
S E I S
Narrador omnisciente
Los cotilleos no se hacen esperar cuando Carmen hace su entrada de nuevo en el salón, ella, lo bastante preocupada no sabe qué hacer. Mordisquea su dedo caminando por todo el lugar sin parar.
Una joven de aproximadamente veintiséis años le entrega un té tranquilizante, le sonríe amablemente antes de llevarla con ella a una silla cómoda.
«Esto es lo necesario». Dice Carmen en sus pensamientos, aunque esté nerviosa sabe que fue lo mejor. Se alejó de algo que técnicamente le estaba haciendo daño, en la mafia Moore, aunque lo ocultara, estaba sufriendo por ver a su hija convertirse en alguien que ella no quería.
El jefe sin importarle nada, simplemente le opino que se marchara del lugar. A él también le dolió, cada noche se queda observando la puerta como sí Carmen la abriría y se lanzará a sus brazos como hacía siempre, pidiéndole que le de cariño como él hacía.
Carmen de un tirón baja el té apartando las lágrimas que albergan en sus ojos, ¿Por qué duele tanto esto? La joven anterior acaricia su espalda tranquilizándola, pero no del todo cuando unos disparos se escuchan cerca.
— ¡Un carro se volcó! —Grita una señora mayor de edad entrando rápidamente en el lugar. Los presentes se levantan a observar todo por la ventana, efectivamente es correcto lo que acaba de decir aquella señora.
Carmen dirige sus pasos a la velocidad de la luz hacia el teléfono más cercano, marca el número de emergencia tratando de que lleguen lo antes posible. Los presentes salen ayudando a socorrer a las personas del auto, la mujer al percatarse de quienes se tratan grita de terror.
«No, no, no. ¡Esto debe de ser una broma!» Se dice la mujer. Los presentes niegan tristemente por lo sucedido.
La ambulancia llega llevándose consigo al hombre que está lo terriblemente mal, la mujer que iba junto a él está herida.
Momento, el hombre no se parece en nada al Señor Steele. Piensa Carmen, pero no menciona nada.
La escena le repugna a Carmen, la hace correr al interior de la vivienda hasta un baño. Vomita todo lo que ha ingerido hasta levantarse y lavarse la boca.
Corre por el lugar hasta llegar a un teléfono, marca el número del jefe de la mafia. Los presentes aparecen acomodando algunas cosas antes de marcharse a sus habitaciones.
— ¿Carmen? —La ilusión del señor Moore vuelve, cree que ella lo está llamando para querer volver, pero es todo lo contrario.
— El señor Steele, —La mujer casi no puede hablar, las palabras se traban. Aunque de lejos vio que no se parecía en nada al Señor Steele, prefiere informar lo que vio a su esposo— y la señora Thompson...
— Nena, ¿Qué sucede con ellos? —El señor no puede ocultar la desilusión de esa llamada, no sabe que en pocos segundos recibirá una noticia que lo puede poner los pelos de punta. Chasquea sus dedos— ¿Carmen?
— ¡Le dispararon, el carro se volcó y se los llevaron al hospital!
El jefe de la mafia cuelga, se levanta como un resorte de su asiento antes de correr por el lugar, varias personas lo custodian cuando él aborda su auto. Arranca hasta el hospital que ellos están encargados de ingerirse, en un proceso rápido llega finalmente.
Se abre paso entre algunas personas mientras quiere marcharse a otro continente, sabe que todo se puede joder con Jacob fuera de todo esto.
— ¡Catalina! —El grito del señor hace que la recién nombrada volteé con lágrimas en los ojos. Tiene algunas heridas en la frente, codo y rodilla. Su cabello está alborotado y su expresión muestra una trágica forma.
— Moore, —Solloza, ella más que nadie sabe que el señor era alguien importante. Como el mejor amigo de Jacob, pero ahora teme por lo que le ha derrapado el futuro. Aunque ella más que nadie sabe el estado de Jacob— no lo quiero perder.
