Lunch
Si tenía que ser sincero, Soobin diría que estaba algo cansado.
Las promociones de TEMPTATION se le llevaban haciendo eternas desde el momento en el que comenzaron; y no es que no le gustara ir a los shows y que sus miembros disfrutaran cada escenario, ganar premios y convivir con otros artistas, pero algo sobre ensayar la coreografía él solo cada noche sin que los demás lo supieran lo tenía realmente cansado.
Soobin confiaba en sus habilidades, realmente lo hacía. Sabía que su vocal era bueno y estable, que su visual no eran tan malo y... bueno, respecto al baile no podía decir nada. Jamás se había sentido demasiado seguro sobre la manera en la que bailaba, mucho menos teniendo a Yeonjun, un excelente bailarín, como uno de sus miembros.
Dejó en el piso de la sala de ensayos la botella de agua que acababa de beber completa y se permitió respirar un momento cuando dejó caer todo su peso en seco. Eran las 2 de la madrugada y lo único que quería era ir a dormir.
Se preguntó si aún quedaría algún otro artista en el edificio. Era bastante improbable, ¿quién más podría sentirse así de patético y perfeccionista como para...?
—¿Soobin?
Su corazón dejó de latir un segundo que le pareció eterno al escuchar esa cálida voz.
Seungkwan se asomaba con una mueca de preocupación a través de la puerta, con sus bonitas mejillas redondas, una bufanda rosada y su cabello marrón despeinado.
—Hyung —dijo incorporándose, sintiendo el calor subir a sus mejillas.
Seungkwan le había dicho que estaba bien que lo llamara así, que eran lo suficientemente cercanos como para que se tuviera que sentir avergonzado; pero Soobin de alguna manera seguía creyendo que llamarlo así sin previo aviso quizá podía molestarlo.
—¿Qué estás haciendo aquí? —indagó Seungkwan.
Soobin dio un paso hacia atrás cuando Seungkwan se acercó a él. Probablemente estaba todo sudado, despeinado y quizá aún olía al tteokbokki que comió por la tarde con Beomgyu.
—Estaba ensayando —respondió agitado (quería creer que a causa del intenso ejercicio y no a causa de la presencia de su crush).
—¿A estas horas?
Soobin asintió apenado. Que Seungkwan supiera que era tan duro con él mismo lo avergonzaba un poco.
—De hecho estaba por marcharme —mintió.
Seungkwan pareció aliviado.
—Menos mal. Ya es demasiado tarde como para seguir aquí —dijo Seungkwan sonriéndole—. ¿Cenaste?
La mano de Soobin viajó hasta su nuca. Desvió un poco la mirada.
—No en realidad.
Seungkwan suspiró. Soobin admiró la manera en la que las manos del mayor juguetearon entre ellas.
—No quiero ser el típico hyung molesto, pero no puedes quedarte sin comer nada después de estar aquí metido ensayando coreografías tan complicadas. ¿Qué te parece si vamos a cenar?
—Claro —Soobin jamás había contestado tan rápido a una pregunta. Incluso olvidó el sueño que antes lo envolvía. Salir con Seungkwan sin duda merecía toda su energía.
Seungkwan soltó una risita y Soobin sintió que se desvanecía. A veces le parecía ridículo lo lindo que era el mayor, ¡alguien así debería ser ilegal!
—¿Tú qué estabas haciendo aquí? —cuestionó entonces.
Seungkwan se balanceó sobre las puntas de sus pies, como si pensara que era lo que debía responder.
—Para ser sincero, yo también estaba ensayando. Si voy a promocionar Fighting con Hoshi y DK tengo que saber lo que estoy haciendo en el escenario.
Soobin lo escuchó atento. Claro que Seungkwan sería la única persona que también ensayaría en la madrugada hasta desfallecer para ofrecer lo mejor de él mismo.
Siempre lo había admirado por cosas así; es por eso que cuando se enteró de la adquisición de Pledis por parte de Hybe no pudo evitar sentir mariposas en el estómago. Obtener consejos del mayor y pedirle sugerencias de comida había sido la excusa perfecta para hacerse cercano a él. No había esperado enamorarse de Seungkwan.
Pero, en su defensa, ¿quién no estaba enamorado de Seungkwan? Estaba seguro de que incluso el staff lo amaba.
—¿Te ayudo a recoger?
