Capítulo 10.
Me dijeron que eres peligrosa,
me dijeron que me debo cuidar.
No bebé, no me mires con esos ojos,
que esa mirada me hace temblar.
Eres el peligro, un peligro confortable,
me debo alejar, pero sin ti no soy nadie.
—Peligrosa, Four Chips.
Mark Zugadi.
Ella decía que no, pero antes había dicho que sí, así que aquí estoy. Aunque técnicamente después de haber metido la pata ella si me había dicho que no.
Confuso, lo sé. El punto es que no iba dejar a Vanessa sola en la intemperie, mucho menos al ver cómo el cielo se caía y el agua estaba congelada. Lo acababa de comprobar luego de haber salido de mi cómodo auto hacia la lluvia y en dirección a la escurridiza Vanessa Martin.
Estaba destrozado.
Estaba acostumbrado a que ella huyera de mí, pero esta vez fue diferente. Ella prácticamente me desafió con sus hermosos ojos y prefirió mil veces estar enferma en cama a compartir un auto conmigo y llegar a casa sana y salva.
Era un idiota.
Tan idiota que por primera vez yo era el que tomaba la iniciativa y la besaba para poco después salir con una tontería. Pero era mejor así, ya no era solo el Mark que amaba discutir con su vecinita. Era Mark Zugadi, el gran Mark Zugadi, voz principal y guitarra de la flamante banda canadiense Four Chips. No soy presumido, así es como nos presentan en cada entrevista de televisión a la que asistimos.
Mis ataques de ansiedad empeoraron al sentir la presión todos los días. Amaba estar sobre un escenario, pero odiaba los meet&greet, no odiaba ver a mis fans, odiaba ser extremadamente amable con cualquiera cuando mi estado de ánimo estaba por los suelos. Una vez negué una fotografía en el aeropuerto y me destruyeron, me llamaron el desalmado Mark por meses, desde esa vez no niego ninguna fotografía. La ansiedad casi acaba conmigo luego de aquel episodio.
A veces los fanáticos olvidan que nosotros también somos humanos, que como ellos nos aman nosotros también amamos a otras bandas, que respiramos, que vamos al baño, que nos da hambre, frío y calor, que sentimos.
No todo es malo, cualquiera quisiera ser famoso, que personas en el mundo reconozcan tu trabajo, pero lastimosamente el ser humano elige recordar más los malos momentos que los buenos.
Sabía que Vanessa era fuerte, pero yo también sentía que era fuerte al principio de todo. No quiero exponerla a esto, no quiero que ella se quiebre como yo lo hice.
La cuestión es que por más que quiera alejarme de ella no puedo hacerlo. Vanessa es mi musa, sin ella el gran Mark Zugadi no existiría, solo sería otro intento de cantautor, tal vez tendría la voz pero, ¿las letras? Serían vacías. Considero que mis canciones tienen el éxito que tienen porque fueron escritas para alguien y ese alguien es Vanessa.
Aumento la temperatura en el auto al fijarme como las manos de Vanessa tiemblan sobre su regazo, estaba empapada de pies a cabeza al igual que yo. Todo por haber huido de esa manera de mí, aunque la entendía, era un idiota, soy un maldito idiota.
Hay que ver qué el ser humano es egoísta.
El silencio incómodo nos envuelve, me acomodo sobre el asiento del conductor mientras mantengo mi mirada fija en la carretera y las manos sobre el volante. Cuando siento que me empiezo a sofocar por el silencio extiendo mi mano derecha sobre el tablero enciendo la radio, la cual nos envuelve con el sonido de una canción que reconocería a kilómetros.
Sonrío.
—No me sorprende que te guste oírte en la radio—masculla Vanessa mirando en dirección a la ventana, para luego voltearme a ver—. No me sorprende nada.
—¿Por qué lo dices?
—Porque eres Mark—se encoje de hombros—. Vives por y para la fama.
Era verdad hasta cierto punto, también se equivocaba en la razón de por qué me gustaba tanto escucharme en la radio o mejor dicho, escucharme cantar esa canción en la radio.
—Sonrío porque esa es una de mis canciones favoritas del primer álbum—le confieso sin despegar los ojos de la vía, pero podía sentir los suyos perforándome—. También me gusta escucharnos en la radio porque hace años solo mi madre nos apoyaba cuando tocábamos en el garaje, me recuerda de dónde vengo y el trabajo tan malditamente duro que tuvimos que hacer para llegar a dónde estamos.
El silencio vuelve, solo se escuchan mis palabras en la radio, la guitarra, el bajo, el teclado y la magistral batería de Dustin.
Tu mirada y tu sonrisa, me dejan sin aliento.
Tu cabello castaño me hipnotiza, tu voz me motiva.
Tu solo tú, mi ángel de la guarda.
Tu solo tú, mi princesa en la torre.
Tu solo tú, mi musa inalcanzable.
Tu solo tú, mi fantasía más soñada.
—¿Quién escribió esa canción?—pregunta ella curiosa.
—¿Por qué lo quieres saber?—Mis manos sudan un poco, recordando el momento exacto que tomé lápiz y papel y escribí las primeras palabras.
—Es una bonita letra, se nota el amor que el chico le tiene a la chica—susurra ella en voz baja y por más loco que suene las primeras palabras empiezan a escribirse en mi mente.
