8} Gift
Chelle se encontraba sentada al lado de su abuela, en una banca del parque. Me aproximé a ella, presuroso por empezar a compartir la tarde de juegos juntos. Cuando me vio acercarme, su cara fue adornada por una enorme sonrisa y apretó contra sí algo que sostenía entre sus brazos.
-Hola.
Saludé al estar lo suficientemente cerca.
-¡Hola!
Me devolvió el saludo con emoción.
Hizo un espacio entre su abuela y ella, dando unos golpecitos con su mano al lugar que vació. Me senté donde me indicaba su gesto y observé su mirada ansiosa sobre mí.
-Para ti...
Dijo con timidez, ofreciéndome lo que antes guardaba con cuidado contra su pecho.
Se trataba de un animal de felpa. Los juguetes no me gustaban, porque mi padre siempre los utilizaba para decorar el escenario que tenía en el sótano, donde hacía películas con niños y esas películas no me gustaban. A veces él las veía por la madrugada y solo una ocasión pude vislumbrar algo de ellas cuando me levanté de mi cama para ir por un poco de agua. Lo que vi hizo que mi corazón doliera. Jeremy notó que me encontraba allí y como castigo me obligó a presenciar la siguiente filmación que llevo a cabo. Esa misma noche, vomité y me puse muy enfermo, como cada vez que esa memoria llega a mí.
-Justin...
La cautelosa voz de Chelle me hizo abrir los ojos, que había cerrado con fuerza tratando de evitar recordar.
Me concentré en el objeto que ella me ofrecía.
-¿Qué es?
Pregunté, tocando el peluche.
Me sorprendí de su suave tacto.
-Es una llama.
Respondió.
Examiné al animal. No era algo tierno, si no que en realidad parecía una llama bebe y tenía dientes graciosos. Sonreí y lo tomé.
Me gustaba.
-¿Y esto qué es?
Volví a interrogar cuando noté un teléfono de plástico adherido a la pata.
Chelle borró la expresión preocupada que había formado mi reacción anterior y se mostró divertida.
-Es la llama que llama.
Explicó.
No pude evitar soltar unas cuantas carcajadas. Cuando logré calmar mi risa, mi mejor amiga exclamó:
-¡Feliz día de la amistad!
Y entonces caí en cuenta de que el regalo se debía a eso.
Me sentí mal, realmente no sabía que ese día existiera y yo no le había traído ningún obsequio. Estaba por explicárselo apenado, cuando sentí algo pinchar mi espalda. Puse mi mano allí para quitar eso y lo llevé cerca de mi cara para examinarlo. Era una tarjeta, con el dibujo de un gato celeste y un ratón marrón impregnados en ella. Chelle gimió en cuanto la vio y me la arrebató de las manos.
-¡Tom & Jerry! ¡Recordaste que son mis caricaturas favoritas!
Chilló.
No entendía bien lo que pasaba. Miré hacia atrás, para encontrar la respuesta a ese hecho extraño, y me encontré con su abuela, mirándome con complicidad por encima de su tejido. Entendí que ella había ideado eso por mí y le sonreí con agradecimiento. Volví mi atención a mi amiga, quien miraba la tarjeta conmocionada.
-"Te quiero..."
Leyó.
Elevé mis cejas, impresionado.
-Oh, no... yo... eh....
Balbuceé un poco y la vergüenza casi me impulsa a contar la verdad.
-¡Yo también te quiero!
Confesó.
Y no me importó nada más.
Horas más tarde, me acerqué al final del parque para esperar a mi padre. Veía a Chelle parlotear con su abuela mientras ésta recogía todo para marcharse. Miré la llama y sonreí.
-Tú lo oíste, llama que llama... ella me quiere.
Solté con felicidad.
-¿Quién?
La voz de Jeremy me sobresaltó y esfumó el hermoso sentimiento dentro de mí.
-¿Quién te quiere?
Preguntó interesado.
Apreté el juguete contra mi cuerpo, negándome a hablar.
-¿Tienes una amiga?
Aventuró, entre cerrando sus ojos con compresión.
Negué con la cabeza, asustado. Él se agachó para quedar a mi altura y sonrió. Sus sonrisas eran siempre muy elásticas y no me gustaban.
-¿Cómo se llama?
Quiso saber.
-No sé.
Mentí rápidamente.
-Justin, sé que a veces hago cosas que no entiendes, pero las entenderás algún día. Son cosas de adultos, tú simplemente no sabes. No es nada malo, en realidad, pero si te hace sentir mejor, prometo que si me dices el nombre de tu amiga, no haré nada con ella.
Dijo, pero sus ojos no parecían hablar junto a él.
Estuve firme en mi posición de defensa hasta que Jeremy agregó:
-Hijo, te lo prometo.
Nunca antes me había llamado hijo.
Una emoción ferviente subió desde mi estomago hasta mi corazón y me llenó de alegría. Por una vez, yo también lo sentía como mi papá.
Señalé.
-Se llama Michelle. Es la niña que está allí.
El sueño que había tenido me hizo abandonar la cama y apresurarme a escapar de ella, como si mi aposento tuviera la culpa. No pude discernir si se trataba de un "mal sueño" porque no había prendido en mí esos característicos sentimientos abrumadores. Tal vez eso se debía a que ahora sabía donde estaba Chelle y que se encontraba bien. De todas formas, algo agridulce se apoderó de mi pecho y lo quería aniquilar.
No quería sentir.
Eran las dos de la mañana y las ruedas de mi motocicleta resbalan a peligrosa velocidad sobre el pavimento. Una vez que se detuvieron frente a la única tienda que parecía estar abierta, prendí un cigarrillo. Exhalé el humo mientras observaba la entrada al lugar, debatiendo en mi interior si debía adquirir la provisión alcohólica que planeaba.
No me percaté de que alguien se había acercado.
-Buenas noches.
Me giré hacia el hombre que había hablado.
Para mi fastidio, él solo sonrió frente a mi expresión amenazante.
-No es realmente una linda noche para salir.
Comentó.
Decidí ignorarlo y dedicarle mi atención al tabaco. Al ver mi indiferencia, fue directo al punto:
-¿Sabes? Hay una iglesia por aquí que...
Mis carcajadas sarcásticas lo interrumpieron.
-Era lo que me faltaba, un religioso entrometiéndose en mi vida. Por favor, desaparece. Créeme, Dios no me quiere cerca.
Advertí con brusquedad.
-"Ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni demonios, ni el presente, ni el futuro, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada te podrá separar del amor de Dios"
Citó la biblia.
Colmó mi escasa paciencia, pero repentinamente un cansancio se apoderó de mí y lo dejé estar. Tiré la colilla y me subí a mi vehículo, queriendo escapar de allí también. Cuando lo puse en marcha, el desconocido, sin borrar su compasiva sonrisa, culminó:
-No te sientas derrotado por haber fallado, Jesús no vino a llamar a los justos, si no a los pecadores a arrepentirse. Está en Lucas 5:32.
-No conozco a ningún Lucas.
Espeté, arrancando la velocidad.
Pero el extraño cansancio ya me había tomado, así que conduje devuelta a la casa.
Love is Possible (Bieber is Back #2)
Tatiana Romina
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