61
El zumbido constante en el centro de Estambul era casi abrumador incluso llegando a las costas del mar de Mármara o del Bósforo, las propiedades de los Hasmet de alrededor que se alejaban a millas del bullicio civil no eran la excepción para que la intranquilidad en el ambiente se asentara sobre sus pasillos.
Pablo describió para si mismo la vida rutinaria de La Roja como la corriente de los océanos; siempre en movimiento y sin poder ser predecible.
Cuando llegó a la mansión mavi—como había escuchado que le llamaban los sirvientes de ahí—no pudo estar más que escéptico al silencio gélido que el pueblo de Kilyos tenía entre su viento.
La propiedad, nada diferente a las otras pertenecientes de La Roja, estaba rodeada de la vida silvestre que apenas era molestada por la urbanización que se encontraba bastante alejada de ella.
Se había acostumbrado al ajetreo mañanero que el palacete colorido en el que estaba hace apenas dos días le ofrecía; pero no reclamaba el cambio al que le trajeron de repente. Era ignorante a las razones de su traslado, pero con el caos masivo que trajo el embarazo del hürrem no estaba sorprendido por los cambios internos que ya se estaban percibiendo en el aire. El personal en el palacete disminuyó, y la rutina pareció dar un cambio trascendental donde el aumento de las fuerzas especiales de La Roja no era sorpresa. El Sağ el y los bajás habían acompañado a Marc a lo que parecía ser la reunión de la década, todas las figuras importantes del clan hicieron frente al torbellino que se agrandó entre los continentes.
Todas excepto una.
Pablo detiene su rezo cuando siente el olor familiar llegar hasta sus fosas. La dama que le encomendaron a su lado le observa y se inclina hacia él cuando nota su cambio.
—¿Todo bien, joven Cariporsi? —pregunta con palabras y en lengua de señas. Pablo la observa atento mientras el sol de la tarde le pega en el rostro. El recuerdo de Hela le llega de repente.
La semejanza entre las dos mujeres no hace más que entristecerle.
"Ha llegado" expresa para después apretar el Santo Rosario entre sus manos. La omega le observa confundida, pero no le pregunta nada. Nunca lo hacía.
Cuando se acerca para ayudarle a levantarse de su posición en cuclillas da un brinco asustado cuando la presencia que había anticipado Pablo llega hasta el improvisado claro bajo techo en el que estaban.
—Oh, bajá Robert —la mujer se avergüenza y da una inclinación suave. Pablo gira la cabeza con tranquilidad, el alfa responde con una sonrisa ligera y se acerca más.
"Espero no interrumpir en los rezos del joven Cariporsi", Robert se dirige hacia él. El omega sonríe tenue cuando una vez más nota la rapidez de aprendizaje que tenía el alfa. Había escuchado que por obligación todos en el clan tenían que saber por lo menos tres idiomas, por lo que su entendimiento en diversas lenguas era más que eficiente.
Que sea Robert quien se lo demuestre con ese tipo de acciones solo provoca que su corazón palpite un poco más de lo que ya lo hace diario.
Robert voltea a donde está, teniendo una expresión complicada cuando su atención queda sobre él; siempre la tenía, como si dejara claro que tenía un conflicto extraño que Pablo provocara con solo respirar. A diferencia de otras veces, termina caminando hacia él con paciencia actuada que es perceptible para el omega.
Pablo siente todo el rostro caliente cuando el alfa extiende una mano hacia él.
—¿Lo hice bien, со́лнце?— susurra mientras le ayuda a levantarse. Pablo asiente aún con los nervios pintando sus mejillas. La mujer a su lado se tensa de repente y sus ojos viajan por toda la vegetación a su alrededor para evitar mirarlos. Pablo quiere apartar su mano, pero Robert lo evita y lo sostiene con más severidad.
—Aurora —Robert le llama sin apartar sus ojos de Pablo—. Derslere devam etmek için yarın görüşmek üzere, çalışmalarınız bugün için bitti.
Pablo observa ignorante el intercambio, no saber de lo que hablaban a su alrededor le ponía nervioso y sentirse indefenso ante el ambiente le traía recuerdos horribles.
—Evet, bajá —Aurora le mira dudosa, pero termina cediendo a lo que sea que Robert le haya ordenado, por lo que se retira en silencio.
Pablo aprieta aún más el Rosario.
