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15

Capitulo súper súper largo y final que lo disfruten los amodoro, espero su opinión

Los golpes de Eban habían pasado del morado al verde, pero Fiodor aún se veía enfermo. Le preocupaba que la herida de su espalda se infectara, por dios le habían quitado un maldito riñón. Al menos eso era lo que Eban había conseguido sacar de las pocas palabras del rusos.  Alguien lo apuñaló por la espalda, eran tres, había conseguido sacarselos de encima, pero uno de ellos había  llegado a él. En el hospital tuvieron que operarlo y el daño no fue reparable. Eso sonaba como algo grave. Tenía que estar en el hospital y recibir atención, antibióticos, necesitaba un doctor con él. No a Eban, no a un simple Eban. Por el amor de dios. Él no era nada. Eban se acostó a su lado de nuevo haciendo lo único que podía hacer en el último tiempo, darle compañía, mantenerlo caliente y alimentado. Fiodor hizo algunas llamadas, aún parecía un poco dolorido cuando se movía. Eban lo había ayudado a cambiar sus vendajes todos los días. Si dolía, el ruso apenas emitía un par de quejidos que parecían más  un gruñido que un lamento.

Eban apoyó su cabeza en el hombro del ruso, se durmieron todas las noches juntos mirándose hasta que el primero en caer perdía su extraño juego de mantenerse las miradas. Eban no quería perderlo de vista de nuevo y Fiodor parecía compartir su paranoia.  Pasaron largas horas hablando de lo que harían cuando por fin se fueran, una casa, eso parecía distraer a Fiodor, Eban hablaba y Fiodor escuchaba con atención. Cada palabra salidas de sus bocas parecía una promesa de que pronto serían felices, pronto.

Muy pronto.

Nadie había vuelto a la propiedad en los días siguientes, Eban lo agradeció, su cuerpo aún dolía por el asalto.  Fiodor le prometió una y otra vez que su familia no volvería a lastimarlo, los sacaría de allí. Eban quiso creer en las palabras del ruso, pero con lo verde y enfermo que se veía el único lugar al que parecía que irían sería a un campo Santo. Esa idea produjo un escalofrío en el cuerpo de Eban.

No. No pasaría. Fiodor era un hombre fuerte.

Temió a la fiebre las primeras dos noches, pero no apareció, la herida se veía bastante fea como si un carnicero lo hubiera hecho en lugar de un doctor cualificado. Se preguntó qué clase de atención había recibido un hombre buscado por la ley. Esperaba que "la familia" del hombre al menos hubiera conseguido buena atención médica para él.  Eban no sabía qué pensar sobre eso.

Fue al quinto día de su recuperación que Fiodor  por fin se levantó de la cama dispuesto a salir y dejarlo encerrado en la casa.

—no—le dijo Eban deteniendolo por un brazo. —no te irás sin mi. —Definitivamente eso era un rotundo no, Eban no iba a volver a pasar la miseria de las noches posteriores a su desaparición y si volvían a atacar?—no puedes.

Sus ojos se llenaron de lágrimas y eso pronto hizo que Fiodor se retorciera a su alrededor intentando consolarlo.

—net.—Fiodor limpió sus mejillas—ir, tengo que ir, hacer—Fidor intentó encontrar una palabra que lo explicará, tenía mucho que arreglar, conseguir documentos, dinero, silenciar algunas personas, tenía que hacer.—cosas—dijo odiando las limitaciones de su lengua. —por nosotros.

—iré contigo a hacer cosas por nosotros entonces.—le dijo Eban caprichosamente.

Oh santo Jesús.

—no. No es seguro.

—aquí tampoco lo es. Mira lo que me hicieron y tú no estabas.—eban no estaba echándole en cara, no, en realidad estaba marcando un hecho, uno por el que Fiodor no pudo evitar sentirse culpable. No había podido cuidar a su Eban cuando más lo necesitaba.—no puedes dejarme aquí de nuevo.

—no vendrán.

No lo harían, habían ido a buscar sus cosas personales para llevarlas a la clínica ilegal en la que lo había operado un ex cirujano militar con su matrícula poco en regla, pero no volverían si Fiodor estuviera en la ciudad. Había mantenido su presencia telefónica lo suficiente para que ninguno de sus hermanos se molestará en revisarlo. Pero si iban a escapar el mejor momento era ahora que se encontraban en medio de una maldita guerra de mafias. Nadie iría tras ellos, en el peor de los casos si desaparecía pensarían que fue asesinado por algún enemigo y su cuerpo eliminado. Nadie buscaría a Eban tan bueno y malo como eso sonaba, el que a nadie le importara una mierda era un beneficio en esos momentos para ellos. ¿ Cómo podía explicar todo eso a Eban?

