
T R E S
Elliot Lennon
Reviso los mensajes que llegan a mi celular, al terminar sólo puedo fijarme en las tres chicas que llegan a la escuela de forma imparables. Sus cabellos se mueven con dirección hacia atrás gracias a la brisa y una sonrisa sobresale del rostro de dos de ellas.
Me fijo en la del medio acordándome de los golpes que aún siguen en mi rostro, no los he ocultado tan excelente como ella lo hace. Pero al menos admito que perdí.
Pasa por mi lado guiñándome un ojo para luego seguir su camino junto a sus ahora secuaces, de lejos escucho un bullicio y camino lentamente hasta ahí encontrando una pelea de dos chicas.
¿Todos los días deben pelear en este lugar? Siento una mano en mi hombro hasta que comienzan a halarme con dirección a la cafetería.
Me sientan en la silla rodeando la mesa para tomar asiento frente a mí. Las gemelas Moore me observan mientras Perséfone corre a donde está la pelea. Afrodita no aguanta y comienza a correr hasta ese punto dejándome solo con la psicópata endemoniada.
Candy Moore sin duda alguna es bonita, pero desde que abre la boca todo rastro de belleza se va. Es fría como el polo norte, manipuladora y sarcástica, ¿Qué se puede esperar de la rubia de ojos grises?
— ¿Para qué me trajiste hasta acá? —Bostezo.
Se encoge de hombros; — Sólo me enteré de que el niño bonito tiene lazos con la Mafia Moore.
Palidezco, una sonrisa burlona sobresale de su rostro queriendo levantarme e irme lejos de aquí, como por ejemplo a mi país natal, Rusia.
— Moore, no sé de qué hablas.
Me arroja fotos, videos y otras cintas donde claramente se ve haciendo tratos con la Mafia Moore. ¿Tan difícil es pasar desapercibido?
— Y esto, —arroja una chaqueta. La tomo percatándome de que es la mía— lo encontré en la oficina de mi padre, cuando reviso las cámaras para saber de quién es, oh, sorpresa. Es el chico al que le derroté dos veces en un mismo día. —Impacta su puño en la mesa queriendo provocarme miedo— ¿Qué tratados hacías?
— Señorita Moore, —Me levanto— con su permiso, pero es algo confidencial.
Doy media vuelta listo para marcharme. La dejo ahí, maldiciendo todo a su paso antes de que ella grite; — ¡Sabré muy pronto de que es, pero te quiero lejos!
Reí irónico encontrando en los pasillos a la directora echando a todos hacia el aula de clases, camino hasta la asignatura que me toca aguantando las palabras de motivación de la profesora de canto.
[...]
Arrojo las llaves en su lugar, cerrando la puerta tras de mí. Camino por toda la casa hasta encontrarla, sonrío acercándome.
— Hola, —Acaricio su cabello mientras salta hacia mi— oye, me haces cosquillas.
— Mami dice que la he alimentado muy bien —me sobresalto con la perra encima de mí, giro encontrando a mi hermana menor.
Bajo a la perra mientras mi hermana corre y me abraza, Coraline Lennon de trece años tiene una sabiduría increíble. Sabe que responderte sin necesidad de tartamudear, aprendió a leer a los cuatro años y, sabe cantar perfectamente. En estos momentos está en clases de Karate y de Ballet.
— Renacuajo, ¿Cómo van las clases de ballet?
— Muy bien, estaré protagonizando el lago de los cisnes.
Hablamos y reímos un rato hasta que su estómago suena, la llevo a su lugar favorito de comer, una pizzería familiar.
Cuando cruzamos el umbral varios rusos que están detrás del mostrador nos observan antes de salir para abrazarnos.
— Наконец-то они навещают нас —Pronuncia mi abuela, la recibo con un fuerte abrazo mientras continúo saludando a los demás. Coraline no deja de saltar de la emoción pidiendo su pizza favorita, tomamos asiento en un sillón al final del lugar.
