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Capítulo 24

Tal y como habían acordado el lunes, Mad caminó hasta un paradero y esperó a que la pasara buscar Alex, sintiéndose incómoda y temerosa, debido a las cosas que le decían mientras caminaba o las miradas de los hombres mientras ella esperaba en el paradero.

—¿Estás bien? —le preguntó Alex en cuanto paró la moto.

—Sí, vámonos ya.

—Bien, súbete.

Alex le extendió un casco que llevó para ella y arrancó en cuanto ella se lo puso y se agarró de su cuerpo para no caerse.

En cuanto entraron al barrio en el que Alex vivía casi a las afueras de la ciudad, ella se dio cuenta de que conocía el lugar. Era el mismo sector en el que estaba la casa del padre de Spencer, pero a la vez eran casas distantes entre sí. Cada casa y muro eran iguales, lo que la perturbaba un poco. Lo que más le sorprendía era saber que Alex vivía en esa zona, pues nunca le pareció ser ese tipo de chico, a su vez que tampoco había mencionado a su familia alguna vez, pero tuvo un vago recuerdo de su tía quejándose por tener que cruzar la ciudad cada vez que Anthony se juntaba con Alex. Todavía le parecía increíble que, luego de tanto tiempo, siguiera sin terminar la escuela.

Bajó de la motocicleta cuando estuvieron frente a un enorme portón de metal, el cual se abrió por un botón a distancia.

—No es necesario que te bajes. Es más cómodo seguir en la motocicleta.

—Descuida: estoy bien así.

—Hablo en serio. Los chicos están al fondo.

Mad torció la boca y volvió a sentarse en la moto. El portón se cerró automáticamente, luego de que ellos entraron y avanzaron sobre la motocicleta hasta una pequeña casa, situada al fondo de la propiedad.

—Creí que estarían en la mansión —dijo Mad.

—Nah, mis padres no les gusta el ruido, así que, tengo mi propio refugio. Tiene aislante, calefacción, una cama, un baño, un refrigerador lleno y un minibar, para que pueda vivir aquí, básicamente.

Por un lado, a Mad le parecía genial que alguien pudiera vivir de esa forma, pero por el otro le parecía horrible, pues claramente la relación de familia entre Alex y sus padres era solo económica.

—¡Ardilla, sí viniste! —exclamó Will en cuanto la vio entrar.

Mad prefirió ignorarlo y fue a saludar directamente a Adrián, con un beso en la mejilla. Seguía impresionada por el lugar en el que vivía Alex y se preguntaba qué tan millonarios tenían que ser sus padres como para que él pudiera tener su propia casa (o como él le decía, "refugio") en el terreno y con todas las comodidades posibles.

Practicaron un par de canciones que tocarían en la batalla de bandas que se efectuaría en un par de sábados más. Una de ellas era What I've Done, en la que Mad era clave con el teclado eléctrico, pero también con el apoyo local, pues al cantar junto a Alex, podía hacer las notas altas a las que él no podía llegar, mientras él cantaba un par de octavas más abajo.

—Alex, no te ofendas por esto —acotó Adrián—, pero ¿y si mejor Mad es quien canta en toda la canción? Se escucha raro cuando ambos cantan y toda la canción es bastante alta para ti, al menos con otras las hemos sabido adaptar.

Mad lo miró desconcertada. Se sentía cómoda tocando al fondo, junto al mexicano, y tampoco quería quitarle su espacio a Alex, quien se quedó observándola por un minuto, inquisitivo.

—Ok. Mad, vas a cantar desde el teclado y yo subiré después, para cuando toquemos In the end.

La chica asintió con la cabeza. Sin duda sería un gran enredo en la presentación y sin duda sería el centro de atención frente a cientos de personas. Odiaba la idea, pero no se negó, ¿qué le estaba pasando?

