Abrazo y ahorcar.
¡Hola mis bonitos lectores! ¿Alguien noto la ausencia? No ya en serio, su servidora estuvo noqueada muy feo por una anemia, pero anoche me hospitalizaron y hoy ya vuelvo a ser una persona decente, nada de que preocuparse eso si, solo no medí bien lo grave que fue esta. Muchas gracias a las personas que se toman el cariño para leer.
¡Espero que les guste!
—¡Duele! —Sus movimientos cesaron contra su brazo.
—Perdón. —El algodón fue dejado encima del lavamanos—. ¿Te duele? —Él tensó las cejas y frunció la boca. ¿Qué clase de pregunta era esa?
—¡Claro que sí! No sé tú, pero yo tengo un cuerpo muy delicado. —Ash chasqueó la lengua, sabiendo que esta era una amarga cucharada de karma—. Duele mucho si lo haces sin cuidado, anciano. —Jade se acarició el antebrazo, indignado por los penosos vendajes que le había acomodado su progenitor.
—Deberías estar agradecido por mi ayuda. —Pero él no lo dejó terminar.
—¿De verdad trabajaste como enfermera? ¿Cómo no mataste a tus pacientes si eres tan torpe? —La mandíbula le pesó, él definitivamente mataría a Max Lobo por andar de chismoso. ¿Qué otra cosa podía esperar de un periodista?
—No des vuelta esta conversación. —Las zapatillas de Jade se balancearon encima de los azulejos, la pestilencia de la povidona se le atascó en la nariz—. No puedes resolver tus problemas golpeando a los demás. —La boca se le secó, qué hipócrita era musitarle eso a su adorable hijo cuando a su edad luchaba con garras para que no lo rompiesen.
—¡Ellos se lo merecían! —Él se frotó el entrecejo, fatigado—. ¡Ellos dijeron una estupidez!
—Eso no importa, no es correcto andar golpeando a tus compañeros solo porque dicen idioteces o yo ya le habría dado una paliza a toda la pandilla. —Sus nudillos temblaron contra el soporte de la bañera, los ojos le quemaron, el pecho se le comprimió. Su padre tenía razón, él lo sabía, aquella envidiable popularidad era gracias a su despampanante carisma pero...
—Se burlaron de su acento. —El japonés era su girasol en esta historia de tormentas—. También dijeron que su cara era rara.
—¿Q-Qué? —El pequeño no pudo evitar hervir en frustración. ¡Porque esto era una mierda! ¿Acaso esos imbéciles estaban ciegos? Eiji Okumura era el ser humano más hermoso sobre la faz de la tierra.
—Él escuchó cuando dijeron eso. —La lluvia rompió en el jade—. No viste su expresión, él parecía tan lastimado, me dijo que estaba bien pero... —Sus puños se tensaron en su regazo—. Es mentira. —La desesperanza que su padre esbozó fue garrafal, porque ser herido era un deleite misericordioso, no obstante.
—Él no me dijo nada. —Ash Lynx era un velero en una botella cuando se trataba de él—. Ni siquiera lo mencionó.
—¡Claro que no lo hizo! ¡Es más terco que tú! —De repente estaba lloviendo dentro del baño—. Quiero que me adelantes de curso, odio convivir con esos odiosos. —El americano trató de mantener su cabeza fría, no podía ser un espejo roto si debía resguardarlo.
—¿Cuánto te quieres saltar?
—¡Hasta la universidad! —Jade se cruzó los brazos encima del pecho—. Soy un genio después de todo, puedo ir a donde quiera.
—¿No te estás adelantando demasiado? —Bastó un parpadeo para que el ambiente cambiara.
—Mamá. —Jade estiró sus brazos hacia el japonés en busca de ser mimado.
—Ya hablamos de ese apodo. ¿Por qué sigues insistiendo con eso? —Esa matita dorada se restregó contra su pecho como si se tratase de un gato regalón, Buddy le gruñiría cuando lo olfatease.