—tenemos que irnos, ahora. Cosas pasando ahora.

—si, irnos, plural. No irás a ningún lugar sin mi—dijo Eban con una fiereza en sus ojos de bruja que Fiodor no había presenciado hasta entonces.

—no.

Su respuesta seca hizo que la confianza en Eban se resquebrajara y sus hombros se hundieron.

—lo prometiste.—lo acusó con hilo de voz. Y Fiodor ya lo conocía lo suficiente para saber que estaba por llorar de nuevo. —dijiste era tuyo, y tú eras mío. Lo prometiste ¿Era mentira?

—si—él rostro de Eban se rompió en una mueca —no. No.

Si él era de Eban y Eban era de Fiodor. No, no era mentira. Fiodor intentó  lo apartó.

—tu dijiste, tu dijiste ...—un Eban histérico llevó sus manos a su rostro lloroso.

—no, no. —Fiodor hizo lo único que se le ocurrió en ese momento y fue a rodearlo con sus brazos a pesar de las protestas de Eban y sus intentos por apartarlo.

Fiodor aprisionó la espalda de Eban contra su pecho y sujetó sus manos obligándolo  a qué se detuviera. —mio, si. Tuyo si.—le dijo. La firmeza en el oído de Eban lo hizo detenerse. —mentina no. No miento.

Eban alzó la vista para ver la firme mandíbula de Fiodor la preocupación en sus ojos grises y la desesperación estaba clara en ellos.

—Entonces llévame contigo. Si soy tuyo no me dejes.

Fiodor soltó un gruñido en ruso que sonaba como a una maldición y lo besó, con una tierna desesperación por transmitirle lo importante que era para él. Lo importante que era que se quedara a salvo. El volvería luego de recoger lo que necesitaban y entonces se irían lejos. 

—eres mi todo, no puedo…— Eban agarró la mejilla de Fiodor, no había entendido las palabras del ruso pero podía apostar lo que sea a qué no se estaba quedando.

—voy contigo.—insistió obstinadamente. Fiodor apoyó su frente en la de su Eban y suspiró.

—Entonces nosotros deberíamos irnos ahora.—formuló con cuidado. De la parte posterior de su pantorrilla sacó una pequeña pistola, llevaba tres consigo, una en la cadera, una en la espalda, una en la pantorrilla izquierda, tres cuchillos también estaban escondidos en su ropa. 

Los ojos de Fiodor se abrieron con sorpresa cuando vio el arma. Aún abrazándolo por detrás Fiodor se la puso en la mano, le quitó el seguro y le mostró cómo apuntar.—Bum.—dijo. puso sus manos sobre las de Eban como un padre enseñándole a escribir a su hijo, Fiodor apuntó de nuevo.—bum.—insistió está vez su dedo sobre el de Eban en el gatillo se presionó y Eban sintió ruido explotar en sus oídos más fuerte que nunca mientras su mano temblaba envuelta en el firme pulso de Fiodor que absorbió el retroceso.

—tu, bum —dijo fiodor alejando está vez sus manos. Eban repitió el proceso hasta que el cargador se vació.

Fiodor observó el resultado y pareció lo suficientemente conforme como para asentir. La puntería de Eban era mala pero suficientes agujeros malos en una persona lo mataban igual que uno en un sitio vital. Fiodor recargó el arma y le dió dos cargadores de repuesto para que llevara consigo.

—si alguien intenta herir tu dispara hasta que  sangre  en el suelo. Bum bum bum bum, mucho. Muchísimo. Okey?

Eban asintió con gravedad como si acabarán de encomendarle una gran misión. Quizás lo era. Quizás era la diferencia entre la vida y la muerte. Dios, Fiodor era un hijo de la mafia, todos los hijos de la mafia sabían que había solo una forma de salir y era en una bolsa con los pies por delante. Si alguien descubría lo que estaba planeado estaba obligado por la familia a terminar con su miseria.  no había ovejas descarriadas fuera del redil que escaparan a su libertad. Las ovejas descarriadas eran eliminadas. Fiodor volvió a besar la  frente de Eban antes de regresar a la casa, si Eban iba con él en ese momento era mejor tomar todo lo que querían de la casa en ese ahora y luego largarse sin mirar atrás. Menos riesgo.