Moore sin dar mucho afecto, acaricia su espalda lentamente, luego se aparta observando a la mujer; — Él estará bien. Ahora quiero que busques a tus hijos, deben saber esto.
— Estoy herida, no puedo. —La mujer tiembla, mordisquea su labio superior con nerviosismo antes de girar su cabeza ante Moore.
— Thompson, debes buscarlo, eres fuerte. —Pasa su mano por su rostro— Son una familia y deben estar unidos en este momento.
Aunque Catalina está lo bastante herida toma fuerzas de donde casi no las hay emprendiendo la búsqueda de sus hijos. Sabe más que nadie que Moore simplemente está ahí por su pequeña gran amistad.
[...]
Por otro lado, está Candy bostezando sin parar con Lennon jugueteando con el perro. En este momento se encuentran en el patio del gran lugar, esperando respuestas de la salud de Steele.
— ¿Tienes hambre? —Pregunta Lennon hacia la persona que debe proteger, ella asiente bostezando otra vez.
A caminos apresurados se marchan hasta una cafetería lo bastante apartada, toman asiento esperando que elegir. No obstante, la rubia decide por lo primero que encuentra, pidiéndolo al instante.
— ¿Y tú hermana? —La rubia pregunta de repente, el varón alza su cabeza rápidamente. Conecta su mirada con la rubia sintiendo nerviosismo, él no había mencionado nada de su hermana. El rostro de la joven muestra una sonrisa burlona, lleva un mechón de su cabello hasta atrás de su oreja mientras espera una respuesta por parte de Lennon.
— ¿Qué sabes de ella? —Titubea el chico, carraspea colocándose firme ante su acompañante.
— Oh, casi nada —La rubia observa el alrededor—. Sólo sé que tienes una hermana llamada Coraline Lennon de trece años que va al ballet y está en karate. Nació en Rusia y es la niña que más amas.
Analiza sus uñas como si fueran más importantes. Lennon toma su barbilla.
— ¿Quién te...? —No lo deja culminar por la interrupción de la mesera.
Comen en silencio, pero Lennon está angustiado. Que Candy supiera eso puede colocarlo en desventaja. «O quizás no».
[...]
Al culminar su comida Candy simplemente paga antes de levantarse, Elliot también ha aportado en la cuenta. Camina tras de ella a pasos acelerados, la joven Moore tiene algo en mente que es expuesto ante él.
— ¿Puedo verla?
— ¡No! —El grito que ha soltado provocó la atención de varias personas. La rubia agacha su cabeza soltando unas lágrimas mientras solloza. Lennon maldice al percatarse de lo que ha hecho y lo intenta remediar. — Ok, vamos a verla.
La rubia levanta su cabeza limpiando sus lágrimas falsas y entrando en la camioneta, el pelinegro queda incrédulo. Entra frunciendo el ceño percatándose de uno de los factores que no debió de olvidársele.
«Lennon, Candy suele ser manipuladora. No te dejes llevar por muchas cosas.» Esas eran una de las advertencias del jefe, pero él no las tomó lo suficientemente en cuenta. Ahora se arrepiente.
La casa de Lennon se ciñe sobre ellos cuando aparcan fuera, salen caminando por el frondoso lugar. En la entrada Lennon abre dejándola pasar, en pocos minutos llegará su hermana de sus clases.
Toman asiento en los cómodos sofás, y en los minutos siguientes llega Coraline junto a la persona que está a su cargo mientras los padres no están. Le hace entrega de todo al joven antes de ella marcharse.
— ¡Hermanito! —Grita la pequeña corriendo hasta su hermano mayor. Él la alza llenando sus mejillas de besos para después percatarse de que la joven Moore ha admirado todo.
La pequeña aún en brazos de su hermano clava su vista en la rubia que yace de piernas cruzadas en el sofá. Baja. Camina hasta la rubia extendiendo su mano delicada.
— Hola, mi nombre es Coraline. —La rubia acepta su saludo—. ¿Cuál es tu nombre?
Para ser una chica de trece años es muy amable en muchas cosas y es lo que más le sorprende a Candy.