Adrián golpeaba efusivo la batería y parecía estar concentrado solo en eso, pero en realidad no podía dejar de pensar en las palabras de Jorge esa tarde. Su muy característica sonrisa se había esfumado, solo tenía el ceño fruncido, al igual que los labios. Era fácil deducir que estaba enojado, pero era imposible imaginar el porqué.

Hicieron una pausa, cerca de las diez de la noche. Alex les ofreció a todos algunos aperitivos que tenía en la alacena, los cuales dejó junto al cenicero sobre una mesa de centro, pegada en ese momento al sofá, para tener más espacio para ensayar en la sala. Le extendió una cerveza a cada uno, pero Mad, quien estaba sentada en el sofá con su libreta en las manos, se negó.

—¿Tienes miedo de lo que puedas hacer si bebes? —bromeó Alex.

—¿Qué? No, es solo que nunca he tomado y prefiero mantenerlo así, al menos por ahora.

—Ok, pero me avisas si te arrepientes.

—Gracias. —Sonrió.

Mad bajó la vista sobre su libreta y siguió anotando cosas. Alex se dio cuenta de ello y se sentó junto a ella, para ver lo que hacía.

—¿Qué es eso? —inquirió.

—¡Ouh! Eh... a veces se me ocurren cosas y, no lo sé, solo las escribo.

—Déjame ver.

Ante la atónita mirada de Mad, el chico tomó la libreta y leyó lo que estaba escrito en la página abierta. Eran varias frases, sin mucha conexión o sentido, incluso algunas tenían rayas encima, pero en todas se notaba que estaba enojada. Le regresó la libreta, sin saber muy bien si debía decir o hacer algo.

—Deberías... tal vez deberías escribir canciones.

—Lo he hecho, o algo así. O sea, a veces escribo poemas o frases.

—Pues deberías tomar eso y alguna vez cantarlas, no lo sé.

—Quizás. —Sonrió.

Se quedaron mirándose en silencio, sin saber qué agregar. La situación se estaba tornando incómoda, por lo que, Mad volvió la vista a su libreta, pero Alex siguió observándola.

—¿Continuamos o nos vamos? —le preguntó Patrick—. Son las diez.

—Continuemos —contestó Alex, saliendo de su estado casi hipnótico.

Mad cerró su libreta y la guardó en su mochila. Se paró detrás del teclado, el cual encendió, para después encender el micrófono que se apoyaba en un trípode frente al teclado eléctrico. Siguieron con el ensayo de la forma en que acordaron y les gustó el resultado, tras varios intentos de Mad por cantar como voz principal, iniciando con nerviosismo, pero lográndolo por fin.

Así, un plan se empezó a configurar en la mente de Alex, para que tanto Mad como la banda se vieran beneficiados. Luego de ir a dejarla a su casa, le envió un mensaje a Adrián, sabiendo que lo apoyaría.

Una vez que Mad entró a su casa, se topó con varias cosas desparramadas. Tomó los platos y utensilios sucios que estaban en la mesa de centro en la sala de estar y los lavó. Se quedó un rato sentada en el sofá, no muy animada. A veces ni siquiera ella podría comprenderse, pues en ese momento solo tenía ganas de llorar y no sabía el porqué, pero ese día había sido un mar de emociones para ella.

A la mañana siguiente, se puso un vestido y fue a la iglesia, pero no se sentía del todo cómoda ahí, por más que lo intentara. Solo se sentía bien cuando estaba con sus amigos y su primo, pero no por el ambiente en general.

Regresó a su casa, para almorzar con Kathy y Michael, quienes repararon en su evidente desánimo. Preocupada por su hermana, Kathy prefirió preguntarle qué era lo que le pasaba, tras ver que no comía.

—Estaba pensando en que podríamos ver alguna película de princesas.

Mad miró extrañada a su hermana mayor, quien estaba calmada. A Michael se le escapó una risilla.

—Tú nunca quieres ver una conmigo —contestó Mad.