Joder.
—La letra es de Frank—respondo.
Cuando la verdad es que la escribí yo luego de verla reír con Jean Luca en el sofá de mi sala.
—¿Frank? No lo veía como un romántico.
—¿De quién creías que era?
—No lo sé, ¿Chris?—Por el rabillo del ojo puedo ver qué ella se acomoda de tal manera que su cuerpo queda hacia mi dirección—. Pero los rumores dicen que es tuya.
Vuelvo a ponerme nervioso. Trato de relajarme y mostrar una sonrisa confiada.
—No sabía que leías los rumores de Four Chips. ¿Estoy hablando con una de mis Little Chips?
—Y como siempre Mark Zugadi arruinando el momento. No solo tienes el don de la música sino también el de arruinar las cosas, amigo.
Tenía razón.
—Lo lamento—digo con sinceridad—. Solo que no te vi como alguien que leyera una revista de chismes.
—No lo hago, hay una cosa que se llama Twitter, ¿sabes que eso?—dice sarcásticamente—. Ahora dime, ¿es tuya?
—Ya te dije que es de Frank.
—Frank no escribiría sobre la sonrisa de una chica.
—¿Por qué dices eso?
—Porque las veces que nos hemos cruzado solo sonríe con ese tono sexual de siempre y, ¡Ah! Lo olvidaba, dice que mis tetas son fantásticas.
—Es que tus tetas son fantásticas.
—¡Mark!
Quiero reírme y me recuerdo que debo conseguir una muerte dolorosamente lenta para Frank, pero justo en el momento que voy a responder con algún comentario listillo puedo notar unos faros de una furgoneta. Y yo conocía esa furgoneta.
Paparazzis.
—¡No puede ser!
—Lo mismo digo. No es que no me guste que me alaben las tetas pero...
—Nos están siguiendo—la interrumpo muy molesto—. Se supone que nadie sabe que estoy en Canadá.
—¿Realmente no conoces Twitter, Mark? Porque podría jurar que subieron una foto tuya saliendo de tu apartamento esta mañana.
Me sorprende tal comentario por lo que la miro sorprendido.
—¿Y tú realmente no eres una fanática? Porque veo que estás muy enterada de nuestros pasos.
—Tengo una amiga que retwittea muchas cosas de una página de fanáticas de Four Chips—se defiende ella.
—¿Tienes amigas?
—Te estás buscando una cachetada Mark—Me hace sonreír y... Seguir escribiendo en mi mente una próxima canción. Con Vanessa nunca me puedo detener—. ¿Igual cuál es el problema de que nos sigan?
—Te van a ver conmigo.
—¿Tan malo es que te vean conmigo?—ofendida golpea mi brazo—. Muchos saben de mí.
—Si, tal vez las fanáticas locas sepan que eres mi vecina. Pero estoy seguro de que las fanáticas aún más locas pensaran que eres la próxima señora Zugadi y que le quitarás a su Mark.
—Estas exagerando.
Con las fanáticas locas no se juega. Pero no solo me asustan ellas, me asustan todas las fanáticas, las amo pero igual me aterrorizan.
—Vanessita, cuando una chica de quince años me pidió ser su esposo en un Meet&Greet lo vi tierno, pensaba que bromeaba, hasta que se metió en mi habitación de hotel diciendo que le había roto el corazón y que exigía casarse conmigo porque estábamos destinados.
—¿Jodidamente te pasó eso?
—Tengo más historias escalofriantes pero las reservaré para Halloween.
Me desvío en el siguiente cruce pero sin embargo no pierdo a la furgoneta que ya nos está pisando los talones.
—¡Hey! Acabas de pasar mi casa.
—Por ahora no iremos a tu casa.
—¿De qué hablas?
—El único lugar que puedo evitar a los paparazzis es mi apartamento.
—Ah no, eso sí que no. Primero me besas en la cocina y actúas como el idiota que eres, segundo me secuestras en la salida de mi trabajo y me obligas a subir a tu auto...
—Eso no fue un secuestro.
—¿Y ahora me llevas a tu apartamento?—Hace oídos sordos a mi comentario—. ¡Quiero ir a mi casa! Estoy agotada Mark. Deja de ser una jodida piedra en mi zapato y hazme caso. No puede ser que...
—¡Vanessa, joder, cállate!
Enojado, apago la radio y finalmente Vanessa guarda silencio.
—Quiero que estés a salvo. Los paparazzis pueden ser un dolor en el culo. Así que por favor, por una vez en tu vida, déjame hacer las cosas a mi modo.
Con tres furgonetas pisándonos los talones zigzagueo por las calles hasta que finalmente llegamos a mi edificio, pidiéndole a Dios en silencio que nadie me haya visto con Vanessa y lo más importante, no perder la cordura estando nosotros solos en ese lugar.
Jijijiji, ¿Qué creen que pasará en el apartamento de Mark? *Inserte carita pervertida*
Ya vamos por el capítulo 10, ¡Es genial! Extrañaba escribir de estos dos.
Capítulo dedicado a Ania <3 Espero que te haya gustado.
Recuerden que si quieren dedicación solo deben comentar, elijo al azar<3
Nos leemos.
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