No. Claro que no iba a dejar que Seungkwan lo ayudara a recoger pants sucios y toallas llenas de sudor.
—No, está bien. Mañana temprano recogeré todo —aseguró, pero Seungkwan lo miró no muy convencido—. De verdad, hyung.
Las orejas de Seungkwan enrojecieron un poco, y cuando Soobin lo notó sintió su propia cara arder. ¿Seungkwan se había avergonzado? Quizá Soobin ya estaba comenzando a delirar por tener a un chico tan bonito tan cerca.
Como lo había previsto, el edificio estaba casi completamente vacío, a excepción de algunos miembros del staff.
Cuando salieron el aire frío de la madrugada golpeó el rostro de Soobin como un puñetazo. Había olvidado lo heladas que eran las noches en Seúl. No tuvo que decir nada para que Seungkwan se diera cuenta de que tenía frío. Soobin sintió la bufanda enrollarse en su cuello, y trató de detener al mayor apenas lo notó.
—No es necesario —aseguró, tomando entre sus manos las de Seungkwan para evitar que siguiera envolviéndole la bufanda—. No quiero que te resfríes.
Viéndolo así, Soobin se daba cuenta de la enorme diferencia de estaturas que tenían. Siempre supo que era alto, pero saber que le sacaba tantos centímetros de estatura a Seungkwan no podía más que enternecerlo a pesar de que el contrario era mayor.
—No importa. Tengo un buen sistema inmune —le dijo a Soobin, liberando sus manos del agarre y terminando de acomodar la bufanda.
—Gracias —susurró entonces Soobin, escondiendo su rostro en la suave tela rosa que ahora cubría su cuello, olía a vainilla y a canela.
—Ven, ¿qué quieres cenar?
Seungkwan tomó su mano, casi como si no lo hubiera notado, para meter a Soobin a la primera tienda de autoservicio que vieron. Incluso cuando Seungkwan notó el contacto y trató sutilmente de soltar su mano, Soobin afianzó el agarre y desvió la mirada.
—Ramen —dijo, más como pregunta que como afirmación.
Tomaron tres paquetes de ramen, un par de bebidas y después Seungkwan pagó, alegando que era el mayor y por tanto debía de cuidarlo.
Hasta ese momento fue cuando Soobin se dio cuenta del inusual camino por el que iban. Sus dedos seguían entrelazados y Seungkwan aún cargaba la bolsa de las compras.
—¿A dónde vamos?
Seungkwan comenzó a toser, y Soobin se vio obligado a romper el agarre para poder auxiliarlo.
—Ah, si. Perdón —Seungkwan hablo tan rápido que Soobin apenas podía entenderlo. —Yo... Creí que no te molestaría que te cocinara.
—¿A mi? —se sorprendió.
—¡Si! Quiero decir, no a ti de a ti. Sino, a ti de... ah, solo es ramen. Lo siento.
Ambos rieron. Seungkwan era tan tierno que incluso tratando de excusarse hacía a Soobin sumergirse en el lugar más maravilloso del universo.
—Está bien. Me encantaría —confesó—. ¿Vamos a ir a tu dormitorio?
Se dio cuenta de lo vergonzoso que sería ir al dormitorio del mayor, dónde seguro los miembros de su grupo lo estaban esperando o algo así.
—En realidad pensaba invitarte a mi departamento.
Soobin abrió los ojos lo más que pudo, completamente sorprendido.
—¡¿Tienes un departamento?!
Seungkwan rió y después asintió.
—Somos tantos miembros en mi grupo que a veces necesitamos descansar un poco de tanto alboroto.
Llegaron a las tres, lo que era una buena hora considerando que habían ido caminando y que habían pasado a comprar la cena.
El apartamento no era tan grande como Soobin hubiera imaginado. Tenía una pequeña cocina, una sala y dos puertas más que estaban cerradas.
—¿Te ayudo en algo?
—Solo es ramen —se burló Seungkwan—. Solo hay que esperar a que se cocine. ¿Mientras quieres ver una película?
Realmente no quería, pero Seungkwan parecía contento ante la idea, así que Soobin terminó accediendo a ver Bambi. De cualquier forma no la estaba viendo en realidad, prefería quedarse mirando el perfil de Seungkwan sentado en el sillón a su costado, contar los lunares junto a su oreja y sus pestañas batiéndose con cada parpadeo.
