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17. Desastre en la cocina.

Hi~ Este capítulo es importante, muy importante en muchos sentidos así que como caché que igual se les hizo medio pesado tener dos actualizaciones y como quiero que pesquen realmente este, solo tendremos el 17 por hoy, mañana retomamos nuestro 2x1, pero hoy enfoquense por estos lares porque es impresincible para la trama.

Mil gracias por seguir acá~

—¡Cuidado, Eiji!

—¿A-Ash?

No lo deja protestar, se le tira encima usando su cuerpo como si se tratara de un escudo para cubrirlo de la explosión, ambos caen de porrazo contra las brillantes baldosas mientras los escombros vuelan por doquier, Eiji aprieta su camisa sin comprender qué está pasando, pese al shock impresiona estar a salvo, Ash logró cubrirle la nuca con su palma con tal de que no se dañara y lo acuna con gentileza.

Con amor. Ternura. Devoción.

Eiji tensa y destensa los párpados, las manos están hechas puños contra el pecho de Ash provocando que su corazón se desemboque como si fuera un caballo de carreras, lo tiene tan cerca que los labios de un romántico renegado presionan el flequillo entintado y esponjado, se apartan solo cuando está seguro de que la explosión ha cesado, aun con la incertidumbre escrita en cada una de sus facciones, Eiji es deslumbrante, la luz del alba besa su piel ligeramente bronceada dándole un aspecto angelical e intangible, Ash ríe, vislumbrando cómo el reflejo de las baldosas forja un halo alrededor de su pelo.

—Buenos días. —Dice para aligerar la tensión.

—¿Buenos días? —Eiji sale del shock—. ¿Qué diablos fue eso?

—Tu desayuno.

—¿Qué?

—Tu desayuno. —Lo mata de vergüenza admitirlo—. Quería cocinarte algo pero la fuente no resistió el calor y acabó explotando.

—¿En qué estabas preparándolo para que explotara así? —Su tono impresiona alarmado e inquieto.

—En una fuente de vidrio.

—Ash. —Eiji frunce el ceño—. No puedes cocinar a fuego en vidrio ¿no se supone que eres un genio?

—Sí, pero. —Sus jades evitan a toda costa mirarlo—. Mi cerebro no funciona cuando... —Cuando las cosas giran alrededor de ti.

No tiene el coraje para terminar lo que está pensando, más, se queda contemplando a Eiji en silencio sin mover un solo músculo, sus dedos siguen enterrados en esos mechones esponjados y negros, en verdad negros, la oscuridad solía darle miedo puesto que lo remontaba al Halloween donde procuró asustar a Griff, más se acabó espantando a sí mismo, una sonrisa tímida brota cual capullo en apogeo al memorarlo, Eiji corresponde su gesto con una dulzura intoxicante, sus piernas están enredadas al igual que sus brazos, no quiere soltarlo, no quiere dejarlo ir.

—¿Por qué me estabas cocinando algo? —Las narices se rozan, están más cerca de lo que han estado en toda su vida y aun así, hay un muro emocional que no puede atravesar, ¿por qué dejé que pasara?

—Quería hacer algo lindo por ti. —No es mentira—. Siento que las cosas han estado raras desde ese viaje a la playa.

—Ah. —El moreno baja su mirada con vergüenza—. Lo siento si te hice sentir que era de esa manera.

—Eiji. —Le ruega que sea honesto, sus manos lo sostienen con aún más firmeza, una en la nuca y la otra en su cintura, le gusta esa curva, es de sus favoritas.

—He estado distraído con los exámenes. —Miente y es un terrible mentiroso.

—¿Hice algo que te lastimara?

—No has hecho nada, Ash. —Aunque su voz articula esto sus puños lo aprietan aún más—. No tienes que responsabilizarte por las cosas que pasan en mi cabeza.

—No creo estar entendiendo.

—Lo sé. —Eiji ríe, más, es una risa triste y con esa clase de tristeza que te quiebra el corazón—. Estoy contando con eso.

—Pero...

¿Me besarías a mí?

Eso creo. Creo que te besaría.

