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Capítulo 3

En algún lugar destruido, a las afueras de Moscú...

Devlin despertó lentamente. Le costó un poco acordarse de dónde estaba y de qué había pasado. En el fondo deseaba que sólo hubiera sido una pesadilla, deseaba poder despertarse y tener a Arisha a su lado, incluso aunque ella fuera la misma Arisha fría y calculadora de cuando se reencontraron, aquello mismo le valía, porque ella estaría a su lado. Aún no había abierto los ojos, estaba imaginando cómo sería tenerla junto a él, ver su largo pelo rubio mientras ella le daba la espalda, revisar su alta y esbelta figura mientras ella se levantaba e iba a hacer café. Imaginar su grave voz fría como el hielo dándole los buenos días. Cualquier cosa que proviniera de ella. Pero, por supuesto, la realidad terminó por imponerse y, a regañadientes, Devlin abrió los ojos.

Todo estaba casi como lo recordaba, excepto que ya no quedaba nada de polvo por el lugar. Donde estaban Alexey y él parecía ser un sitio seguro, no parecía que fuera a haber más derrumbarse a pesar de que del resto del lugar sólo quedaban escombros y ruina.

Se incorporó lentamente, sentándose sobre el duro suelo en el que había caído inconsciente. Le dolía la espalda bastante, pero supuso que aquello tenía que ver con el lugar donde había descansado. ¿Cuánto tiempo llevaba allí? ¿Cuánto tiempo había permanecido inconsciente? No tenía ni la más remota idea, sólo sabía que era de día porque entraba el sol por un pequeño ventanuco que se hallaba en una esquina, apenas unas rendijas al ras de suelo, suficiente para que aquel lugar tuviera un poco de iluminación, tenue, pero suficiente para ver dónde estaba y qué había.

Entonces se preguntó qué estaría pasando con Arisha. ¿Habría hecho alguna estupidez? La conocía lo suficiente como para saber que había sido perfectamente capaz, aunque esperó que eso no sucediera, que les diera al menos un poco de tiempo para salir de allí y poder encontrarla.

Miró a su alrededor, tratando de hallar una manera de salir de allí pero no la había, al menos no por el momento. Tendría que trabajar duro, arduamente, para levantar partes del escombro y poder salir de allí. Esperó no tener que trabajar en aquello solo, al fin y al cabo Alexey seguía con vida... Sus ojos se abrieron como platos en cuanto aquel pensamiento pasó por su cabeza. ¡Mierda! Lo había olvidado totalmente. Inmediatamente se puso en pie y se acercó al cuerpo que reposaba cerca de donde él había estado. Tuvo que detenerse un momento por el mareo que lo sacudió en cuanto se puso en pie, por hacerlo de manera tan rápida y precipitada. Cuando recobró el equilibrio, yendo con más cuidado, se agachó al lado del gran cuerpo de Alexey.

"Hasta en estas condiciones el condenado es imponente, al borde de la muerte y todavía inspira cierto respeto", pensó Devlin con una pequeña risa sarcástica mental.

Buscó con cuidado en su cuello, tratando de encontrar el pulso latiendo en aquel hombre. Y lo encontró. Mucho... Muchísimo más firme de lo que había sido la última vez que lo había mirado, incluso su rostro, anteriormente blanco como el papel, había recuperado un muy tenue color rosado. Revisó la herida de Alexey, que parecía estar curando correctamente con la cura burda y zafia que le había hecho.

Nunca se cansaría de repetirlo, aquel maldito muchacho era más difícil de matar que una cucaracha. Pocos, muy pocos sobrevivirían a todo lo que Alexey Ivanov había sobrevivido desde que se encontraran por causa de Arisha. No quería ni imaginar cuanto había tenido que aguantar antes, pero lo que estaba claro era que había nacido con una jodida flor en el culo... O con la peor suerte deseable, todo dependía del punto de vista con el que se mirara.

Soltó un suspiro cansado y se incorporó de nuevo, decidiendo por el camino volver a estudiar el lugar en el que habían quedado. No era muy grande y la última vez sólo había alcanzado a ver que había comida y agua, no se había fijado en más, cosas de la supervivencia, lo primero siempre debía ser lo primero.

Miró a su alrededor, apenas quedaban unos cuantos metros cuadrados en pie, pero esos que quedaban estaban en casi perfecto estado. Por primera vez, se preguntó el por qué. ¿Por qué demonios todo, absolutamente todo del resto de la casa se había venido abajo y aquel pequeño lugar no? Aquello lo hizo sospechar de inmediato, no era normal, con toda la casa derruida era materialmente imposible que ese trozo quedara en pie sin un solo rasguño, estaba seguro de que ahí pasaba algo más, había algo más de lo que había percibido en un primer vistazo.