—Y tú nunca revuelves los tallarines así, como si te dieran asco. ¿Qué te pasa? ¡Es tu comida favorita!

—Técnicamente, mi comida favorita es la pizza...

—Mad —la interrumpió, molesta.

—Ok, sí. Pasa que estoy harta de la gente. Estoy harta de que digan qué es lo que está bien o qué es lo que está mal, ¿por qué creen que tienen derecho a decir qué es lo correcto?

—¿Estás embarazada? —disparó, preocupada.

—¿Qué? ¡No! Ugh... ¡no todo tiene que ver conmigo! ¿Y por qué tendría que ser eso?

Kathy alzó una ceja.

—¿Y entonces por qué lo dices?

—Es que... aish... Ayer el comité de padres se reunió con nosotros y nos dijeron sus reglas para el baile escolar: ir en pareja de hombre y mujer. Las mujeres solo con vestidos que lleguen a la rodilla o más largos y los hombres con traje. Todo debe ser recatado y de etiqueta. ¡¿Quién mierda define eso?!

—¿Había comité de padres? Ay... cierto que eso existe y que soy tu tutora. Bueno, eh... nunca participé.

—Lo supuse.

—¿Y por qué tienen que hacer caso a esas reglas?

—Pues porque el comité de padres es quien tiene el acuerdo para usar el gimnasio y encima son quienes ponen gran parte del dinero. Joe me dijo que podríamos hacer nuestro propio baile de graduación, pero incluso para eso necesitaríamos dinero... mucho más dinero, pues tendríamos que conseguir otro lugar... odio todo.

—Ok, sí suena como mucho, pero es posible. Te apoyo en esto si quieres organizar un baile de graduación distinto.

—Gracias. —Sonrió—. Aunque necesitaría que todos mis compañeros me apoyaran en esto y todavía queda el problema del dinero.

—Yo puedo poner bastante y estoy segura de que Michael también.

—¿Yo qué? —las miró horrorizado. Las dos chicas lo observaron sonriendo, a lo que él bufó—. Ok, sí, pero igual necesitarían más seguramente.

—Sí, claro, pero entre todos lo pueden juntar —respondió Kathy—. Piensen en actividades para hacer y empecemos a buscar algún salón para la fiesta.

—Gracias. —Mad sonrió, emocionada.

—Y me alegro de que al fin seas capaz de decir que odias algo, en lugar de guardártelo o pasarlo por alto, supongo que es un avance.

Mad volvió a sonreírle y arrugó la nariz, como un conejo, o eso era lo que se le venía a la mente a Kathy cada vez que lo hacía. Esta vez, la adolescente sí se puso a comer, sin darse cuenta realmente de lo que significaba para sí misma aquel momento en el que al fin había reaccionado.

En la tarde, fue al ensayo de la banda. Fue una jornada bastante tranquila, en la que ensayaron varias veces, para luego descansar. Mad estaba recostada en el sofá, ocupando solo uno de los espacios de este, pues se había sentado en una orilla y dejó que su espalda y su cabeza se amoldaran en el respaldo. Sus semanas eran tan extenuantes desde que había empezado a trabajar, que los fines de semana eran realmente su oportunidad para dormir. Movió la cabeza al percibir que alguien se había sentado a su lado, por el movimiento que había provocado en los cojines. Abrió con pesadez los ojos y vio a Alex, en una posición muy similar a la suya.

Por alguna razón, no se sentía del todo cómoda cuando él estaba tan cerca o estando solo los dos, como si algo no encajara. Se levantó del sofá y fue a tratar de hablar con Adrián, quien estaba sentado detrás de la batería todavía, para contarle la idea de hacer su propio baile de graduación, pero él no le dio mucha relevancia a lo que decía. Estaba desconcentrado y enojado todavía, pensando en Jorge.

—Me gusta tu idea —interrumpió Will—. Creo que es una estupidez lo que están haciendo, sinceramente, y sería divertido no darles en el gusto y hacer algo que sea nuestro. Total, va a ser nuestra única graduación de la escuela.