— Candy.
— Te llamas como un dulce —se carcajea— ¿Quieres ver mi colección de libros?
— ¿Tienes una colección de libros? —Pregunta la rubia sorprendida. Esta chica es lo máximo.
— Sí. —toma su mano llevándola hacia las escaleras, luego grita— ¡Te devuelvo a tu novia enseguida!
Lennon las observa alejarse, rueda sus ojos después de percatarse de lo que ha gritado su hermana menor. Se dirige a la cocina tomando un vaso de jugo, tiempo después las chicas bajan.
— A tu novia no le gusta mi habitación pintado de Barbie. —Se queja Coraline con un puchero en sus labios y de brazos cruzados— Dice que Barbie es estúpida.
— Moore. —Advierte el chico. Ella rueda los ojos antes de suspirar y observar a la hermana menor de Lennon.
— Tú habitación es... —Busca la palabra adecuada— linda.
Miente descaradamente. Todos saben que la habitación es un rosa fuerte que puede causar hasta migraña, las imágenes de Barbie causan asco y la ropa de la pequeña son bastantes coloridos. Colores que odia la joven Moore.
— Lo único que te gustó fue los libros. —Moore asiente.
— ¿Y sí vamos de compras? —La hermana de Lennon salta de emoción antes de irse feliz a tomar un baño, Lennon por su parte busca cosas adecuadas de llevar y Moore espera. Tiempo después ya están abordando la camioneta.
[...]
Candy Moore
El gran centro comercial de Londres se ciñe sobre nosotros, la pequeña hermana de Lennon salta de la emoción. Es pequeña de tamaño, pero una sabiduría increíble. Camino recto hasta una tienda que me encanta visitar, donde yacen las mejores marcas de ropa y hermosas.
Mis pisadas llaman la atención de una morena con anteojos, el uniforme de la tienda se ajusta en ella haciéndola lucir espectacular. Me sonríe amablemente, se acerca.
— ¿Necesitan ayuda?
— Con este precio compro una vivienda en Dubái —El susurro de Lennon llama mi atención, Coraline arruga su rostro observándolo. Por mi parte vuelvo a prestarle atención a la morena.
— Por el momento no. —Asiente sonriente antes de alejarse a atender a otra clienta.
Tomo una cesta llenándola de mucha ropa que en este momento me mediré —menos la ropa interior, ya que está prohibido—. Mi cabellera rubia comienza a estorbarme provocando que haga un moño improvisado y continúe.
— Candy, con esto compramos siete viviendas en diferentes lugares. —El pelinegro sigue con su discurso de que es mucho dinero, me introduzco en un espacio para poder probarme la ropa.
Cada ropa que elegí se presentó hacia las personas que me acompañan. Al culminar vuelvo a colocarme mi ropa saliendo con la cesta.
— Ven, —Tomo la mano de la pequeña Lennon. La llevo hasta el lugar donde hay ropa que sí le sirven, queda fascinada cuando ve ropa de todo tipo de color y diseño— elige el que desees.
— Moore, no aceptaré eso. —Opina el aguafiestas de Elliot, ruedo los ojos antes de girarme.
— Escúchame. Puedes elegir lo que desees, yo pago.
— ¡No! —Coraline se sobresalta al igual que una mujer de mayor edad que andaba deambulando por el sitio. Sitúa su mano en su pecho acariciando la zona mientras se marcha soltando maldiciones, su acento dominicano la delata de donde es. Agacho mi cabeza fingiendo ser inocente, suspira con cansancio. —Está bien, tú ganas. Pero en la próxima es mi turno.
Pasamos aproximadamente tres o cuatro horas más antes de salir de la tienda. Coraline se antoja por un helado siendo consentido por su hermano.
Ya en el estacionamiento. Localizamos la Hummer subiendo en ella y colocando algunas canciones. Recibo una llamada de mi padre siendo atendida de inmediato.
— Murió. —Cuelga.