Casi nunca los dejaban solos, solo si Robert lo ordenaba.
—La ropa turca te queda bien —Robert aparta su mano de la suya para dirigirse a la fuente de agua frente a ellos. Pablo alza la cabeza del suelo, dándose cuenta que había permanecido entumido desde que los dejaron solos. Duda por un segundo, pero termina siguiendo a Robert hasta donde está.
Guarda una exhalación profunda cundo el alfa se quita la camisa sin pena alguna. El primer instinto de Pablo es apartar la mirada, pero la mancha roja que se extiende sobre la espalda y pecho del alfa le detiene en seco.
Robert nota el olor agrio en el aire, por lo que se apresura a explicarse cuando se percata de la mirada tensa en Pablo.
—No es mía—dice con simpleza—. He...tenido más trabajo desde que Hürrem anunció su estado—continúa— lo ven como una debilidad que pueden atacar.
Pablo ignora el toque oscuro que escucha en la voz de Robert, y su curiosidad sincera sale ante la mención de Frenkie Claire.
"¿Está bien?", pregunta. Robert, siempre atento hacia él, asiente a su pregunta.
—Actualmente está con Amir, aparte del cambio en su dieta y el aumento de control médico alrededor de él...Hürrem lo está haciendo bien —Robert toma su camisa y la hunde en el agua, no quiere asustar más a Pablo por lo que se apresura a limpiarse la sangre ya seca sobre él.
Una parte dentro de su lobo le reprocha por no hacerlo antes de venir, pero la añoranza de ver al omega le había apresurado a ser poco cuidadoso.
Verlo con telas más ligeras y sin tanto maquillaje que no necesitaba le desestabilizaba más. El rojo se marcaba con más fuerza sobre sus pálidas mejillas, dándole una vista más que encantadora para el alfa.
Robert sonríe para si mismo.
Su intercambio en los últimos días habían sido...tensos. El eco de sus palabras frente al consejo los acompañaba en cada momento compartido desde entonces.
"—Jamás he pensado en el joven Cariporsi de otra manera, y nunca lo haré—", Robert tuerce la mandíbula ante el recuerdo de sus palabras, el sabor amargo que traen le empieza a picar la boca con molestia creciente.
Mentira.
Un toque débil sobre su mano lo trae de regreso de sus represiones silenciosas, asustándolo y poniéndolo en guardia. Su cuerpo se relaja cuando nota la cercanía del omega.
"¿Puedo?", pregunta Pablo para después tomar la camisa húmeda de Robert.
Pablo observa la tensión notoria en el hombre después de su pregunta. Esperando una negación rotunda se prepara para retirarse con el sentimiento de tristeza que ya se ha asentado en él desde hace días.
—Puedes —la respuesta de Robert llega con palabras amables. Pablo traga y se inclina con timidez.
Puede ver el atisbo de una sonrisa ligera sobre él, pero se concentra con todas sus fuerzas en el pedazo de tela húmedo que tiene en sus manos.
Su mano tiembla ligeramente cuando toca la piel descubierta que se le presenta, olvidar la sangre sobre ella había sido fácil gracias al aliento caliente exhalado en el lado derecho de su nuca.
—El rojo te queda bien —la voz del alfa funciona como un distractor ligero mientras se concentra en limpiar. Pablo cierra los ojos en vergüenza cuando nota su cuerpo aún más caliente ante la broma inocente de Robert. Todo su vestuario es azul y dorado.
Pablo presiona un pellizco débil en reprensión, pero Robert no hace más que alargar la sonrisa en su rostro.
Después de un rato en silencio, el alfa vuelve a hablar, esta vez con la seriedad pintando su rostro.
—Tus manos no deberían de hacer este trabajo, со́лнце —Robert toma una de las manos de Pablo, deteniéndolo de su tarea inoportunamente. Pablo alza los ojos, el alfa ya lo veía de vuelta—. Ni vivir recluido frente a la costa, donde un hombre que no te merece te lastima con una indiferencia que no tiene.
Pablo parpadea confundido. Robert guía la mano hacia sus labios, besando la muñeca y la palma con deleite. El omega inhala con dificultad.
—Tu lugar es con un alfa tranquilo y afable, que no te provoque llorar bajo la lluvia por su inseguridad...—Robert baja la cabeza con una expresión pesada—, del que no tengas que lavar sangre de su cuerpo.