—Porque estás usando un delantal para preparar el almuerzo, eso no ayuda a tu masculinidad. —La respiración del rubio caló hacia sus pulmones hasta intoxicarlo, aunque se había desvelado para entregar un proyecto él lucía más galante que nunca. Tanta belleza era pecaminosa.
—Él no te dijo nada cuando lo estabas usando tú, además los delantales son varoniles.
—Porque papá se veía feo. —La indignación fue hilarante.
—Eiji... —El nombrado contuvo una carcajada, el puchero que estaba esbozando el americano era una pataleta reprimida, en el fondo él no había cambiado—. Sí me veía bien, ¿verdad?
—Lo hacías. —Ash le acarició las mejillas antes de presionarle un beso contra la frente.
—Pero no tanto como tú. —La sonrisa del japonés lo hizo suspirar, sus yemas se deslizaron por aquellos desastrosos mechones abenuz para acomodarlos, el tacto fue pura electricidad—. Tú eres lindo. —El vapor del baño fue una bruma chispeante.
—¿Por qué los vendajes de Jade están tan mal acomodados? —El ímpetu que chispeó en esos feroces ojos verdes le erizó la cordura, la violencia en sus latidos lo paralizó.
—Porque aprendí de ti, onii-chan. —Sus dedos se entrelazaron en el aire—. Tus habilidades como esposo se han oxidado. —Aunque debió ponerlo ansioso tan repentina cercanía, no lo hizo. Era como si una barrera tanto física como emocional finalmente se hubiese marchitado entre ellos dos, él lo notaba en detalles pequeños e insignificantes.
—No recuerdo que te me hayas propuesto. —Eran roces bajo las sábanas, besos con sabor a café, risas en la calle o alas escarlatas—. ¿Señor Callenreese se me está insinuando?
—Lo hago. —Sí, eran detalles ínfimos, no obstante, para él lo significaban todo—. Deberías empezar a llamarte Eiji Callenreese de ahora en adelante. —El rubor se le extendió desde las mejillas hacia las orejas, una trémula sonrisa se trazó como oda a la beldad.
—Me gusta cómo suena eso pero necesitas pedirle permiso a Ibe, él sigue sin perdonarte por lo que pasó cuando nos conocimos. —Una mirada ansiosa fue compartida.
—Todavía te trata como si fueses su preciada hija virgen. —Él se acercó—. No lo invitaré a la boda.
—¿Van a polinizarme un hermano? —Jade no había dejado de contemplar la escena con una sonrisa astuta y una satisfacción ferviente en el corazón. ¡Finalmente lo aceptaban! Tan solo se demoraron ocho años en darse cuenta de lo obvio, ¡bravo!
—Sabes que eso no funciona así. —El infante frunció el ceño.
—Pero pueden seguir intentando para bajar la calentura, incluso les conseguí gorros para celebrar. —¡Él estaba preparado para el ritual de polinización! Había comprado decenas de sombreros, aunque no entendía porque alguien los usaría ahí abajo, sin embargo, los adultos eran raros, no era de su incumbencia. Tal vez los pelos de su papá eran demasiado horribles, por eso debía cubrirlos.
—¿Gorros?
—Sin gorrito no hay fiesta. —¿Cómo Shorter Wong seguía con vida luego de enseñarle tantas marranadas a su adoración? No lo sabía, sin embargo, está noche se encargaría de visitarlo con una escoba para enseñarle una lección.
Aunque el pequeño Jade Callenreese se profesaba satisfecho con los avances de la pareja todavía había un problema: ellos eran demasiado lentos. Los besos casuales y los abrazos empalagosos le llenaban el pecho de orgullo, sin embargo, aún no habían aplausos durante las noches ni un coqueteo mayor. ¿Por qué él tenía que hacerlo todo en ese amorío? No le pagaban lo suficiente.
—¿Cómo se crea una atmósfera romántica? —La práctica de béisbol acababa de terminar cuando su tío Griffin lo fue a buscar, el cabello se le había pegado al gorro, su uniforme estaba empapado con barro, él le apretó la mano.
