Primera vez y necrofilia.
¡Hola mis bonitos lectores! No se asusten por el título, irónicamente fue el primer capítulo que le pensé a esta historia, solo que acabo dando cierto giro, muchas gracias a todas las personas que se toman el cariño para leer.
¡Espero que les guste!
—¿Cuándo te enamoraste de mí?
—¿Cuándo? —La perplejidad que chispeó en esos grandes ojos cafés lo embelesó, él trató de disimular sus nervios, sin embargo, estaban recostados demasiado cerca en aquel sofá—. No lo sé.
—Esa es una respuesta poco romántica, onii-chan. —La indignación le coloreó los mofletes, sus piernas se enredaron—. Deberías esforzarte más para seducirme. —Las manos de Aslan lo recorrieron como si se tratase de alguna obra digna de memorizar.
—No estoy seguro del momento, nunca antes había tenido que lidiar con estos sentimientos. —Una trémula risita electrificó la atmósfera—. Probablemente llevo ocho años amándote. —La vergüenza se matizó en una caricia, él se acercó, sabiendo que a pesar de esa feroz fachada galante a él lo hacía suspirar esta repentina timidez.
—Realmente te deben gustar los problemas. —Él se encogió de hombros, sus yemas se deslizaron por una cascada dorada, su corazón se ahogó en un océano esmeralda.
—Fue inevitable. —La nariz le cosquilleó—. ¿Cuándo tú te enamoraste de mí? —Eran dos hombres adultos recostados de frente en un viejo sillón, ellos contaron estrellas en el techo mientras las promesas danzaban en las cenizas.
—Cuando te vi saltar. —Esa respuesta lo tomó por sorpresa—. Esa fue la primera vez que vi a una persona volar. —La boca le tembló, los latidos se le acribillaron en la garganta, él trató de bajar la mirada, no obstante, esos jades lo deslumbraron.
—No fue gran cosa. —De repente él se profesó cohibido—. Y eso que no me viste saltar durante mis días de atleta, cuando de verdad sabía hacerlo. —Él negó, sus toques se derritieron cual terciopelo encima de su cordura, el bamboleo de sus pestañas fue una brisa arrebatadora.
—Cuando andabas con ese sexy uniforme. —Aunque sonrió para aligerar la tensión su mente ya estaba funcionando al revés—. Con esos pantalones cortos.
—Le dije a Ibe que te dejara de mandar fotografías. ¿Por qué sigue enviándotelas? —Tenerlo tan cerca era un deleite mortífero, porque esto era real, esa barrera entre ellos dos finalmente sucumbió ante el filo de la sinceridad.
—Porque se las sigo pidiendo. —Él bufó—. Necesito presumir a mi lindo esposo.
—¡Pero no así! —El calor se le agolpó en las orejas—. ¿Con qué cara los miraré en la boda? —Uno de los cojines cayó hacia el suelo por el jugueteo de piernas.
—Tendrás que pedirle mi mano a Max antes de comenzar con los preparativos. —La picardía que el japonés le regaló le heló la sangre, sus movimientos cesaron sobre su cintura, su agarre se tensó.
—Él me dio su bendición hace mucho. —Las cejas le tiritaron—. Jessica también.
—¿Ellos me vendieron? —El orgullo en la expresión del moreno lo fastidió.
—Supongo que soy una persona confiable.
—Dijeron eso porque jamás los trataste de intoxicar con natto. —Él lo intentó empujar hacia la orilla del sillón, sin embargo, la diferencia de tamaño lo venció.
—Jade jamás se quejó del natto que le preparo. —Con esa infantil pelea él acabó acorralado entre el pecho de Ash y el soporte de la butaca, la cercanía lo paralizó, era injusto que fuese tan atractivo.
—La primera vez que se lo preparaste tuvimos que llevarlo a urgencias. —Que inflase las mejillas lo hizo reír, adoraba provocar esos pucheros, él lucía tan lindo, sin embargo, todo lo relacionado a él era hermoso.
—Cuando llegue a la pandilla ellos lo estaban alimentando con cheetos. —Él jamás olvidaría lo indignante que fue conocerlos, arrebatarles al recién nacido fue lo natural para calmar su llanto.