Llenaron tres bolsas que cargaron en la camioneta de Fiodor. Eban vio como el ruso cambiaba las placas que tenía amontonadas en el fondo debajo de una lona mientras preparaba unos emparedados para el camino. Fiodor lo observó casi incrédulo mientras Eban preparaba una cesta como si fueran a un maldito picnic. Cargó una bolsa de frutas y otra de galleta y varios galones de agua en la parte de atrás donde  cubrieron las cosas con una lona. Fiodor le entregó un teléfono desechable dónde tenía su número grabado por si en algún momento Eban necesitaba comunicarse con él y un fajo de dinero.

Cuando terminaron de tomar todo lo que necesitaban de la casa, se detuvo en la puerta, tenía su camiseta de soy un oso, que Fiodor había notado que le gustaba más que otras y un abrigo que pertenecía al propio Fiodor sobre sus hombros.

—¿Realmente no volveremos aquí? —sus brillantes ojos de bruja brillaron hacía Fiodor con algo como melancolía.
—Net.

Eban suspiró y fiodor lo atrajo contra su pecho en un abrazo, un tirón extraño en su estómago por la idea de dejar atrás su cabaña, pero era lo mejor, ambos lo sabían.

—podemos…? Podemos tomarnos una foto aquí?

Foto? Fiodor frunció el ceño como si no lo entendiera.

—una foto para recordar cuando estemos en nuestra propia casa. Yo… creo que extrañaré este lugar.

Eban acarició el marco de la puerta. —aquí nos conocimos oso polar, es … es especial.

—especial?

—si. Por favor, solo una.

Fiodor no estaba seguro de que fuera una buena idea pero lo hizo, sacando su teléfono de su bolsillo apuntó a su rostro antes de capturar un par de imágenes. En todas ellas Eban lucía una sonrisa con su mejilla en la de fiodor y el mismo, el mismo lucía feliz de una forma que ni siquiera se reconocía. Acarició con sus pulgares la pantalla antes de alzar la vista al Eban de carne y hueso a su lado.

—Me gustan.

—a mi también—Eban lo besó rápidamente antes de apoyar su cabeza en el hombro de Fidor para ver. —prometeme que nos tomaremos muchas más, nuestra casa estará llena de ellas.

—lo prometo. —dijo Fiodor y acambio Eban le regaló una sonrisa tan hermosa que el ruso se prometió a si mismo que tomaría tantas fotos si eso era lo que hacía feliz a Eban que llenaría cada maldita habitación de su nueva casa.

Pero para eso, debía conseguir una nueva casa y dinero. Había transferido sus fondos personales a nuevas cuentas pero necesitaba acceder al dinero de la familia y para eso se encontró estacionando un par de horas después frente a una increíble mansión en la zona norte de la ciudad. Había Sido un contraste chocante con el barrio viejo al que habían pasado de camino para retirar los documentos falsos que había encargado para ellos. Pero si en el barrio viejo, lleno de maleantes, traficantes y borrachos  Fiodor se había visto nervioso, aquí entre las lujosas casas de piscinas olímpicas y campos de golf interminables parecía aterrado.

—¿Dónde estamos? —preguntó Eban observando a los lados con curiosidad.  Fiodor había parado menos de la entrada principal de la casa, de hecho tenían que dar un rodeo para llegar hasta ella pero esos no eran sus planes, conocía lo suficientemente bien la casa de su cuñado para saber que había un punto ciego en las cámaras de seguridad de la pared del fondo por donde su sobrino tendía a escapar. 

—aquí. Quédate aquí.

—¿Qué harás tu?

—entrar y salir, nadie en casa ahora.—señaló el muro por el que pensaba trepar.—Seré rápido. Espera aquí.

Eban pareció dudar. —por favor. Es familia peligrosa, mantén tu pistola. Yo entraré por atrás, tomaré el ordenador y saldré, las claves de las cuentas están allí.—ya habían hablando de esto por el camino, pero ahora que estaban en ello Eban parecía inseguro.

—¿realmente necesitamos ese dinero? No podemos irnos ya? Tenemos los documentos—dijo golpeando los sobres en sus muslos. —Solo vayamonos oso polar, vayamonos ahora.

