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Epílogo.

¡Hola mis bonitos lectores! ¿Llegue a joder aún más con esta historia? Pido perdón, pero sí. Este capítulo y un extra ahora, existen gracias a que esta señorita CamiUzumaki316 Tuvo la ternura de hablarme y darme sus bellas ideas, las que seguramente deforme horrible aquí, perdón. Cami, mi vida, este capítulo es para ti, además sentía que te debía muchos mimos luego de la actualización de ayer, de reírnos de Ibe pasamos a llorar, hasta yo andaba en depresión. 

Mil gracias por tanto, espero que les guste.

—¿Crees que te quede, onii-chan? —Un estridente sonrojo se le extendió desde las mejillas hacia las orejas, sus brazos forjaron un refugio debajo de su vientre, la frustración le caló hacia las venas.

—Es una falda escolar, Ash. —Una sonrisa astuta se posó en el aludido, el estruendo del centro comercial fue un eco de irrealidad ante tan adorable expresión, le fascinaba provocar semejantes reacciones, él lo encerró contra uno de los espejos entre las hileras de uniformes.

—Lo sé. —Su palma descendió por la cadera del japonés—. Pero tus muslos se verían increíbles mientras te sientas en mi regazo. —Las rodillas le temblaron, él se mordió la boca, constipado. ¿Por qué Aslan debía oler tan bien mientras le coqueteaba? Estaba intoxicado con esa masculina esencia.

—No sabía que tenías esa clase de fetiches. —La ferocidad de esos jades le resultó implacable.

—No pareces estar rechazando mi propuesta. —Él lo abrazó por el cuello, la electricidad en el aire los abrumó.

—No lo estoy haciendo. —Él coloreó su espalda como si se tratase de un lienzo, la estridencia de sus latidos fue desmesurada.

—¿Me dejarás polinizarte? —Esa risita fue una melodía mortífera, porque diablos, Eiji Okumura era la sinfonía más sublime que jamás hubiese escuchado, sus yemas se deslizaron por una infinidad abenuz mientras el universo se desvanecía para que solo quedasen ellos dos.

—No puedo creer que de verdad hayas comprado una granja de abejas. —Gracias a la imaginación de su adorable hijo él se vio en la necesidad de usar esos 200 puntos de IQ para salvarse, convertirse en el apicultor más renombrado de Nueva York fue natural.

—Si vamos a cambiar a Jade de escuela no quiero pasar por eso otra vez. —Shorter Wong quedó vetado de irlo a buscar—. Además, le pago bien a la pandilla para que las cuide. —El moreno alzó una ceja, indignado.

—El otro día Bones llegó a la galería repleto de picaduras. —Él se encogió de hombros, la pegajosa tonada de la tienda lo mareó, las luces estaban suaves.

—Él no supo ponerse el traje, fue su culpa. —Que rodase los ojos lo hizo reír.

—Espantó a los clientes al tener la boca hinchada. —Aunque al japonés le fascinaba tener a la pandilla como staff de su galería a veces le resultaba problemático—. Su colmillo solo lo hirió más.

—¿Cómo le pincharon la lengua?

—Trato de probar la miel. —Sus anillos rechinaron cuando entrelazaron sus manos, el más joven perdió la respiración. Sabía que no era posible, sin embargo, la belleza de este hombre lo tenía embriagado. Desde que lo vio saltar él puso su mundo de cabeza.

—¿Entonces me dejarás polinizarte con esto? —No fue necesario alzar la falda para avergonzarlo—. Podemos hacer hasta una sesión de fotografías.

—Ibe te matará si eso pasa. —A pesar de la edad el periodista seguía tratando a su novio como si fuese su hija virgen, que fuese tan protector le molestaba—. Pero tú podrías usarla. —La picardía que se posó en esos grandes ojos cafés fue arrebatadora. El reflejo a su espalda le hizo saber la clase de expresión que matizaba cuando se trataba de su novio. Claro que todos lo molestaban si tenía escrito sus sentimientos con una atronadora nitidez.

—Podemos turnarnos para usarla. —Él se elevó en la punta de sus pies, divertido. El ambiente cambió al ser prisioneros de la felicidad.

