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O C H O

Candy Moore

El rostro de mi padre se torna rojo cuando Lennon va de chismoso, se devuelve hasta mi tomando mi brazo mientras me lleva a la fuerza a la ventana un poco apartado de los demás.

— Escúchame bien, Candy. Hasta que tu hermana no esté lo completamente bien no te largarás a las estúpidas carreras clandestinas. —Mis manos se forman puños, por unos segundos ojeo al chismoso de Lennon sonreír con soberbia.

— Mi hermana se pondrá bien, es mi momento de disfrutar mi vida.

— ¡Te he dicho que no! —Un doctor le hace seña que baje un poco la voz—; Si te marchas te busco y te encierro en el sótano por varios días. Fin a la conversación.

— No me quedaré aquí, —Ríe levemente, cualquier persona que lo escucha pretendiera que está loco.

— Sí te quedarás —Lennon llega pálido entregando un teléfono a mi padre. Él responde antes de llevar su mano a su cabeza en forma de frustración.

Se aleja dejándome sola con el chismoso, está perdido en sus pensamientos y traga saliva tratando de hablar, niego.

— Conmigo no hables, Lennon.

— Tú primo tiene a la agente Steele.

Giro rápido hasta él, hago unas cuantas llamadas escuchando a lo lejos las llantas de unas camionetas y de motos. Visualizo la ventana, arrastro a Lennon conmigo mientras me despido de mi madre. El jefe observa por la ventana hasta asentir hacia mí.

Ves como ahora si te deja salir. Ruedo los ojos, esto es algo importante.

Los cotilleos de las enfermeras hacen que con más velocidad baje hasta el estacionamiento, abordo una motocicleta que me han dado y Lennon se coloca tras de mí.

Arranco a toda velocidad hacia donde se encuentra el jet privado de nosotros, abordamos y nos marchamos a toda prisa con dirección a Italia.

Estrujo un papel que está cerca de mí, mi rabia aumenta y con eso respiro forzado. Llegamos a Italia, yendo hasta donde está el Rey.

— ¡Quítate del medio! —Una señora se mueve a toda prisa del jardín, tiembla al localizar mi rostro. Lennon viene tras de mi con arma en mano, entro a la vivienda haciendo que la puerta lance un sonido ensordecedor.

— ¡A mi hogar no llegas así! —Grita una chica, tomo su cuello estampándola contra la pared.

— ¡¿Dónde está el Rey?!

— ¡Eso a ti no debe de importarte! —Golpeo su mandíbula, de lejos escucho unos gritos. Voy hasta ese lugar, cuando entro tomo un bate de béisbol golpeando la cabeza del moreno.

Su cuerpo cae y la sangre sale de la zona golpeada. El Rey me observa con detenimiento, sabe de sobra que ya me ha enojado.

— Prima, que alegría verte. —Un chico toma mis brazos con fuerza, cae al suelo con el disparo que Lennon lanzó. — ¡Dejen de matar a mi gente!

— Suelta la chica.

Niega, segundos más tardes entran tres chicas, una ya anteriormente había golpeado y las otras dos no soporto.

— Sí vienes a armar un show innecesario, lo más preferible es que te marches. —Indica una.

Una chica es lanzada a los pies del Rey, la observo, ya la había visto antes. El recién nombrado no hace nada, me desafía con la mirada.

— Perdón, —solloza la del suelo. Me observa negando frenéticamente, me acerco.

— ¡No la toques! —Saco mi arma disparando a los cuadros que están detrás, él enfurece, golpeo su mandíbula.

«Te metiste en un grave error, Rey».

— ¡Fuera! —Grita histérico. Toma mi brazo con brusquedad provocando que lance un codazo a su estómago.

— ¡A mí no me toques!

Más personas entran al lugar, Lennon se acerca a mi tomando mi brazo alejándome de cada uno de ellos. Escucho un disparo cerca de mí, el Rey me apunta con su arma indicándome con la mirada que me marche.

— Ustedes dos, —Señalo las chicas— se lamentarán mucho cuando Steele salga. Y tú, —En este momento señalo al Rey— no volverás a ver el sol de cada día.

Salgo custodiada de Lennon, una chica, Aurora, se ríe tras mi espalda. Me giro cacheteando su rostro incontables veces, una marca rojiza se adueña de sus facciones y cae al suelo por la fuerza que he usado.

— Ríete ahora.

Bianca, su acompañante, me fulmina con la mirada. Se acerca a mí en forma amenazante sonriendo como estúpida.

— Sí la vuelves a tocar te verás con...

— ¿Con quién? ¿Contigo? —Me burlo en su rostro—; Suelten a la chica, cerdos sin sentimientos.

— Te recuerdo que serás la jefa de la mafia, tú tampoco tienes sentimientos.

La dejo hablando sola, porque en parte es cierto. Lennon sigue detrás de mí sin abrir la boca, cuando llegamos a abordar el Jet recuesto mi cabeza en el respaldo. Debería darle la ubicación a Jacob.

[...]

— ¡Por una vez en tu vida has algo completamente bien! —Grito en el rostro de un escolta— ¡Te di una orden, una!

— Señorita, perdón todo se complicó —Alzo mi mano callándolo de golpe. De sus ojos salen lágrimas incontables, ruedo mis ojos.

— ¿Pudieron localizar la entrega? —Agacha la cabeza negando— ¡Son unos completos idiotas!

Jhony llega por el griterío, observando con pesar al escolta. Pido que se vaya y eso hace, pero el recién llegado queda de brazos cruzados y besa mis mejillas.

— Que linda, ni cuánta amabilidad te cargas. —Su sarcasmo puede llegar a hacerme gruñir. Ríe por mi actitud. — Vamos, sonríe. –apretuja mis mejillas.

Paso por su lado dejándolo reír como idiota, llega junto a mi informando algunas entregas que se han realizado.

Doy puntos claves, reseñas y, lugares acordes para las entregas próximas. Un grito desgarrador provocado por mi madre se escucha cerca de todos nosotros. Nos giramos en su dirección observando la sangre que brota de sus dedos mientras su cabello está alborotado y en su ropa se encuentra tierra mojada.

«Normal, lo de todos los días». Dice mi conciencia, ya le tengo nombre a mi conciencia.

Se acerca a las escaleras, luego sube corriendo para ir a su habitación. Voy tras ella encontrándola en un rincón de la habitación meciéndose sin parar, grita cosas sin sentido hasta que se topa con mi fría mirada.

— Esto es de locos, no debí volver —Dice repetidas veces. Corre al baño, a los segundos escucho la llave del grifo suena. Busco ropa limpia en el closet para llevarla a donde ella se encuentra, abro la puerta y después la cierro detrás de mí.

La ropa la dejo encima de una parte seca, después abro las correderas puertas del baño y la ayudo a bañar. Su mirada se encuentra lejana, su cuerpo tiembla sin parar y unas lágrimas recorren sus mejillas confundiéndose con el agua artificial.

Restriego su cuerpo y lavo su cabello, el olor del shampoo y del jabón provoca una exhalación de su parte. Tomo la llave de mano para lanzarle agua yo misma, el mal olor de la sangre y tierra ha desaparecido.

— ¿Qué viste? —Pregunto en medio de un susurro. Toma la toalla que le extiendo, la alzo en brazos llevándola hasta su tocador sentándola ahí. Coloco su ropa interior, una ropa cómoda para el momento.

Llamo a una empleada que llega de inmediato, pido algunas cosas para que mi madre se alimente. Asiente y se retira, volviendo en seguida con lo que pedí.

— Ten, come algo. —Coloco la bandeja en sus piernas. Esta sentada en la cama con los ojos observando la comida recién traída.

— Un cuerpo está —Bebe el agua que está ahí— enterrado en el patio delantero.

— ¿Y eso que tiene que ver?

— Era de, —Solloza— la abuela.

Me coloco recta ante tal confesión, voy hasta el balcón de la habitación y examino el perímetro. Afuera se encuentra mi padre dando órdenes a unas entregas que deben hacer, más adelante se encuentran algunas personas sacando el cuerpo inerte de la abuela italiana. Aprieto mi mandíbula hasta doler, segundos después la suben a una camilla adentrando su cuerpo a una camioneta. De mis ojos salen lágrimas, paso mis manos por ellos, pero no se detienen. El culpable pagara por esto.

— Mi mamá, —Solloza más fuerte mi madre ya con la bandeja vacía, después, se levanta temblando y abrazándome por detrás— hija, no aguanto, la han...

— Matado. —Termino por ella con voz ronca. Retiro sus brazos hasta llevarla al frente y abrazarla adecuadamente. Llora en mi pecho, tiembla y se agita muchas veces.

El rostro del jefe se gira en nuestras direcciones, observándonos desde lejos, hace algunas señas indicando que bajemos. Pero en este momento no estoy para encargos.

— Ve con... él —Habla entre sollozos, niego con la cabeza todavía estrechándola entre mis brazos. Minutos después la llevo a la cama dejando que se acueste, acaricio su cabello tranquilizándola.

El aire acondicionado se enciende, cierro balcón y ventanas, para después volver con ella tranquilizándola aún más.

Queda dormida entre mis brazos, en ese mismo instante entra mi padre con una mochila en hombro.

— Hoy tienes que ir a recibir unos encargos.

— No. En este momento no estas para mi madre, ¿Qué esperas? ¿Qué la única persona que estuvo ahí en su momento amargo se marche a recibir unos encargos que no sabe si llegará viva? —Aprieto mi mandíbula—; Por muy jefe que seas no te da el derecho de darle espalda a tú mujer. Que recientemente le han matado a su madre, como a mí la dulce abuela. Así que, ¿Te quedas con ella o prefieres que me marche dejándola sola?

Un atisbo de duda pasa por su rostro, respira profundo; — Márchate.

Salgo de la cama; — Eres un idiota.

Cruzo la puerta con pasos apresurados, frente en alto y espalda recta. Voy a mi habitación para cambiarme para la ocasión, cuando vuelvo a salir la puerta de la habitación de mis padres está entreabierta. Ojeo un poco viéndolo caminar por el lugar sin saber qué hacer, luego, se acuesta con ella abrazándola por la espalda.

Giro sobre mis talones para encontrar la fría mirada de Jhony, me sigue sin hablar nada, es completamente extraño.

— Ya deberíamos irnos. —Informa Lennon, asiento a eso, pero Jhony se interpone.

— Iré con ella, puedes descansar.

— No.

— Sí.

— No.

— Sí.

— No.

— Sí.

— Sí.

— No. —Jhony al percatarse que ha caído en la trampa gruñe, me toma del brazo y me zafo.

— Iré con Jhony. —El nombrado sonríe con supremacía, ganándose una mirada de odio de Lennon. Pasa por nuestro lado apretando su mandíbula sin parar, al igual que sus puños y las pisadas fuertes que suenan.

—Lennon...

—Déjalo, marchémonos.

Mi acompañante y yo salimos de la casa, subimos a su moto donde nos vamos al lugar donde recibiremos unos encargos. Algunas camionetas nos respaldan.

Un lugar muy atestado de personas nos recibe, bajamos todos yendo hacia la segunda planta del lugar, donde aquí yacen más personas.

Una chica en la lejanía se acerca entre el medio del gentío, contoneando las caderas provocando que algunas miradas tanto como de hombres, como de mujeres, se giren a observarla. Una morena, cuerpo de infarto y sonrisa deslumbrante, trae consigo un pantalón lo bastante ajustado y corto junto con una blusa negra con chaqueta de cuero y botas. A su lado trae una cartera excesivamente grande.

— Candy Moore, es una alegría volverte a ver. —Sonrío de medio lado.

— Carolina Mohammed, al fin de vuelta. —Grita como loca lanzándose a mis brazos. La separo de golpe.

— Te trato bien, ¿Y así me recibes? Un poco de amabilidad.

— Quiero hacer algo rápido, ¿El encargo?

— Soy yo, vámonos.

Frunzo el ceño al verla caminar tan segura de sí misma, ruedo los ojos al percatarme que por ella vinimos. Jhony no dice nada, sólo va sonriendo como idiota mientras la observa hablar puras sandeces.

Sube a una camioneta, yo, por el contrario, voy donde mismo vine. Al llegar a casa bajamos todos y, ella no resiste a hacer todo tipo de preguntas. Pero calla de golpe al ver al chico que viene rojo de la rabia hasta mí, alzo una ceja.

— Oh, ¿Quién es ese? —Pregunta Carolina en un susurro.

— Mi escolta. —Respondo en un susurro también. Segundos después Lennon se planta frente a mí con los brazos cruzados.

— Llegó una chica y ha estado preguntando por ti sin parar. —Respira conteniendo su ira— Y debemos ir a ver a tu hermana, que te recuerdo, está en el hospital.

Carolina me observa con el ceño fruncido. Paso por su lado y ambos me siguen, entro al lugar encontrando a una chica de tez blanca, cabello largo, estatura común, observando sus uñas mientras un labial rojo está en sus labios; una blusa violeta con un pantalón holgado negro con cordón y, unas botas negras. Esa es Mimi Saeed, una chica que se viste bastante bien como su mejor amiga. Esta sentada en un sillón de piernas cruzadas con una sonrisa de lado.

— Mimi Saeed —Guiña un ojo. Me acerco a pasos apresurados llevándola hasta mí.

— ¿Entonces a ella la abrazas y a mí me apartas?

— Calla y ven. —Menciono con dirección a Carolina. Corre abrazándonos.

— ¿El clan ya volvió? —Pregunta Perséfone que acaba de llegar. Asiento mordisqueando mis labios. — Al fin, gracias, Zeus.

Viene a abrazarnos, nos unimos más. Luego me aparto.

— Debemos ir a ver a Afrodita, sólo ella falta.

Asienten sonrientes las tres. Sin dudas debo de aclarar mis ideas, mis amigas, Perséfone, Carolina, Mimi y mi hermana Afrodita son las personas que tolero cerca de mí. Puede que permitiré un poco que den sus muestras de afecto medió obsesivas, pero hay que quererlas... ¿Verdad?

——————————

¡HOLA, PERSONITAS DEL MISTERIO!

Paso rápido por aquí a aclarar una cosa; Candy puede cambiar mucho sus pensamientos con el pasar del tiempo, aunque lo niega, ama su clan.

Otra cosa; a veces la conciencia de Candy soy yo, a veces, je.

En multimedia se encuentra Carolina Mohammed.

En fin, hasta aquí mi reporte.

Con amor: este intento de Escritora 🐅🖤🐅

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