—mi dinero. —dijo Fiodor rotundamente, era su dinero el dinero de su familia. Eric McGraw había tomado la mayor parte del dinero Voronin, solo quería lo que era suyo por derecho.

Eban Suspiró dándose cuenta de que no había forma de convencerlo de lo contrario. Tomó la mano de fiodor y le.dii un suave apretón.

—vuelve a mi.

Fiodor asintió antes de bajar del coche con su arma enfundada en la espalda le costó apenas un simple esfuerzo trepar por el muro para caer con agilidad del otro lado.  Observó a los lados evaluando el riesgo y se lanzó a correr silenciosamente hacía la casa. Una de las cosas de las que Fiodor siempre se había quejado era de la inutil  seguridad de su cuñado, pero en esos momentos parecía demasiado fácil llegar hasta la casa. Subir por las desiertas escaleras y entrar en la oficina de Eric.

De hecho la computadora del hombre parecía olvidada sobre su escritorio ¿Realmente podía tener tan buena suerte? Parecía demasiado bueno, con desconfianza se deslizó por las habitación intentando encontrar la trampa, juraba que había un peligro en algún lado. Podía sentirlo en sus células pero no podía verlo. No podía ir tan bien. Nada nunca había sido tan fácil en su vida. Con un demonio después de dudar por unos minutos y recibir un mensaje de Eban preguntando si estaba bien se decidió a confiar en su buena suerte. Respondió al mensaje antes de ir por el ordenador. Estaba abriendo la mochila que cargaba en su espalda para meterlo en ella cuando  sintió un golpe en su cabeza y todo se volvió borroso.

De pronto estaba mareado y sentís como si algo líquido estuviera corriendo  por el costado de su rostro ¿Estaba sangrando?

—¿por dios, cachorrito, realmente pensaste que no tendría alarmas sobre las cuentas de mi hijo?—Eric no estaba usando ese tono peligrosamente alegre cuando lo agarró por la espalda, aprovechándose de su mareo para someterlo—¿Que ibas a hacer con el dinero que intentaste transferir? ¿Y que hay de tus cuentas? ¿Por qué están vacías? ¿Viniste a robarme en mi propia casa?

Fiodor no dijo nada. Eric dió un salto de su escritorio y peligrosamente empujó a Fiodor contra una de las paredes. Su arma en la sien del ruso mientras con la otra agarró su garganta— vas a hablar? Te comió la lengua el ratón?—fiodor apretó la mandíbula testarudamente—te arrancaré la maldita lengua y te la meteré por la garganta así no me dices que mierda estás haciendo entrando en mi casa, en mi maldita oficina después de haber intentado robarme ¿Que maldita información estás queriendo encontrar y para quién?  ¿Dime qué mierda estás haciendo ? ¿Te vendiste? ¿Ibas a traicionarme hijo de puta? ¿Estás con ellos?

Fiodor había oído que Eric estaba un poco paranoico, pero la acusación, después de todo lo que había hecho por el hombre, dolió. Había ido a la maldita cárcel por el, había matado por el y si no hubiera sido por Eban definitivamente habría muerto por el hombre sin pensarlo.

—net.—le dijo ofendido.

No iba a traicionarlo, él solo quería..

—Eric, encontré esto en su camioneta.—Dijo una voz seguido del chillido de Eban—habían documentos falsos con ellos.

—lo siento, lo siento, lo intenté, lo siento. El fue demasiado rápido—el chillido de Eban puso todo el cuerpo de Fiodor en tensión, Jesse apretó su agarre en el cabello del chico para mantenerlo quieto.

—suéltalo. Déjalo en paz.—dijo en ruso para Eric incapaz de traducir al inglés.—no lo toques, íbamos a irnos, haz lo que tienes que hacer conmigo pero déjalo ir. Déjalo en paz. Solo quería el dinero de mi familia. No iba hacer nada más, solo quería el dinero. Déjalo ir.

—ohhh—la comprensión golpeó a Eric en un instante viendo la desesperación de ambos hombres por llegar el uno con el otro —Él es importante para ti?

Fiodor apretó sus labios en una línea recta

—el es importante para ti  no?—insistió apoyando su mejilla contra la de Fiodor— oí algunos rumores pero si no me lo aclaras puede que a mi esposo se le escape un tiro a su cabeza,—susurro en un tono conversacional.

