecha, era de una forma redonda y parecía como si fuese a explotar en cualquier momento. Alrededor tenía un "aura" roja, se veía tan putamente doloroso; era uno de esos granos duros que parecía que guardaban una piedra adentro.
--Reviéntalo, no pasa ni una puta cosa--le sugirió a su amigo, sin rodeos--.
--No, Ricky, no entiendes. Va a quedar una herida ahí y se va a ver peor.
El de cabello negro abría y desordenaba cada cajón del mueble del baño en búsqueda de base de maquillaje que combinara con el color de su piel para tapar esa fea deformidad. De seguro su abuela tenía maquillaje, la había visto pintarse antes, no creía que a ella le importara que usara un poco.
--Salgo con Lucy esta noche, maldición--explicó Julian, algo frustrado--, pensará que soy un grasoso.
LaFleur estaba aburridísimo de escuchar de esa estúpida rubia de primero de secundaria que se metía con cualquier persona en el colegio que tuviera aparato reproductor humano funcional o se llamara Sarah. Aparte que estaba obsesionada con Julian, cosa que irritaba aún más a Ricky siendo que ella tenía la mala fama de ser una rompecorazones. Claro, era el más guapo que conocía y le ganaba por dos años, ¿cómo no caer ante sus pies?
--Lucy esto, Lucy lo otro. ¿Por qué te importa tanto lo que piense de ti? Es sólo otra puberta tonta de segundaria, como tú.
No era inusual para Rick explotar y hablar sobre lo que odiaba, el tema era que el setenta por ciento (o incluso más) de esas explosiones hacia Julian eran sobre sus citas. Bueno, eso le llamaba un poco, demasiado, la atención.
Lo miró con intriga.
--¿Por qué la odias tanto?
El de cabello en jopo no dijo nada, sólo bajó la mirada hacia sus sucios zapatos deportivos de color blanco con detalles rojos. Ese tipo de secreto no era tan fácil de confesar para un adolescente, ni siquiera para el que menos le importaba el amor en una edad con tantas libertades.
--Quiero dar una buena impresión--continuó el mayor al ver que Rick no diría nada--, ¿bien? Quiero gustarle. ¿Feliz con tu respuesta?
"Gustarle", hijo de puta, en frente suyo, ¿cómo se atreve?
Peleaban con tanta facilidad.
--Bueno, tú me gustas, ¿qué no es suficiente para ti, señor... señor novio de la prosti del colegio?
--No, Ricky, yo...
Julian lo miró como si acabara de cometer un asesinato frente a los ojos celestes de ambos, obvio que con un toque menos de dramatismo.
Idiota, habló sin pensar y la cagó, arruinó la cita de su mejor amigo y probablemente su amistad de años. Maldito impulsivo, ¿por qué no podía quedarse callado en un momento tan importante?
--¿Qué?--exclamó LaFleur, harto y enojado consigo mismo, esperando una puta respuesta para poder salir de ahí, gritar y romper todo--
--¿Rick, de qué carajo estás hablando?
El chico realmente no quería hablar sobre eso, se sentía demasiado culpable, pero la mirada de su amigo lo obligó. Era casi un pecado mentirle a Julian, tarde o temprano lo descubriría; podías ser astuto con él, pero Julian era todo lo contrario a un idiota.
--Me gustas, así, de verdad--repitió el de cabello anaranjado con un poquito de impotencia y vergüenza, sentimiento que no conocía tan bien--.
Volvió a mirarse al espejo. Estaba casi completamente seguro de que intentaba sabotear su cita para salir a beber y divertirse solo con él. No tenía pareja para la fiesta y su otro amigo, Bubbles, yacía en el sillón, enfermo como siempre. Su suposición tenía algo de sentido, si es que no era descabellada.
--Ricky, cállate--demandó el de pelo más largo y volvió a mirarse en el espejo, con voz grave y ganas de olvidar el asunto--.
--¡No! ¡Julian! Te quiero a ti, por favor...
Jules se dio vuelta para posar sus vista en él otra vez, algo consternado por sus desgarradoras súplicas. Sus ojos celestes estaban llorosos y sus mejillas estaban rojísimas. Había contemplado y consolado esa carita tantas veces, tantas noches sin dormir por escucharlo mientras se quejaba de su vida, pero nunca lo había consolado por amor.
Era tan extraño, veía a su amigo casi como un arromántico, imposible de que cayera a los pies de todas las chicas que se tiraba, y que se enamorara de él era algo impensable.
--Te conozco por más tiempo que esa perra Suzie o como sea--dijo Rick con una voz temblorosa--, y he estado empezando a sentir mierdas raras contigo, en el baño yo...
Era un asco expresándose verbalmente.
--Ricky--lo interrumpió antes de que contara algo demasiado imprudente para sus estándares en el momento--.
--¡El punto es...!
Un suave suspiro pudo ser escuchado y Julian ya no podía ver esos ojos de ángel que tantas veces había visto llorar luego de que Ricky escapara de su casa a refugiarse de sus problemas en los brazos de su mejor amigo.
Quería tocarlo, darle un abrazo, pero los niños no se abrazan.
O quizás sí, a la mierda eso.
El de cabello negro caminó lentamente hasta que no pudo acercarse más a él, acarició sus mejillas con ambas manos y lo miró con su característica compasión seria. Julian era más alto que Ricky, a su vista parecía un dios misericordioso. Sus ojos garzos se encontraron para alimentar la confusión hormonal de los dos adolescentes.