—Eiji... —El americano no fue capaz de encontrar las palabras correctas para expresarlo, sabía que el amor no era mágico para cambiar lo irrevocable, no obstante, lo impulsaba a tratar—. Gracias. —Tonto, ¿no? Incluso cuando el mundo entero estuvo en su contra él no dejó su lado.

—¿Por qué? —Ash se permitió caer encima de su hombro antes de abrazarlo con fuerza, como si estuviese tratando de usurparle este pedazo de fantasía al destino.

—Por todo. —Pero de esa manera se sentía.

Porque era violento ser tan feliz.

Él era una persona en miles de pedazos que buscaba con desesperación la composición de una imagen completa, aún no era capaz de verla con el agua hasta el cuello, no obstante, el mosaico que estaba construyendo con esas cicatrices le enorgullecía. Aunque rompía en llanto cuando su hijo asistía a los partidos de béisbol, él se presentaba en primera fila para apoyarlo. Sí, fue prostituta, asesino y líder de pandilla, sin embargo, ninguna de esas etiquetas eran suficientes para definirlo, sería insulso hacerlo, él era un universo repartido en una infinidad de trabas que confundía con estrellas. Podía cambiar, él se perdonaba, él estaba avanzando aunque en el cuadro que bosquejase su alma fuese una oda para lo incomprensible. Haber escogido vivir fue la decisión correcta.

Después de todo, él no era un leopardo.

—No llores. —Ni siquiera se dio cuenta cuando empezó a sollozar—. ¿Quieres irte? —La gentileza en esos toques lo purificó, él se restregó como si fuese un gatito mimoso.

—Es extraño. —Sus palmas memorizaron esas curvas con suavidad—. Estaba aterrado de volverme tu pareja porque no sabía si te podría dar intimidad física. —Haber recurrido a un terapeuta para sanar esas transgresiones fue crudo, ellos tuvieron que abrir sus heridas para desinfectarlas antes de volverlas a zurcir—. Pero contigo se siente tan natural.

—Ash... —El nombrado sonrió.

—Amo que me toques. —La sinceridad en esas palabras lo hizo profesarse cohibido—. Y me encanta tocarte a ti. —El japonés bajó los hombros, su espalda se apoyó contra el espejo antes de delinear el marfil.

—Sino estas listo podemos bajar la velocidad. —Él quedaba embelesado por tan agobiante belleza, los focos de la tienda convirtieron en hilos dorados el enmarque para lo etéreo, su piel era casi translúcida, la imagen le recordaba a un ángel—. Y si no te sientes cómodo demostrándome tu amor de esa manera, también está bien. —Pero lo que más lo embelesaba eran esos relucientes jades.

—No... —Dicen que los ojos son las ventanas del alma—. Me sorprende lo mucho que quiero hacerlo. —Solo cuando el japonés conoció la belleza divina de ese verde lo comprendió. Lo que lo enamoró fue esa fragilidad interior tan indomable como efímera—. Pero me da tristeza el tiempo que perdí por temor a ello.

—No importa, tenemos toda una vida juntos para compensarlo. —Que le besase los nudillos lo hizo suspirar—. Lo único que yo quería era permanecer a tu lado, hubiese aceptado lo que fuese de ti. —Y esa era la cuestión con Eiji Okumura, él no solo acunó sus tormentas sino que lo incitó a buscar sol en ellas.

—Lo sé. —Ellos fueron dos piezas que se esmeraron tanto en hacerse encajar que terminaron por desafiar al mismo rompecabezas—. Te amo. —Porque cuando él se estaba desangrando en su autoimpuesto Kilimanjaro fue ese amor incondicional el que lo impulsó a levantarse una última vez. ¿Morir? Él habría sido capaz de hacer cualquier cosa con tal de mantenerlo a salvo, sin embargo, rendirse era sencillo.

—Y yo a ti. —Por eso decidió vivir por su novio, por su hijo y por él mismo—. Mi dulce Aslan. —Merecía una segunda oportunidad, él se la daba.