Pero dudarlo no fue suficiente, ¿cierto? Asume que es lógico que Eiji quiera cierta seguridad y mucho más considerando su trasfondo invalidante y minimizador, Ash ni siquiera ha sido claro en relación a su orientación ni sexualidad (ni él mismo entiende) es doloroso, ambos saben que está pasando algo pero al no poderlo clarificar o concretizar no existe derecho a reclamarse nada, no son amigos ni son amantes ni tampoco compañeros, ¿entonces qué es esto?

—Eiji.

—Da igual. —A Ash no le da igual—. La cocina es un desastre y es una zona común en Downtown, si la dejamos así los chicos tendrán que limpiarlo más tarde, arriba. —Le da palmadas en la espalda en busca de reforzar su punto, el lince intenta obedecer, sin embargo, la esencia de Eiji está chispeando en los labios, se siente malditamente bien, su corazón late in crescendo apenas se percata del dulzor.

—Supongo que tienes razón. —Finalmente se para, deben ser las cinco de la mañana, ni siquiera los primeros rayos del amanecer han despertado en su totalidad—. ¿Por qué te levantaste? Conozco tu naturaleza de viejo, pero incluso esto es demasiado temprano para ti.

—No te vi en el dormitorio. —Confiesa parándose y haciéndose pequeño en su pijama—. Me asusté.

—¿Te asustaste? —Asiente.

—No me dijiste nada antes de irte.

—¿Qué podría haberme pasado? —Ríe vislumbrando el desastre—. Soy un adulto.

—Sí, pero. —Eiji se muerde el interior de la mejilla, no lo mira, la oscuridad de la cocina (las lámparas están quemadas) esconde su cara—. Estás muy cerca, pero temo que te vayas a algún lugar lejano.

—Oh. —Ash no sabe qué responder a eso.

—¿Te ayudo a limpiar los pedazos de vidrio? —Eiji intenta restarle importancia a las propias palabras como si esto pudiera restarle cierto grado de realidad, no lo hace, más Ash le cede tener esa fantasía.

—Por favor.

—Bien.

Si bien, Downtown no es un dormitorio reconocido por el ostento (de hecho, su reputación proviene de los marginados que llegan) la cocina que tenían era decente, estaba equipada con un refrigerador demasiado pequeño para todos los que habitan aquí, un horno viejo pero funcional, una freidora de aire que da cuenta de una inversión, un microondas y otras chucherías no obstante gracias al talento incomprendido de Ash para la cocina la mitad de los aparatos acabó inhabilitados, Eiji lo mira, resulta graciosa la dualidad, se nota que quiere regañarlo, pero ¿cómo hacerlo si el gesto estaba dirigido al japonés? Finalmente gana una ronda.

Punto para el lince de Nueva York a costa de la cocina.

—Ten, es lo mejor que te cocinaré. —Ash le extiende un bol de cereales con leche, no quedan nuevas cajas y echó hasta las migas de los cereales de colores.

—¿Estas son tus impresionantes habilidades, chef? —El hijo de puta se burla con una sonrisita altiva.

—¿Querías un desayuno americano? Es esto o perritos calientes, es tu elección. —Eiji se sienta sobre un banquillo de madera, sus pies quedan colgando, es bajito, incluso los pantalones del pijama lucen largos escondiéndole los tobillos, la mesa es vieja y cruje con cada movimiento.

—No me quejo. —Sí lo hace—. No está quemado, me conformo con eso.

—Uno queriendo hacer algo lindo por ti y te portas así. —Chasquea—. Deberías mostrarme gratitud.

—No está tan rico para agradecerte.

—Pequeña mierda.

—De hecho, está aguado.

—¡Mentira! —Ash coge una de las cucharas limpias, se sienta en el banquillo contiguo y le roba pese a sus quejidos la mitad del cereal—. Está delicioso.

—Eso es mío. —Intenta patear el piso, más, casi se resbala—. ¡Ash!

—Puedes compartir, no seas egoísta.