—Deja de mirarme —se quejó entonces Seungkwan, y Soobin sintió su corazón martillear tan fuerte en su pecho que creyó que moriría.
Desvió su vista de inmediato hacia el televisor fingiendo no haber visto a Seungkwan jamás.
—No te estoy mirando.
—No mientas. Pude sentir tu mirada taladrándome el craneo —le aseguró Seungkwan.
Soobin tosió medio incómodo, con el color carmín invadiendo hasta su cuello.
—Lo siento —se disculpó entonces, más avergonzado que cuando nombró mal Tomorrow by Together en aquellos premios en vivo.
—A veces olvidó que eres menor que yo —le dijo Seungkwan—. Eres realmente adorable Soobinie.
—¿Qué? —protestó—. ¡Pero si tú eres el que es realmente lindo, y tierno y...! —dejó la oración morir en el aire al notar lo que estaba diciendo en voz alta. ¿Se acababa de confesar o algo así?
—¿Y...? —Seungkwan lo alentó a continuar.
Soobin tragó en seco, sintiéndose más pálido que una hoja de papel. ¿Qué más daba si terminaba delatando sus sentimientos ahora? De todos modos ya se había avergonzado lo suficiente.
—Y realmente creo que me gustas, hyung.
Hubo silencio por unos momentos que a Soobin le parecieron eternos. Seungkwan lo miraba fijamente y Soobin se sentía incapaz de mantenerle la mirada por más tiempo.
—Desde la primera vez que te vi en la televisión simplemente me gustaste —reconoció cuando supo que Seungkwan no iba a hablar—. Eres tan carismático, tan bueno en todo lo qué haces y tan perseverante que simplemente yo no pude evitarlo.
—Yo...
—¡No! —Soobin se apresuró a volver a hablar—. No hace falta que digas nada, de verdad. Entiendo que tú no me veas de esa manera y solo lo hagas como un amigo o compañero.
Soobin cerró los ojos, esperando lo peor. Quizá que Seungkwan le gritara, se molestara o que incluso lo corriera de su apartamento (aunque lo veía improbable dada la cálida personalidad del mayor).
—Iba a decir que también creo que eres lindo.
Sus ojos se abrieron por inercia.
Qué.
Simplemente, ¿qué?
—¿Bromeas?
Seungkwan negó, y Soobin en lugar de alegrarse sintió un peso encima. ¿Qué si esa era la manera dulce de Seungkwan de rechazarlo? Soobin sabía que era imposible que su mayor lo viera alguna vez de manera romántica.
—No bromearía con algo así —pero eso fue lo que Seungkwan le dijo.
—Pero tú eres Boo Seungkwan de Seventeen —le recordó Soobin—. Todos te aman, estoy seguro de que incluso podrías elegir entre miles de personas.
—Pero entre miles me gustas tú.
Soobin quería llorar a pesar de que él no se consideraba una persona tan sentimental.
—¿De verdad?
Seungkwan no le respondió al instante, simplemente se acercó a él, como lo había hecho más temprano: sigiloso y causando que las mejillas de Soobin ardieran en carmín.
—De verdad.
Soobin fue quien tomó el valor para cerrar la corta distancia entre sus labios. Seungkwan sabía a todo lo que siempre imaginó. Y todo era perfecto. Las manos de Seungkwan apresaron la cintura de Soobin. Y, en cambio, las manos de Soobin atraparon el cabello de la parte trasera de la cabeza del mayor, logrando que su cabeza se acercara aún más si eso era posible, profundizando el beso hasta que Soobin sintió su respiración detenerse.
El humo que salió de la cocina fue lo que los hizo separarse. Seungkwan se apresuró a apagar la estufa y Soobin lo siguió de cerca. Habían olvidado el ramen que se estaba cocinando.
—Se quemó —chilló Seungkwan y Soobin quizo acariciar su mejilla, así que lo hizo.
—Está bien. En otra ocasión podemos volverlo a cocinar.
—¿Si?
Seungkwan lo miró como un cachorrito, y tomó toda la fuerza de voluntad de Soobin para no inclinarse y besarlo de nuevo.
—Si. Igual hay algo más que prefiero comer.
Las mejillas de Seungkwan se inflaron y el rubor las cubrió por completo por la vergüenza.
Soobin sonrió y sus hoyuelos se mostraron.
¿Siempre había sido así de desvergonzado?
...
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