—Apenas lo comenzaste a mecer él dejó de llorar, yo llevaba días intentando calmarlo pero supongo que le daba miedo, no puedo culparlo. —Antes de poder ahogarse en la espuma de la reminiscencia él lo encontró, la ternura de esas caricias fue desmesurada, él presionó sus párpados, dejándose mimar.
—Nunca me has dado miedo, Ash. —Un beso fue presionado contra su mentón—. Ni una sola vez. —El rubor le pareció adorable.
—También tienes ese efecto en mí, ¿sabes? —Eiji Okumura lo estaba vislumbrando como si fuese el ser humano más importante de todo el universo—. Solo tú pudiste sanarme. —Pero por este momento eso era—. Me salvaste. —Porque en esta eternidad tan efímera ellos eran los únicos que existían.
—Tú te salvaste a ti mismo, yo solo me mantuve a tu lado. —El japonés le besó los nudillos, el roce de la sortija le llenó el pecho de pétalos de sol—. Y tú al mío. —La conmoción lo intoxicó, él dejó caer su frente encima de una noche carente de estrellas, sus cabellos se difuminaron entre los cojines y el terciopelo.
—Todo este tiempo me estuve conteniendo porque pensé que no te gustaba. —Su mundo se destruyó para volver a nacer cuando se encontró con esos ojos.
—Odio darle la razón a Jade, pero nuestra relación no era precisamente normal. —La estridencia de los latidos fue un arrullo dorado—. Tuvimos momentos de heterosexualidad dudosa.
—¿Estás hablando de esa vez que te mostré los rubios de ahí abajo?
—¡Ash! —Él carcajeó, era tan divertido humillarlo—. ¡Eso fue un accidente! —Si él hubiese sabido que seguía en la ducha definitivamente no habría entrado.
—No parecías pensar eso cuando te quedaste boquiabierto. —Él lo trató de empujar para que se cayese del sillón, sin embargo, esas grandes palmas ya lo habían tomado por la cadera—. Aunque no esperaba que rechazaras mi invitación para unirte, estaba listo para mostrarte más.
—Te encanta molestarme, ¿no es así? —Él se relajó, el aliento le fue arrebatado ante tan galante expresión.
—Me encantas tú. —La violencia de su respiración fue la melodía de la seducción—. ¿Si te hiciera esa invitación ahora la aceptarías? —Él se encogió bajo esas caricias, apenado.
—Tendrías que volverme a preguntar para averiguarlo. —Ambos sonrieron antes de acabar con la distancia.
Besarse se había convertido en una peligrosa adicción, el tenue dulzor de la saliva entremezclado con la cafeína los embriagó. Él lo atrajo con suavidad, él cerró los ojos antes de perecer, sus dedos se deslizaron por un desorden abenuz, sus esencias se fundieron entre las chispas de la pasión, la caricia de lengua lo hizo temblar, él sonrió antes de profundizar aún más el tacto. Sus labios eran una sinfonía de estaciones, un jadeo fue contenido bajo la ferocidad de los movimientos. El japonés terminó apoyado contra el sillón, esas grandes palmas se deslizaron por su vientre con un descaro impresionante, él suspiró, le encantaba que lo desease, el calor fue insoportable, tener al lince de Nueva York encima era un delirio delicioso. ¿Cuánto tiempo soñó con esto? ¿Cuánto anheló ser correspondido?
—A-Aslan. —El nombrado sonrió satisfecho antes de volverlo a besar.
—No sabes lo mucho que he fantaseado con hacer esto. —Tener al moreno con el rostro completamente ruborizado, con la respiración agitada, los cabellos pegados y un brillo lujurioso fue pura excitación—. Eres precioso. —Sus manos se entrelazaron en el aire.
—Te amo. —Aun apenado él se dio el coraje para musitarlo.
—Y yo a ti. —Él se inclinó para volverlo a besar, sin embargo, un par de aplausos los interrumpieron.
—Lo estaban haciendo muy lento, tuve que intervenir. —Ellos voltearon hacia el centro del comedor, aterrorizados.
—¡Jade! —Ash terminó estrellándose contra el piso por la brusquedad de su novio—. ¿D-Desde cuándo estás ahí? No te habíamos visto. —El nombrado se encontraba sentado en la alfombra con un peluche entre los brazos.