—¿Tienes alguna chica que te guste? —La carcajada del infante retumbó por todo el campo.
—Yo soy un maestro de la seducción, Yut-Lung Lee y yo estamos muy felices en una relación. —En teoría él había aceptado sus cajitas de jugo y sus peluches de Nori, eso era obviamente un noviazgo, ya hasta habían adoptado a Buddy como su hijo.
—¿Yut-Lung? —El castaño palideció, aunque no estaba familiarizado con la historia del clan Lee el desagrado que su hermano menor le tenía a esas víboras era abrumador.
—¡Sí! Nos casaremos en un par de años, no quiero caminar al altar con plataformas. —Él no tuvo corazón para bajarlo de esa nube de felicidad—. Será pan comido. —Un suspiro melancólico pendió contra la niebla, su adorado sobrino tendría una caída bastante dura en su carrera como rompecorazones.
—¿Entonces para quién quieres crear la atmósfera? —No hizo falta volver a preguntar, esos sagaces ojos verdes chispearon la respuesta—. ¿Finalmente esos dos están en una relación? —Su agarre se relajó.
—Lo están pero avanzan realmente lento, es molesto de ver. —La gorra le cayó hacia la frente luego de frotarse el entrecejo, al parecer la paciencia no era su virtud.
—Quizás necesitan una salida especial. —Él se acomodó el bolso de Jade sobre el hombro—. Creo que jamás han tenido una cita. —Aslan ni siquiera le tuvo que explicar la situación para que lo comprendiese, él contemplaba al japonés como si fuese la persona más especial del universo, eso fue suficiente.
—¿Una cita? —Él jamás se perdonaría haber quedado noqueado por esa droga, si él hubiese sabido que la inocencia perecería apenas cruzó esa puerta, él...
—Sí. —Realmente lo lamentaba pero habían errores imperdonables.
—¡Tengo una idea mejor! —El infante se felicitó a sí mismo por ser un genio.
Sexto paso del manual para un papá soltero: ahorcar.
Él se encargaría de sofocar a esos dos en romance, no toleraba que fuesen tan despacio, a este paso tendría canas cuando contrajesen matrimonio, la juventud era un tesoro valioso, él no los quería arrastrar hacia el altar con un andador. ¿Qué no lo veían? Por eso él planificó una cita perfecta para que esa relación floreciese. Su paseo de curso era el escenario elegido, la casa de su compañero era pretenciosa, una extensa piscina encarnaba la elegancia en medio de los jardines, las flores creaban una sinestesia de dulzor abrumadora, incluso contrataron a la banda de plaza sésamo para que tocase algunas canciones. Era infalible, la seducción estaba garantizada, además esos mocosos dejarían de subestimar lo perfectos que eran sus padres juntos. Él los ahorcaría con amor hasta que escuchasen los fuegos artificiales. ¿Quién no querría una cita con Elmo como presentador?
—¿Quién trajo esta cosa? —Pero la realidad adulta era diferente a lo que conocía—. Huele terrible. —Todo su curso se había sentado en una mesa para compartir una barbacoa.
—Es natto, le pedí a mi mamá que lo preparara. —La directora del comité alzó una ceja antes de dejar con desprecio el tazón.
—¿Mamá? —La mofa en la palabra fue grosera—. Oh cierto, tú eres el niño especial. —Jade abrió la mandíbula, confundido, esta era la primera vez que un adulto le parecía hostil.
—¿Qué quiso decir? —El japonés le acarició el hombro antes de negar.
—Déjalo así. —El corazón le presionó con fuerza, él lo conocía lo suficiente para saber que estaba a punto de llorar. ¡Pero él le pidió que preparase el natto! No era su culpa si estos simios carecían de paladar.