«Наконец-то они навещают нас: Por fin nos visitan».
Minutos más tarde la campana del establecimiento suena, Coraline observa la puerta haciendo que yo también gire a ver. Frunzo el ceño.
Hago señas a mi tío indicándole con la mirada que aleje a Coraline de mí, capta de inmediato llevándola hasta otro lugar.
Frente a mí se coloca alguien importante, pestañeo adaptándome a su presencia en este mismo momento. ¿No debe llegar un mensajero? ¿Por qué él?
— Muchas preguntas deben pasar por tu cabeza ahora mismo, —Me señala acomodando su traje— Elliot. Te di una orden que no estás cumpliendo, ¿O quieres que te obligue de verdad?
— No, señor.
— Bien. —Acaricia el puente de su nariz— entonces deja de hacer absolutamente nada y ponte a trabajar, para algo te pago.
— ¿No es suficiente en...?
Golpea la mesa llamando la atención de algunos clientes; — Escúchame muy bien Lennon, no pienso repetir. Te di una orden que deberías estar cumpliendo y no estando aquí jugando a las tazas de té. —Endurece su mandíbula— Compórtate como lo que eres, porque no dudaré en ningún momento contarle todo a Candy.
— Señor, haré mi trabajo bien, sólo... —Se levanta provocando un sonido sordo.
— Está noche en mi dulce morada vas a ir y presentarte como lo que eres, ni más ni menos.
Comienza a caminar, lo detengo al pronunciar unas simples palabras; — ¿Y sí soy yo el que cuente sus sospechas?
Me observa por encima de su hombro; — Deberás tener los pantalones bien puestos por la guerra que se desatará. Sólo coloca bien atento, no sabemos qué puede llegar a hacer.
— ¿Y sí muere?
— Antes de mis hijas morir tendrás que sacrificarte primero, —Muerdo mi labio inferior— acuérdate, Lennon, ya prometiste algo. Ahora cúmplelo.
[...]
Candy Moore
— ¡Candy! —El grito de mi hermana hace que baje con arma en mano, al percatarme de que es para cenar la guardo colocándola en mi cintura.
Cenamos tranquilamente hasta que la ama de llaves llega con alguien siguiendo sus pasos, el tenedor queda a mitad de camino.
— Buenas noches.
Mi padre se levanta a recibirlo gustosamente, lo sienta en una silla cerca de él para así nos acompañe a cenar. No despego mi vista hasta que siento un golpe en mi pierna causado por Jhony.
Me sonríe, le enseño mi dedo del medio logrando que coloque una mano en su pecho. Drama on.
— Bueno, la cena estuvo muy rica, pero debo irme.
— ¿A dónde vas? —Cuestiona mi padre con dirección a Jhony.
— Tengo asuntos los cuáles debo atender.
— ¿Puedo ir? —Niega.
Se marcha, mi hermana comienza a contar chistes absolutamente malos impacientándome, logrando que coloque una mano en su boca.
— Ya, Clon.
La noche transcurre en un incómodo ambiente, mi padre está con la máxima expresión sería y mi madre no deja de mirarlo tratando de buscar algo, que, a sinceridad, ni yo misma sé.
Sin esperar, se levanta de la silla caminando hasta mi madre llevándola consigo, Elliot camina detrás de ellos hasta perderse por la puerta.
Me levanto junto al Clon para caminar hasta el gran jardín. La brisa fresca junto a la noche estrellada nos recibe.
— Esto está aburrido, —Afrodita teclea en su teléfono. Conecto mis auriculares con el celular para escuchar de la buena música, sigue su parloteo y yo simplemente subo más el volumen.
De un tirón me levantan del césped llevándome a rastras con dirección al interior de la casa, sigo cantando sin tomarle importancia a lo que está sucediendo.
No debí. A mi cuerpo se lanza una enana, mis audífonos caen al igual que mi celular, gruño fuertemente.