—¡Exacto! Estoy segura de que todos pensamos en que este podía ser nuestro momento especial, no es justo que nos lo arruinen con sus tontas reglas.

—Ardilla, en serio me sorprendes. Creí que eras de las que seguían las tontas reglas.

—No, solo sigo las reglas que tienen sentido.

—Algo es algo. —Sonrió y levantó las cejas, engreído.

—¿Pueden ir a coquetear a otro lado? —les dijo Adrián, enojado.

—No estamos coqueteando —le contestaron al mismo tiempo y se miraron con espanto. Acto seguido, Will se fue a hablar con Patrick.

Mad percibió por el actuar reciente de Adrián que algo le estaba pasando, por lo que, decidió que sería bueno preguntarle.

—Adi —lo llamó con cariño Mad—, ¿te pasa algo?

—Mmm... a ver: la persona que me gusta prefiere estar con alguien más, antes que admitir que yo también le gusto. Encima, está el tema ese del baile de graduación... ¡ni siquiera quiero ir!

—¡Pe-pero ya encontré una solución!

—¡Y suena muy difícil! Deja el tema y ya. Que los que no les molestan esas reglas, que vayan. A mí me da igual.

—¡Pero a mí no! Es horrible que quieras faltar por eso.

—Como sea, todo está bien... fuera de eso, claro.

Mad bufó.

—Nadie irá al baile que organiza el comité de padres. No sé cómo, pero haremos nuestra propia fiesta y que cada uno se sienta cómodo ahí. No quiero que alguien se pierda algo tan especial solo por un montón de viejos conservadores.

—Gracias —murmuró Adolf—, pero todavía está el primer problema.

El mexicano ya no lucía enojado, sino triste. Las palabras de Jorge no paraban de resonar en su cabeza desde aquel momento y odiaba la idea de que quizás en ese momento él estaba con alguien más. Ni siquiera podía contarle al resto toda la verdad, pues claramente Jorge no quería que se supiera, y él nunca lo expondría. Realmente le dolía el corazón, como jamás le había ocurrido.

Mad, sin estar muy segura de lo que debía hacer, apoyó su mano en la mejilla del chico y la acarició con ternura. Conocía perfectamente el dolor del corazón cuando este estaba destrozado, ni siquiera necesitaba que el mexicano le contara toda la verdad o que le dijera exactamente lo que sentía, pues conocía esa mirada en su rostro y ese tono al hablar. Conocía esas reacciones. Ya había pasado por eso antes y podía reconocer fácilmente las señales.

Adrián jaló su brazo y apoyó su otra mano en la espalda de la chica, para atraerla a su cuerpo. La obligó así a que bajara, para poder darle un fuerte abrazo, uno que ambos necesitaban en ese momento. Era increíble lo que podía reconfortar esa acción, sin tener que decir alguna palabra.

—Creo que debemos volver al ensayo —interrumpió Alex.

Continuaron practicando por horas, hasta que quedaron exhaustos. Cada uno tenía planes para ese sábado en la noche, a excepción de Adrián y Mad, por lo que, quedaron en terminar el ensayo y que cada uno se fuera a su casa.

—Mad, te llevo —le ofreció Will, siendo pasadas las ocho—. Tu casa me queda entre la mía y la de Adrián, así que, no me estaría desviando realmente.

—O puedo llevarte yo —dijo Alex—, por si quieres salir a dar una vuelta en moto.

—Gracias, pero creo que me iré con Will. Alex, dijiste que saldrías a cenar con Fanny, así que, creo que lo mejor será que te vayas a preparar.

Alex asintió, con los labios apretados. Mad se subió posteriormente a los asientos de atrás del viejo Cadillac y Will partió rápido, no sin antes bajar su ventana para poder ir fumando.

—Voy a irme por un atajo para llegar directo a donde vive Adrián, ¿ya? Luego me voy por las calles hasta la tuya y de ahí me voy a donde vivo.

