{Epílogo}
(Dave)
Mi mirada concentrada estaba puesta en la pantalla de la computadora. Releí el último párrafo y asentí, conforme.
Escribir esa novela no había sido fácil. Había encontrado muchas cosas mientras lo hacía, cosas que me emocionaban y otras que me entristecían, pero todas me llevaban a entender. Estaba seguro que la historia entre Michelle Mileston y Justin Bieber necesitaba ser contada, y no había nadie mejor que yo para escribirla.
La vi en primera fila.
Las hojas salían de la impresora, con la tinta plasmada en ellas. Sonreí. Había momentos que ni siquiera se podían explicar con palabras. Como la cara que Justin puso cuando Michelle le dijo que estaba embarazada, y después de eso él vomitó mas que ella durante una semana. Era sabido que no le gustaban los niños, se sentía incómodo cerca de ellos, sin embargo, a los pocos años de casados, le llegaba esa noticia.
No pude evitar soltar una breve risa recordando ese día en el hospital. Llegué a urgencias al mismo tiempo que los enfermeros empujaban la camilla donde Michelle yacía acostada, en pleno trabajo de parto. Los nervios que Justin irradiaba, dando pasos tensos detrás de ella, eran casi palpables.
-¡Ah no! ¡No! ¡No vas a entrar conmigo!
Exclamó Michelle, con su furia potenciada debido al dolor, señalando a su marido.
-Maldición Chelle, cálmate.
Masculló él.
-¿Calmarme? ¡Estoy a punto de expulsar un niño de cuatro kilos de mi cuerpo, Justin!
Bramó, luego chilló de dolor y tocó su abultado vientre.
-Cierra la boca y respira correctamente.
Le ordenó él, preocupado y enfadado.
-No quiero que estés ahí cuando nazca. Lo único que has hecho por nuestro hijo fue llorar todas las noches lo últimos siete meses.
Ahora Michelle sonaba dolida.
Los enfermeros detuvieron su marcha, enfurruñados, cuando Justin se paró a su lado. También colocó la mano sobre el estomago de su mujer.
-Chelle... no me comporté como un tonto cursi con respecto a tu embarazo pero ¿sabes qué? no estuve llorando esas noches, me estuve riendo. Tenía que dejarlo salir. No podía soportar la felicidad de saber que tenías algo mío dentro tuyo. Nosotros. Unidos. Creando algo hermoso.
Explicó con dulzura.
Aquella fue la última vez que se gritaron uno al otro.
La impresión se detuvo y tomé una de las últimas páginas. Allí estaba mi escena favorita. Cuando Justin tomó en brazos al pequeño Romeo Bieber y ambos se miraron uno al otro por primera vez. Todos los presentes en el cuarto que pudieron apreciar lo que estaba sucediendo derramaron lágrimas. La expresión de Justin delataba el milagro que ocurría en su interior: su vida, al fin, había sanado por completo.
Tomé una hoja en blanco y la puse sobre la pila que acababa de ser impresa. Medité un rato, pensando el título apropiado. Finalmente me decidí: "El amor es posible", porque esa era la verdad, la complicada verdad. Metí la novela en mi maletín y lo cargué en mi coche. Tenía una muy buena amiga en la editorial Océano que podría aprobar la publicación.
Una vez en el edificio, saludé a los conocidos y entré a su despacho sin tocar.
-Michi Miau...
Canturreé.
Michelle estaba sentada detrás de su escritorio. Al verme, dejó de lado unos papeles y me sonrió, invitándome a tomar asiento frente a ella con un ademán.
-¿Cómo está Romeo?
Pregunté.
-Bien. No deja de preguntar por su tío Potter, así que deberías pasar a visitarnos esta semana.
El comentario me hizo sonreír con alegría.
-Lo haré. Pero ahora, tratemos asuntos de negocios. Terminé la historia.
Anuncié.
Ella estiró su mano, ansiosa por tenerla. No le había dicho que trataba sobre una historia real. Su historia. Pero sabía que la sorpresa la conmovería. Le pasé el pilón y examinó la portada.
-"El amor es posible"
Leyó.
-La amarás.
Dictaminé.
-Ya la estoy amando.
Dijo, inclinándose hacia atrás en su silla.
Sus dedos empezaron a tamborilear con nerviosismo sobre el escritorio y su expresión se torno seria.
-Dave... ¿Cómo crees que reaccionaría Justin si supiera que estoy embarazada otra vez?
Inquirió, con cautela.
-Probablemente él se golpearía la cabeza contra la pared tantas veces que quedaría inconsciente, lo que es bueno, así no tendrías que soportar su drama por un par de horas.
Respondí.
Mi amiga me dio una sonrisa preocupada, así que proseguí:
-Michi, el berrinche inicial es solo momentáneo, sabes que luego se vuelve un baboso. Justin ama a Romeo con toda su alma.
Le recordé.
Ella se tranquilizó y volvió a relajarse. Nuestras miradas conectadas me retrajeron a nuestro viejo hábito de hablar a través de frases de Harry Potter.
-Felicitaciones pero... "¿Crees que alguna vez tendremos un año tranquilo?"
Recité, a lo que obtuve una risueña respuesta:
-"Oh no... ¿qué sería la vida sin dragones?"
FIN
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