
D O C E
Candy Moore
Al salir del campo de máxima seguridad junto a Lennon, entramos al auto como fin de retirarnos. Conduzco por las calles hasta que pienso algunas cosas, mi acompañante asiente a mi idea y con rapidez llego a la mansión.
Resumiéndole todo a mi padre le explico lo que haré, más tarde, nos encontramos en el Jet de la mafia.
Reviso algunos documentos, subrayando y extrayendo todo a su paso. Mi escolta se mantiene alistando el equipaje adecuadamente.
Aterrizamos en Italia, vamos hasta donde tenemos socios, una mafia Italiana que sin la Mafia Moore estaría por los suelos. Con máxima seguridad llegamos.
Un portón negro con varios escoltas con armas en manos, nos reciben. Minutos después nos dejan la vía libre para entrar al lugar.
Es casi idéntica a donde vivía cuando pequeña, sólo cambiando el hecho de que aquí no hay paso subterráneo por acceso oculto.
— Candy Moore, —Estrecho la mano del hombre canoso y algunas arrugas adueñándose de su rostro. Pestañea lentamente hasta sonreír de medio lado— ¿Qué te trae por mi humilde morada?
Nos conduce hasta su despacho, tomamos asiento. Cruzo mis piernas.
— En Londres han comenzado a tornarse algo, ¿Intensas? Sí, han descubierto el tatuaje que cada uno trae y están buscando la forma del causante de todo eso. —El hombre canoso presta su máxima atención— Necesito con urgencia discreción con los envíos a Inglaterra.
Un golpe se escucha detrás de nosotros, giramos encontrando el cuerpo de una chica bañada en sudor.
— Padre, he derrotado a todos —Habla en un perfecto italiano. Nos observa sonriendo— La chica Moore, estás aquí, allá afuera todos están temblando del miedo. Cobardes.
Reprimo la risa. Luego de eso sigo haciendo tratados con el canoso, cuando termino partimos hacia nuestro otro destino.
Alemania.
En el trayecto hasta dichoso país, ninguno de los dos habla. Tacho Italia de la lista. Al llegar al país pactado, cambiamos nuestra vestimenta por una casual no muy llamativa.
— ¿Y ahora? —Pregunta Lennon. Ya hemos camino lo suficiente como para escucharlo exclamar que nos detengamos. Frunzo el ceño observándolo.
— Niño bonito, sólo tenemos quince minutos caminando. —Él suspira varias veces.
Continuamos el camino. Una mujer con un libro en mano y cabeza gacha pasa por nuestro lado. Alrededor de media hora, Lennon toma mi brazo llevándome hasta un pequeño banco.
— Ya casi llegábamos. —Exclamo con irritación. Me levanto otra vez.
— Candy, te lo suplico, pero cinco minutos más.
— Sí caminas seré amable contigo por un buen tiempo. —Se la creé. Como un resorte se levanta entrelazando nuestros brazos, arrastrándome— Si no quitas tu brazo del mío te golpearé.
Una risa brota por sus labios, guiña un ojo antes de seguir como estábamos. De un tirón, me separo y lo fulmino con la mirada.
Una casa bastante común aparece frente a nuestros ojos, toco el timbre esperando que abran. Un chico de posiblemente nuestra misma edad nos hace pasar.
El chico que a veces parece que destila arcoíris con tanto cariño, se queda observando el lugar con los ojos entrecerrados.
Traspasamos las puertas de metal que se sitúan en la cocina, aquí detrás se aprecia un extenso patio. Giramos nuestros talones hasta la izquierda, luego a la derecha y ahí, una puerta nos espera. Abro y entramos.
Bajamos unas escaleras en completo silencio, aunque, las pisadas de ambos se pronuncian con intensidad. Ahí, en el paso subterráneo se encuentran varias personas con armas en mano, otras pegadas a computadoras rastreando mercancías y, por último y no menos importante, el dueño tomando café junto a su mano derecha.
— ¡No puede ser! —Dice sobresaltando a todos— Candy Moore coloca un pie en mi hogar, esto es una bendición.
— Cierra la boca y escucha. —El dueño de la Mafia Alemana se posiciona frente a nosotros, llevándonos a su despacho. Con tranquilidad tomo la misma posición que en la casa del italiano.
— ¿Qué sucede, demente? —Dice alzando su ceja izquierda. Coloca unos lentes tecleando en su computador.
Le explico lo mismo que al Mafioso Italiano, él comprende y tiempo después nos marchamos no sin antes dejar un pequeño regalo que ha enviado mi padre.
— Que gustes. —Es lo que menciono. Nuestro próximo destino es en Rusia, donde aquí será un poco más difícil.