Pablo aprieta los dientes, la emoción dentro su pecho se mezcla con una melancolía ya conocida entre ellos. Retrae sus manos del toque de Robert, quien no lo reprende por hacerlo.
«Quiero hablarte» piensa Pablo, «jamás en mi vida he querido hablar tanto como cuando estoy contigo».
Pablo piensa en las últimas noches, donde fuerza a su boca abrirse para intentar que algo salga de ella. Lástima su garganta hasta que puede decir unas sílabas que formen la palabra que quiere decirle al hombre enfrente suyo.
«Mis primeras palabras...quiero que sean para ti».
Teniendo la certeza de lo que quiere, Pablo vuelve a buscar el toque de Robert con timidez.
"Hürrem nos protegerá", expresa seguro. Robert niega de inmediato, apartándose esta vez él.
—Mereces a alguien que pueda amarte sin la posibilidad de verte muerto en el proceso.
¿A qué hemos llegado?, Pablo no puede dejar de preguntarse.
Emociones intensas en un corto periodo medido por encuentros efímeros solo significaban una cosa. Él sabía, y también sabía que Robert también lo tenía presente.
Cuando alza otra vez las manos, puede sentir su aliento temblar y sus dedos entumirse.
"Pero tú...eres mi alfa"
El silencio llega después de eso; la verdad tacita ya no estaba más empañada por ninguno de los dos ahora que Pablo lo había dicho en voz alta. Robert se siente paralizado, dándose cuenta del peso que esas palabras le traen. Después de haberlo pensado por varias noches, había llegado a una conclusión dolorosa.
El destino era cruel.
La necesidad de volverse a acercarse al omega le carcomía con una lentitud irritable, siendo una posible ejecución su única traba para volver a hacerlo. Había sido un movimiento unilateral, uno que quería mantener para que la culpa quedara solo sobre él.
Sentirlo...olerlo...mirarlo...podría morir con una sonrisa cuando el yagatán le atraviese el cuello.
Robert no puede evitar la necesidad de inclinarse más, acercarse y olerlo a profundidad.
"Siempre lo seré", responde con tristeza en la curva de sus labios.
Pablo comparte su aliento, aliviado de que la realidad de sus sentimientos haya salido a la luz. Su cabeza se acerca hasta rozar la punta de sus narices en un toque dulce, acortando hasta que ya no hay más espacio entre ellos.
Robert siente el temblor en los labios de Pablo cuando lo acerca desde la cintura, profundizando la humedad entre sus labios sostiene al omega y abre la boca por los dos. El roce es exquisito, justo como Robert siempre espero a pesar de la clara inexperiencia del omega, una inocencia que solo lo incentivaba a ir más allá de lo que sus deseos le limitaban.
En medio de un suspiro añorante por parte del omega recorre su boca con una lentitud marcada, sus manos dudan, pero termine haciendo un camino desde la cintura hasta la espalda de Pablo, ganando un temblor por parte de él.
Cuando sus colmillos arden y salen entre sus labios, se detiene.
Pablo lo observa ido cuando lo aparta, el brillo de su saliva en los labios de él le presiona hasta el último punto de su razón.
No puede. No puede. No puede.
El omega baja la cabeza hasta sus partes inferiores, donde la excitación por parte de los dos era más que innegable. La duda le acecha, pero el calor que le provoca la mirada del alfa le motiva a alzarse y ponerse sobre las piernas de Robert. Sus manos detienen rápidamente la negación que ya esperaba por parte del alfa.
"Si no puedo hablarte del deseo que tengo por ti, deja que este cuerpo mallugado te lo muestre con la devoción que te tengo"
Robert muerde sus labios mientras busca sus ojos en la oscuridad que trae la noche que ya ha llegado. Pablo le toma las muñecas mientras dirige sus manos a levantar la ropa que le cubre. La piel del omega se eriza ante la rasposidad de sus dedos y el frío no le llega cuando toda la ropa cae a sus lados, olvidada e innecesaria ante la situación.
Pablo suspira mientras las manos calientes de Robert le tocan por su cuenta, y su cabeza se alza hacia atrás cuando los labios del alfa se adhieren a su pecho. Un espasmo ligero llega hasta el centro de su entrada, respondiendo con la humedad que trae la excitación que siente por la lengua de Robert sobre su piel. Su lobo añora el toque con más efusividad a medida que los besos y toques del alfa le consumen, prometiendo sensaciones placenteras más allá de su nula imaginación en esa aérea.