—Señor Callenreese escuché que sus trabajos son bastante reconocidos. —Jade ahogó un grito, una solterona estaba clavándole las garras a su papá—. Nosotros tenemos mucho en común, me encantaría charlar con usted en privado. —¿Qué esa suripanta no tenía dignidad? Él estaba al lado, las entrañas se le revolvieron con frustración.
—Tengo una agenda ocupada. —El rostro le quemó cuando vio que esa mujer estaba tratando de darle la mano a su progenitor, el dolor que se posó en esos grandes ojos cafés fue desmesurado. No. No. ¡No! Esto no debía salir de esta manera. ¿Dónde estaba Elmo cuando se necesitaba?
—Pero nuestros hijos se llevan bastante bien, sería una buena idea pasar tiempo de calidad juntos. —El ronroneo en esa frase le pareció asqueroso.
—Su hija es una pretenciosa que me cae mal. —Jade apretó los párpados antes de sacarle la lengua, de repente se sentía demasiado pequeño en esa mesa, incluso sus amigos cuchichearon cuando se restregó contra el moreno. ¿Qué sabían ellos? Eran unos envidiosos, él trató de alcanzar el tazón de natto, sin embargo, una mano lo frenó.
—Es mejor que no lo hagas. —La voz del azabache se encontraba temblando—. No acá... —Los sentimientos que explotaron bajo esa infinidad de pestañas fueron demasiado complejos para que él los leyese, no obstante, la belleza se destiñó.
El resto del almuerzo fue incómodo, esa señora no dejó de insistirle a su papá para que se juntasen a una reunión personal. ¿Lo creía idiota? Ella lucía desesperada por polinizar, su vestido era más corto que el chaleco de Buddy. ¡No lo permitiría! Además sus amigos actuaron como si nada hubiese pasado, le enfermaba el cinismo a pesar de su edad, pero no importaba, aún podía salvar la velada. Un chapuzón en la piscina le enfrió la cordura, presumir sus habilidades era un deleite, adoraba la admiración, si Yut-Lung Lee hubiese estado ahí él se habría desmayado por sus poderosos encantos como las demás niñas del salón. Él fue a buscar a la pareja a la cocina, mientras los adultos limpiaban los niños se divertían, ese era el orden natural de las cosas.
—Ni siquiera tiene un anillo, no puedo creer que un hombre tan guapo sea de esa manera. —Dos mamás se encontraban lavando los trastes de espaldas—. No me malentiendas Gladys, hay gays atractivos como Ricky Martin pero ese chico es común.
—Pensé lo mismo, además los japoneses son tan feos. —Le podría haber salido humo por las fosas nasales por culpa de la frustración.
—¡Lo son! No es por ser racista pero la comida que trajo era realmente grotesca, no creo que sea un buen ejemplo para un niño tan dulce como Jade. —Sin embargo, el alma se le quebró apenas vislumbró la tristeza con la que se rodeó su futura mamá.
—No quise interrumpir... —Las arpías contuvieron el aliento al haber sido descubiertas.
—Cariño, no lo dijimos con mala intención pero sé realista. —El fotógrafo apoyó los platos contra su vientre, como si se quisiese esconder detrás de la porcelana—. Un hombre como Aslan está a otro nivel. —El más joven corrió hacia el jardín desesperado para buscar a su papá, si alguien podía arreglar este desastre era él.
—¡Papá! —Pero el aludido había sido rodeado por una multitud de solteronas.
Sin importar que tan fuerte empujase para que le abriesen paso estas se lo negaron, la peste de los perfumes lo mareó, algunos tacones le aplastaron los dedos en las sandalias, él golpeó con fuerza pero esa muralla de desesperación no se inmutó, bajo tantas risas falsas su progenitor no lo pudo escuchar, los ojos le ardieron, él dio una patada frustrada contra el suelo reventándose la cabeza para buscar una solución, sin embargo, fracasó.