En un leve segundo me torno más pálida que de lo normal, Elliot se percató de eso, no pregunta.
Llevamos a su hermana a la casa organizando sus cosas en su habitación, sus padres hablan con ella y por leves segundos conmigo. Con pasos acelerados tomo el asiento de la Hummer después de librarme de los padres de Elliot.
— Moore, ¿Qué sucede? —Enciendo la Hummer.
— Jacob Steele está muerto, debo colocar algo en su lugar antes de volver a casa.
— No dejaré que cometas una locura —menciona subiendo en el asiento copiloto— Estás en mi cargo, por ende, mi deber es protegerte.
— No será algo, "peligroso" —hago comillas en el aire.
— No importa, sólo arranca o no nos iremos nunca de aquí. Decide, Rubia.
A una gran velocidad conduzco para llegar al paradero del idiota que se atrevió a cometer algo como esto. Aprieto el volante logrando que mis nudillos se tornen más blancos, estaciono en un bosque con árboles frondosos que llegan alto.
En la lejanía se aprecia una mini casa con pequeñas escaleras fuera de esta. En ambos lados se encuentran unos guardianes que simplemente cabecean por la falta de sueño.
De una motocicleta baja la persona que quiero olvidar que alguna vez llamé primo. Pasa su mano por su cabello antes de bajar sonriendo como idiota.
— ¡Esto se merece un festejo! —Grita. Bajo con arma en mano empuñándola con fuerza, Elliot toma mi brazo negando.
— Es peligroso.
— Peligroso estará todo esto cuando sepan que han desatado un poco de mi furia.
— Moore.
— Sí no me ayudaras y te irás como cobarde, hazlo, todavía tienes tiempo.
Me giro avanzando con pasos firmes, lanzo un disparo que cae cerca de él. Voltea a observarme con una sonrisa.
— Prima que alegría verte, —No continúa su parloteo cuando corro hasta él. Abre sus brazos esperando que lo abrace, se lleva todo lo contrario cuando arremeto golpeando su rostro y abdomen.
— Escúchame, pedazo de insecto. En este momento acabas de cometer la locura de tu existencia, —Las personas que deberían resguardarlo se acerca acorralándome. Saco una navaja enterrándola en su pierna izquierda, grita del dolor.
— ¡Soy tu primo mayor y deberías respetarme! —Siento un pinchazo en mi brazo derecho, observo la zona adolorida donde está situada una flecha.
Esto va dándome sueño, pero no me permito caer. Lanzo un disparo en la cabeza de cada ser que intenta acercarse a herirme.
— Espero con todos mis deseos que Dakaria te destruya. —Sostengo la flecha sacándola del lugar. Reprimo el grito.
— ¡No sí la destruyo primero!
— ¡Asco es lo que das! —Grito con las pocas fuerzas que van quedando, veo unos pequeños puntos negros— te odio con toda mi alma.
Digo antes de desplomarme, cayendo en unos fuertes brazos que me sostienen. — Te dije que era peligroso, pero terca al fin.
Es lo último que escucho. Todo se torna oscuro para mí.
[...]
Elliot Lennon
Sujeto la rubia que yace inconsciente en mis brazos, el Rey se ha marchado dejando sangre tras su paso. Me levanto con la chica llevándola hasta la Hummer, abrocho su cinturón de seguridad antes de entrar por el lado del conductor.
Paso una de mis manos por mi cabello negro como la noche, respiro profundo observándome en el espejo. Mis iris verdes lucen con un brillo de temor, sé que en nada debo fallar ni dejar que a la rubia le hagan algo.
Enciendo y parto. El camino se me hace eterno, Candy no despierta y eso comienza a preocuparme, no llevaré a una muerta ante el jefe de la mafia.
Mi dedo va hacia su nariz, siento como respira y así me relajo. Continúo el camino antes de ir a un puesto de comida, pido las cosas y sigo con el recorrido.
La rubia no despierta cuando estacionamos, bajo desabrochando su cinturón alzándola en brazos llevándola conmigo.