Seis horas de vuelo y un minuto. Carraspeo llamando la atención del ruso cuando aterrizamos, su mirada es melancólica, pero con un ápice de emoción instalada. Sí, este chico vomita arcoíris por los poros y delante de más personas parece una máscara de hielo.
Bajamos con unas pequeñas maletas en mano, aquí nos quedaremos, aunque sea para pasar la noche y lo que resta de mañana. Consigo las llaves de un auto, mientras unos escoltas me cuidan las espaldas. Lennon conduce, después coloca una canción en su idioma natal.
En una de las tantas casas a nombre de mi padre, nos quedaremos esta noche, llevo mi pequeña maleta y tiempo más tarde bostezo.
La habitación asignada para mí, dejo mi maleta para luego dirigirme a la cocina. Encuentro algunas cosas y las preparo, volteo a sacar un refresco de mi refrigerador, al voltear, mi bella creación no se encuentra en la meseta de mármol.
— ¡Elliot Lennon! —Llega a la cocina con el mismo plato que había utilizado para introducir mi cena. Habla con la boca llena y yo respiro hondo un montón de veces.
— ¿Q-Qué? —Traga la comida y carraspea—; ¿Para qué me llamabas?
Camino hasta un pequeño bate que se encuentra cerca y corro hasta el chico, él corre encerrándose en su habitación.
— ¡Chico vomitador de arcoíris, vienes aquí mismo en este instante!
— ¡Estas loca, mujer! —Levanto el bate insertándole un golpe a la manilla de la puerta, cuando cae, entro a la habitación encontrando un Elliot con arma en mano—; Hablemos como personas civilizadas, ¿Entendido?
Niego frenéticamente sosteniendo aún con más fuerza, el bate.
— Bajarás en este instante a prepararme lo que te has comido.
— No.
— ¿No? —Me acerco lentamente, quita el seguro del arma. Vuelve a negar— ¿Dijiste no?
— Eso fue lo que dije. —El arma sale a volar cuando lanzo una patada.
En un ágil movimiento toma el bate lanzándolo a alguna parte de la habitación. Nos acercamos. En menos de lo esperado tomo su oreja haciendo que se retuerza del dolor.
— Escúchame bien, Lennon. —Digo entre dientes— Bajarás a prepararme algo relativamente exquisito, de lo contrario usaré la técnica que usé en la cabeza de una mujer.
Aprieto mi agarre más, se dobla del dolor y por la furia lo llevo fuera escuchando sus quejas. Cuando volvemos a estar en la cocina lo suelto, me fulmina con la mirada antes de ponerse manos a la obra.
[...]
La mujer morena con ojos grandes y una sonrisa amarga se centra en nosotros. La dueña de la Mafia Rusa.
— Nunca había tenido el placer de ver tu novio, eso es algo increíble por tu actitud. —Dice. Sabe de sobra que él no es, ni nunca será mi pareja. Pero le encanta molestarme con tonterías, gruño en respuesta— Tu rostro creo que lo he visto en alguna parte —Menciona ella fijándose en el chico vomitador de arcoíris.
— Sí, en animal planet —Respondo sarcástica.
— Tú madre estudiaba en el mismo lugar que mi hermana, quizás me recuerde como la culpable de su amistad fallida. —Habla en ruso, ruedo los ojos posicionando mis manos en el escritorio.
— No vengo a escuchar historias babosas sobre sus amistades, llegué a hacer tratos y que tu mandato en la mafia rusa no se destruya. —Digo tranquilamente, al cabo de dos horas y quejas ya ha terminado la sección.
Volvemos al aposento donde nos quedaremos hoy, otra vez y dirijo mis pasos a las escaleras. Lennon se lanzó al sofá de cuero viendo publicaciones en su celular.
Subí, cambié mi vestimenta después de ducharme y volví a bajar a pasos sigilosos. Una canción extraña se escucha, asomo mi cabeza en la cocina detallando el rostro de Lennon reprimir una risa por lo que ha estado viendo.
¿Por qué está escuchando una canción de un Pony? Pensé. Finjo que voy llegando, provocando que cambie todo para la aplicación de Instagram.
No menciono nada y preparo algo de comer, en este caso, para ambos. Cuando los platos de unos espaguetis se encuentran frente a ambos, comenzamos a degustar el manjar que acabó de hacer.
— Oye, —Alzo mi cabeza detallándolo— necesito ideas para el final de algo.
— ¿De tú libro? —Asiente lentamente, carraspeo acomodándome en la silla— Me he dado cuenta de que tus libros siempre terminan con los protagonistas bien felices, ¿No ha pasado por tu cabeza una idea de cambiar rutina? Ejemplo; escribiste un libro donde el chico es tóxico nivel mil, cuando aparece una chica él queda locamente enamorado de ella, pero hiriéndola en el camino. ¿No fuera mejor un final donde la protagonista no esté con alguien así?