—Deberíamos irnos de este lugar, necesito un poco de intimidad con mi amante. —Un carraspeo molesto los interrumpió.

—Sigo aquí. —Ese puchero fracasó en ocultar su satisfacción. Él se acomodó el flequillo antes de salir del probador—. ¿Me veo guapo? —Fue cruel ver a su hijo en un uniforme escolar, su infancia estuvo repleta de carencias, a su edad él estaba en un sótano drogado mientras los demás niños jugaban, él suspiró.

—Sí. —Le alegraba que su adoración jamás tuviese que pasar por semejantes atrocidades—. Bastante. —Ese dolor lo convirtió en el padre que necesitó, así que pasaría por ese infierno otra vez solo para volverlos a conocer. Ya estaba bien.

—¿Más que papá? —El moreno contuvo una carcajada ante tan implacable puchero.

—Mucho más que yo. —La ternura con la que su progenitor musitó aquello lo hizo encogerse en la gabardina—. ¿Estás seguro con este cambio? Tienes bastantes amigos en tu clase. —Jade asintió, repasándose en el espejo. ¡Diablos! Lucía como todo un rompecorazones con esa camisa, Yut-Lung Lee definitivamente caería ante sus encantos.

—No quiero compartir con niños estúpidos.

—¡Jade! ¡No seas grosero! —Aunque lo regañó, el japonés se inclinó para arreglarle la corbata frente al probador, le encantaba ser mimado por su mamá.

—Son estúpidos sino saben apreciar el natto.

—Ash tampoco sabe apreciarlo.

—Entonces papá es... —Esa mirada de advertencia lo hizo dar marcha atrás—. La única excepción. —Jade Callenreese podía ser temperamental pero también sabía usar su ingenio, él no sacrificaría su preciada mesada cuando estaba ahorrando para una cita—. Te amo mucho. —El rubio rodó los ojos ante semejante manipulación. ¿A quién engañaba? Se la tragaría como el ingenuo que era. Amarlo era su debilidad.

—Y yo a ti, pequeño lince. —El moreno esbozó un puchero, abandonado.

—¿Y qué hay de mí? ¿No me vas a dar ni un poquito de amor? —El infante lo rodeó con fuerza, la ternura que desprendía el azabache no tenía comparación, eso lo relajaba, él era su lugar seguro.

—También a ti, mamá. —Él suspiró, aunque las amas de casa encontraban inocente ese apodo le fastidiaba, su orgullo masculino se quebraba bajo ese inclemente descaro—. Eres el mejor. —No obstante, en su propia familia fue su madre la única que lo apoyó, se lo tomaría como un halago. Él correspondió el abrazó.

—¿No estás nervioso por iniciar en otra escuela? —Jade apretó los párpados con fuerza antes de negar.

—El abuelo Max habla bien de ella. —Claro que lo hacía, Michael asistió a ese mismo lugar.

—Es verdad. —La voz del fotógrafo fue su claridad bajo tan empalagosa música comercial—. Además Skip está ahí mismo, podemos estar tranquilos. —Durante esa tempestad él actuó como un hermano mayor para su hijo, tenerlos juntos le daría paz mental.

—Supongo que sí. —Antes de que pudiesen seguir hablando el celular del japonés resonó, un dulce mohín matizó a la libertad.

—Es mi hermana. —Él repasó el nombre en la pantalla con lentitud—. Le encanta escuchar sobre mi atractivo novio así que me demoraré.

Alto, alto, alto.

¡Corte!

¡Producción!

¿Quién diablos escribió esta porquería?

Había algo muy malo en esta escena.

El infame Jade Callenreese no había invertido un maldito año de su existencia para que estos dos se llamasen novios cuando eran obviamente esposos, hasta usaban anillos. ¿Por qué aún no se casaban? ¿Qué acaso eran masoquistas? No deberían seguirlo aplazando. Aunque sus padres lucían mucho más cercanos con los besos aún no los escuchaba aplaudir en la oscuridad, esto era inaceptable. Su abuelito le explicó que esas cosas se debían guardar hasta el matrimonio, si ese era el problema él lo resolvería. ¡Era un genio! Sería pan comido poder planificar esa ceremonia sagrada, mientras la tarjeta de crédito de su padre funcionase y ellos fuesen lo suficientemente idiotas para tragarse su actuación esto sería infalible. ¡Él era brillante!