Eiji refunfuña entre dientes, sin embargo, no lo aleja activamente mientras comen cereales, en algún punto se ponen a conversar como lo hacen normalmente y de pronto la distancia desaparece gracias a los audífonos que comparten para escuchar las bandas favoritas de Ash, Eiji refirió tener curiosidad por el género que escucharía apostando que sería rock decadente (y emo) por supuesto, se tomó el comentario como un ataque personal y procedió a mostrarle las mejores listas de Spotify apreciando que el bastardo tenía razón, está plagado de: Nirvana, Linkin Park, Guns n roses y entre otras bandas.

—Esto es tan cliché de tu parte. —El nipón ríe entre dientes, sus pies se están moviendo al ritmo del sonido eléctrico, parece estarlo disfrutando genuinamente aun si lo niega.

—¿Dices que mi música es cliché?

—Digo que todo de esta escena es cliché. —Ríe—. Tú y yo, a solas, en la cocina, a oscuras con música.

—Cierto. —Ash ni siquiera lo había pensado así pero su corazón salta por su garganta tras vislumbrar el potencial romántico de este momento, ¿es acá dónde debe quererlo besar y tocar?, ¿es acá donde debería sentir sus manos mojadas, su cerebro una plasta rosada y su cuerpo de azúcar? Porque pese a las expectativas negativistas, está pasando—. ¿Sabes cómo podríamos hacerlo todavía más cliché?

—¿Cómo? —Eiji ladea la cabeza con genuina curiosidad.

—Bailando en la cocina. —Las mejillas del moreno encienden la oscuridad.

—Esto no es un video de Taylor Swift para que lo hagamos. —Ríe visiblemente ansioso—. Y tampoco hay motivos para los que tú quieras bailar conmigo.

—¿Alguna vez te han sacado a bailar?

—No.

—A mí tampoco. —Ash se para del banquillo—. Creo que eso es suficiente.

—A veces me confundes mucho. —Eiji impresiona reticente.

—A veces me confundo mucho. —Pero de todas formas se para y le da la palma para sacarlo a bailar.

No debería ser gran cosa considerando lo cuantioso que se cosificaba como modelo sin embargo su cuerpo se encuentra demasiado consciente de Eiji, sabe que no es normal cómo su mano se electriza en un latigazo hasta su columna vertebral por un mero roce, ni cómo sus dedos buscan encajar como dos piezas del mismo rompecabezas con los del nipón, ni lo intoxicado que se siente con esas caricias ni cómo el mundo pierde importancia para que queden ellos dos.

Ash no cambia la canción, deja que el celular siga en aleatorio, una de sus manos aprieta la del nipón, la otra se posa en su cintura, sus dedos se hunden en la bondad del algodón, primero el toque es un tanto vacilante hasta que Eiji se acostumbra y vuelve a respirar, luego deja que su palma se acomode ahí, justo sobre la curva de su cadera y lo invita a acercarse, Eiji lo mira con esos ojos, esos ojos cafés que se han convertido en el cosmos inexplorado que ansía desglosar, la cocina se aprecia totalmente muda a excepción de su corazón desenfrenado, si esta fuera la escena de un libro, ni siquiera dudaría que los dos están enamorados.

Pero esto no es una novela.

Esto es la vida real y muchas veces en la vida real no se entiende nada, envidia a quienes tienen todo resuelto porque sí, es intimidante tener que escoger para siempre sabiendo que puede equivocarse.

—No sé dónde poner mi mano. —Eiji le dice nervioso.

—Dónde quieras.

—Ah. —Entonces Eiji la desliza a su cintura, Ash deja de respirar, no se lo esperaba, más, lo encandila que sea tan audaz e impredecible—. ¿Acá está bien?

—Lo está.

—¿Y ahora nos balanceamos? —Una sonrisa inconsciente brota en su boca, claro que Eiji encuentra la manera de hacer esto menos raro.

—Ahora nos balanceamos. —Es afortunado de tenerlo en su vida, mientras más lo conoce más firme lo aprecia.