Él no pudo concentrarse el resto del paseo de curso, porque aunque era el rey entre sus compañeros su papá estaba siendo acosado por un ejército de uñas postizas mientras su mamá no aparecía por ningún lugar. Cuando sus amigos regresaron a la piscina él se dio el valor para explorar la cocina, la boca le tiritó, los dorayakis que con tanto esmero hornearon se hallaban esparcidos contra las baldosas mientras esas señoras bebían vino, ellas los aplastaron como si fuesen basura. Contener un sollozo fue imposible, él podría haber muerto por tanta frustración. No le cabía en la mente que aún existiese la discriminación, la pandilla estaba compuesta por una infinidad de nacionalidades y eso jamás fue un tema, ¡hasta un niño de ocho años entendía eso! ¿Por qué estos doctores vanidosos eran tan idiotas? ¿Era divertido menospreciar a los demás? Lo más asqueroso era que lo usaban como excusa, esto era por su bien, no era como si el japonés fuese lo más maravilloso en su vida, ¿verdad?
—Eiji... —Él lo encontró apartado en los jardines, solo—. Yo... —Aunque vino a consolarlo era él quien estaba llorando—. Lo siento. —Porque saber que era incapaz de defenderlo lo destrozó. Quería que no le afectase pero lo hacía. Odiaba ser tan débil.
—Jade. —Él se escondió en el pecho del moreno, deseando que esos comentarios maliciosos se esfumasen. Nunca le importó tener dos papás, mucho menos que fuesen tan diferentes, al contrario, esa complementariedad le encantaba.
—¡Lo lamento mucho! —Pero ellas no hostigaron al fotógrafo por ser gay o japonés, sino por ser Eiji Okumura, eso le resultó cruel—. Ellas no saben nada. —¿Cómo se atrevían? Él tembló, sobrepasado, irónico ser quien se estuviese asfixiando luego de semejante plan.
—No tiene importancia. —Sus puños se contrajeron en ese suéter, sino se aferraba lo suficiente él desaparecería.
—¡Sí la tiene! —El llanto le escurrió hacia el mentón—. Si tienes ganas de llorar deberías hacerlo, esas personas fueron malas. —Las botellas de sus veleros se quebraron.
—Porque soy el adulto acá tengo que restarle importancia. —Él dijo eso, sin embargo, la voz le tembló—. No puedo permitir que algo así me afecte. —Oh, pero lo hacía.
—Eiji... —Porque en el fondo él pensaba igual.
Ash Lynx era una fuerza abrumadora e implacable, él no solo se las había arreglado para desbaratar una red de pedofilia sino que se había transformado en el adulto que necesitó, él era tanto, fue inevitable acabar enamorado. Su pulso retumbó en la agonía. Él odiaba la idea de no ser suficiente, sabía que no era bonito, su inteligencia era común y su personalidad carecía de gracia, era doloroso aceptarlo. No deseaba navegar a ciegas en esta tormenta, sin embargo, ya estaba a la deriva. En el fondo el lince de Nueva York era como el océano, implacable, mortífero y despiadado, bastó un descuido para ahogarse en él, ahora ya no podía tocar la orilla sin importar que tanto batallase.
—¿Sabes la clase de cara que estás poniendo? —Las risas de los demás niños retumbaron en la irrealidad, sus emociones se profesaron descalzas y pérdidas—. ¿Por qué tienes que esconder tus problemas así? A papá también le duele que lo hagas. —Él cerró los ojos, agotado. Porque los amaba necesitaba componerse.
—Estoy bien. —Ese era el problema—. Deberías regresar a jugar con los demás. —Él se estaba cayendo a pedazos. Anhelar el amor en una bruma de ilusión era sencillo, sin embargo, ¿aceptarlo? Que complicado era acunar esas heridas con las alas quebradas.
—¡No quiero! —¿No era egoísta ansiarlos si los encerraba en una jaula?
—No te preocupes por mí, ve. —Pero Jade no se apartó, él lo tomó de las mejillas para forzarlo a encarar la verdad.
—Te amo. —El aire se perdió—. No me importa que no seas quien me dio a luz, eres quien me ha levantado cada vez que me caigo, tú eres mi mamá. —La sinceridad en esa confesión lo sobrepasó, el corazón le llovió pero las gotas fueron brea.