Algunos escoltas me miran con el ceño fruncido, otros preocupados por lo que están observando. La ama de llaves, una mujer con cabello cobrizo, ojos grandes con un marrón oscuro en ellos y, una estatura común. Me abre la puerta guiándome dentro preocupada por lo que está presenciando.
— ¿El jefe? —Señala el pasillo que lleva a su oficina— Gracias.
Asiente, pero antes de dejarme avanzar ella habla; —¿Candy está bien? —Muerde su labio inferior con nerviosismo.
—Sí, Antonella. —Suspira— O eso creo.
— ¡Elliot! —Se torna roja, se marcha dejándome solo en medio de la enorme sala.
Avanzo hasta la oficina del jefe esperando lo peor cuando vea a su hija que yace inconsciente. Con el pie toco la puerta escuchando la aprobación frustrante del jefe.
Entro al lugar preparándome para sus gritos; —Moore.
Se gira. Lleva sus manos al escritorio levantándose lentamente mientras observan a Candy. Su cabello con algunas canas y los ojos grises me hacen querer girarme y marcharme.
— Ok, imaginaré que están haciendo una broma. —Niego lentamente— ¡¿Que hicieron, Lennon?!
— Señor, Candy decidió ir donde su primo y...
— ¡No quiero excusas baratas! —Toma un bate de béisbol— ¡Es tú deber cuidar que ella no haga estupideces!
— Sí, señor —Sigo con Candy en mis brazos—. Pero sabe cómo es ella, no iba a escucharme.
— ¡¿Eres su escolta o su títere?!
«Ambas, señor». Pienso, pero no lo digo.
— Señor, no volverá a pasar. —Digo firme.
— ¡Largo de mi vista!
— ¿Dónde la coloco?
— En mi cabeza, ven —Responde con ironía— ¡En su habitación!
No digo nada más y me retiro. Camino hasta su habitación encontrándome en el camino a su hermana que está en el suelo en pose fetal con una carta entre su pecho. Trato de hablarle, pero simplemente se levanta y se encierra en su habitación.
Entro en la habitación de Candy. La coloco cuidadosamente en su cama mientras enciendo el aire y quito los accesorios de sus pies. La arropo.
Antes de salir apago las luces y cierro. Bajo, busco las bolsas y vuelvo a subir con todas ellas hasta llevarlas a su aposento. Dejo la comida que compré en su escritorio, y las bolsas de la ropa en un mueble que se encuentra en una esquina del lugar.
[...]
Doy dos besos en la mejilla de mi hermana antes de abordar mi motocicleta e irme hacia un lugar de encuentro que hoy tengo con los Moore. Dos semanas después de lo sucedido.
Justamente hoy nos dirigiremos hacia la agencia de los Steele, el jefe no le teme a nada. Adquiere varios escoltas y entre ellos estoy yo para estar al tanto de su hija.
Evalúo el lugar de encuentro. Las motocicletas de algunas personas se encuentran aquí y la camioneta negra blindada del jefe está estacionada a varios metros de distancia de donde estoy.
La cabellera rubia de la hija Moore sobre sale entre todos. Bajo con cuidado hasta tomar su antebrazo, se zafa gruñéndome.
— No me toques, Lennon.
— ¡Andando! —Grita el jefe Moore, sin permitirme responderle de "bonita" manera a su hija.
Subo otra vez en mi motocicleta sintiendo el peso de Candy detrás, enciendo para después partir hacia la agencia. La velocidad en la que nos movemos me encanta, hace que mi cuerpo se sienta libre y no con unas ataduras invisibles.
— Lennon, vas a paso de tortuga —Se queja la rubia a través del micrófono que contrae el casco de seguridad. Resoplo subiendo la velocidad llegando al lugar más rápido. Es de noche y ella no comprende esa parte.
El jefe baja siendo seguido de los que vinimos con él. Algunos agentes nos observan con el ceño fruncido, mientras otros están afligidos por la muerte de Jacob. Una niña pequeña corretea por el lugar siendo perseguida por un chico posiblemente de mí misma edad.