Octavo paso del manual para un papá soltero: Polinizar a la novia.

Para lograrlo él recurriría a la mejor mano de obra disponible que pudiese conseguir gratis.

—No. —Sus dedos se crisparon en la consola—. Lo siento amigo, no te puedo ayudar. —Él parpadeó, confundido, seguramente había escuchado mal, los gritos del Silent Hill estaban demasiado fuertes.

—¿Qué dijiste? —La sangre se le heló, la saliva se le atoró en la garganta, tratar de concentrarse en los asesinatos fue imposible—. No te entendí. —¿Cómo un niño de ocho años le resultaba tan intimidante? Seguramente era la genética Lynx.

—No te ayudaré, Jade. —El nombrado frunció el ceño—. Ya he tenido varios problemas con tus papás. —Su mejor amigo lo había tildado de «destructor de inocencia», sin embargo, no era su culpa que el infante entrase a su habitación cuando se le diese la gana. Ni siquiera podía traer a sus conquistas por temor a ser descubierto pochando la florcita.

—Pero eres la única persona a la que se lo puedo pedir. —Que contuviese una pataleta encendió la tensión—. ¡Por favor! Eres mi ídolo, no me puedes fallar ahora. —Oh no, esos grandes ojos verdes eran su debilidad. Él debía resistir, aunque no tenía parentesco sanguíneo podía jurar que esa despiadada ternura la había heredado del japonés.

—No. —Pero la boca le estaba temblando.

—Por favor. —El corazón se le paralizó cuando se aferró a su camisa para suplicarle. ¡Esta era una pelea sucia!—. Si mis papás no se casan moriré de tristeza, ¿quieres ser responsable de eso? —Él se acarició la calvicie, este niño solo lo metía en problemas—. Tendrás que pagarme terapia si se separan.

—¿T-Terapia? —Su bolsillo no podía costear ni un perrito caliente, el Chang Dai estaba pasando por momentos difíciles.

—¿Cómo podrás dormir por la noche sabiendo que me dejaste huérfano? —Ahora era un homicida de inocencia—. ¿Qué le diré a mi esposa? Yue se pondrá triste cuando nos arrojen a la calle.

—¡No estás casado con Yut-Lung! —El moreno ni siquiera tuvo tiempo para reaccionar.

—¿Cómo mantendremos a Buddy? Su escuela de adiestramiento es costosa. —Esas lágrimas de cocodrilo ya se habían agolpado en sus mejillas para deslizarse por su mentón—. Tendré que vender mi colección de Nori Noris.

—¡No! —Tratar de calmarlo fue inútil—. Por favor no llores, Jade. —Él infante se había aferrado a su pecho mientras sollozaba hecho un ovillo, esto era desesperante, él jamás pudo consolarlo cuando era un recién nacido, sino fuese por Eiji ellos habrían enloquecido.

—¿Por qué no me ayudaste Shorter? No podré pagar la hipoteca.

—¡Bien! ¡Te ayudaré! —Una risita astuta golpeó su cuello, cuando sus neuronas finalmente lograron hacer sinapsis él entendió lo que había pasado—. ¡Oye! Ni siquiera tengo licencia de matrimonio. —Ese niño era un manipulador.

—No te preocupes, ya la saqué por ti. —Los gritos del juego lo hicieron saltar.

—¿Cómo?

—Hice la certificación por ti online. —Genial, ahora iría a prisión por falsificación, lo que le faltaba—. Ministro Wong.