Así que se balancean descalzos en la cocina, todavía está oscuro, la leve luz dorada cubre la cara del moreno igual que lo haría un velo de encaje, los movimientos son inseguros al inicio no obstante no es posible negar la confianza ciega que existe entre ellos y eso se transmite en el baile, pronto tensan aún más el agarre entre sus manos y se permiten saborear tan reconfortante instante, Ash lo acaricia para pedirle que se acerque, Eiji lo hace, se miran a los ojos y todas esas cosas clichés que tanto dice que le repudian pero en el fondo ansía. Las mariposas. Los fuegos artificiales. La tensión. Las chispas. Las hojas que vuelan alrededor de heartstopper. Todo eso es real.

Está pasando. Las está sintiendo. Con Eiji. Acá. Lo ama. Puede que sea romántico. Cree que lo es. En verdad le gustaría que lo fuera.

—Para que conste. —Eiji sonríe, esa sonrisa lo hace aún más bonito bajo las luces cálidas de la ciudad que todavía no despierta—. Nunca antes he bailado con un chico.

—¿No? —Ash intenta concentrarse en la conversación y no mirarlo tanto—. ¿No tuviste graduación?

—Las ceremonias son diferentes en Japón. —Ríe y es encantador—. Pero aun así, nunca... nadie me gustó lo suficiente como para arriesgarme a intentarlo.

—¿Y ahora? —Traga duro.

—¿Qué?

—¿Hay alguien que te guste lo suficiente para intentarlo?

—Hay una persona que me gusta, demasiado. —Eiji aprieta su palma y Ash se da cuenta de lo mucho que desea besarlo—. Pero es mucho lo que está en riesgo, no sé si vale la pena.

—¿Cómo podría no valer la pena? —Ash se inclina un poco más, sus ojos se encuentran clavados en la boca de Eiji y sabe que está siendo un maldito descarado, sin embargo tiene tantos deseos de que esto acabe con un beso en medio de la madrugada, bailando alrededor de la cocina con la luz de ese refrigerador destartalado.

—Esa persona me manda señales confusas o quizás es mi cabeza. —Ríe desviando la mirada—. Claro que no lo presionaré, tengo la sensación de que está pasando un proceso de autodescubrimiento.

—Pienso lo mismo. —La farsa poco a poco se hace trizas mientras bailotean—. ¿Eso no es suficiente?

—Me da miedo que me rompa el corazón sino está seguro.

—Eiji.

—Me da miedo rompérselo sino soy lo que espera que sea.

—Creo que vale el riesgo. —Musita frenando los pasos de baile, soltando a Eiji para acunarle con un dulzor inefable sus mejillas—. Creo que vales ese riesgo.

—Ash.

—Vuélvemelo a preguntar. —Pero Eiji niega aterrado—. Entonces yo te lo preguntaré y seré directo.

Sus ojos se posan en los labios de Eiji mientras se inclina mansamente, Aslan ha leído una exuberante cantidad de romance sea por fidelidad a sus autores preferidos o por curiosidad a eso que el mundo entero anhelaba aunque nadie se lo pudiera explicar realistamente, más, nunca sintió esa necesidad de estar tan cerca de la otra persona que ya no quedan barreras, es una exposición similar y al mismo tiempo totalmente distinta a lo vivido con Golzine. Ash se acerca. Más cerca. Mucho más cerca. Solo un poco más.

—¿Me besarías? —Eiji lo mira repleto de algo que Ash no puede descifrar.

Pasa un latido. Dos. Tres.

—Sí.

Eiji aprieta con fuerza su mano.

—Te besaría, Ash.

Entonces Ash se inclina para besarlo.

Es un mero roce de labios.

Son dos chicos presionando sus bocas contra el otro en un toque apenas perceptible, no debería ser mágico y de hecho, tendría que estar decepcionado, no obstante, a Eiji le bastó eso para cambiar su vida por siempre, igual que cuando lo vio saltar. Ash se quema. Se consume. Se hace cenizas. Renace.

Se apartan y Eiji parece querer llorar.

—¿Valió el riesgo? —Le pregunta con la voz tiritona porque teme haberlo decepcionado o tal vez le da miedo haber arruinado esta conexión tan inefable que resulta imprescindible—. ¿Lo valí?

—Lo valiste. —Ash no ha soltado sus mejillas—. Vales todos los riesgos. —Se inclina para continuarlo besando.