Continuamos nuestro trayecto hasta que en la mitad nos encontramos con la hija y esposa, ahora viuda de Jacob Steele.
— Quiero recorrer el lugar —Susurra Candy, bajo mi mirada hasta ella.
— Yo también. —Susurro de vuelta— Vamos.
Sin que se den cuenta nos alejamos recorriendo todo, cerca de rastreos encontramos a un chico pelirrojo que para mí información, estudia en el mismo instituto que yo.
Alto, más o menos fornido, mandíbula marcada, cabello rojo se visualiza algo sedoso y los ojos de diferentes colores. «Logan Black».
— Pobre chico. —Escucho la voz de Candy, la observo—. Jhony era su amigo, lo hirió de la peor forma.
— ¿Cómo? —Pregunto con cierta curiosidad mientras nos devolvemos, ya no hay ningún mafioso. Nos retiramos del lugar abordando la motocicleta.
— Era su mejor amigo, —comienza a relatar Candy a través del micrófono del casco. Presto atención mientras conduzco— pero había una chica, Kira Susana si no mal recuerdo. Era la novia de Logan, pero eso no le importó a Jhony cuando entrometió en la relación liándose con la chica. —Calla un momento antes de seguir—. Al chico le avisaban del engaño, pero él ciego por algo tan estúpido como el amor, no le creyó a nadie. —Suelta un resoplido— Cuando pudo darse cuenta de la realidad se marchó de donde antes vivía.
— ¿Qué pasó después?
— Sí serás chismoso —Golpea mi hombro—. Jhony volvió aquí.
— Okay, ¿Pero y la chica?
— Ah, ella —guarda silencio un momento—. Se fue con el Rey.
Freno de golpe cerca de un parque desolado. Me giro encarándola mientras ella está observando el alrededor despreocupadamente.
— ¿Qué? —Dice— Fue así.
— ¿Son pareja?
— No —Niega con su dedo—. El Rey tiene una obsesión por la niña fresa. Pobre chica. —Iba a hablar cuando niega, dando por terminada la charla.
A veces me pongo a pensar en los engaños qué hay entre parejas, pero siempre llego a la misma pregunta. Si ya no amas a alguien, ¿Por qué no simplemente se lo dejas en claro y acabas la relación? Así no hay tantos problemas cuando él o ella confiesan que han engañado.
Por mi parte pienso que es horrible ser traicionado o traicionada por la persona que amas.
También se puede arruinar una relación por falta de comunicación, atención y entendimiento. Hay personas que llego a ver en las calles agarrados de la mano sonriendo felizmente, pero ¿De verdad muchas de ellas son felices en la relación o simplemente fingen serlo?
Lo sucedido entre eso queda latente en mi cabeza, no me puedo fiar de personas como Jhony. Y tampoco nunca me fiaré.
Estaciono la motocicleta bajando junto a Candy, silba llamando la atención de su tesoro más sagrado. Corre hasta ella.
— Vamos, entremos. —Se van alejando uno al lado del otro dejándome plantado como idiota afuera. Candy gira. —¿Te quedarás ahí como imbécil o comenzarás a caminar?
Avanzo, pero no mucho cuando una voz chillona sale de un mini cooper. Candy reniega y yo acaricio mi sien. Una morena esbelta y cabello rizado, se lanza hacia la joven Moore.
— ¡Prima! —En un santiamén la rubia aleja a la morena, dando una vuelta y adentrándose en la vivienda. Camino hasta la puerta.
— Buenas noches —Dice, respondo el saludo antes de entrar.
En la sala se encuentra el jefe teniendo una disputa con su hija. Detrás de mí aparece la morena y el señor calla abruptamente.
— Viviana —El señor se levanta acercándose. Antes de decir algo me echa del lugar recalcando que regrese después.
Tiempo después ya me encuentro en mi cama listo para dormir, pero escucho el grito de mi hermana. A toda prisa me levanto sintiendo un leve mareo. Después corro hacia la puerta abriéndola y yendo hacia su habitación.