—¿Por qué me dices todo eso?

—Para que no te asustes.

El chico dobló, saliendo del barrio en el que vivía Alex y también Spencer. En lugar de irse por la calle de la ciudad, se desvió hacia un sitio eriazo y de ahí se fue por un camino de tierra, que bordeaba parte de la ciudad, saltándose así el tráfico agobiante de la enorme urbe. Le dio una calada a su cigarrillo y exhaló.

—Soy asmática —dijo Mad.

—¿Y?

—Le hace mal que fumes cerca de ella —contestó Adrián—, por el humo.

—¿Y?

—Apaga el maldito cigarrillo para que no se ahogue.

—Ugh.

Will detuvo de golpe el auto y se bajó. Mad observó por su ventana a su alrededor. Estaba ya casi oscuro, por lo que se veían algunas estrellas. Si bien era un poco tenebrosa la situación, solo podía pensar en lo hermosas que eran las estrellas y recordó lo mucho que le encantaba observarlas cuando salía de campamento con los chicos de su iglesia.

—Bien —exhaló humo por última vez—, ya terminé.

Will tiró la colilla a la tierra y la pisó. Volvió a subir el auto y prosiguió por su atajo.

—Dañas al planeta cada vez que fumas, además de a tus pulmones —señaló Mad, igual que una niña.

—¿Te pregunté acaso?

Mad lo miró molesta.

—Will, sé que en realidad eres amable —volvió a entrometerse Adrián—. Así que, por favor, trata bien a las demás personas o te golpearé en la cara.

—¿Por qué últimamente estás tan irritado?

—Estoy cansado, ¿sí? Y me parece increíble que debo amenazar con golpearte para que dejes de ser intimidante.

Se acercaron nuevamente a la ciudad, luego de un par de vueltas. Entraron por una calle "sin salida" de un barrio y, tras algunas cuadras, por fin llegaron hasta donde vivía Adrián. Mad se despidió con un abrazo de él y volvió a subir, pero al asiento del copiloto. Le sorprendía el comportamiento de Will en ese día, pues no había sido cruel como acostumbraba, aunque sí estaba irritado.

—¿Por qué nunca te he visto en auto? —le preguntó de repente, luego de unos minutos de haber retomado el trayecto—. Según sé, tu familia está bien, económicamente, claro. Podrías tener tu propio auto.

—Pues... nunca obtuve mi licencia.

—¿Qué? —exclamó incrédulo, al borde de la risa.

—Reprobé la clase de manejo, ¿ok?

—¿Y no la volviste a tomar?

—No, nunca le vi la necesidad.

—¿Cómo es que tú reprobaste algo? De repente, me siento mejor conmigo mismo al saber esto.

—Cállate, solo lo reprobé y ya.

Will alzó las cejas, extrañado por el repentino enfado de la chica. Solo se puso a reír, mientras ella miraba hacia abajo, deprimida. Sí tenía una razón, pero le avergonzaba contarla, además de que le dolía recordar aquel momento.

—Oye, creo que el lunes deberías hablar con Kim y Elizabeth sobre tu idea de hacer nuestro propio baile de graduación.

—No estoy segura...

—Sé que nunca se llevaron bien, pero les va a gustar la idea. Además, si nosotros podemos llegar a entendernos y estar en un auto sin matarnos, creo que tú puedes congeniar bastante con ellas. Te recuerdo que Kim es presidenta del centro de estudiantes y Elizabeth la secunda, además de que ama ser la princesa de todo... ellas son a quienes tienes que convencer para poder tener el baile. Dudo que Ellie quiera recibir una corona de una vieja que prácticamente la llamó "puta" frente a toda la escuela, su orgullo no se lo permitiría.

—Trataré de hablar con ellas, pero preferiría que tú lo hicieras.

—Ay, por favor: te hará bien pedirles ayuda.