— ¿Estas queriendo decir que los finales de mis libros son absolutamente predecibles?
— Sí. Sólo trata de pensar eso, hay una donde vas bien, pero dejaste de actualizar. Así que, quiero spoilers.
Niega con su dedo; — No.
— Oh, vamos.
— Ayer hiciste una promesa que no cumpliste, ¿Qué me garantiza que después la cumplirás?
— Siempre cumplo mis palabras. —Digo, de fondo se podría apreciar el circo apareciendo, agradezco que no sepa leer mentes porque me estaría viendo raro.
[...]
Latinoamérica
— Que hermoso milagro llegar de entrenar y encontrar a esta belleza. —Silba uno de los tantos mafiosos de Latinoamérica. Es joven, tal vez treinta y dos— ¿Para que soy bueno?
Lento le explico todo, entiende todo y así no duramos tanto en ese lugar. Luego tomamos rumbo a México donde es lo mismo, pero con una mujer esbelta con doble identidad como en la policía y en la mafia.
Son tan ingenuos de no darse cuenta de que la más peligrosa está entre su círculo. Nuestra siguiente parada es en Argentina, otra mujer, pero ahora con una sonrisa divertida, nos recibe. Cuando acabamos de platicar de lo acordado, marchamos a Puerto Rico.
Un hombre gritón nos recibe, no deja de darle órdenes a sus seguidores y sólo calma cuando lo amenazo.
Cuba, una señora de una expresión sombría nos presta atención por obligación, se la pasaba rodando los ojos hasta que posicione mis jugadas a tal extremo de asustarla.
República Dominicana, un hombre de cabellera oscura con actitud rebelde nos recibe, cuando se percata de que soy su futura superior baja los humos y presta atención.
Venezuela, una mujer joven con una niña en brazos se encuentra observándonos con fiereza, saco mis garras por su actitud arrogante logrando que nos eche del lugar. Más tarde estaba llamando con nervios, volví y prestó atención esta vez con las mejillas encendidas tal vez por la vergüenza o enojo.
Y así sucesivamente hasta los siguientes países con lazos a la Mafia Moore. En el jet, Lennon hace un chiste de lo peor.
— Escucha este, —Desenvuelve otro pequeño papel leyendo su contenido, ¿Por qué en República Dominicana le dieron esos dulces? Carraspea para empezar a decir su chiste— Amor, te diré Eva, por ser la primera mujer en mi vida. La novia le responde, yo te diré Dálmata por ser el ciento uno.
Ríe como loco. Mi semblante sigue serio, ¿Este chico era el que todos le tenían miedo en el instituto? Sí lo vieran ahora les darían pena por tenerles miedo a él.
— ¿Hago otro?
— ¡No! —Me apresuro a decir. Se queda tranquilo hasta que va durmiéndose y dejar su cabeza en mi hombro. Lo aparto con brusquedad, pero vuelve con lo mismo.
Reuní toda mi fuerza en mi mano para levantarla y abofetear su mejilla, se sobresalta, yo finjo dormir.
— Tus problemas de sonambulismo son algo, extraños. —Lo escucho decir. A los segundos suspira— Ojalá y no me mates por lo que haré.
Y se pega a mi como una cucaracha, abrí los ojos con fastidio tratando de liberarlo, pero no dejaba de apretar.
— Te partiré el rostro, Lennon. —Se escuchan unos leves ronquidos. Tomo su cabello alejando su cabeza de mí, él después se acomoda llevando su cabeza a mis piernas como si fueran almohadas. Gruño.
Ya no hago competencia de retirar su cabeza de mí, porque siempre termina con él agarrando mi cuerpo como si fuera un peluche o fuera a desaparecer.
[...]
Al llegar a Inglaterra, Londres. Se visualiza en varios letreros como quieren atrapar a la Mafia M. Detengo a Elliot del brazo, logrando que me observe, con mi barbilla señalo lo que anteriormente he estado viendo.
Sus ojos se abren a la par, indica que prosigamos, subimos al auto con algunas camionetas custodiándonos sin llamar mucho la atención.
— Tenemos que investigar más a fondo a la profesora de Literatura. —Digo, él asiente.
No toco el tema de su cuerpo durmiendo casi encima de mí, así que, opto por revisar las notificaciones de mi celular.
Carraspea llamando mi atención, levanto la mirada encontrándome con la mansión frente a nosotros. Suspirando, bajamos del auto. Algunas personas saludan y otras agachan la cabeza con respeto.
Caminamos hasta el despacho de mi padre, no se encuentra y la ama de llaves nos indica en el lugar que está. Giramos sobre nuestros talones y marchamos hasta el aposento pactado.