— ¡Perséfone! —Quería tener amigas, pero aquí estoy yo, con alguien que me conoce lo bastante bien que sabe cuándo me sucede algo. Lanzo su cuerpo a un sillón.
— ¡Candy Moore! —Grita alguien a mis espaldas, giro levemente encontrando a mi madre de brazos cruzados observando a Perséfone en el mueble, sin embargo, se acerca a abrazarla y luego comienzan a hablar alegremente.
¿Por qué tiene que ser tan feliz? Preguntas que no me dejan dormir en toda la noche.
Afrodita nos lleva hasta su habitación decorada de un color rosa, arrugo mi rostro tapando mi nariz al olfatear el olor de un perfume de fresas.
— Qué asco con tus gustos.
— Qué asco los tuyos. —Perséfone se lanza en la cama del Clon, abro el armario de Afrodita encontrando ropa rosa, verde, amarillo, azul, violeta... colores lo bastante exagerados.
Tomo asiento en la silla del escritorio, encima de este hay una foto de nuestros padres y ambas sonriendo a la cámara. En el medio de nuestros padres estaba un chico ya mayor de edad abrazándolos por los hombros a ambos.
Observo la otra foto donde nos encontramos Perséfone, Afrodita y yo vestidas con un traje de baño, frente al mar.
En otra estamos Afrodita y yo abrazadas por los hombros mientras atrás se encuentra el mismo chico de la foto pasada. En esta foto él sonríe tierno mientras nos observa.
Frunciendo el ceño giro a ver a mi hermana; — ¿Quién es él?
— No sé. —Aunque no le creo nada, decido callar.
Pronto sabré quién es él.
[...]
Una semana después
Furiosa camino por los pasillos del instituto alejando a cada persona qué pasa frente a mí. Llego a la cafetería. Localizo mi objetivo, me acerco impactando mi puño en la mesa ganando la atención de todos.
Me observa con diversión, levanto mi mano golpeando su rostro. En la mesa dejo el sobre con las fotos que llegué a conseguir, sin esperar más, salgo de ahí.
Tomo mi celular entre mis manos llamando a mi padre. Tiene que estar loco. De lejos se puede apreciar la feria de libros que hoy está pautada aquí, luego iré a la parte de misterio/acción.
— Candy, ¿Qué sucede?
— ¿Crees que soy idiota o nací ayer? —No lo dejo responder— Moore, ¿No confía en mis habilidades que envía alguien de seguridad?
— No es seguridad, será tu nuevo escolta. Estará ahí en todo momento. —Maldigo unas cuantas veces— Candy, él sabe bien su trabajo.
— Podía ser Jhony, ¿Por qué no mejor él?
— ¡Ya decidí tú escolta, deja de refutarme que te recuerdo que el que manda aquí soy yo! —Aprieto mi mano— trata bien a tu escolta.
— No.
— ¿Quieres que comience a poner mano dura? Candy Moore, ya basta con tus niñerías, esto es importante; hay cosas en riego y en esas cosas, estás tú. —Aprieto mi mandíbula— Ahora ve, acércate a Lennon y deja de comportarte como una cría.
Pensaba colgarle cuando vuelve a hablar; — Lennon es mejor para ser tú escolta que Jhony, deja de desconfiar de él, tiene más talento que tú. Y que no se te olvide que en este momento corres peligro.
Cuelga. Comienzo por caminar, pero soy retenida por Perséfone.
— ¿Me puedes llevar en la espalda?
— ¿Tus piernas ya no funcionan o qué? —Hace un puchero, ruedo los ojos bajando, permitiendo que suba. Aterriza en mi espalda pasando sus brazos alrededor de mi cuello, comienzo a caminar.
Algunos me miran, con ella encima camino hasta la parte de Misterio/Acción de la feria del libro, leo un buen rato mientras Perséfone sigue en mi espalda.