—Quizás hasta se burlarían de mí.

—Las burlas que te hicimos fueron circunstanciales, ahora es distinto.

—¿En serio? Porque yo no puedo olvidar cada maldita palabra que dijeron o broma estúpida que me hiciste. Tampoco puedo olvidar que se empecinaron en hacerme la vida imposible y jamás me dijeron por qué, tampoco me has pedido una sincera disculpa.

—Oye, lo siento. Admito que fue tonto...

—No sirve. Por tu culpa y por culpa de ellas, no soy capaz de pararme frente a todos sin querer vomitar y ni siquiera supe por qué lo hicieron.

—Es que... no lo sé, eres tan rara. Y de repente te paraste frente a todos con una guitarra, como si fueras una maldita estrella country, y cantaste esa tonta canción sobre personas crueles. Las chicas no podían creer que tú, que eras tan rara y hablabas de un novio imaginario para que dejaran de decir que eras lesbiana, tuvieras una maldita voz tan genial. ¿Y sabes qué? Sí: tu voz es asombrosa, pero Kim te odió, al igual que Elizabeth, que no paraba de lloriquear porque seguro después te darían los protagónicos a ti. Y si ya nos burlábamos de ti, ella solo quería acabar contigo, ¿eso era lo que querías escuchar? Estoy seguro de que no, pero es la verdad.

Mad estaba llorando, pero ni siquiera era capaz de llevar sus manos a su cara para limpiarse las lágrimas, que se deslizaban sin parar por sus mejillas. Recordar todo eso era algo demasiado doloroso.

—Y de verdad lamento toda esa mierda. ¿Qué si todavía soy cruel contigo? Pues sí, lo soy, es difícil quitarse la costumbre, pero al final del día sí pienso en lo mucho que me equivoqué. No me pidas que te trate de maravilla, porque sigues actuando extraño, pero admito que fui un idiota por todo lo que te hice, nunca lo mereciste en realidad.

La chica siguió llorando. Una vez que llegaron hasta su calle, Will estacionó junto a la vereda de la casa de Mad. Ella reaccionó y se empezó a limpiar la cara. Inhaló y exhaló un par de veces, para poder controlarse.

El hermoso cielo nocturno se encontraba tapado de nubes, que no permitían ver las estrellas y solo que podía alcanzar a divisar el blancor de la luna.

—Solo para aclarar: no soy lesbiana y sí tenía novio, pero resultó ser un maldito idiota que me hizo sufrir más que la mierda. —Sonrió, con dolor.

—A todos nos quedó bastante claro que no eres lesbiana...

—Si eso es un guiño a toda la mierda que hablan sobre mí ahora, métetelo por donde te quepa, ¿sí? Jamás tuviste que contarle al resto lo que hice en la boda de mi hermana.

—Me pareció gracioso, pero... sí me dolió que me ignoraras y me trataras mal después. Entendí que me equivoqué, que me he equivocado todo este tiempo.

—Y solo una cosa más: mi vida sexual es asunto mío y de nadie más, ¿ok?

—Sí, descuida... una última duda, si te gustan los hombres, ¿por qué le dijiste a una chica que te gustaba? Recuerdo que por eso te empezamos a molestar con que eras lesbiana.

—Es tonto que algo así sea motivo de burla. Pero como sea: jamás dije que no me gustaran las chicas, solo conté que estaba viendo a un chico. Soy bi.

Will se asombró y Mad salió del auto. El chico se quedó procesando por un par de minutos la confesión de ella, quien entró a su casa. Will abrió bastante los ojos, encontrándole sentido por fin a todo.

Mad vio a Michael sentado en el sofá, viendo televisión. Ella lo saludó y subió a su habitación, reparando en la puerta de la pieza de Kathy, que se encontraba un poco abierta y por donde salía a todo volumen música heavy metal. Se asomó para ver qué estaba haciendo y se dio cuenta de que estaba tirando pinceladas sobre un lienzo.