Abro, entramos y visualizamos la escena. Hay varios sujetos que, para nosotros, trabajaban en nuestra banda, ahora se encuentran amarrados a unas sillas de metal siendo golpeados por Aaron.
— ¿Qué está sucediendo? —Es lo que pregunto al entrar.
— Se dice hola. —Susurra Lennon, golpeo mi codo con sus costillas escuchándolo gruñir.
— Estos tienen información de quien es el infiltrado y no mencionan nada, mordieron la mano que les daba de comer. —Rompe la nariz de un chico haciendo que salga sangre.
No hablan y sólo me marcho cuando me entero por la boca de mi padre que, Afrodita está nuevamente enferma. Corro hasta su habitación encontrándola en el baño vomitando hasta el alma. A su lado derecho se encuentra Perséfone acariciando su espalda, en la izquierda está Carolina agarrando sus cabellos y detrás está Mimi con un vaso de agua y pastilla.
Me termino de acercar cuando con piernas temblorosas se levanta, va al lavamanos para cepillarse, pero golpeo la mano.
Su ropa está sucia con un olor horrible, mientras sus ojos se ven lejanos a la realidad, se le van cristalizando. Tomo algo para amarrar sus cabellos y después agarro la pastilla y el agua de las manos de Mimi, para dársela. Con dificultades, se la toma.
— Márchense. —Mi rostro está serio, aunque una preocupación y enojo ha surgido por dentro. Las chicas salen de la habitación junto a Elliot, siento a Afrodita en la tina ya cuando he retirado la ropa sucia de su cuerpo, salgo en busca de alguna limpia y vuelvo cerca de ella.
Echo algún tipo de jabón líquido para hacer espumas, suelto su cabello y comienzo a enjabonarlo. Se mantiene tranquila, aunque, con las manos temblorosas y unas lágrimas recorrer su rostro.
— ¿Afrodita? —No responde. Me inquieto terminando de bañarla, cuando la saco de la tina seco su cuerpo y coloco la ropa limpia.
Respira incontables veces agarrando su cabeza mientras grita fuerte alejándose de mí, frunzo el ceño por su reciente reacción.
Sin importarme cuanto se aleja, yo camino hasta ella tomándola por los hombros.
— Vamos a sincronizar la respiración, ¿Okay? —No me escucha, está demasiado fuera de la realidad— Afrodita, sigue mi voz.
— ¡Aléjate de mí, tú tienes la culpa! —está en un momento de pánico y yo no sé lidiar con esto. La puerta se abre dejando mostrar a Carolina con su rostro lleno de preocupación plasmada.
— Afrodita, —abre sus brazos— ven conmigo, ¿Sí? —Mi hermana corre hasta ella, abrazándola, llora fuertemente— vamos a respirar profundo a la vez, ¿De acuerdo?
Asiente siguiendo todos los pasos que indica la hija del psicólogo. Volteo mi cuerpo con dirección a la pared, después escucho la voz de Carolina hablando con cuidado hacia Afrodita.
Respiro hondo, giro sobre mis talones para encontrar una Afrodita observándome con tristeza y enojo. Me acerco poco a poco. Una mirada fugaz pasa a Carolina, ella asiente saliendo.
— Escúchame —sujeto su rostro entre mis manos—, encontraré el culpable de todo esto, pero debes de confiar en mí. No tengo la culpa, ¿De acuerdo?
— Mamá te adoraba —dice entre dientes— y de la noche a la mañana ya no piensas en ella.
Me mantengo callada, ella suspira preparándose para seguir hablando, pero el sonido de mi celular me desconcierta. Lo sujeto encontrando un mensaje en anónimo.
~ Ya van tres, pronto será la cuarta.
Frunzo el ceño al entender de inmediato, me mantengo ahí hasta que el Doctor Saeed entra revisando a mi hermana. Le ordena descansar y espero que duerma, no me muevo de la habitación por nada en el mundo. Cierro las ventanas junto a la puerta que da con dirección al balcón y sólo dejo entrar a Lennon para mostrar el mensaje amenazador.
— Es hora de investigar más a fondo, Rubia.
————————
¡Hola, personitas del misterio!
¡¿CÓMO ESTÁN, HERMOSAS PERSONAS DEL MUNDO?!
Ok, dejo de gritar. ¿Qué les pareció el capítulo de hoy? ¿Surgen teorías? Mi lado lectora quiere sobresalir dando teorías, así que, optare por calmarme.
–Sí, todavía ando de luto por Carmen, la abuela italiana y los perros. ¿Fui cruel? No, eso fue tranquilo.
En fin, hasta aquí mi reporte
Con amor: este intento de Escritora 🐅🖤🐅
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