Luego de convencer a quien realizaría esta sagrada unión él se encargó de los demás preparativos, usando la tarjeta de su padre él no escatimó en decoraciones ni en las vestimentas, él contrató al equipo culinario más refinado que pudo encontrar, personalizó los adornos e incluso alzó una gigantografía de la pareja. Cuando los arreglos estuvieron listos él le obsequió a los novios entradas al cine para que abandonasen el recinto y él pudiese aplicar su magia. Él definitivamente estaba agradecido con su infinita genialidad, el apartamento era un ensueño: globos plateados se extendían desde el techo hasta el ventanal, pilares de cartón simulaban un arco frente a la televisión, una elegante alfombra blanca se extendía por el comedor, rosas entremezcladas con girasoles colorearon la soledad. Él sonrió al contemplar su trabajo, sino se hacía millonario con su manual podía incursar en la industria de las bodas. Además, él lucía como la encarnación de Adonis con su traje de dos piezas y sus zapatitos recién lustrados, el legendario encanto Callenreese rompería cientos de corazones esta noche.

—¿Cómo sacaste a Griffin del apartamento? —La voz de Bones le erizó los nervios—. ¿No se supone que él te cuidaría?

—Le compré entradas al cine para que fuese a una cita. —Nadie se resistía a los clichés románticos, Alex tembló sobre la escalera mientras colgaba el candelabro, que el salón representase una fantasía primaveral valía la quemadura que la ampolleta le dejó.

—¿Entonces llevó a Max? —Las mejillas se le calentaron.

—Pensé que Ibe era el novio de Max. —Jade no estaba listo para escuchar esta conversación, acababa de terminar con un gay de closet. ¡Dios! Otro no, por favor.

—¿El abuelito no está casado con nana Jessica? —La pandilla arrojó una estridente carcajada antes de seguir decorando.

—Sí, pero tú no lo viste compartir una pequeña camioneta con esos sujetos. —La cordura se le heló al recordar esos días en Cape Cod—. Nosotros sí. —Cuando el solitario lince de Nueva York babeaba en secreto por un dulce conejito japonés, incluso siento obvios les tomó ocho años estar juntos.

—No asustes al cachorro con eso, Shorter. —Al parecer estaba lleno de heterocuriosos reprimidos, luego tendría una seria conversación con Griffin Callenreese—. ¿Así está bien? —Kong revolvió la cacerola, la pestilencia del humo le derritió las entrañas.

—¿No seguiste la receta que te pasé? —Él se subió a un banquito para inspeccionar los avances, un grito de horror fue ahogado tras contemplar a una grotesca mezcla de mugre quemar el cucharón.

—¿No ibas a contratar profesionales?

—Sí pero gasté ese dinero en mi traje. —Él le mostró con orgullo la corbata—. Tiene un Nori Nori de edición limitada. —Mientras ellos vestían harapos el infante lucía como el hijo de un magnate, al menos estaba feliz—. Quiero que hagas esto de nuevo, ¿entendido?

Yes, boss!— Él sonrió, esto le gustaba.

—¿Jade? —El corazón le saltó hacia el pecho cuando Yut-Lung Lee se abrió paso dentro del apartamento—. Traje lo que me pediste. —Un delicado velo blanco pendía en esas finas palmas.

—El camaroncito se vería sexy con un traje de novia. —Su sonrisa se borró, él apretó sus puños, la boca se le secó. ¡Estaban hablando de su mamá! ¿Qué estos marranos no tenían decencia?

—¡¿Cierto?! Tiene buenas piernas y un trasero firme, la falda le quedaría bien. —No esperaba otra cosa del baboso de su tío—. ¿Usaría ligas para combinar? —Yut-Lung Lee le pegó en la calva con una revista enrollada.

—¿Acaso eres idiota? ¡Ten un poco de vergüenza! —El moreno se acarició la nuca, ofendido.

—¡Ash no se vería bien con vestido!

—¡No quiero esa asquerosa imagen mental! Ahora tendré pesadillas.

—Volví a quemar la sopa. —Yut Lung-Lee contuvo una arcada ante la aberración que desbordaban las ollas, él suspiró, aunque detestaba a esta bola de inútiles no podía dejar que ese niño sufriese por la incompetencia adulta, él se arremangó el suéter antes de tomar el control.

—Voy a llamar a Sing para que me ayude, necesitamos refuerzos. —Jade sonrió satisfecho desde una esquina, sabiendo que había elegido bien a su pareja.