Dejo los libros en su lugar, luego Perséfone baja pegada a mi como un chicle. Sonríe saludando a cada persona qué pasa por su lado, es tan irritante.
De lejos observo como un chico tapa la boca de la chica, alzo ambas cejas al ver las personas. Paso por el lugar escuchando la discusión que tienen, luego todo se vuelve silencioso.
— Hola, —Saludan dos chicos, de mala gana respondo— ¿Conoces a esta chica?
Muestra una foto, la observo para después asentir y señalar el lugar donde debe estar. Halo a Perséfone para seguir caminando, percatándome de que uno de los chicos ha comenzado a seguirme.
— ¿Se te perdió una igual que yo? —Ríe negando, pasa de largo y se marcha.
— Bestia rubia —Volteo. Lennon sonríe sarcásticamente, iba a responder cuando Afrodita llega.
— Nosotras dos nos vamos. —Se lleva a Perséfone.
Camino siendo seguida de Lennon, el celular vibra en mis bolsillos logrando que lo saque verificando un mensaje de mi padre. Ruedo los ojos al leer.
«Recuerda; te seguirá a todas partes, tienes que tratarlo bien. Conozco tu actitud de mierda como también sé que eres capaz de colgarlo de un árbol. No quiero líos entre ustedes son, se llevarán como si fueran amigos de la infancia... cosa que sí es cierto».
Espera, ¿qué?
El sonido de la hora de despacho llega, corro hasta el estacionamiento y subo hacía mi Hummer. Mi padre hoy decidió que viniera en ella, arranco sin esperar a nadie, subo el volumen de la radio cantando a todo pulmón.
Siento una respiración en mi nuca seguido de un soplón, me estremezco. En un movimiento rápido detengo el auto y giro a ver si hay alguien dentro.
Confirmado, en los asientos traseros se encuentra Elliot mirándome fijamente. Ok, eso da miedo.
— ¡¿Qué demonios haces aquí?!
— Te recuerdo que desde ahora en adelante tienes que ir conmigo a todas partes.
— Jodete.
— Te escuché. —Vuelvo a retomar mi camino, mientras sigo cantando a todo pulmón las canciones que pasan, Elliot se encuentra tarareándolas.
— Cantas horrible, ¿No te enseñaron a cantar, Niño bonito?
— Al menos canto con sentimientos.
Pego un frenazo cuando estaciono en mi hogar, su cara choca con el asiento comienza a gruñir, para luego apartándose y bajar. Abre mi puerta.
— Puedo sola.
Agarro mi mochila para después salir y cerrar la Hummer, caminamos en silencio hasta entrar a mi hogar. En la sala se encuentra Jhony usando su celular, alza la cabeza haciendo un leve gesto levantándose para caminar hasta aquí. Se detiene al ver a Elliot.
— Vaya, no creí que tuvieras amigos.
— No es mi amigo. —Digo entre dientes.
— Sí somos. —Toma demasiada confianza posando su brazo por mi hombro— ¿Y el Señor Moore?
— No se encuentra. —Gira volviendo a posar su trasero en el sillón.
Pellizco el brazo de Elliot, me suelta. Recorro la casa buscando algo importante o más bien, alguien importante.
No encuentro nada, lo que quiere decir que de verdad no está aquí. Voy hacía el jardín sentándome en el césped.
Cierro los ojos mientras voy recostándome, sintiendo la brisa fresca en mi rostro, el crujir de las ramas me hace abrir los ojos de golpe.
Analizo todo el perímetro con la mirada dándome cuenta de una sombra. Una figura que ahora ya conozco muy bien. Me levanto.
«Esto se va a poner feo».
——————————
¡HOLA, PERSONITAS DEL MISTERIO!
¿Cómo les trata la vida?
No haré mis típicos listines hablando pendejadas, sólo paso para decir ✨Candy✨ Okno.
Hasta aquí mi pequeño reporte.
Con amor: este intento de Escritora🐅🖤🐅
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