--Bésame como si estuviésemos en el puto infierno--pidió Richard, con esa sonrisa coqueta y esa impulsividad honesta de borracho que no se la quitaba nadie--.
Jules cerró los ojos, agarro fuertemente la cara de su amigo, la acercó a la suya e inició el beso, más o menos seguro de lo que estaba haciendo. Sus pequeños labios estaban juntos y se rehusaban a separarse. Los ojos de LaFleur también estaban cerrados, pero ambos sintieron la necesidad de abrirlos, tenían que verse.
Ricky dio un paso atrás y el sonido de sus labios abriéndose los hizo volver a la Tierra.
Se miraron por un momento en silencio. ¿Qué acababa de pasar? Julian no tenía idea, pero se sintió mejor que beber siete vasos plásticos de Ron-Cola con una loca bisexual obsesionada y cachonda sentada a su lado en una fiesta llena de pubertos aburridos emanando una fina esencia de masturbación y marihuana barata que por alguna razón tenía un extraño olor a orégano.
Sentía que toda la sangre de su cuerpo se le iba a la cara y comenzaba a sudar un poco.
--Mírate, Jules, estás todo rojo.
El mencionado sólo soltó una pequeña carcajada y empujó suavemente al risueño muchacho. Jamás se había sentido tan vivo y enamorado a la vez con ninguna chica, y Lucy se fue al carajo para él, la dejaría plantada; luego tendría tiempo para inventar una excusa.
--Ven acá--dijo con una sonrisa, mientras se acercaba nuevamente a sus labios--.
Lo besó una, otra y otra vez. El control ya no existía, vivían en el año 1987 y eran adolescentes, a la mierda todo lo demás.
La felicidad del pelirrojo era indescriptible. Amaba ese lado meloso de Julian que sólo se notaba cuando hacía algo bien, cosa que no pasaba tan a menudo, pero era "espacial".
El mayor deslizó sus dos manos hasta llegar a la cintura del chico e hizo que caminara marcha atrás hacia el sillón. Ambos no dejaban de mirarse, reír y darse cortos besos como los muchachos juguetones que siempre habían sido. Con una chica, ninguno de los dos, jamás, haría ese tipo de cosas. Pero entre ellos no se sentía nada raro, se conocían mejor que nadie y sabían bien que el amor era real en cada beso de un segundo de duración, eran casi como hermanos, no, más como almas gemelas.
Tiró a Ricky al sillón. Iban a hacer lo que éste siempre soñó en secreto; tantas noches en las que ha tenido que despertar para terminar el trabajo por su cuenta, tantas veces que ha tenido que excusarse con Julian para ir al baño gracias a sus "problemas", tantas veces que ha tenido que retenerse para no agarrar su cara y besarlo ahí mismo, y ahora era una maldita realidad.
El de cabello oscuro lo vio caer como una pluma al sofá y escuchó un pequeño quejido en la forma de un "¡ey!", pero no vino de LaFleur...
--¿¡Bubbs!?
--¡Chicos!
Ricky se levantó de inmediato y se quedó parado al lado del otro adolescente, mirando, con sus ojos abiertos como platos, como el de camisa a cuadros también se levantaba y se paraba frente a ellos.
--Perdón, amigo, olvidamos que estabas ahí...
Un Julian histérico agarró ambos hombros del más bajo.
--¡Lo sabía!--exclamó Bubbles con una expresión sorprendida en su rostro--
--Dime que no escuchaste ni viste nada, por favor, dímelo--suplicó Jules, agitado, enseñándole unos ojos enormes--.
--Julian, estuve aquí mismo todo el tiempo, ¿qué esperabas?
--Puta... mierda--refunfuñó Ricky--.
Ambos pequeños amantes se sentaron en el sofá y suspiraron al mismo tiempo.
--Chicos, vamos.
El adorable niño de gafas culo de botella habló con voz suave y se acomodó a su lado, poniendo la cabeza sobre el hombro del más serio de los tres.
--No hay nada de malo con quererse--dijo y les sonrió, a la vez que sus avergonzados amigos le devolvieron la sonrisa--. Bésense, bailen como Patrick Swayze con esa chica y hagan cosas lindas. ¡Sólo no las hagan sobre mi! ¡Tengo un resfriado de puta madre y me duele todo!
--¡Bubbles!
--Bueno...
--Jules--llamó la atención de éste y subió la cabeza para mirarlo con sus enormes ojos marrones--, ¿te molesta si mejor voy a tu cama?
--Bubbles, ¿qué pensabas que íbamos a hacer en el sillón?
--¡Sí!--interrumpió Ricky, apoyando su codo sobre el hombro de un confundido dieciséis-añero-- ¡Puedes ir... a la cama de Julian... mientras nosotros nos quedamos aquí! A él no le importa para nada, ¿sí?
Julian miró al entusiasmado joven y sonrió incrédulo.
--Está bien--dijo el congestionado niño mientras se dirigía a la habitación de su amigo con una frazada alrededor de su cuerpo--.
La puerta se cerró y quedaron solos, era un viernes por la noche y estaban vestidos de "gala" (rebajado a sus estándares). Sentados uno al lado del otro, algo nerviosos.
--¿No íbamos a ir a la fiesta?
--Prefiero quedarnos aquí.
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