—Desde hace como una hora. —Los quejidos del rubio quebraron la tensión, él se acarició la espalda, aunque antes podía recibir un sinfín de balas sin dejar de luchar se había vuelto delicado—. El tío Griffin está bañando a Buddy, terminamos temprano con su paseo.
—Así veo. —Como si hubiese sido convocado el Golden Retriever entró corriendo hacia la sala de estar para sacudirse con orgullo, los presentes acabaron empapados, el aroma mató la seducción.
—No pueden andar haciendo eso por la casa si tienen un niño. —Su hermano mayor se encontraba escurriendo espuma por doquier, el japonés ahogó un grito sabiendo que acababa de limpiar el piso, nadie valoraba su trabajo en esa casa, el jueves se desahogaría con la señora Owens.
—¿Por qué no? —La curiosidad en esos ingenuos ojos verdes lo paralizó—. Yo quiero verlos polinizar. —Griffin alzó una ceja, indignado.
—Me alegra que finalmente estén juntos pero si siguen de esta manera tendrán que poner una granja de abejas para no levantar sospechas. —Ash se aferró a la cintura del más bajo, receloso.
—Vale la pena. —El estómago del infante se llenó de burbujas ante tan cándida expresión—. ¿Por qué regresaron antes? —Nori Nori quedó brutalmente aplastado cuando él se levantó.
—¡El abuelito vendrá de visita! —La mueca de desagrado fue grosera—. Vamos a pasar una tarde juntos. —Él rodó los ojos, fastidiado.
—No pongas esa cara Aslan, tener a papá cerca nos ayudará a fortalecer los lazos. —¡Esto era perfecto! Su tío Griffin tenía razón, ellos pronto consumarían esa relación gracias al ambiente que él crearía.
¡Él era un genio!
Séptimo paso del manual para un papá soltero: necrofilia.
Alto.
Había algo raro en esta parte del plan.
Aunque el infame Jade Callenreese tenía un dominio completo del idioma y obviamente conocía esas palabras complejas a la perfección, aún quedaba una pieza sin calzar en su rompecabezas, lo mejor sería preguntarle al adulto más inteligente que conocía sobre esta tormentosa situación.
—¿Qué es la necrofilia? —La banderilla que tenía en la boca se estrelló contra la alfombra, sus dedos se paralizaron en la consola, su mueca fue de puro horror.
—¿Q-Qué dijiste? —Él no podía haber aprendido eso por su culpa, ¿verdad?
—¿Qué es la necrofilia? —Él se pasó la mano por la cabeza, el pecho se le oprimió al no encontrar nada ahí arriba, luego de esa alocada fiesta él tuvo que afeitarse para que Nadia lo dejase atender a los clientes, su famoso encanto Wong era inútil sin el estilo.
—¿De dónde escuchaste eso?
—Del GTA. —Él lloró internamente, sabiendo que su mejor amigo le daría una amorosa visita cuando lo supiera. ¡Pero no era su culpa! El niño se escabullía para que jugasen juntos—. ¿Entonces? —La curiosidad que esbozó fue trampa, la consola fue dejada encima de la cama.
—Es cuando... —Él debía ser inteligente, era necesario medir sus palabras—. Cuando una abejita quiere polinizar a una florcita muerta. —Brillante. Jade arrugó el ceño, confundido.
—¿Papá está muerto?
—¿Qué? —La severidad en esa mueca llamó su atención.
—Cuando me escabullí a la oficina del abuelo Max encontré un artículo que decía que papá había fallecido. —Él palideció, mierda, el pasado era una carrera interminable en esta tempestad.
—B-Bueno... —Su risa histérica no ayudó a disimular—. Fue una broma que jugamos entre todos, fue súper divertida. —La ferocidad en esa mirada lo llenó de terror.
—Te va a crecer la nariz si dices mentiras y te parecerás al señor cara de papa ahora que estás calvo. —Shorter ahogó un grito ante tan repulsiva imagen mental, sus puños temblaron contra sus rodillas.
—¡¿De quién es la culpa de que me vea así?! —El más joven parpadeó con dulzura.
—Solo soy un niño pequeño, tú fuiste quien me dejó afeitarte. —La sangre le hirvió, este definitivamente era digno sucesor del lince de Nueva York—. Tú eras el adulto responsable. —El mocoso no parecía recordar lo mucho que le insistió para que cumpliese con el reto.
