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— Vamos, ya es hora de ver a las brujas.
Gi nos dirige entre las personas hasta un pequeño escenario cubierto con una alfombra roja de terciopelo, ahí se encuentra Magnolia quien creo que es la dirigente y a la par suya un chico pálido, con ojeras y de cabello negro como la noche, lo único que resaltaba de su pálido rostro son sus ojos azules y sus labios con una leve tonalidad de rosa, viste completamente de negro con excepción de de su gabardina que es de terciopelo azul. Su mirada es fría e indescriptible, no se movía de su lugar y se notaba que le aburría la situación.
— ¿Quien es el? Su aspecto transmite una desesperada súplica para que alguien lo mate — me atrevo a preguntar en un susurró a Gi
— Es el hijo de Magnolia ¿atractivo verdad? — dice con diversión
— Demasiado — dice Flegt con sarcasmo — Creo que si seguimos así no vas a querer irte de este lugar — me enseña un poco de uvas y come una
— ¿De dónde sacaste uvas? — tomo una
— De aquella mesa — dice con la boca llena, señala una mesa llena de comida, copas doradas y un vacío en donde antes estaban las uvas
— Puede que las uvas estén envenenadas y tú te las estás acabando...
Abre los ojos de par en par y comienza a escupir las uvas, dejándo el resto en una banca vacía.
— ¡Flegt estaba bromeando! — digo entre risas, haciendo que él me observe con el ceño fruncido y niega con la cabeza
— ¿Con qué así quieres jugar? — se muerde un momento el labio y sonríe
— ¿Qué sucedió con el perfecto Flegt que no mata ni a una mosca?
— Se quedó en casa — me toma de la cintura y sonríe — Preparate para la venganza.
— ¡Bienvenidos! — la voz de Magnolia suena en todo el lugar gracias al micrófono — Están aquí para recibir a nuestras queridas brujas y hadas, han tenido que recorrer un largo camino el día de hoy y hay que recibirlas como es adecuado.
Como si las estrellas fugaces bajaran a la tierra siete luces caen desde el cielo al escenario convirtiéndose en siete brujas acompañadas de pequeñas hadas, no tenían escobas, ni sombreros, solamente estaban con un vestido negro que esculpian a la perfección su cuerpo, acompañado de botas altas del mismo color y una capa que en su interior era rojo y en el exterior completamente negra.
— Espero que su viaje haya sido agradable — Magnolia esboza una sonrisa — Antes de escoger a las próximas brujas en emprender su viaje tengo un anuncio...
Se queda en silencio un momento y el pelinegro se acerca a ella y se nota como comienzan a hablar entre susurros un momento hasta acercarse nuevamente al micrófono.
— Me complace anunciar que mi querido hijo será mi sucesor cuando su aprendizaje sea concluido, sin más que decir que comience el sorteo.
Una de las brujas se quita la capucha dejando su cabello ondulado y negro a la vista, se dirije a un frasco de vidrio en el cual lanza un papel el cual se incendia, mete la mano sin temor a quemarse y saca siete papeles nombrando a cada una de las brujas.
— Felicidades a todas — dice en un tono bajo — ¡Que comience la celebración!
Todos se dispersan y van a las distintas actividades, Gi nos deja solos para que conociéramos a distintas personas lo cual no funciono ya que Flegt y yo estábamos solos bailando entre toda la multitud que también lo hacía, era agradable estar con él, puedo reconocer que no resulta tan irritante y molesto como era costumbre.
— ¿Quieres descansar un momento?
— Si por favor, me duelen los pies de tanto bailar — una sonrisa ilumina su rostro y me toma entre sus brazos llevándome a una banca vacía
— ¿Quieres tomar algo? Aunque desconozco que es lo que esta servido en la mesa.
— Prefiero no arriesgarme, puede que termine bebiendo sangre de cabra.
— Sangre no, Melbricht si — la bruja de cabello negro me entrega una copa dorada
— Gracias — digo con temor
— Un gustó — sonríe — Soy Elowin — fija su vista en Flegt
— Ella es Aster y yo Flegt, un gustó — él sonríe y tomando mi mano
La bruja quiere conquistar al tonto de Flegt.
— ¿Te gustaría bailar conmigo? Por lo visto Aster esta cansada ya.
— La verdad es que...
— Le encantaría — interrumpo a Flegt quien me mira con temor al irse con Elowin.
Veo como se alejan y se dispersan entre la multitud de personas bailando mientras yo me quedo sentada en la banca bebiendo de aquella copa, su sabor es como el del vino, solamente que con un toque acaramelado.
— Espero no incomodar — Zorel se sienta a la par mía con una copa en la mano
— Creo que tú podrías llegar a incomodarte dada mi torpeza, no quisiera alejar a un duende, es de mala suerte.
— Supongo que soy el único duende que conoces — suelta una risa — Vamos a llevarnos muy bien pequeña Aster.
— Eso espero gran Zorel — digo entre risas
— Dime ¿cómo terminaron aquí?
— Se me ocurrió seguir las luces y arrastre a Flegt a mi desgracia — tomó un sorbo más
— Nunca creí que este lugar podría ser catalogado como desgracia, dale tiempo te enamorarás de él.
No presto mucha atención a lo que dice Zorel ya que logro observar a lo lejos a Flegt quien esta bailando con Elowin.
— También terminarás enamorándote de él, aunque a mi parecer ya lo estás — toma un sorbo de su copa y la deje en la banca — ¿Bailas?
— No, para nada yo no...
— Es un baile Aster, no pienso pedirte matrimonio — extiende la mano y la tomo con algo de duda
Bailamos un poco hasta que no pude más aunque nuestro baile fueron más risas gracias a la poca habilidad de Zorel, después de eso nos volvimos a sentar y Flegt llegó con nosotros, Zorel se encargó de darnos a degustar cada uno de los aperitivos que había en el lugar, la mayoría eran dulces y unos cuantos ácidos, conocimos a un grupo de duendes amigos de Zorel al igual que unas cuantas hadas hasta que Gi nos llevó dos copas más de Melbricht y nos quedamos hablando hasta que comenzó a salir el sol.
— Es hora de encerrarnos — Gi se levanta del suelo limpiando su vestido con las manos
— Nos vemos — Zorel se levanta tambaleando — Quiero mostrarles el valle de Meawdon algún dia.
— ¿Qué tiene de especial? — pregunta Flegt
— Ya lo verán — responde con misterio
— ¿Piensas irte sin zapatos? — cuestiona Flegt fijando su vista en mis pies
— No puedo volver a caminar con ellos, además la casa esta cerca — comienzo a caminar por las piedras
— No queda muy lejos, pero todo el camino es de piedra, ven sube — me indica que suba a su espalda
— Se te agradece querido Flegt.
— Es un placer querida Aster.
Tal vez era el Melbricht en mi sangre, pero cada rasgo del Flegt se volvía cada vez más relevante al igual que su hermosa cabellera rubia.
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