La adolescente se devolvió al pasillo y entró su propio cuarto. Tiró su mochila al suelo y se echó sobre la cama, mirando hacia el techo por un buen rato, hasta que entró Kathy.

—Pedí pizza —le dijo—. El repartidor está abajo, así que, ya vamos a comer. ¿Te traigo un trozo o vas a bajar?

—Creo que... creo que iré a buscar uno, pero me lo quiero comer acá.

Kathy la miró, desconcertada en silencio. Asintió con la cabeza y sonrió.

Mad le devolvió el gesto y la siguió hasta el primer piso. Sacó un par de pedazos y volvió a su habitación, en la que se encerró. Escuchó música con sus audífonos mientras comía, olvidando todo lo que había estado pasando. Al parecer, todos tenían problemas ese día, si no, no hubiera encontrado a Kathy pintando de esa forma y con música a un volumen tan fuerte, tampoco Will hubiera sido tan sincero con ella al fin y el mismo Adrián le había confirmado lo mal que se sentía.

«Corazones desolados...», pensó Mad.

Tenía una idea, quizás un poco extraña, pero que tal vez podía terminar bien. Al terminar de comer, dejó el plato sobre el escritorio y se lavó las manos, pues habían quedado aceitosas. Buscó en su mochila su libreta y empezó a anotar todo lo que se le ocurría.

—Corazones desolados... agobiados por tontos problemas —murmuró—, condenados a estar sufriendo, porque somos los condenados, así nos catalogaron.

Escribió todo eso, sin estar muy segura de si solo estaba escribiendo algo muy tonto o si estaba escribiendo una canción. Más frases vinieron a su mente y la hoja de su libreta quedó como un mar de versos extraños.

Cerró su libreta, la dejó en su velador y se quedó un rato leyendo. Escribir le había producido una sensación de alivio, que casi no podía explicar, solo sabía que ya no sentía ese dolor en el pecho. Tras leer durante algunas horas, guardó el libro en el estante y se asomó a su balcón. Observó el cielo: podía ver a las estrellas brillando junto a la luna, sin un rastro de alguna nube que pudiera taparlas. Mad sonrió y entró otra vez a su habitación, dejando cerrado el ventanal que daba al balcón. Se fue a acostar y vio que su gata ya se había echado a los pies de la cama, como si hubiera sabido que ya era hora de dormir.


















Actualización (15 de octubre de 2021):

Holis raviolis uwu

¿Qué tal el capítulo?

Espero que les haya gustado uwu

Recuerden que me ayudan con un voto y comentando su impresión de este capítulo, al igual que me ayudan a crecer si comparten la historia con sus conocidos uwu

En fin, tenía varias cosas que necesitaba concluir y empezar algo nuevo. Espero que ya con este capítulo haya quedado claro las razones por las que molestaban a Mad en la escuela (recuerdo que alguien me había preguntado al inicio) y que quede algo muy en claro: ninguna razón justifica el bullying. Como alguien que sufrió de esto cuando niña, les aseguro que no existen razones coherentes, sino que simple y llanas excusas que a veces ni siquiera los abusivos comprenden (lo sé, porque hace unos años encaré a quienes lo hacían y les pregunté).

Y en serio: todo lo de este capítulo sirve para comprender lo que ha pasado y lo que pasará más adelante. Es sin duda uno de los más importantes y espero que se entienda el mensaje de todo esto.

Solo para aclarar una última cosa: Mad tiene depresión (seguro más de alguno se dio cuenta). Tiene momentos en los que se puede sentir muy bien y, luego, hasta lo más mínimo o a veces incluso por nada puede volver a hundirse y espero que este capítulo sirviera para mostrar esta realidad.

Editado (20 de octubre de 2021): hoy implementé algunos cambios. Les recuerdo que esto sigue siendo una especie de borrador, por lo que, es normal que edite capítulos ya publicados si siento que es necesario cambiar algo.

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