—La siguiente vez que juguemos te teñiré la cabeza de morado. —El más joven se encogió de hombros, desinteresado.
—Bien, escuché que a Yut-Lung Lee le gustan los chicos rebeldes, mejor para mí. —Una sonrisa maliciosa se trazó en la inocencia—. Suerte coqueteando ahora que estás feo. —Si este niño era peligroso ahora él no quería imaginárselo de adulto.
Charlar con su ídolo fue una completa pérdida de tiempo, sin embargo, él no lo entendía, estaba seguro de que había encontrado ese artículo hablando sobre la muerte del lince de Nueva York, la noticia decía claramente que él murió desangrado mientras dormía en una biblioteca. ¡Pero no tenía sentido! Su papá estaba más vivo que nunca babeando por el fotógrafo y él no era tan estúpido como para sucumbir así. ¡Qué frustrante! Además odiaba el sonido de la palabra «necrofilia», era una pésima manera de cerrar su manual, no, él era un profesional, debía indagar más del tema, por eso le preguntaría a la segunda persona más inteligente que conocía.
—¿Necrofilia? —Bones soltó el cuadro que estaba acomodando para la nueva exposición del japonés, Alex le arrojó una mirada de reproche mientras colgaba las luces.
—Sí, escuché que es cuando coges con un muerto. —La pandilla intercambió el espanto, ellos habían hecho un terrible trabajo aportando a la paternidad, ¿verdad?
—Lo es... —Una risa incómoda retumbó por la galería—. ¿Por qué preguntas eso pequeño lince? —El aludido infló las mejillas, sabiendo que algo seguía sin cuadrar.
—Papá está vivo, ¿no es así? —Alex se bajó de la escalera para unirse a la conversación, la curiosidad de ese niño era un problema si estaban tratando de esconder secretos, la traba de enterrar el pasado era asegurarse de que estuviese bien muerto antes de huir.
—Está almorzando con el camaroncito en la sala de atrás. —Un grito frustrado le rasgó la garganta, él paseó su mirada por la exposición en busca de calma, las fotografías de su mamá eran preciosas, su pieza favorita era «amanecer», él caminó hacia la obra.
—Él parece bien. —Su padre se encontraba sentado en el marco de una ventana, con la frente contra la rodilla y su silueta al borde de la realidad, él parecía tranquilo, como si estuviese durmiendo o tal vez rezando, parte de su rostro estaba iluminada por el sol de la mañana—. ¿Lo apuñalaron en una biblioteca?
—Oh sí, el hermano mayor de Sing lo atacó.
—¡Bones! —Alex acabó cubriéndole la boca para evitar el caos—. Estaban jugando, no lo decía en serio. —El más joven se cruzó los brazos encima del vientre, indignado.
—¿A los navajazos? —Ni siquiera su tío Shorter le enseñaba cosas tan absurdas, esos tres le estaban tratando de ver la cara de idiota. ¡¿Por qué nadie le decía nada?! ¡Qué molestia!
—Era bastante popular cuando éramos jóvenes. —Él les dio la espalda, humillado—. ¿Vas a almorzar con ellos?
—Les diré que me enseñaron a jugar a los navajazos. —Él apretó los párpados con fuerza antes de sacarles la lengua—. ¡Los adultos son estúpidos! —Él odiaba no poderle preguntar a su futuro esposo, sin embargo, debía evitar los fetiches extraños para mantener su fachada de galán, sus rarezas ya florecerían durante la luna de miel.
¡Bien! Daba igual, ni siquiera quería saber. Su papá se había muerto en una biblioteca, a todos los demás niños les pasaba, esta era una situación absolutamente normal, la frustración le revolvió las entrañas, una patada molesta fue contenida contra las baldosas, si hablaba con sus padres ellos lo castigarían por andar husmeando en el estudio del periodista, tendría que recurrir a otros métodos, tal vez preguntarle a su abuelo era buena idea. Él le dio una última mirada a la galería, sus brazos se relajaron, le gustaba pasar sus vacaciones en Cape Cod, la cabaña era bonita, el agua se encontraba adornada por cristales, los prados eran de oro, sí, era una maravillosa idea. ¿Cómo no se le ocurrió antes? ¡Bendita fuese su inteligencia superior!
Último paso del manual para un papá soltero: necrofilia.