Abro encontrándola, abrazando sus piernas mientras llora. Me acerco, me observa y se lanza hacia mí.
— Me acaban de... agarrar las piernas y arañarme —Visualizo la zona dando por hecho lo que menciona, la abrazo más fuerte cargándola en mi espalda hasta la habitación de mis padres. Toco la puerta y nadie abre, giro el pomo de la puerta. Y efectivamente, no hay nadie.
Bajo a la cocina sirviendo un vaso de agua para entregárselo a mi hermana, se lo toma y después vuelvo con ella en mi espalda hasta mi habitación.
Cierro la puerta y enciendo la pequeña lámpara de mi escritorio, está alumbra lo suficiente dejándome ver aún más la piel rasgada de mi hermana. Coraline tiembla del miedo a cada nada, voy al baño por una pomada, cuando vuelvo a la cama se la coloco sutilmente.
— ¿Viste a alguien? —Niega.
Termino mi labor llevando la pomada a su sitio, lavo mis manos y regreso. Coraline se acurruca cerca de mí, la abrazo logrando que se tranquilice.
— ¿Y si hay fantasmas?
— No los hay, tenlo por seguro.
«O eso espero». Pienso.
Minutos después mi hermana yace dormida, pero yo sigo con los ojos bien abiertos. Con una mano tomo mi celular revisando mis redes sociales y la última foto que subí, donde me muestra subido en la motocicleta vestido de negro.
Siento mi móvil vibrar entre mis manos, una llamada de la rubia inmadura. Contesto.
— ¿Qué? —Digo en un susurro tratando de no despertar a Coraline.
— Baja y abre la puerta, me estoy congelando.
— ¿Qué? —Pregunto alarmado— ¿Qué haces en estos sitios a estas horas?
— Sólo baja, Lennon. Mi prima la castrosa no deja de presumir sus logros.
— ¿Y no podías ir a otro sitio? —Pregunto con fastidio— Candy, no puedo bajar.
— Romperé la cerradura.
— No —digo de inmediato, esta chica está loca. Doy la dirección de un lugar donde puede fácilmente entrar a la casa.
— Ahora, ¿en qué parte estás?
—En mi habitación con Coraline.
Me cuelga, segundos después escucho sus pasos que ya conozco lo suficientemente bien. Luego tocan la puerta de mi aposento. Me levanto con cuidado abriendo a la rubia que simplemente entra con una pijama de calaveras.
— Dormirás en el sillón. —Señalo.
Se encoge de hombros, vuelvo a la cama, siento como Coraline se levanta levemente y abre sus ojos observando el alrededor.
— Sigue durmiendo. —Digo.
— ¿Qué hace la que odia a Barbie aquí?
— Nada, sigue durmiendo. —Dice Moore. Coraline frunce el ceño y vuelvo a recostarse. Queda completamente dormida. Apago la luz de la lámpara dejando todo en penumbras.
Coloco un brazo en mis ojos conciliando un poco el sueño, minutos después escucho la voz de Candy. Gruño.
— ¿Qué? —Pregunto malhumorado.
— ¿Puedo dormir allá? —Resoplo.
— Haz lo que quieras.
La escucho levantarse y acostarse del lado de Coraline, ahí por fin concilio el sueño y cuando vengo a despertar ya Candy no está. Leo una nota qué hay en mi escritorio.
«Recuerda pasarme a recoger en mis clases. Adiós, Lennon.
Me levanto desperezando mi cuerpo, con lentitud despierto a mi hermana que se levanta estrujando sus ojos. Va a su habitación con miedo y se baña, alista saliendo arreglada.
Mientras ella se aseaba yo me arreglaba, bajamos las escaleras. Cuando llegamos a la planta baja caminamos hacia la cocina y preparo el desayuno.
— ¿Cómo siguen tus piernas? —Pregunto.
— Bien —Es lo único que responde. Averiguaré quien le hizo eso.