Gracias a su equipo los preparativos fueron éxito, las repugnantes sopas de carbón fueron reemplazadas por comida china tradicional, la finura de los platos fue un sintonía mortífera con la suavidad del ambiente, Alex improvisó una tonada con una vieja guitarra para simular la marcha nupcial, no tuvieron que esperar mucho para que la pareja regresara junto a su tío, estaban empapados, al profesarse tan absorto en el trabajo no se dio cuenta de la tempestad que golpeó a Nueva York. Bien, se veían como la mierda pero no retrasaría ese matrimonio solo por los novios. ¡Eso no importaba!

—¿Qué es esto? —Un velo le fue colocado en la cabeza como respuesta, el barro oscureció esa elegante alfombra de marfil.

—¡Su boda! —Ellos intercambiaron una mirada, perplejos.

—Pero... —El rubor fue violento, la ansiedad pendió en una risita compartida. Lo habían hablado pero jamás se sintieron listos para dar el siguiente paso—. ¿Tú quieres? —La repentina torpeza que el americano le regaló fue enternecedora. ¿Qué clase de pregunta era esa? Ya le había entregado su alma.

—Sí. —Él se escondió detrás del encaje—. ¿Tú? —Ash Lynx suspiró, sabiendo que llevaba una vida anhelando este día.

—Claro que sí. —Los invitados se acomodaron alrededor de la alfombra, Shorter sostuvo una biblia nervioso sin saber qué decir.

—Como tu familia no está presente, yo te puedo llevar al altar Ei-chan. —Esas palabras fueron suficientes para que la ceremonia comenzara.

Ridículo, ¿no? Ni siquiera lo habían discutido con seriedad pero estaban haciendo esto.

Tal vez llevaban una eternidad clamando en secreto a la espera de un milagro.

Quizás era cuestión de almas gemelas y simplemente lo sabían.

La música empezó, un agradable aleteo le burbujeó en la garganta, él presionó un ramo de girasoles contra su pecho, sabiendo que eran un desastre bajo la estridencia de los flashes, los pilares se hallaban cubiertos por un delicado bordado blanco, pétalos de rosas bañaban el camino, estrellas plateadas suspendían desde las vigas del techo hacia sus fotografías, el paisaje era hermoso, a pesar de ser una improvisación para él fue perfecto. Ibe le sonrió antes de llevarlo hacia el altar. Con vergüenza él subió la mirada para que cada uno de sus temores fuesen abandonados, su corazón se paralizó al encontrarse con Ash Lynx, esa matita dorada era un desastre de frizz, su camisa estaba embarrada, las gotas enmarcaron su rostro para resaltar su propio fulgor. Él pereció ante tan adorable cuadro, esos ojos verdes lo estaban vislumbrando como si fuese el tesoro más valioso en el universo, sin embargo, ¿no lo había mirado así siempre?

—Me siento tan orgulloso de ti, hijo. —El lloriqueo de Max no logró romper la tensión.

La ceremonia empezó.

—Aslan Jade Callenreese. —La electricidad en esa caricia fue sublime—. Eres el amor de mi vida. —Una risita pendió ante lo repetitivo que sonaba ese discurso—. Me enseñaste a volar cuando llegué a América, pensé que lo había perdido todo hasta que te conocí y... —Él delineó aquellas masculinas facciones, con suavidad—. Es gracioso cuando dices que yo te salvé porque se siente al revés. —Ni siquiera sabía lo que estaba diciendo pero ya había terminado.

—Mi Eiji. —El más joven apenas podía lidiar con la conmoción—. Me sedujiste cuando me pediste sostener mi pistola en el bar.

—¡Ash! —Las risas lo incitaron a inflar los mofletes, hasta en estos momentos lo estaba molestando.

—Estaba tan asustado de amarte, tenerte cerca era paralizante pero era mucho más desgarrador mantenerte apartado. —Sus hombros se hundieron como barquitos de papel en el océano de la remembranza—. Me amaste antes de que yo mismo pudiera hacerlo, nunca dejaste de creer en mí, te mantuviste a mi lado, solo... —Él trató de reprimir la melancolía—. Eres mi alma gemela. —Él presionó un beso contra el nudillo del moreno—. Te amo más de lo que te puedo expresar. —Aunque la felicidad no era un infinito él se aferraba a estos retazos de goce, eso era suficiente para confrontar el destino.