Ahora estaba seguro, solo necesitaba una última pieza.
—¡Abuelito! —Él corrió hacia la sala para ser alzado, adoraba que viniese de visita—. Te he estado esperando, te demoraste demasiado. —Jim Callenreese era una de las personas más asombrosas que había conocido, él le enseñó a jugar béisbol y siempre le traía frituras deliciosas.
—Tuve que tomar un taxi porque alguien no me quiso ir a buscar. —La indiferencia con la que su papá miró la escena le dio escalofríos, parecía molestarle la cercanía que compartían.
—¿Era hoy? —El americano arrojó una carcajada sarcástica—. No lo recordaba, debo estar muy ocupado. —La incomodidad en la atmósfera chispeó con amargura.
—¿Quiere que lo ayude con el equipaje? —Su ceño se relajó, aunque no le encantaba la idea de que su hijo saliese con un hombre Eiji Okumura era un encanto, él lo supo apenas lo fueron a visitar, la mirada que esos dos compartían era especial.
—Gracias. —El japonés no dudo en quitarle el bolso de las manos para cargarlo—. Jennifer te mandó un regalo, el negocio ha mejorado bastante con las recetas que nos mandaste. —Esa sonrisa le resultó contagiosa, él era un girasol en medio de un prado de rosas.
—La verdad son de mi madre pero me alegra que les hayan servido. —Él perdió el aliento al contemplar aquellas relucientes argollas.
—¿Ustedes son una pareja oficial?
—¡Lo son! —Jade alzó sus brazos en señal de victoria—. ¡Fue gracias a mí! Ellos eran terribles coqueteando. —Pero esa mueca severa no cambió.
—¿Tienes algún problema con eso, anciano? —Él rodeó la cintura del japonés, satisfecho por esa relación.
—Esperaba que terminasen siendo pareja, me sorprende lo mucho que se demoraron. —La sinceridad en esa respuesta lo aturdió, las mejillas le ardieron, él trató de desviar la mirada, no obstante, el orgullo se lo impidió—. Él es un buen muchacho, me alegro por ti.
—Al parecer los Callenreese atraemos a personas que no merecemos, lo mismo es con Jennifer, ¿no? —Jade alzó la cabecita hacia la discusión, él comprimió un puchero contra el suéter de su abuelo.
—Supongo que sí. —No le cabía en la cordura cómo dos personas que amaba tanto no fuesen capaces de llevarse bien—. ¿Te molesta si me quedo a cenar? —Además ellos eran padre e hijo. ¡Deberían hacer un esfuerzo para cambiar!
—Haz lo que quieras.
Poder hablar con su abuelo era divertido, las historias que le contaba acerca de sus andanzas en Cape Cod eran tesoros que él almacenaba con las estrellas, él sabía imitar la voz de los personajes de plaza sésamo a la perfección y se coludían para molestar a Buddy, sabía que tenía que preguntarle para finalizar su majestuoso manuscrito, sin embargo, su pancita estaba vacía y lo que el fotógrafo había horneado olía delicioso. Su tío Griffin fue el foco durante la cena, las risas entremezcladas con el vapor del estofado le llenaron el alma de felicidad, poder contemplar esas relucientes sortijas enlazadas en la mesa le gatilló cosquillas en las venas, apenas él terminó de ayudar con los trastes se puso en marcha para consumar su investigación.
¡Finalmente él lo sabría! ¡Las editoriales harían fila para convertirlo en un millonario!
—¡¿Estás mal de la cabeza?! —Pero lo que encontró en la sala de estar fue una discusión—. ¡¿Cómo se te ocurre traerle un guante de béisbol?! —El objeto fue arrojado hacia el piso con violencia, él tembló, jamás había visto esa clase de expresión en su papá, era aterradora.
—A Jade le gusta, no veo el problema de fomentar su talento. —Esa risa estuvo repleta de saña.
—Claro que no lo ves, ni siquiera lo viste cuando yo llegué a casa a contarte ¿verdad? —Ash Lynx sabía que lo más sano era desprenderse del pasado, sin embargo, si su padre lo hubiese protegido él no estaría tan jodido. ¿Por qué no lo cuidó cuando era solo un niño? ¿Por qué no lo escuchó? Él no tenía la voz para defenderse, ese era su trabajo.