La presencia entre sus muslos se vuelve una realidad cuando menos lo espera.
—Pablo...—la voz rota de Robert le abraza entre las feromonas, la petición de un permiso es lo que pide. Pablo responde guiando el miembro de Robert entre esa zona inexplorada. El alfa gruñe cuando siente a su instinto tomar el control sobre cada poro de su piel, el fuego que trae la prohibición entre ellos es asfixiante y emocionante a escalas iguales.
El estar ahí, saber lo que hacen y continuar haciéndolo es simplemente excitante.
Pablo jadea cuando Robert exige sus labios en una demanda efusiva. Sus uñas se entierran entre los músculos de los brazos del alfa cuando siente el miembro del alfa abriéndose paso en él. Las lágrimas son inevitables, al igual que el ardor y dolor que le llega de inmediato. Sin embargo, ninguna sensación es comparable con la emoción que se adhiere a sus entrañas.
Cuando Robert se mueve en él su boca inhala un gemido extraño para sus oídos. Sintiendo el calor entre sus orejas ante el sonido se separa con vergüenza, la sonrisa sincera de Robert le saluda sin reproche alguno.
Pablo no siente cuánto ha sudado hasta que el alfa mueve un cabello húmedo sobre su frente con cariño. Es inevitable no responder a la sonrisa deslumbrante del alfa mientras le acaricia en reconforte, una disculpa silenciosa al dolor que su actividad le trae.
El dolor, el sudor y la impaciencia entre ellos le daban evidencia de lo que estaba pasando entre ellos. Y para Pablo se sentía bien.
Se sentía como vivir.
La prisa que tenían en un principio se desvanece gradualmente mientras sus ojos hacen contacto. Pablo observa la expresión intranquila y poco controlada cuando se mueve sobre Robert. El deseo crece y crece entre sus cuerpos, pero las embestidas eran lentas y certeras.
Robert le dejó tener el control—algo poco común para el primer encuentro entre un alfa y omega—pero no era menos apreciable. Disfrutaba la sensación del roce entre sus pechos y el calor en las partes que los une, y también se complacía por los jadeos broncos del alfa en su oído.
En algún punto Robert se da cuenta que se vuelven una maraña de placer y amatividad descontrolada. Las diferencias en encuentros anteriores y este estaban más que claros.
El amor por Pablo solo era un potenciador de las sensaciones desbordantes que sus cuerpos exhalaban en cada empuje, jalón y beso.
El éxtasis llega sin una predicción clara, y el placer le lleva a una culminación donde la necesidad de morder es dolorosa entre sus dientes.
La sangre...es el último sabor que rescata antes de hundirse nuevamente en Pablo.
—Innecesaria —gruñe Frenkie frente a Marc—, una innecesaria y molesta dieta.
Marc alza una ceja ante sus palabras, pero decide ignorarlo deliberadamente mientras sigue cortando el betabel entre sus manos. Frenkie suspira molesto y pone una mano sobre la barra que los separa.
—No la necesito.
—Lo haces —responde el alfa sin mirarle—, las vitaminas y la medicina están a tu izquierda, tómalas.
Frenkie baja los ojos ante el centenar de frascos que Marc le señala, la etiqueta de los laboratorios de los Hasmet les marca a todos ellos. Cuando su boca se abre para otra queja, Marc alza una mano hacia él.
—Cada comida...cada elemento de cada pastilla y jarabe, todo revisado más de tres veces antes de que pueda tocar tu lengua —dice al alfa con paciencia mientras le empuja el plato con una extraña masa de carne, verdura y fruta mezclada—. Güçlü omega, güçlü köpek yavruları [Omega fuerte, cachorros fuertes].
Frenkie siente su estómago estrujarse cuando el olor de la comida le llega de lleno. La bilis se junta entre sus dientes mientras su garganta se quema por la acidez del emesis que se aproxima. Siente a Marc seguirle cuando corre hacia al cuarto de baño más cercano con las manos sobre la boca.
Sus rodillas crujen cuando se inclina frente inodoro y vomita. Sus ojos empiezan a lagrimar por el esfuerzo y la sensación horrible que le trae escupir una y otra vez, la llegada de Marc dentro del baño solo empeora su malestar.