—No tienes que sentirte obligado a...

—¿Te parece que me siento obligado, onii-chan? —Ash tararea presionándole un beso bruto encima de la mejilla, apretándolo entre sus brazos, no dejándolo ir—. ¿Parezco forzado?

—¡Ya! —Eiji ríe abrazándolo de vuelta—. ¡Para! Me haces cosquillas.

Entonces Eiji ríe y Ash lo besa y se quedan tontamente así en medio de la cocina de madrugada, con los audífonos del celular tirados en el piso, con los pijamas arrugados, los pies descalzos y la juventud dándoles más enigmas que resoluciones y con la única respuesta importante clara: se corresponden.

ೃ࿐♡

Caminan de la mano en medio del campus, no han dejado de sonreír, no puede creer lo bien que se siente el tocarlo no porque la intimidad emocional que tiene con Eiji no hubiera bastado sin embargo este es todo un universo desconocido que anhela comprender, así que van lento, ambos son novatos en eso del amor, permiten que sus dedos se entrelacen y suelten como si el mero roce ardiera y que su corazón se descarrile. Tap. Tap. Tap. Escucha a su palpitar retumbar en cada pisada sobre el pasto fresco, cada respiración nerviosa y cada mirada que conecta con Eiji. Joder. Esto es un desastre. Ellos dos son un desastre.

—Entonces... —Eiji impresiona querer decir algo y contenerse reteniéndolo en la punta de su lengua.

—Entonces. —Ash lo incita.

—Nos besamos.

—Sí. —Tararea—. Me parece que nos besamos, onii-chan. —Es hilarante cómo después de los besos se siga viendo avergonzado, vaya que es adorable, eso lo derrite, lo mata y lo hace trizas.

—¿Estuvo bien?

—Sí. —De repente Ash se ve en la necesidad de acunar sus mejillas y sostenerlo con la fortaleza que nunca nadie ha tenido para sostener a Eiji—. Estuvo más que bien.

—¿De verdad te gustó? Puedes ser honesto conmigo, anda.

—¿Por qué lo dudas tanto?

—Porque fue... —Los ojos cafés se clavan en el piso—. No tengo experiencia con eso. —Fue su primer beso, en otras palabras—. Y tú supiste perfectamente qué hacer.

—Así que crees que soy un buen besador, onii-chan.

—¡Ash! —Patea el suelo—. Esto es serio, dijiste que el contacto te era difícil, pero estuviste increíble.

—Porque lo haces fácil. —Le explica—. Haces que las cosas se sientan fáciles. —Ash se acerca, queda frente a frente en el edificio de fotografía, lo acompañó hasta sus clases, más tan solo fue una excusa para no dejarlo ir, no todavía—. Vales los riesgos y vales cada uno de ellos.

—Ash... —Eiji impresiona ambivalente—. ¿Podemos hablarlo con calma luego de mis clases? Me da miedo que esto arruine la relación que tenemos, no quiero perderte, eres muy especial para mí y lo digo en serio, haría lo que fuera para verte bien, inclusive si eso significa ser solo amigos, lo aceptaré.

—Lo podemos hablar con calma cuando vuelvas. —Ash se aparta, más, no quiere soltar el agarre de manos—. Te estaré esperando, vivimos juntos.

—Sí. —Eiji suelta una risita nerviosa—. Es cierto, vivimos juntos.

—Buena suerte en tus clases.

—¿Ash? —El aludido no alcanza a responder cuando Eiji se alza en la puntita de sus pies para besarlo justo en la frente, es tierno, dulce y más inocente de lo que ha vivenciado—. Gracias.

Eiji no dice más, alza la mano y la ondea antes de correr a las clases, probablemente llegó tarde pero Ash asegura que ha valido la pena, se da vueltas, mete sus manos en sus bolsillos, se muerde la boca todavía saboreando el dulzor que la esencia de Eiji dejó y ¿cómo pudo haber sobrevivido hasta ahora sin haberlo probado antes? Cree que el bastardo de su mejor amigo tiene razón y que las atracciones que siente van de la mano a la intimidad.