Sus ojos grises estaban levemente entrecerrados, recuperando así su antigua pose, esa de desconfianza, de observación. Nada podía pasar desapercibido a los ojos de aquel Devlin, del depredador, de su modo espía. Y, por supuesto, nada lo hizo.

Detalló cada rincón de aquel lugar, vio el grifo, vio un pequeño refrigerador en una esquina, vio latas de comida... Pero le dio igual, buscaba otra cosa, buscaba algo más, algo que se estaba intentando esconder de él. De repente, se fijó. Había un cuadro... Extraño en una de las paredes. ¿Qué hacía un cuadro en un búnker como aquel? Se acercó a pasos lentos hasta que llegó al cuadro y se dio cuenta entonces, sólo entonces, de que había una pequeña ruleta de números en lo que aparentaban ser los labios del retrato que representaba aquel cuadro. Macabro, desde luego, sádico, puesto que aquel cuadro representaba, nada más y nada menos que a Anya Vólkova, la difunta madre de Arisha. La crueldad de Ilya no había conocido límites, estaba claro, aquel parecía ser como una especie de chiste, un chiste sobre cómo había conseguido mandarla a la tumba sin haber revelado todos sus secretos, sin que ella supiera por qué, por estar embarazada de otra persona.

Devlin negó con la cabeza, no tenía ni la más remota idea de cómo abrir aquello, pero lo lograría, vaya que si lo lograba.

Por otro lado, Devlin no sólo hacía eso para encontrar algo, debía mantener la mente lo más distraída posible o todo le vendría de nuevo a la cabeza y el peso de todas las muertes que se habían producido en el asalto, así como la inquietud por lo que estaría haciendo Arisha, terminarían por derrumbarle, él lo sabía, de manera que trataba de no poder pensar en ello más de unos pocos segundos seguidos, los suficientes para acordarse de todo antes de que estallase el dolor en su pecho, y luego lo relegaba a un rincón muy lejano de su mente.

Probó diferentes combinaciones. Por cada una que fallaba, soltaba una maldición, cada vez en tono más alto, frustrándose porque había cientos de combinaciones. Necesitaba seis números, seis malditos números que no tenía ni las más remota idea de cómo averiguar.

Tras muchos intentos, todos ellos fallidos, y muchas maldiciones, se le ocurrió algo.

Tal vez... No, es imposible, no podría ser tan retorcido.

Venga ya, es Ilya, claro que podría.

Pero sería absolutamente...

Brillante, para ser sinceros, a nadie se le ocurriría poner esa combinación jamás.

Es cierto, a nadie.

Su simplicidad y, a su vez, su sadismo hacen de ella una gran combinación.

Mientras dos partes de su cabeza mantenían aquella discusión en su interior, los dedos de Devlin fueron moviéndose una vez más por los números hasta que sólo quedó uno de ellos, que giró lentamente, esperando para soltar otra maldición por haber errado. Pero no fue así, con un ligero chasquido, la puerta de aquella especie de caja fuerte se abrió de golpe.

Devlin se quedó unos segundos estupefacto. Lo había conseguido. ¿Qué cuál era la contraseña? 301096. La fecha de nacimiento de Arisha. Despiadado, cruel pero... Magnífico.

Tras unos segundos, Devlin soltó un grito, lo había conseguido. No le dio tiempo a más que a divisar algunas cajas allí dentro y muchas carpetas con papeles, además de algunas armas, cuando oyó a sus espaldas una voz que le hizo incorporarse de nuevo rápidamente, sorprendido:

—¿Qué mierda...? ¿Qué coño ha sido ese grito? —dijo Alexey a sus espaldas. Como la última vez, cuando había recibido el disparo que iba directo a Arisha, su voz sonaba débil, cansada, sus ojos estaban cerrados pero... Alexey Ivanov había hablado, había vuelto de la muerte... Otra vez.

¡Hola de nuevo! Nueva semana, nuevo capítulo, esta vez de nuestros chicos, que ya les echaba de menos por aquí. ¡Ah! De nuevo Alex resurgiendo, cómo no, no iba a dejárselo tan fácil a Devlin, ¿no? ¿Qué os ha parecido el capítulo? ¿Qué creéis que hay dentro de la caja fuerte? ¿Creéis que Devlin está exagerando por creer que esa parte de la casa está sin destruir por algo? ¡Contadme vuestras opiniones, muero por leerlas! Y, si os ha gustado, ya sabéis, dejadme una estrellita. ¡Besos!

Esta vez, el capítulo está dedicado a MnicaDazOrea por seguir aquí, por acordarse aún de esta historia, haber seguido la primera parte desde casi el inicio y haber esperado tooodo este tiempo por esta segunda parte sin haber perdido la ilusión, animándome con cada uno de sus comentarios, que son muchos, cosa que amo profundamente. ¡Muchísimas gracias por seguir aquí y espero que te siga gustando!

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