—Jade. —Él lo abrazó con fuerza, ahogado—. También te amo. —Claro que lo hacía, apenas Eiji Okumura contempló ese pequeño bulto dorado él supo que lo amaría más que a su propia vida, la inocencia con la que esos brillantes ojos verdes lo vislumbraron fue arrebatadora.
—¡Voy a ir a golpear a esas señoras por hacerte sentir mal! —Él sonrió, dejando que esos rebeldes mechones dorados cosquilleasen bajo su mentón, ambos eran un desastre tempestuoso contra el pasto.
—No puedes golpear a los demás solo porque me hicieron daño, tus profesores te castigarán. —El más joven lo sostuvo con ferocidad. Tonto, ¿no? Aunque el japonés era un adulto él sentía que debía protegerlo.
—Puedo pegarles a ellos. —Su risita fue un pétalo de girasol dentro de su pecho.
—Ahora suenas como tu papá. —Su atención se enfocó en la discrepancia entre la simpleza de las luces y la magnanimidad de la casa—. Él me enseñó a volar de nuevo, ¿sabes? —Las estrellas se habían comenzado a asomar con timidez en una calina naranja—. Cuando lo conocí me encontraba completamente...
—¿Ahorcado? ¿Asfixiado?—Él asintió, limpiando las tenues gotas de pena de sus pecas.
—Vine a ayudar a un amigo con algunas imágenes pero cuando los conocí supe que mi lugar estaba aquí, junto a ustedes dos. —El corazón se le acribilló en una infinidad de pétalos—. Sé que soy un simple fotógrafo, tengo un rostro común y no soy nada especial, pero los amo más que a nada en este mundo. —Las rosas le florecieron hasta la garganta para sofocarlo—. De repente me cuestiono si esto es lo mejor para ustedes, porque yo... —Pero Jade negó para silenciarlo.
—Lo eres. —Él le entregó las palabras más inteligentes que alguna vez escuchó—. Digan lo que digan tú eres mi mamá. —Y eso fue suficiente.
—Realmente te pareces a él. —Un suspiro pesado retumbó cuando se dejaron caer contra el pasto—. Ambos son unos sabelotodos.
—Pero nos amas así. —El más joven se acurrucó encima de su pecho—. ¿Verdad?
—Más de lo que te puedes imaginar. —Ese abrazo duró una eternidad, aunque esta no era una cita romántica entre sus padres ni lo ayudaría a ser admirado en su reinado escolar fue mucho mejor.
—Eiji.
—¿Si? —Él se inclinó para mirarlo.
—Eres bonito. —Las mejillas le cosquillearon—. Tu cocina también es la mejor, ellas no saben nada. —Él le acarició la espalda, con suavidad.
—Tú eres mucho más bonito, Jade.
—¿Incluso con mis pecas? —La perplejidad chispeó en sus pupilas, él contuvo la conmoción—. Una señora dijo que eran raras. —Así que el pequeño lince también tenía inseguridades.
—Tus pecas son como las estrellas. —Él le besó la nariz—. Pero mucho más hermosas. —Esa confesión fue suficiente para que él las dejase de odiar.
¿Amaba a Jade Callenreese? Sí, más de lo que la mortalidad le permitía expresar. Él lo atesoraba como si fuese el retazo más hermoso de su alma. Aunque conoció a Ash Lynx en circunstancias dolorosas, cuando él lo encontró sollozando con un bulto de mantas en sus brazos, temblando, sintiéndose inútil por no poder consolar a un recién nacido, él supo que no podría amar a nadie más con tan desmesurada intensidad. Era extraño que un hombre a quien acababa de conocer se ofreciese a quedarse a su lado, sin embargo, él lo impulsó para que tomase esas alas quebradas e intentase surcar los cielos. La relación entre ellos dos era inefable, era incondicional en lo más profundo y sagrado de la palabra, por eso le aterraba estar dando un paso hacia el romance.