¿Por qué no lo amó lo suficiente?
—Pensé que estabas yendo a terapia.
—Había olvidado que eso era mágico, solo me siento a hablarle de mis problemas y los recuerdos desaparecen. —Era tan doloroso que el deporte favorito de su hijo fuese ese, por mucho que había tratado él no era capaz de pisar un campo de béisbol todavía, porque su última lágrima inocente se la llevó ese sujeto—. No es tan fácil.
—No estoy diciendo que lo sea pero Jade no tiene idea, debes ser capaz de recomponerte para apoyarlo con esto. —Él negó, herido.
—¿Quién eres tú para decírmelo? —La hipocresía de la realidad lo corroyó—. Te pedí que no le enseñaras a jugar pero no me hiciste caso, no sabes lo difícil que es... —La boca le tembló—. Él se parece tanto a mí. —Él limpió el llanto, no se quebraría delante de este hombre.
—Aslan...
—Te dejé ser parte de su vida aunque nos rechazaste cuando más te necesité. —Sus uñas se incrustaron en sus hombros, el frío lo destrozó—. Y usaste esa oportunidad para lastimarme aún más, eres el papá del año. —No. No. ¡No! Jade conocía esa expresión, si no hacía algo esos dos jamás se volverían a hablar.
—Si eso quieres pensar, adelante. —Él corrió hacia el cuarto de sus padres, sabía que la fotografía estaba por algún lugar, el béisbol era divertido, solo tenía que recordárselo.
Utilizando algunos libros él se las arregló para husmear en la parte superior del armario, aunque su padre se empeñase en negarlo, él sabía que la imagen donde estaba jugando con su hermano era especial, la ternura que irradiaba esa sonrisa era un memorándum que solo el japonés sabía restaurar, él se alzó en la punta de sus pies, tratando de tomar la caja, sin embargo, el golpe que le dio fue demasiado fuerte y los documentos terminaron esparcidos en el piso, él se apresuró en bajarse para ordenar, no obstante, quedó helado tras contemplar el contenido de los documentos.
—¿Q-Qué?
Sus dedos tiritaron al tomar los recortes, la garganta se le cerró, sus piernas no resistieron el peso de la realidad, él sonrió, aturdido. Esto no podía ser verdad, él sabía lo que eran las violaciones o la pornografía infantil, no era ingenuo, no obstante, el niño de ese caso tenía el mismo nombre que su papá, era escalofriante el parecido. De repente esa risa se asemejó a un llanto, la vista se le empapó, tratar de respirar fue imposible, mientras más leía más ganas de vomitar sentía. Las cosas terminaron de cobrar sentido, la lluvia le quemó desde las mejillas hacia el mentón.
—¿Jade? —El americano palideció, su hijo se hallaba en el piso con una mirada vacía mientras desenterraba su pasado sin piedad, guardar los recortes de su caso era un ejercicio terapéutico para no olvidar quien fue, sin embargo...
—¿E-Eres tú? —Todo se había acabado—. ¿Eres el niño en los videos?
Él se quebró, sabiendo que ninguna fantasía era suficiente para encubrir la verdad, él no se atrevió a alzar el mentón, solo se arrastró para caer al lado de su hijo. ¿Cómo mirarlo cuando su cuerpo era una colección de cicatrices? ¿Cómo alentarlo a volar cuando le arrancaron las alas? Haber sido reducido a un inodoro de semen estuvo bien porque él pudo ser feliz al formar una familia maravillosa, sin embargo, si la ternura de esos grandes ojos se extinguía por su culpa...
—Sí. —Contemplar al imponente lince de Nueva York caerse a pedazos —Ese fui yo antes de conocer a Eiji— El corazón le dolió demasiado, sus manitos temblaron alrededor de los recortes, nombres como «Barba azul» o «Dino Golzine» le retorcieron las entrañas—. Lo siento, merecías a un papá mejor.
—Por eso tú... —La tempestad no tuvo piedad con ellos dos.
—Perdón. —El más joven contuvo un grito, de pronto Ash Lynx no se parecía al indestructible genio de reluciente reputación sino al niño en los diarios.
—P-Papá
—¿Te doy asco? Fui una prostituta y líder de una pandilla, herí a muchas personas. —Él no pudo dejar de sollozar.