—no

— entonces respóndeme el te importa? Si o no?

Como si hubiera algún tipo de conexión entre los esposos, Jesse tiró a Eban de rodillas en el suelo y le apuntó con su propia arma a la cabeza. Eban volvió a gritar, lágrimas gordas rodando por sus mejillas.

—siiii—Gritó Fiodor. —Es mío. Es mío. Déjalo ir. Déjalo ir. El no.

Eric se detuvo un momento analizando la declaración de su cuñado. —tuyo? ¿Cómo tu novio?

—si.

—y pensaste que podías huir de aquí robándome a mi? Se que todos piensan que la seguridad de mi casa es una jodida mierda pero en serio, tu me conoces, sabes que podría asesinarme con una maldita cuchara y no hablemos de mi querido ángel, ama cortar a las personas en tiras. Lo sabes, lo viste y aún así Pensaste que podías huir de la familia? Sabiendo lo que significa canarito. Sabiendo que si no soy yo ,cualquiera te dará caza de por vida.  ¿

Fiodor no contestó a eso. —dejalo, déjalo. —le rogó y viniendo de un ruso eso era casi tan humillante como arrodillarse y besar los pies del otro.

—si lo hago tendré que matarte. Vale la pena? ¿Realmente morirás por él? Nicolai dijo que una de sus putas te había hechizado pero…

—lo vale, el lo es todo.

—bueno.—Dijo Eric de pronto soltando a Fiodor. Fiodor se tambaleó hacia adelante por el asombro.

—suelta al chico, mi ángel. Pueden irse.

Irse? Los dos? Fiodor dudó observando a Eric. Había entendido mal el inglés?

—¿Qué?—Jesse puso en palabras la sorpresa de Fiodor. Lo malo de trabajar con su esposo era que podían tener discusiones  de casados en los momentos más inoportunos.—¡Entró en nuestra casa a robarnos! ¡Podría trabajar para ellos!

—Que lo dejes ir, mi estrella. ¿Por favor? Podríamos discutirlo luego cuando no tengamos un público cautivo?

—No estás siendo gracioso.—se quejó Jesse con un resoplido y Eric le regaló una sonrisa condescendiente.

—por favor mi ángel, se un buen ángel y déjalos ir.

Fiodor observó el intercambio con sorpresa ¿Algún día también sería así entre Eban y el? La pareja tenía ese entendimiento que hablaba de conversaciónes sin palabras.  Al final de una larga competencia de miradas Jesse soltó de mala gana a  Eban quien corrió a los brazos de Fiodor mirando de Jesse a Eric casi con la misma desconfianza de Fiodor.

—bueno ¿A qué esperan? Shu. Váyanse. —Fiodor lo seguía observando confundido —¿No tenían planes románticos de huir juntos?

El tono aburrido de Eric hizo que las mejillas de fiodor se pusieran rojas pero eso no impidió que aprovechará su oportunidad, aún con su vista corriendo entre sus dos potenciales amenazas avanzó en dirección a la puerta hasta que Eric volvió a hablar está vez en ruso, solo para ellos

—me regálate una vida y pagaste por mi, canarito. Te devuelvo una vida pero no pagaré por ti—fiodor se tensó y volvió sus ojos a Eric con desconfianza—si te vas, asegúrate de que no volverás—o seré yo el que me asegure de que no lo hagas, La aclaración no fue dicha pero la sonrisa que le regaló completó el silencio.

Fiodor asintió y se apresuró a empujar a Eban a la salida en dirección a su camioneta asegurándose de poner el mayor número de quilomentros entre la mansión McGraw y ellos.

—Eso fue aterrador.

Fidor gruñó su acuerdo.

—¿Quién era ese hombre? —preguntó un momento después—realmente intentaste robarle dinero a ese hombre?

—Eric y si. Ahora  Phakan. Nuevo phakan. El dinero era mío. Dinero Voronin. Herencia de mi familia.

Eban no entendía bien que era un phakan pero había pasado el suficiente tiempo alrededor de los rusos para entender que era una figura de autoridad entre ellos. —¿no eras tú el pakhan? Nikolai lo dijo alguna vez. 

—si.

—y ahora qué?

fiodor puso su mano en el muslo de Eban mientras con la otra seguía conduciendo, sus dedos se enredaron.

—Ahora soy tuyo.

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