—Ash... —Así que no importaba si su pasado lo presionaba para que actuase como un leopardo, él era un humano con una fragilidad desmesurada, así estaba bien.

—Eiji Okumura. —Shorter hizo un esfuerzo sobrehumano para recordar las frases que el ministro pronunciaba en las telenovelas de Nadia, ¿esto era legal?—. ¿Aceptas a este sujeto como tu legítimo esposo? —El humor lo ayudó a disimular las lágrimas bajo sus lentes.

—Acepto. —La cordura se le trabó, sus mejillas fueron un poema primaveral, sus manos se entrelazaron como si su vida pendiese en esa caricia.

—Aslan Jade Callenreese. —Pronunciar su nombre real le pareció hilarante—. ¿Aceptas al conejito como tu legítimo esposo? —El más joven alzó el velo con una despiadada suavidad. Él suspiró embelesado, esos grandes ojos cafés eran un delirio letárgico, cada vez que los contemplaba una galaxia florecía en su interior. Eso le encantaba.

—Acepto. —Él lo adoraba. Aunque la felicidad era más que una gema bajo el sol en este momento se fundiría en esta fantasía.

—¿Sus anillos? —Shorter se golpeó la frente—. Ya los tienen. —Sus dedos se crisparon en la biblia, ni siquiera eran cristianos, al menos Jade lucía a punto de romper en llanto por la felicidad, valía la pena ir a prisión por suplantación.

—Yo te tomo como mi esposo y prometo serte fiel para cuidar de ti en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, todos los días por el resto de mi vida. —La ternura con la que le acarició el rostro rompió lo efímero del instante.

—Yo te tomo a ti como mi esposo y prometo serte fiel para cuidar de ti en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, todos los días por el resto de mi vida. —Y en esas obsidianas él entendió que jamás había existido la opción de tener una vida normal—. Te amo, Eiji. —Su sonrisa fue la fotografía más sublime que pudo guardar, sus labios rozaron su frente, su alma encajó para crear algo nuevo.

—Por el poder que me confiere el condado de... —Shorter alzó una ceja, indignado—. Las Vegas. —Pero al infante ni siquiera le importó—. Los declaro legítimamente casados. —Los aplausos inundaron la habitación—. Puede comerse a la novia.

Besarse era una ensordecedora adicción, el tenue caramelo de las palomitas se deslizó por la calidez del tacto, la suavidad de su sabor fue un deleite mortificante, él lo atrajo con lentitud, él presionó sus párpados para que pudiese perecer, aún empapados esto fue un desborde de pasión, sus dedos se deslizaron por el velo, sus esencias se fundieron en una ternura abrumadora, la caricia hizo tiritar al japonés, los acordes de la guitarra fueron una bruma ilusoria entre la estridencia de sus latidos y el dulzor de la saliva, él sonrió sabiendo que sus almas se hallaban enlazadas con un simple mimo.

—Oficialmente eres Eiji Callenreese de ahora en adelante. —Sus manos memorizaron la libertad para sucumbir en cada una de sus curvas.

—O tú eres Aslan Okumura, aún no lo hemos decidido. —Él suspiró, temiendo que esto fuese un sueño—. Debemos agradecerle luego a Jade. —Ambos se fundieron en un abrazo mientras el nombrado lloriqueaba orgulloso de sus papás. Finalmente lo había logrado, el manual para un papá soltero era un éxito.

—¿Entonces, te quedarás a mi lado para siempre? —Él se alzó en la punta de sus pies, intoxicado.

—Para siempre.

A Shorter Wong le revocaron la licencia de matrimonio esa misma tarde.

Él tuvo que pagar una multa por fraude.

Aslan Jade Callenreese y Eiji Okumura se casaron por el civil la semana siguiente.  

Nos vemos en el extra chiquito que subiré algún día, probablemente la otra semana.

¡Cuídense! 

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