Aslan no solo era un hombre innegablemente guapo, él era una presencia sanadora, un comienzo pero un final. No podía evitar asustarse cuando sus sentimientos le llegaban hasta las rodillas en un camino a ciegas, se convencía de que quería entregarles el universo, sin embargo. ¿Qué era lo mejor de todas maneras? Era receloso admitirlo pero nadie sería capaz de anhelarlos con semejante fulgor. Porque él arrancaría cada uno de sus pétalos con tal de protegerlos y eso tenía que ser amor. Jade y él se quedaron contando estrellas en esas llamativas pecas mientras reían, el americano se les unió luego de buscarlos por horas.
Eso fue pura felicidad.
—Esto lo agotó. —El infante había caído rendido en el auto, Ash lo acomodó entre las sábanas con una ternura indescriptible—. Parecen haberse divertido bastante sin mí. —Él se encogió de hombros, apenado, por no armar un espectáculo acabó preocupándolos a ambos.
—Él quería hablar de ciertas cosas conmigo. —Un beso fue presionado contra esa matita dorada antes de que sus miradas se entrelazasen en la fugacidad—. ¿Tú te entretuviste? Es importante que te lleves bien con los demás padres.
—Esas señoras son realmente desagradables. —Él tuvo que contener su instinto asesino para mantener su fachada de perfecto galán—. Nunca había escuchado tanta mierda junta.
—¡Ash! —Sus mejillas se inflaron con reproche—. Luego le andas echando la culpa a Shorter por las malas palabras que aprende.
—Porque nadie cree en la inocencia de ese sujeto. —Él rodó los ojos—. Pero de todas las estupideces que esas mujeres soltaron sí dijeron algo que era verdad. —El alma se le congeló, sus dedos se entrelazaron con una suavidad meliflua.
—¿Q-Qué dijeron? —Cuando sus miradas se volvieron a buscar una balada se coloreó entre sus latidos, contemplar esos resplandecientes ojos verdes era enamorarse otra vez él.
—Que no usamos sortijas. —La nostalgia retumbó por la oscuridad—. Tus amigas amas de casa también lo mencionaron, ¿no?
—No son mis amigas.
—Te juntas con ellas todos los jueves. —Él chasqueó la lengua, sabiendo que eso era verdad—. Pero eso no es lo importante. —Él deslizó su palma hacia el bolsillo de su chaqueta antes de sacar una caja.
—Aslan...
—Supongo que es algo tarde para dártela considerando todo lo que hemos pasado juntos. —Una llamativa franja dorada irrumpió la pureza en esas sortijas—. Pero estoy enamorado de ti. —De repente las palabras le pesaron—. Me encontraste cuando ni siquiera yo me quería ver, tú me salvaste. —La violencia con la que le ardió el rostro le hizo pensar que moriría—. A nosotros dos.
—¿Esto qué significa? —Una risa nerviosa le tembló en la cordura.
—Dijiste que te quedarías a mi lado para siempre, ¿no? —La lluvia se deslizó para acariciarle las mejillas, el dulzor de los toques lo intoxicó.
—Lo hice. —Ash le acomodó un anillo en su dedo anular—. Por siempre. —Él lo imitó con la otra sortija, los colores se hicieron aún más brillantes cuando contemplaron esa promesa grabada en oro. Como si sus almas hubiesen estado esperando solo para encarnar este momento, ellos se anhelaron.
—Eiji Okumura, eres lo mejor que nos ha pasado. —Un tímido beso pendió junto a una risa ansiosa.
—Ustedes lo son.
Jade no tuvo que abrir los ojos para sonreír satisfecho, él se acurrucó junto a su peluche favorito de Nori Nori sabiendo que esos dos eran su mayor éxito.
Ahora si, como regrese a la vida el siguiente capítulo ya debería estar para el fin de semana, muchas gracias a las personitas que se tomaron el cariño para leer.
¡Cuídense!
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