Porque la persona más maravillosa del mundo había tenido una infancia sin nombre. Claro que Jade sospechaba del pasado de su progenitor, sin embargo, el horror que lo azotó en esas imágenes fue despiadado, ese niño era un saco de huesos, lucía tan muerto en las portadas, él...
—Debes sentirte decepcionado. —El corazón se le quebró—. No creo que tus compañeros hayan pasado por lo mismo. —A pesar de tan sofocante dolor su papá siempre lo antepuso, eso era cruel, si él hubiese sabido.
—¡Nada de eso me importa! —Él desbordó perplejidad tras esa confesión, las espinas del silencio le desgarraron la tráquea—. Lo siento por ser egoísta, si hubiese sabido yo habría escogido otro deporte, yo... —El llanto coloreó las cicatrices para hacerlas más humanas.
—Jade... —Él sonrió, sabiendo que esa desmesurada ternura era pura influencia de Eiji Okumura.
—¡Eres el mejor papá del mundo! —Él lo abrazó como si su vida dependiese de este momento—. ¡Nada de lo que hayas hecho cambiará eso! —Pero justo de esa manera se sentía—. No estás sucio papá, no eres esto. —Que él lo acunase coloreó sol en la tormenta.
—Lamento que te hayas enterado de esta manera. —Él presionó sus párpados con fuerza, aunque su progenitor era mucho más grande, él lo estaba sosteniendo—. ¿Te sientes decepcionado? —Las lágrimas limpiaron la melancolía de una infancia robada, sus dedos se crisparon, él tiritó con violencia, haciéndose pequeño en esa caricia.
—Jamás podría estar decepcionado de ti. —Esa confesión fue maravillosa—. Te amo.
Esa fue la primera vez que Aslan Jade Callenreese dejó que su hijo realmente lo amara.
—Y yo a ti. —Él paseó su mirada por los recortes, sí, tuvo una historia de mierda, fueron innumerables las ocasiones en donde pensó que estaría mejor muerto, que nada podía ser peor a lo que le estaba pasando, en situaciones así la muerte parecía dulce, pacífica e insoportablemente atractiva.
—¿Aslan? —Pero bajo ese aluvión de crueldad ellos lo encontraron, el japonés tenía razón, él se salvó a sí mismo al no rendirse, sin embargo, fueron ellos la razón por la que decidió volverse mejor—. ¿Están bien? —Él perdonaba al niño de los recortes por haberse culpado.
—Mamá. —Él aceptaba a Ash Lynx por forjar las bases de una libertad manchada.
—¿Qué fue lo que pasó? —Él era Aslan Jade Callenreese y estaba orgulloso de serlo, si esos dos eran capaces de vislumbrar bondad a pesar de tan inmundo pasado él no podía hacer otra cosa más que intentar, ¿verdad?
—Solo un pequeño accidente. —Él presionó un beso en esa matita dorada, esos inocentes ojos verdes lo siguieron contemplando con la misma incondicionalidad luego de leer los artículos, así que estaba bien, él era increíblemente feliz ahora.
—Así lo veo. —El moreno acarició el marco de la puerta, confundido—. Tu papá quiere llevar a Jade para practicar sus lanzamientos en el parque. —Él tomó a su hijo entre sus brazos, decidido.
—Iremos todos. —La sorpresa con la que se coloreó el rostro del infante lo hizo reír.
—No tienes que hacerlo papá. —Él le limpió la pena con una ternura indescriptible.
—No, quiero verte jugar. —La sinceridad de ese murmullo fue agobiante—. Griffin presume mucho tus lanzamientos, necesito conocerlos.
—¿Estás seguro, Ash? —Él le dio la mano al japonés, arrancándole este retazo de realidad a lo efímero.
—Sí. —Tal vez nunca superaría algunas cosas y siempre sentiría vergüenza de otras, era un humano después de todo—. Ahora estoy listo. —Pero justamente por eso él podía cambiar.
Porque mientras hubiesen dos girasoles en ese campo de espinas él tendría una razón para florecer a pesar de la adversidad.
Lo más probable es que esto tenga un epilogo que si llegase a existir estaría el otro fin de semana, pero aún lo sigo pensando. Muchas gracias a quienes me acompañaron en este pequeño fic, espero que les haya gustado.
¡Cuídense!
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