Es simple.

Eiji le gusta de una forma absolutamente romántica e incluso se atrevería a decir sexual, no obstante lo más destacable es su conexión de almas.

Como si fuera cosa de almas gemelas.

—¿Hola? —De cualquier manera regresa a la residencia y responde una llamada en el camino puesto que está de buen humor y pretende aprovechar aquel milagro.

—¿Aslan?

—Griff. —Sonríe ampliamente—. Hola.

—Hola.

—¿Qué ocurre? —Ash frena sus converse contra la tierra, está enfrente de Downtown y puede mirar a los chicos saludándolo desde la entrada sin embargo hay algo en el tono de Griffin que le pone los pelos de punta, la última vez que lo escuchó le contó que se iría de Cape Cod más tiempo del que al inicio había planificado y esos recuerdos queman—. Te escuchas decaído.

—Ah. —Se pregunta si estará con Max y desea que así sea—. Me llegaron los resultados del examen.

—¿Resultados? —Ash entorna los jades—. Dijiste que no habías dado el examen, debiste habérmelo dicho, perdón, sé que debes tener tus razones, no quise sonar como si me estuviera quejando.

—Tenía vergüenza. —Le confiesa bajito, muy bajito.

—¿Cómo te fue?

Silencio al otro lado de la línea.

—¿Griff?

No. No es silencio. Es llanto.

—Perdón, Aslan.

El resto de la conversación con su hermano se aprecia irreal, trata de consolarlo lo mejor que puede aunque apesta reconfortando a los demás, el corazón escuece en la garganta, sus manos toman con tanta fuerza el teléfono que llega a crujir, sus dientes están tensos, no sabe qué hacer o cómo poder arreglar esto ya que da miedo, su hermano siempre se vio como ese héroe invencible capaz de hacer y ser lo que eligiera, verlo hacerse mierda sin poderlo recoger es malditamente sádico.

—Tiene carta, jefe.

Cuando sus ojos se posan en el sobre con el sello de Corsa el rechazo de Griffin tiene mucho sentido.

Dino se metió dónde más sabía que le dolería para chantajearlo.

¿Y Ash? Ash le está dando en el gusto al dejar que le afecte en demasía.

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¿Estás seguro de que deseas restablecer tu fecha de inicio a hoy? No te sientas avergonzado de volver a empezar. Deberías estar orgulloso de haberlo intentado.

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Ash muerde un trozo de tela para amortiguar sus gritos, su camisa está en el suelo, su espalda parece haberse helado contra las baldosas del baño, sus antebrazos no parecen pertenecerle a un humano, el tejido cicatricial lo ha envuelto como si fuera un brazalete de piel, su carne no está más lisa, ni el color parece ser uniforme, es una monstruosidad, son cortes superponiéndose a cortes sin sanar ya que se los arranca antes, rascando la herida, infectándola, asegurándose de que el daño permanezca eternamente y que quede inamable pues no merece ser amado.

Al menos solo son sus brazos, otros cada vez abarcan más piel.

Él no.

Ash muerde la tela incrustando un cúter en la muñeca, si quisiera suicidarse cortaría de largo, no de ancho, más, este es un castigo, lo incrusta hasta que las capas de piel se abren, hace uno hacia abajo, dos hacia la derecha y el dolor es tanto que los pies se crispan en espasmos de sufrimiento, no frena, no cuando Griff fue rechazado por su culpa. Su culpa. Su culpa. Lo arruinas todo. Sus manos tiemblan alrededor de la cuchilla, su nuca ha golpeado el lavamanos, clava más hondo de lo que debería, justo cuando termina...

—¿Ash?

¿Se viene intenso? Mucho y solo recordarles que aunque este es un fic y podemos jugar con tener a los personajes idealizados la gente en la vida real no es así, nadie vive alrededor de nadie siempre sabiendo o teniendo una respuesta validante y está bien, no creo que alguien venga preparado para que un ser amado se autolesioné, a veces más que las palabras es mucho más importante lo que sucede al transfondo de estas y ahí nos meteremos mañana, así que ojito con el autocuidado.

See ya~

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