—Vete —exige disgustado.
Marc le mira desde arriba sin expresión alguna y Frenkie se cubre avergonzado, sus manos son apartadas con delicadeza una vez termina de vaciar todo lo que tenía dentro.
—No me mires —se queja con los ojos llorosos. Marc sonríe levemente mientras le limpia alrededor de la boca y nariz, sin palabra alguna solo se encarga de atenderlo. Cuando termina le ofrece un vaso de agua que se siente tibio.
—Este embarazo...—empieza con un tono extraño—, también es mío, deja que pase estos malestares a tu lado.
Frenkie le observa sorprendido, pero la inescrutabilidad en las facciones serenas de Marc le hacen imposible leer los verdaderos sentimientos del alfa. Aún así, la sensación de orgullo se muestra en una sonrisa delgada por la sinceridad que percata del alfa.
Lo está intentando, eso era suficiente.
—Si hubiese sabido que el sexo era tan útil para que fueras tan afable y condescendiente me habría ahorrado tantos malestares hace tiempo.
Marc niega serio y lo reprende con los ojos, pero su breve molestia no impide que lo levante en brazos y lo dirija al sofá. Una vez en la sala lo sienta con delicadeza y le arropa con una frazada olvidada que había a un lado.
—Prepararé algo más —anuncia tocándole el cuello—, algo que sea apetecible para los tres.
Frenkie le sonríe una vez más.
—Ese tono dulce es muy similar al que uso tu madre conmigo hace días.
Marc inclina la cabeza brevemente, desconcertado y extrañado por esa nueva información que no le habían dicho. Una tensión ligera se acentúa en sus hombros denotando su molestia, pero no dice nada y vuelve a caminar de regreso a la cocina. Frenkie se para y le sigue en silencio con la frazada aún cubriéndole.
Alá, que imagen tan básica de su especie debe tener en ese momento.
—Se disculpó —Frenkie aclara apresuradamente—, me dio un regalo —agrega cuando nota la ceja fruncida de Marc.
—Los aretes de Eylem —susurra Marc mientras camina entre los estantes de manera ágil. Frenkie ahora es quien funche el ceño.
—¿Cómo sabes?
—Al igual que el anillo, los aretes se encontraban en un almacén debajo del Palacio de Dolmabahçe, propiedad de mi familia —explica el alfa tranquilo—, solo Manuel, Ronald, mi madre y yo tenemos acceso a él —Marc le da una mirada rápida antes de seguir en lo que hace. Tú también, dice tácitamente con ella—. Me informaron de los movimientos de mi madre, pero supuse que donaría los aretes a alguno de los museos que controlamos en el continente.
Frenkie se siente ansioso de repente.
—¿Eran realmente valiosos para tanta seguridad?
—Aparte de una valoración de ochocientos mil millones, su obtención es de gran peso para el clan por su significado inicial.
Frenkie siente la necesidad de volver a vomitar de repente, la expresión inescrutable de Marc y la facilidad que tenía esa familia para hablar de cifras tan altas le sobreponía de nervios siempre.
—Bueno —carraspea ligeramente—, si con eso esperará a que me mantuviera tranquilo y tejiendo sobre el bulto de mi vientre, esta no muy lejos de estar equivocada.
Marc hace un sonido extraño ante sus palabras, de esos que se sobrentienden para ser algo cercano a una risa por su parte. La imagen que le ha traído Frenkie de estar acostado con estambre y aguja sobre un embarazo avanzado le causa una sensación indescriptible.
Podría verlo, la posibilidad de algo que no esperaba y que solo Frenkie hacía realidad, sentimientos y sucesos que Marc no esperaba para el resto de su vida.
Una pareja, sin tratos de por medio y obligaciones que cumplir, y ahora; una familia en la que refugiarse.
La probabilidad de eso, extrañamente, no le hacía querer huir de sus esperanzas.
Voten ❤️😭
Abordar los sentimientos de Robert y Pablo no es fácil.
Si se preguntan, la relación de Pablo y Robert era una bomba de tiempo. Sus lobos sabían que eran...pareja, pero esa emoción y presión la subyugaron dentro suyo.
Una intensidad así no tiene otra forma de explotar más que con la impaciencia y prisa.
Les adelanto el cap :)
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