Le hago entrega de su desayuno, apruebo el mío y al finalizar nos cepillamos los dientes. Con Coraline abordo la motocicleta colocando la máxima seguridad.
Conduzco hasta una editorial donde tienen que estar mis padres, anoche no estaban en casa, me imagino que es por el inmenso trabajo. «La editorial estrella fugaz» Nos da la bienvenida, paso por cada área.
Diseño de portadas, correcciones, planeación y venta. En el último piso el 16 en este caso. Se encuentran los CEOS trabajando sin detenerse, la secretaria se divide entre ambos.
— Mami, papi —Dice Coraline cuando ve las figuras de nuestros padres.
Cándida Vélez una mujer de aproximadamente treinta y seis años, cabello azabache con unos grandes ojos verdes y una sonrisa gigantesca que adorna su rostro. Me trajo al mundo cuando apenas tenía quince años y sin importarle nada me cuidó lo suficiente.
Por otro lado, está Evan Lennon, cabello negro con ojos color avellana y un cuerpo en suficiente entrenamiento. Cuando nací él tenía diecisiete años, no se alejó de mi madre en ningún momento. Pobre de él, sintió los síntomas del embarazo.
— ¡Mis bebés preciosos! —Cándida nos avasalla con un abrazo sofocante, luego se aleja sonriéndonos.
— No puedo durar mucho aquí, —Los papeles comienzan a darme migraña— vine a traer a Coraline, hablen con ella.
— Hijo, no tienes que sentir pánico de...
— ¡No lo digas! —Acaricio mi sien— Coraline se despertó en la noche gritando y cuando fui a ver estaba aruñada.
Los dejo hablando con Coraline, cuando estoy por arrancar en mi motocicleta un mensaje llega. Lo leo para después resoplar con fastidio.
«Lennon, estoy esperando desde hace veintidós minutos, ¡Llega ya!
Este es la peor persona que he podido escoltar. Arranco llegando a su clases de canto, sube y retomo la velocidad hasta el instituto. Cuando bajamos unas miradas curiosas se quedan observándonos.
— ¡¿Se les perdió algo?! —Grito alterado. Voltean la mirada, pero otras siguen ahí. — ¿Y si fingimos una pelea? —Digo.
— ¿Y sí nos vamos al ring? —Niego— Ya veo, tienes miedo de que una mujer te gane por tercera vez. Admite que puedo ganarte.
— No subiré al ring, si ya peleamos no es necesidad de otra ronda.
«Tienes miedo de que te arranquen la cabeza». Dice mi conciencia.
— Admítelo —Se acerca—. Tienes miedo de perder contra mí.
— No te tengo miedo, Moore.
— Como digas, Lennon alias gallina.
Se da media vuelta, comienza a caminar despreocupada. Camino tras ella siguiéndole el paso, un chico no despega su vista del trasero de la rubia inmadura que trae un vestido negro ajustado.
— ¿Se te perdió algo? —Digo. Niega, pero no aparta la vista de su trasero. También un grupo de alumnos ha estado observando el trasero de la rubia que yace sacando unos libros de su casillero. Tomo el cuello de la camisa del chico golpeándolo con el casillero.
— Despega tu vista de donde no debes mirar, respete. —Se burla en mi cara, me enojo y golpeo su nariz con mi puño. Grita del dolor, lo suelto— Primera advertencia.
Camino hasta la rubia Moore y susurro lo sucedido. Voltea arrugando el rostro.
— Yo quería romper su nariz. —Se queja, reprimo una carcajada y espero a que termine de sacar todo. Nos vamos hasta nuestra aula.
Quedamos perplejos cuando observamos a la nueva profesora de Literatura, esto debe de ser una broma.
—————————
HOLAAAAAAA
¿Cómo los trata la vida? Espero que súper bien.
¿Alguna teoría de quién podría ser la profesora nueva?
¿Duda existencial que tengan?
En multimedia se encuentra Perséfone.
Bueno, hasta aquí mi reporte.
Con amor: este intento de Escritora 🐅🖤🐅
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro