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F I N A L

Candy Moore

7 de Diciembre, 2023

«"A veces nos fijamos en lo exterior, sin darnos el tiempo de conocer a las personas por dentro"».

El tiempo pasa mientras estoy dentro de este lugar, sólo me mantengo acostada boca arriba en una cama, observando el mugroso techo que habita ahí. El camarote es alto, por el cuál, me toca arriba.

La compañera que me ha tocado es medio... extraña. Por las noches comienza a reír ruidosamente y luego calla de golpe, justo cómo está haciendo en este momento. Es una pelirroja de tez blanca y ojos marrones que no deja de mirarme de soslayo cuando bajo de la cama.

— ¡¿Puedes cerrar la boca de una buena vez?! —sus carcajadas son bastantes pronunciadas, creo que antes de que llegue mi condena saldré con la cabeza vuelta un ocho.

— Qué pena que te moleste, muñequita —sale de su lugar sentándose en el rincón de la celda—. Pero deberías soportarme, pasaremos un largo tiempo aquí.

Inhalo el aire, arrepintiéndome de inmediato, cerca hay un olor a orina que me está taladrando la cabeza y las risas todavía de la compañera de celda, no cesan. Bajo del camarote estirándome un poco. La vista de ella se sitúa en mí.

— Cierra la boca por una hora, zanahoria, de lo contrario...

— ¡Hora de cenar, ustedes dos! —informa un policía abriendo la celda. Mis ganas de vomitar incrementan por el olor a cigarrillo que él desprende, Susie adentra sus manos en los pantalones ambientados en la cárcel.

Salimos siendo perseguidas por el hombre canoso con olor a cigarrillo que está detrás de nosotras. En la zona de comer hay tantos criminales que me hace inhalar hondo entrando perfectamente al lugar. Susie comienza a morder su labio inferior un poco, moviendo sus manos temblorosas tratando de disipar los nervios y observando el suelo.

Tomamos la bandeja donde colocarán la cena, al estar sus manos bailando técnicamente se le hace complicado sostenerse bien. Frunzo el ceño caminando a la par de ella cuando encontramos donde sentarnos, casi cae de bruces a la silla.

— ¿A ti que te sucede? —llevo una cucharada de puré de papa a mi boca, casi la escupo, sabe horrible. Llevo una mano a mi boca queriendo no vomitar lo que acabo de ingerir, el vaso con agua es llevado a mi boca tratando de refrescar el saber horrible.

Susie no ha tocado nada, lo cual en parte es bueno, sólo juguetea con la cucharilla viendo el plato detenidamente. Carraspea alejando la bandeja.

— ¿No vas a cenar o tengo que dártela cómo hacen las madres a sus hijos?

— Me quiero ir de aquí, no quiero cenar —voltea hacia todos lados. Trago duro el puré de papa bajándolo aún más con agua. El rostro de Susie está serio, ningún ápice de querer reírse y eso en parte me hace extrañarme la situación. Un guardia se acerca a cada mesa verificando que todos estén comiendo.

Susie lleva un pequeño bocado de puré a su boca yéndose en vomito de inmediato, me levanto de la silla para que su expulsión no llegue a mi ropa. Todo el lugar ha quedado en silencio para prestarle atención, un guardia la toma en brazos, mientras una enfermera entra colocándole un sedante. Una mujer de limpieza entra alejándome de la mesa.

Me toman a la fuerza de los brazos, pero mi mirada sigue en Susie. Me llevan junto a ella del comedor mugroso, una pequeña habitación que contiene una tenue luz es habitada por productos de enfermería. La acuestan en una cama en posición fetal antes de todos marcharse cerrando la puerta.

Miro el alrededor, unas jeringas cuelgan de un estante. Recuerdo una serie que vi donde la chica se acercaba y la guardaba en su ropa. Pero cómo esto no es una serie, entonces sólo me quedo en una silla incómoda esperando que Susie despierte y nos lleven a la celda.

No sé cuánto tiempo pasamos dentro a ese lugar hasta que ella comienza a sentarse con pesadez y observando dónde se encuentra. Mi rostro debe de ser el peor que ella alguna vez hubiera visto recién despierta, tapa su rostro queriendo bajarse de la camilla.

— Eh, no —le impido la acción cruzándome de brazos— ¿me puedes explicar por qué me encierran aquí si no fui yo quién vomité?

— Persona que está cerca de quien vomitó debe quedarse con ella hasta que se sienta mejor...

— ¿Ya te sientes mejor?

— Sí.

Me levanto pateando la puerta con fuerza, un guardia entra con un cigarrillo en manos. Nadie en su sano juicio se pone a fumar en plena cárcel, aparte de este tipo.

Nos saca de la habitación, llevándonos a la celda. Al entrar cada una toma lugar en la cama asignada, hasta que una morena con los cabellos cortos hasta la mandíbula entra sentándose en otro camarote, en el uniforme está colocado el nombre: Valeria. En total son dos camarotes. Llega otra morena con los puños apretados y maldiciendo a su paso, sube a la parte de arriba y comienza a pensar en voz alta, en su uniforme está lustrado su nombre: Ana.

Ambas morenas no hablan, que bien. Susie tampoco es que ría en lo que lleva de la noche, logrando que quede aún más confundida. Me acomodo lista para dormir, cerrando los ojos, pero cómo siempre qué pasa: los veo a ellos juguetear en el departamento abrazando a Afrodita cada vez que llega de la universidad.

[...]

15 de Diciembre, 2023

A la hora de la comida las cuatro somos sacadas de la celda, ninguna habla en todo el camino. Hasta que Susie al entrar al comedor hace lo de siempre. Temblar cómo una vil gallina.

— Okay, me estoy desesperando, ¿Qué te sucede a ti? —inquiere Ana de golpe.

— Siento que todos los ojos están puestos en mí y que quieren devorarme, tengo pánico en estar aquí.

— ¿Cómo llegaste aquí? —pregunta ahora la voz ronca de Valeria.

— Mi padrastro me culpa de haber asesinado a su hija —observa la bandeja en su mano—. No lo hice, pero las pruebas me culpan a mí de todo, mis huellas estaban ahí, la hora en que fue asesinada yo estaba presente y... la chica esa me caía mal, pero no era para que yo cometiera un suceso de esa magnitud.

Se lleva una cucharada de arroz a la boca tranquilamente, cuando vemos que sigue parloteando y comiendo sin vomitarlo nos damos cuenta. Cuando está comiendo y le hablan puede comer.

— ¿Tú cómo llegaste aquí? —le pregunta Susie a Valeria.

— Carreras ilegales, un chico salió herido y una mujer muerta.

— ¿Y tú? —Susie observa a Ana.

— Me infiltré en una agencia para sacar información, encontré lo necesitado y cuando me iba un chico quería dársela en superhéroe y murió de unos balazos —rueda los ojos vilmente enojada— la APR me cae mal.

Susie me observa esperando que hable, trago el trozo de carne dura que habitaba en el plato.

— Viva las anécdotas —ironizo, ellas apretando sus labios reprimiendo las risas fugaces—. Hice todo tipo de cosas: carreras ilegales a medianoche, peleas clandestinas, venta de productos ilegales, daños en personas... —ellas se miran entre sí, sigo enumerando lo que he hecho— tuve dos hijos con quien no debí, me enamoré de un escritor, me volví jefa de una mafia, destruí la APR...

— Se te olvida contar que Jhony te hizo daño por mucho tiempo —una voz detrás de mi habla. Volteo encontrando el rostro igual de demacrado que el mío. Me levanto de golpe apretando los puños a cada lado de mí. Unos guardias se acercan apartándonos.

— Yuri, veo que no aprendes.

— Fue hermoso su historia casi de amor, es una pena lo que te hizo en tu cumpleaños, pero bienvenida al mundo.

— Llévense a Yuri al traslado —llega la jefa de todos los policías. Vuelvo a tomar asiento cuando ella me observa. Una vena debe notarse en mi frente, la rabia me invade tanto que el apetito se va—. Candy, el veinte de Diciembre irás a juicio.

— Cómo sea —le reste importancia con un ademán de manos. Me cruzo de brazos esperando que Elena se marche.

— Tú familia estará —la observo de golpe, olvidándome de las chicas que habitaban en la mesa.

— Afrodita y los mellizos no pueden...

— Estarán —sitúa su mano derecha en mi hombro—. Te traigo una noticia: Elliot cuando Hera cumpla sus ocho años firmará un contrato con una academia de modelar. Sí de aquí a ese tiempo ella se arrepiente, entonces no lo hará.

La observo esperando algo más de información, carraspea su garganta.

— Y Hades está en un curso de canto. Le fascina todo lo que pasa por televisión acerca de cantantes y esas cosas —aprieta un poco más mi hombro antes de alejar la mano—. Afrodita intentó...

— ¿Intentó que cosa, Elena?

No responde y sé que significa eso. Otra vez no. Paso mi mano por el rostro volviendo a detener mi vista en su patética cara.

— Si a uno de ellos le pasa algo lo sabré sea cómo sea y nadie me detendrá. ¿Entendiste, Elena?

[...]

Diecinueve de Diciembre, 2023

Hoy es el cumpleaños de Elliot, bastante bien que lo recuerdo y es mi primer día negándome a ingerir algo. Las compañeras de celda me observan desde lejos con los rostros confusos, pero no me atrevo a abrir la boca, mañana será la condena y... no estoy preparada. La verdad es que no, pero debo hacerlo, mi familia debe de mantenerse fuera de todo este problema, por lo tanto, respiro hondo recitando cada nombre de ellos en mi mente. Amo a cada uno de ellos, sin embargo, ver sus rostros mañana en medio del juicio me destrozará.

— Te ves fatal —menciona Susie desde alguna parte de la celda.

— No es que estamos en un spa, pero bueno... —ironiza Ana. Giro mi cuerpo hasta una pared coloco la almohada en mi cabeza tratando de aligerar el dolor que está comenzando a surgir.

En la mañana no como nada, en la tarde sigo en la misma posición viendo con dirección a la pared y en la merecida noche recibo una visita de alguien. Esposan mis manos y pies llevándome a rastras hasta el dichoso lugar, sentándome de un tirón frente a una melena negra ya conocida.

— Elliot.

Niega suspirando con fuerza, acerca su mano a las mías apretándolas un poco. Respiro hondo alejando el tacto. Las palabras sobran en el ambiente.

— Feliz cumpleaños —murmuro en un susurro.

— Gracias... —habla, su voz ronca me hace estremecer un poco— Candy sabes que no vine por eso.

— ¿Entonces...?

Informa acerca de cómo van las cosas en el departamento, menciona acerca de Hera yendo a una academia de modelar a los ocho años, Hades ahora yendo a clases de canto. Afrodita sin salir mucho de su habitación, José buscando un departamento donde mudarse junto a ella y Stella dándole apoyo a Elliot.

El tiempo de visita casi acaba cuando agacho la cabeza un poco exhalando el aire que estaba reteniendo.

— ¿Afrodita irá al juicio?

— Sí —observa la mesa que nos separa—. Cada uno de nosotros debemos rectificar.

— Se acabó el tiempo —el policía me levanta, con los labios articulo un: "húndeme".

En toda la noche no duermo, simplemente permanezco con los ojos abiertos de par en par, me muevo en la cama, bajo, camino alrededor de la celda, vuelvo a subir a la cama y así sucesivamente. En algún punto Ana despertó refunfuñando antes de voltearse y seguir durmiendo.

Cuando llega el dichoso día, cada preso que habita aquí debe tomar una ducha en la hora pactada. Lavo mi cabello expulsando el aire y queriendo abrir un portal y regresar a mis cinco años. Cuando Ray estaba vivo.

— Me estás poniendo nerviosa, muñequita —dice Susie desde su cama. Acomodo por enésima vez el cuello de la camisa. Ana me observa negando y sentándome de golpe en su cama, Valeria está recargada de una pared con las manos dentro de sus bolsillos.

— Candy Moore, el jurado la espera —las chicas palmean mi espalda. Ellas se transportarán hoy mismo a su país natal: Italia. Por el cual, cada una nos observamos, asintiendo con la cabeza.

Dejo que el hombre con olor a cigarrillo me lleve hasta una gran camioneta, subiéndome con fuerza y que el conductor ponga todo en marcha. Aprieto ligeramente las manos, estás están sudando muy notoriamente y escenas pensando en Afrodita no dejan de pasar. Ella es fuerte, sé que podrá con esto. La veo ejerciendo su carrera universitaria y siendo reconocida con honestidad y no con rencor, odio y traumas horribles.

El palacio de justicia se ciñe sobre nosotros, salgo de mis pensamientos cuando la camioneta se detiene en seco. Afuera hay periodistas queriendo saber acerca de diversos temas, pero desde aquí logro verlos a todos, están con la cabeza un poco agachada entrando al lugar.

Cuando me posicionan en una silla de los culpables sé que ya no hay vueltas atrás. Yo me entregué y yo debería de pensar en que es lo correcto para ellos.

Cada persona toma asiento. Justo cómo la teñida de rojo mencionó, está en primera fila con su esposo de lado y su padre esperando que todo empiece.

Mi corazón late con fuerza al ver a cada uno de ellos aquí, respiro hondo sabiendo mi final. Todo está más que lleno, por lo tanto, el juez no tarda en llegar observándome de soslayo.

— Orden en la corte —pide el juez tocando con su martillo, los habitantes del lugar se sumen en un silencio prometedor, pero mis ojos ahora no sé quedan tan tranquilos cuando veo las ojeras de Afrodita— veinte de Diciembre, se da a conocer públicamente los hechos de Candy Moore en libertad.

»» Se le culpa de: carreras ilegales, peleas clandestinas, narcotráfico, violencia familiar, asesinatos, provocar atentados, encubrimiento... —toma aire, siguiendo, mencionando. Él, al culminar de lo recitado concentra su vista en mi— ¿Jura decir la verdad y nada más que la verdad?

Por tu familia.

— Lo prometo —menciono, tratando de lucir seria.

— Abogado Steele, pase a la corte —un hombre que jamás en mi vida había visto, se levanta con unos documentos en mano tratando de intimidarme con sus pasos por todo el lugar— Realice las preguntas y veremos si concuerda con lo pautado.

El hombre posiblemente de la edad de Elliot carraspea.

— ¿Tiene algo para decir en contra de lo mencionado? —niego lentamente— ¿Ha cometido delitos de venta de niños?

— No.

— ¿Ha raptado niños?

— No.

— ¿Ha secuestrado personas adultas?

— Sí —recuerdo a la ahora dos muertas de Astrid y Enola.

— ¿Ha inducido a su hermana a esos caminos?

— No.

Preguntas van y vienen, la verdad es que no quiero mentir, digo las cosas cómo son. Sin ningún filtro en la lengua. Cuando me mandan a guardar silencio, el jurado hace llamado a una persona en particular: Afrodita. Toma lugar donde le indican.

— ¿Cómo murió tu amiga, Afrodita? —gracias idiota, ahora mi hermana se acordará de eso. La veo tragar saliva fuertemente.

— Candy recibió una llamada donde fue hasta el lugar pactado y encontró a Jhony Stevens con una motosierra en mano —observa sus manos, se más que nadie que está luchando por ser más fuerte de lo que es.

— ¿Cómo fue tu vida con la familia Moore?

— Por un tiempo no estuve en ese lugar, con mi difunta amiga viajamos a otro país porque no me sentía cómoda en "casa" —hace comillas al final.

— ¿Tú madre sabía que abusaron de tu hermana e intentaron contigo?

— Nunca lo supo —Afrodita sorbe por su nariz abanicando su rostro—. Pensaba que Candy empezó a ser así porque iba creciendo.

— ¿Te dejaban mucho tiempo con Aaron?

— No —ella me observa—. A puertas abiertas o Candy cerca.

— Estoy viendo que trata de defenderla bastante.

— Digo las cosas tal y cual son.

— A ver, mencióneme una dificultad de ella.

Húndeme.

— Los asesinatos y ventas de drogas... —murmura, pero es escuchada por todos.

Siguen haciéndole preguntas que mientras más pasan, más el abogado trata de hundirme. Cuando llaman a José no es mucho lo que hablar.

— Siempre he tenido una pésima comunicación con mi hermano. Lo detesto desde siempre, estuve alejado de su vida y siendo turista —su aire de no mostrar importancia es notorio.

— ¿Conocía la historia de cada sobrina de usted?

— Mucho tiempo después me enteré, técnicamente no hace tanto.

Pasan de él, cuando llega el turno de Mimi es una versión corta de la supervivencia en el lugar, su padre debe informar acerca de cosas que sabía y Carolina y Mohammed hacer lo mismo. Las mismas preguntas a ellos, pero que no tienen la misma respuesta.

Elliot es llamado al estrado, le hacen preguntas acerca de cómo nos conocimos, nuestro reencuentro, supervivencia en la M.M, el mini romance que hubo y la procreación de mis hijos.

Dan tiempo a unos minutos de descanso, ellos tomarán un tiempo para dar por culminado esto e informar lo que han decidido.

A la hora de volver, las manos tiemblan, el corazón se acelera y un sudor recorre mi sien. Fijo mi vista en mi familia, más en Afrodita y los mellizos H. Las lágrimas abordan mis ojos, pero las retengo antes de inhalar profundo y escuchar la decisión del juez.

— Candy Moore, acusada de carreras ilegales, peleas clandestinas, narcotráfico, violencia familiar, asesinatos, provocar atentados, encubrimiento... —mi vista se clava en Stella que está cerca de Elliot. Le hago una pequeña seña cómo puedo, ella lo capta sosteniendo su mano y dejando que él lleve la cabeza a su cuello cerrando los ojos con fuerza. Los mellizos en sus piernas se abrazan sin entender, Afrodita nos observa con un poco de pánico abordarla y la retención de lágrimas. José lleva sus manos a su rostro tratando de esperar la condena. Las chicas abrazan a sus padres en este momento. El juez carraspea llamando la atención de cada uno del lugar—: Candy Moore es presentada culpable ante todos nosotros, logrando que el objetivo de su condena sea: cadena perpetua, pagando...

Me lo imaginé. Lo supuse desde un principio, por lo tanto, no me importa cuando mencionan que me trasladarán a una de las mejores cárceles de Italia.

El juez toca con su martillo confirmando la orden. En el momento que me sostienen levantándome con fuerza, sólo me permito ver a mi familia y cómo cada uno de ellos niegan con la cabeza.

Los mellizos no entienden porque me están llevando, sólo piden a gritos que me acerque. Afrodita se ha desatado a llorar en los brazos de José. Las chicas no dejan de abrazar a sus padres. Stella le da apoyo a Elliot y la idiota de Dakaria sonríe con suficiencia junto a su padre.

En el momento que me abordan en la camioneta sólo veo cómo todos los flashes impactan sobre mí. Al menos, ellos podrán estar tranquilos un buen tiempo.

En la cárcel donde anteriormente estaba, ya en la celda sólo aguarda la soledad. En la noche es donde me transportan a Italia privándome la vista en cada mísero momento. Sólo sé que cuando llegamos soy lanzada a una celda. Choco con los pies de alguien que me ayuda a retirar el vendaje de mis ojos.

— ¿Susie? —inquiero después de haber aclarado mi vista. Ella sonríe alegremente, mientras que me fijo en la celda. Un pequeño librero, dos camas separadas bastantes arregladas, una ventana con más barrotes que de los necesarios y el piso pulido— ¿Esto que es? ¿Un hotel o una cárcel?

— Es la cárcel más costosa de Italia, por lo tanto, todo se ve tan pulcro. Compartiremos lugar hasta que pase mi condena.

— ¿Cuándo será eso?

— Nunca —su sonrisa se apaga. Trago un poco de saliva dejando que refresque mi garganta—. Ana y Valeria están aquí.

— ¿Cómo...?

— Las encontré en el comedor anoche —toma asiento en su cama—. ¿Cadena perpetua?

— Sí —observo por la ventana—. Pero sí alguien toca a mi familia los guardias quedarán poco para mi furia.

[...]

25 de Diciembre, 2023

Ruedo los ojos escuchando a Susie cantar unos villancicos a tan temprana hora de la mañana. Me quejo tan alto que termino bajando de la cama y golpeándole el rostro con la almohada.

— ¡Quiero dormir!

— ¡Y yo cantar!

Veo que no le da bastante importancia, entonces tomo el control remoto de la televisión —creo que tengo más cosas que en mi antigua habitación de los quince— presiono un canal al azar encontrando noticias de unos animales en peligro de extinción, de mi apresamiento y de que las calles han de ser ahora libres. Paso a otro canal encontrando una película bastante interesante. Susie deja de cantar para prestar atención a la película.

— ¡No, se despertó el viejo! —grita Susie con la vista fija en la pantalla, minutos después vuelve a hablar— ¡No, asco, viejo puerco!

— ¿Sabes que no te están oyendo?

— ¡No importa, ¿Por qué le va a inyectar eso?! —estoy a punto de apagarla, pero quiero saber si el viejo logra su cometido o no. Termina perdiendo— ¡Eso, se la ganó!

— ¡Susie, cállate! —en lo que queda de la película no habla al respecto. Cuando un policía abre la puerta de un tirón y nos saca, sabemos a dónde nos lleva.

El patio trasero del lugar, muchos de los presos están con una pelota en mano y vuelvo a debatirme si estoy en una cárcel o un hotel. Un balón llega a mis pies, lo tomo en mis manos buscando de quien es.

— ¡Lánzala! —me paralizo queriendo transformarme en algo sobrenatural y volar lejos. Mis ojos escanean la zona hasta hallarlo esperando por el balón que habita en mis manos. Trago saliva fuertemente dando un paso hacia atrás cuando trata de acercarse.

— ¡Susie, Candy! —llaman las chicas, pero simplemente no dejo de ver cómo Aaron está acercándose lentamente hacia acá. Un guardia se percata de la situación alejándonos más, lo lleva hasta la zona de ellos y por mi parte, lanzo el balón por el suelo llegando a sus pies.

Susie me lleva con Valeria y Ana que no retiran la mirada de donde yo estoy. Aprieto ligeramente mis puños sentándome en el frío suelo qué hay aquí, ellas imitan la acción. Él estará aquí, vaya, debo concentrarme más de lo habitual ahora que sé que a ambos nos trasladaron a nuestro país natal.

[...]

31 de Diciembre, 2023

El cielo oscuro se presenta afuera, apenas y nos han dejado salir al patio en lo que llevan de los días. Nos ponen a hacer trabajos comunitarios: lavar baños, limpiar el comedor, construir unas cosas en un pequeño teatro, pulir los instrumentos de ejercicios qué hay, etc.

Susie llama mi atención, despegando la vista de su libro, no sabemos qué hora es, sólo tenemos en claro que es el último día del año.

— Este libro es interesante.

— ¿De qué trata? —me acerco un poco hasta el estante de más libros.

— Trata sobre una mafia... —giro de golpe centrando más mi atención en ella. Le indico que prosiga a lo que ella asiente— la portada es "Mafia Moore" es bastante llamativa porque te atrapa desde un principio. Bien —palmea su lado, me siento apoyando mi espalda en la dura pared—. La mayoría de las veces narra la chica y a veces el chico, todo se basa en la estadía de él ahí. Desde cosas que ella sufrió, tuvo que soportar y cosas que él presenció. Tuvieron dos hijos, pero no pasaron mucho tiempo juntos porque...

— Ella se entregó a la policía —lo logró, construyó el libro que con tanto esmero le pedí que hiciera y la verdad es que sí lo hizo y logró. Estoy un tanto orgullosa, pero decepcionada de que, en el libro se narrará mi humor igual cómo yo siempre lo utilicé.

— Tú vida es un desastre, muñequita.

— Lo dice la que también habita en una cárcel.

— ¡Oye! —golpea mi hombro con su mano abierta, divertida. Luego centra nuevamente su vista en el libro— la verdad es que sí te pasaste...

— Lo sé.

— Pero en parte, Aaron tiene la culpa de todo lo que sucedió. Te hirió y actuaste de la peor forma.

— A veces quiero sólo volver a mis cinco donde todavía estaba vivo mi amigo Ray, —la observo— pero eso no pasará ni en sueños.

En medio de la oscuridad escuchamos fuegos artificiales a lo lejos, nos acercamos a la ventana viendo lo sucedido. Año 2024.

Susie posiciona su cabeza en mi hombro, la retiro lentamente, pero insiste en volverla a colocar.

[...]

Elliot Lennon

1 de Enero, 2024

Todos estamos en el balcón de la casa de mis padres, la nieve cae afuera y la brisa fría nos azota. Sin embargo, nada nos impide a estar aquí. Ninguno ha mencionado una palabra en lo que lleva de los minutos.

Coraline carraspea llamando nuestra atención, mis padres sostienen unas copas de vino en sus manos mientras que los niños están durmiendo en la habitación. Stella nos conduce a la sala, sentándonos en los sofás y relajando un poco el cuerpo.

Afrodita permanece viendo un álbum de fotos, la sostiene entre sus manos temblorosas secando las lágrimas que recorren por sus mejillas. Sorbe por la nariz y Coraline acaricia su espalda.

— ¿Quieres que nos vayamos? —le pregunta su tío, ella niega todavía con el álbum en manos.

Se han mudado a otro lugar, no tan lejos, simplemente a dos cuadras de dónde está mi departamento. Pasa el tiempo hasta que la nieve ha parado y es hora de todos irnos. Llevo a mis hijos al carro, abrochando sus cinturones mientras ellos continúan durmiendo plácidamente. Stella delante, Afrodita y José detrás.

La primera parada es en el hogar de Stella, se despide de nosotros y cuando veo que está dentro, decido volver a poner el auto en marcha. Ahora con José delante.

— ¿Tienen hambre? —es lo que decido preguntar de la nada. Niegan observando por la ventana.

Minutos más tarde estaciono en un edificio donde ellos se despiden de mí y bajan entrando al lugar donde ahora viven. Duro unos segundos largos situado en el mismo sitio.

¿Este era el final que esperaba? Sí, la verdad es que sí. Las acciones, conductas, demostraciones... todo llegaba a algún punto clave y al parecer este era uno.

Al llegar y bajar a los niños cargados en mis brazos, subo sin nada de prisa. Abro cómo puedo la puerta, la cierro con el pie y dejo a los mellizos en sus habitaciones. Vuelvo a la sala, cierro con seguro la puerta y verifico las ventanas. Todas cerradas.

Me dirijo a mi habitación, despejo la prenda de mi ropa entrando al baño para tomar una ducha caliente. Subo las manos a mi cabeza, los músculos se me tensan y suelto un largo y cansado suspiro. Enjabono mi cuerpo por un rato, lavo mi cuerpo y cuando veo que es suficiente, salgo con una toalla rodeando mi cintura. Me seco, colocando después la ropa interior junto con un pantalón cómodo para dormir sin llevar alguna franela.

Escucho un ruido de pasos fuera de la habitación, salgo apresurado viendo a los mellizos que están tocando ligeramente la puerta. Los dejo entrar, suben a mi cama y con tranquilidad me acuesto con ellos. Apago la luz sólo dejando las luces led iluminando un poco.

Nos arropamos y cómo puedo los abrazo a ambos. Cierro ligeramente mis ojos cuando ellos tienen sus respiraciones tranquilas. Todas las noches vienen aquí, desde que su madre se ha trasladado a Italia.

Voy cayendo en un profundo sueño, pero a eso de las diez de la mañana despierto sobresaltado. Los mellizos siguen durmiendo, por el cual, con un despacio sorprendente me levanto.

Hago mis necesidades cómo todos los días y al culminar visto mi cuerpo con ropa cómoda. Preparo el desayuno sin ningún tipo de prisa, cuando está listo voy nuevamente a la habitación.

— Hades, Hera —les habló despacio—. Despierten, el desayuno está listo —muevo un poco sus cuerpos, van despertando que ligeramente bostezan y me ven. Los envío a cepillar y con cuidado lo hacen.

Al estar en la mesa, con el desayuno puesto en su lugar, nos dignamos a comer y por momentos les ayudo. Mi celular suena en algún lugar de la cocina, me levanto de donde estoy y voy en su búsqueda. Contesto de inmediato al número desconocido.

— Muy buenos días, señor Elliot Lennon —escucho cada palabra que informa el hombre al otro lado de la llamada acerca del avance en la entonación de Hades en sus clases de canto.

Orgulloso me siento.

[...]

Los días, meses, años fueron bastantes tranquilos inclusive cuando mis hijos cumplieron ocho años me alegre bastante.

Hera no deja de corretear hacia la entrada del edificio, Hades yendo tras ella y yo casi al caerme por andar deprisa. La sostengo de la mano antes que siga chocando con más personas, subimos al ascensor y Stella sigue con la mirada fija en el celular.

La relación no duró mucho, terminamos en enero del año anterior, pero continuamos comunicándonos y siendo amigos.

— Vamos Ela, quiero ser modelo —Hera agarra su mano arrastrándola fuera del ascensor cuando llegamos al piso indicado. El hombre imponente que nos espera en la gran oficina nos sonríe cálidamente al entrar.

— Hola, Hera —ella le sonríe y le devuelve el saludo. Tomamos asiento frente a él, nos habla acerca de cómo ella se tratará, de que su sueño se cumplirá y que después del documento firmado, no hay vuelta atrás hasta que ella decida romperlo siendo mayor de edad.

— Firma, papi, por favor —me suplica con un puchero en los labios. Es su sueño, pero no quiero que en un futuro esté arrepentida por lo que decidió a sus ocho años, ligeramente estoy poco convencido. Al final de pensar tanto, leo nuevamente el contrato y firmo— ¡Sí!

— Faltaría la firma de su madre o tutora —ella ve a Stella con los mismos gestos suplicantes, recibe el contrato y firma. Hera hace un bailecito de victoria al darse cuenta—. Ella tendrá un representante donde la cuide y maneje en las partes de todo esto.

Seguimos recibiendo información, cuando salimos de la oficina Hera no deja de sonreír y saltando de alegría.

— Seré modelo, lagarto —le dice a su hermano con aún más energía. Lagarto: le colocó ese apodo porque vio un programa de televisión y comenzó a bromear acerca de eso.

— Y yo después seré cantante —ambos se abrazan por los hombros mientras caminan a la par. Subimos al auto los tres, Stella nos habla por la ventanilla.

— Cuídense mis amores —le lanza un beso, me observa—. Me escribes cuando lleguen.

— De acuerdo, —veo su abdomen un poco abultado— ¿En qué momento comenzará a crecer más?

— Todavía no la verás gigante, Elliot —inconscientemente pasa su mano por la zona—. Tengo que irme, Asher me espera.

Asher es su prometido, por lo tanto, un brillo en sus ojos aparece cuando lo menciona.

— De acuerdo, cuídate y saluda a Asher de mi parte.

Asiente yendo hasta su auto. Arranco lejos del edificio con música en la radio, los mellizos van cantando un poco de las canciones que pasan hasta que me hacen detener frente a un local de comida, les compro algo y dejo que devoren lo comprado. Al volver a ponernos en marcha me fijo en lo solitaria que se encuentra la zona de donde vivimos.

Normal de un domingo por la noche.

[...]

5 de Agosto, 2026

Candy Moore

Lanzo el balón a la otra parte de la malla, pero termina golpeando la cabeza de Aaron. Se enoja tanto que intenta hacer lo mismo, pero un guardia se interpone y lo lleva lejos.

Valeria a mi lado niega con la cabeza divertida hasta que comienza a llover, nos resguardan nuevamente dentro y por mi parte refunfuño. Llego hasta mi celda encontrando a Susie leyendo un libro acerca de superación. Creo que se llama: "Creer en mi".

— ¿Cuánto te falta? —le pregunto, sisea antes de sus ojos empañarse.

— Ay, no. Me voy a deshidratar.

— A ver, si te está haciendo tanto daño, ¿por qué no haces una pausa?

— Me encanta sufrir —observo donde estamos y asiento.

— Me doy cuenta de ello.

No presta atención, continua su lectura y por mi parte tomo el control remoto para informarme acerca de más cosas. Hera sale en las noticias con el encabezado: "la niña de ocho años que ha hecho maravillas de fotos en lo que va de modelar". Lo logró, desde el primer momento me di cuenta de que lo iba a lograr.

Una entrevista a Elliot sale en otro canal dónde aquí menciona que gracias a su familia por el logro de otro libro siendo pasado a cinematográficamente y a su lado nuestros hijos.

— Tú ex se ve cada vez mejor—escucho mencionar a Susie. Siseo haciéndole lo mismo que ella me hizo, bufa volviendo su atención al libro—. Oí a un policía decir que el día de tu cumpleaños tendrás visita, muñequita.

La observo, pero no me informa nada más. Vuelvo la atención a la pantalla aquí ahora salen diseños lustrados perfectamente. Afrodita sale más atrás dejando que hagan una entrevista acerca de los logros cumplidos.

— ¿Alguna vez te imaginaste aquí sentada y con diseños hechos por ti misma? —le preguntan, ella con una pequeña sonrisa se dispone a responder.

— La verdad es que no, nunca lo hice y ver lo que he logrado me da una inmensa alegría.

— ¿Te sientes cómoda si hablamos de tu hermana?

— No hay problema en ello, —se fija en la mujer acomodándose en el asiento— pero prefiero obviar los temas al respecto.

— Es entendible...

Más preguntas pasan, no alejo la atención de la pantalla en ningún momento.

— ¿Tienes algún enamorado o pareja secreta?

Y nos sacan de la celda, grandioso, ahora no sabré nada. Cruzo mis brazos caminando lentamente junto a Susie que no para de reír.

— ¿Te enojaste, muñequita?

— Deja de joder, Susie.

Comemos la comida poco sabrosa que nos han dado en los dos años que llevamos aquí. Ana y Valeria llegan hablando acerca de que, un preso ha fallecido dentro de la celda después de que todos entramos.

— ¿Nombre del preso? —cuestiona Susie con duda, llevando un pedazo de brócoli a su boca. Tomo agua esperando pacientemente el nombre.

— Aaron Moore —el agua que estaba bebiendo es tragada con fuerza, las observa con los ojos bien abiertos antes de aplaudir ligeramente y seguir con la comida poco sabrosa, creo que ahora comienzo a amarla.

Imitan mi acción, saben cosas de mi historia, por lo cual no preguntan si no me pondré a llorar cómo magdalena.

[...]

30 de Octubre, 2026

Los días aquí pasaban rápido, sencillamente hacia lo mismo: caridad, comer, salir al patio si no está lloviendo y molestar a Susie.

Unas horas faltan para que sea treinta y uno para que la visita sorpresa llegue. En la noche duermo poco, creo que desperté tres veces, pero cuando estaba amaneciendo, no pegué ni un ojo. Desayunamos las cuatro en silencio hasta que al volver a la celda un guardia pasa por mí, llevándome a la sala de visitas, aquí hay más personas con sus visitantes, por el cuál una esquina es donde están esperando por mí.

— Feliz cumpleaños, rubia —su barba ha crecido, la voz ronca es marcada y el cabello negro ha sido ligeramente cortado.

— De feliz no tienen nada, pero gracias —sonríe un poco llevando su mano a mi rostro. Recuerdo a Stella— ¿Stella no se pondrá mal al enterarse que estás aquí?

— Stella y yo no estamos juntos —responde aún con la vista puesta en mí, la incertidumbre es palpable en mi rostro—. Terminamos en enero del año pasado.

— Oh, vaya —es lo único que menciono.

Informa de cómo están los mellizos, de los logros de Afrodita y de sus libros siendo cinematográficamente. Un brillo surcándole en los ojos cada vez que debate cada tema.

— Este lugar no me agrada —detiene su vista en la mesa, transporta sus manos hacia las mías sosteniéndolas firmemente.

— Elliot...

— No, silencio —acaricia el dorso de mi mano— sabes perfectamente de que nunca he dejado de pensar en ti.

— Debes continuar...

— Y tú debes aprender a callar —aprieto mis labios leves momentos. Hablan sin detenerse acerca de lo difícil que fue al principio levantarse sin escuchar mi voz quejándome acerca de algo, acaricia mi rostro y retira una pequeña lágrima que se ha deslizado—. Antes de que lo diga no quiero que te espantes...

— Te amo, bonito —su rostro al estar cerca del mío me permito murmurarlo. Sus labios chocan con los míos mezclándose un poco con el sabor amargo de mis lágrimas— este es el momento donde digo algo y la daño, ¿Verdad? —ríe contra mis labios.

— No me esperaba eso —aparta un pequeño mechón de cabello—. No he dejado de amarte, rubia.

— Sabes que nada cambiará...

El guardia hace unas señas de que casi está por culminar la hora.

— Sabes que nosotros siempre estaremos juntos —le informo de repente con los nervios a flor de piel— y que los secretos nos persiguen...

— A dónde quiera que vayas —culmina por mí, vuelve a besar mis labios—. No me importa venir tres veces o cinco al año para verte, de que mi relación amorosa es contigo, lo es, rubia.

— Nunca aprendes, ¿verdad?

— No lo hago —un beso largo se presenta—. Sí algo fuera de lo común sucede en lo que avanza de la vida de nuestros hijos, te lo informaré lo más rápido que pueda.

— Eso espero —el guardia se está acercando con las manos en los bolsillos. Giro hacia Elliot— ¿este es nuestro final?

— Al menos terminamos diciendo nuestros sentimientos —aprieta ligeramente mis cachetes—. Te amo, rubia. Y este es nuestro comienzo.

— No quiero que me pegues cachos, —le recrimino con la mirada, le pido que le diga algunas palabras a Afrodita, hijos, tío y amigas cuando el guardia me levanta.

— No haré eso —rueda sus ojos, divertido—. Hasta luego, Candy Moore.

— Hasta luego, Elliot Lennon.

Reprimo la sonrisa cuando soy adentrada a la celda. Susie retira la vista de la pared para fruncir el ceño.

— Ok, te vas seria y vuelves sonriente, ¿Contexto?

— Nada importante, Susie, nada importante.

Tomo lugar cerca de ella viendo cómo frente a mi pasa cada momento en familia, con amigas, los jugueteos cuando la niñez, el dolor en mi cumpleaños, la catástrofe que provoqué, todo lo que hice tiempo atrás y que en estos momentos sonrío al recordar el: "te amo, rubia".

Oh, Dios. Me enamoré de Elliot de una forma extraña, traté de alejarlo de esto, pero el masoquista seguía. Al menos cabe decir, amo que, aunque no terminamos cómo esos clichés en los libros de él de: casados, con hijos y perros, una vivienda bonita. Al menos terminamos admitiendo nuestros sentimientos porque en mi alma estará tatuado el amor incondicional hacia él.

Mi familia y amigas cumpliendo sus sueños, por lo tanto, me hace sonreír. Cada mísero esfuerzo llegó a su final, logré que estuvieran fuera del caos y en parte yo misma me lo agradezco.

Respirando hondo me acomodo en la cama comenzando a dibujar en un cuaderno que habitaba en el estante y un bolígrafo. Al otro día vemos televisión encontrando una noticia:

Elliot Lennon ha estado alegre con los logros de ambos de sus hijos.

Suspiro soltando todo el aire. Con la relación a distancia sé que volveremos a vernos. Y estoy en lo correcto, cada mes que pasaba venía con José y a veces con Afrodita o mis amigas.

— Te amo, rubia —murmura contra mis labios cuando estaba listo para partir nuevamente a Inglaterra.

— Te amo, bonito.

«Debemos de darnos cuenta en el momento indicado donde mostrar nuestros sentimientos, a veces los resguardamos tanto que al momento de explotar nos hacen a uno mismo daño. Porque cómo siempre he dicho: los secretos nos persiguen a donde quiera que vamos. El secreto de que amo a Elliot es bastante notorio, se nota en la mirada, en la emoción cada vez que viene y en cada faceta suya que me hace delirar. Bonito final para ambos, pero un nuevo comienzo para nuestros hijos».

FIN

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¡Hola, personitas del misterio!

¡¿Cómo les va este hermoso día?!

Hoy con alegría en el rostro les traigo el final de Mafia Moore. Rayos, no sé escribir finales tristes, ¿Qué me pasa?

Bueno... hay un detalle bien importante: ¡Afrodita tendrá su propio libro!

Maravilloso, sí prestaron atención a lo que Susie leía entonces sabrán de que trata.

Les agradezco por quedarse hasta el final de todo esto y leer cada faceta de Candy.

Aaron: modo tieso activado.

Bueno, bueno. Un descanse en Paz a todos los tiesos: Ray, la abuela italiana, Carmen, Perséfone, los perros, Lola...

El abogado Steele es el hermano de parte de padre de Dakaria.

Al principio del libro Afrodita iba a acompañar a Perséfone... pero cómo soy buena persona no murió. Maravilloso ya me extendí.

Se les ama muchísimo, nos seguiremos leyendo en el epílogo y en proyectos cercanos.

En fin, hasta aquí mi reporte.

Con amor: este intento de Escritora 🐅🖤🐅

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