6} LIB
(Justin)
Entré a mi habitación y dejé sobre la mesita de noche la bandeja que sostenía. Me dirigí a la ventana y abrí la persiana de un tirón. Observé el bulto debajo de mis sabanas comenzar a moverse y luego escuché un profundo gemido proveniente del mismo lugar que logró estremecerme.
Chelle surgió a la vista, destapando su torso y desperezándose. Sus párpados revolotearon varias veces antes de abrirse por completo. Enseguida gruñó de dolor y llevó sus manos hacia su cráneo.
-Hay analgésicos a tu derecha.
Anuncié.
De inmediato, ella se incorporó, sentándose en la cama. Examinó la habitación hasta que sus ojos me encontraron. Suspiró de alivio.
-Cielos, Justin. Me asusté.
Exhaló.
Sonreí divertido y me senté en el colchón frente a ella. Acerqué la bandeja a nosotros.
-Te traje café y aspirinas, es lo único que siempre hay en mis alacenas. Pero fui temprano en la mañana a comprarte galletas de limón y de chocolate.
La señalé el desayuno.
-¿Temprano en la mañana? ¿Qué hora es?
Preguntó confundida, volviendo a sobar su cabeza.
-Es mediodía.
Respondí.
Chelle pasó un analgésico por su garganta con un trago de café. La observé con detenimiento mientras disipaba su resaca, meditando otra vez en lo que me había dicho la noche anterior.
Nuestra amistad no era normal. La actos que delataban nuestra atracción sentimental eran tan habituales que llegamos a acostumbrarnos a ellos y ya no les prestábamos atención, pero seguían allí y en ese momento podía verlo. Oí sus palabras: "Justin ¿cuándo voy a dejar de amarte?" dijo. Llegó a mis oídos claramente, aunque le di muchas vueltas a su significado. Su mirada ebria obnubilada en ese momento tomó una brillante suplica, como si fuera demasiado difícil pelear contra lo que sentía por mí.
En los últimos años yo había salido con otras chicas. Me había convencido a mí mismo de hacerlo. Sin embargo, no lo disfrutaba en absoluto. Congeniar no era lo mio, menos cuando a cada señorita que se sentaba frente a mí la terminaba comparando con Chelle. Y siempre perdían. Mi interés disminuía a los poco minutos de empezar la cita, y al final hablaban ellas solas mientras yo miraba un punto fijo y asentía. No era cómodo. De alguna forma sentía que estaba traicionando a mis propios sentimientos. Yo ya estaba enamorado, y ahí estaba perdiendo el tiempo.
Pero seguí divirtiéndome. De vez en cuando conseguía alguien con quien pasar el rato. Alguien que fingía no darse cuenta que mi corazón latía por otra y se conformaba con beber un par de tragos juntos. Alguien como Holley.
Fue precisamente Holley la que me arrastró al bar la noche antes (algo que le agradecía en mi interior ya que no de ser así no hubiese encontrado a Chelle). La consideraba solo un nombre en mi lista de contactos. No recuerdo haber intercambiado muchas palabras con ella, pero salimos en más de una ocasión. Ya me estaba aburriendo, por lo tanto me alegraba si las múltiples llamadas que había realizado a mi teléfono durante horas eran producto del enojo.Se alejaría por su cuenta y sería mas sencillo. Tal vez era duro, pero no guardaba ningún sentimiento por ella.
Y creí que Chelle no guardaba ninguno por mí, pero ahora la intriga y la ilusión que intentaba controlar estaban devorándome.
-¿Cómo llegamos aquí?
Preguntó ella, cuando terminó la tercera taza de café, ambos paquetes de galletas y una aspirina extra.
-¿No recuerdas nada?
Inquirí, depositando la bandeja nuevamente en la mesita.
-Liz, Dave y yo estábamos en la barra, tomando unos tragos. Eso es todo lo que sé.
Contestó.
-Yo estaba cruzando la pista cuando te vi bailando con un tipo. La verdad me sorprendí, no creí en la casualidad de encontrarte allí. Te giré para enfrentarte y sí, al final eras tú, pero no parecías muy consciente de tu alrededor.
-Bebí demasiado.
Se excusó.
-Lo noté. Te traje a mi casa antes de que te desmayaras.
Me burlé. Puse mi mano sobre la suya.
-¿Que tal la reunión con Dunkan ayer?
-Estuvo bien. Jenny es un poco intensa pero me oyó con atención y estoy segura que aplicara lo poco que pude aportar para su vida.
Me contó mientras jugaba con mis dedos. Terminé enredándolos con los míos y continué interrogando:
-¿Tú estás bien?
-Sí. Estoy muy bien. Bueno... tengo esta maldita resaca pero...
Me reí y me aproximé para besar su frente.
-Creo que hay ropa tuya en mi armario. Alistate y vamos por algo de almorzar.
(Michelle)
¿Por qué ese beso electrificó toda mi cara?
Había dejado de sentir esa magia con Justin hacía mucho tiempo. Tenía claro que eramos amigos y no había nada más entre nosotros. Que la descarga reapareciera tan de repente, me impresionó.
En el local de comida, lo observé con disimulo mientras él comía su orden. Era atractivo. Siempre lo fue. Pero mis manos no cosquilleaban por tocar su cara en casi dos años, entonces ¿por qué estaban temblando en ese momento?
Mi amigo iba a dejar los bordes de pizza en mi plato, como cada vez, pero se detuvo al ver todavía una gran cantidad de comida allí. Sus ojos mieles miraron directamente los míos y me dejé llevar por ellos. Estaban oscurecidos debido a la tenue luz del día nublado e igual irradiaban esa intensidad cautivante a la que había dejado de prestarle atención. Se achicaron cuando sus labios se estiraron en una sonrisa y entonces lo oí:
-¡Chelle! Te estoy hablando.
-Oh...
Elevé mis cejas, pretendiendo que me había perdido en mis pensamientos y no en su mirada como una tonta colegiala.
-Sí, em...
-Decía: ¿No tienes hambre?
-Eh, no. No en realidad.
-Debes comer aunque no tengas ganas. No te quedes con el estomago vacío. Y por favor, no mas alcohol.
Su tono de voz era divertido y la sonrisa aún adornaba su cara.
La tarde había avanzado cuando llegamos a su casa. Los truenos resonaban aunque el cielo aún no quería dejar caer sus gotas.
-Debería irme.
Apunté.
-Al contrario, creo que deberías quedarte. Llegar a la editorial por la mañana después de la lluvia se te hará más fácil desde aquí.
Me ofreció él.
-No quiero molestarte ¿Dónde dormiste anoche?
Él frunció el ceño y se acercó a mí. Afuera, el viento se había levantado con fuerza.
-Nunca me molestas, y lo sabes. Dormí en tu cuarto, puedes usarlo tú hoy.
Respondió.
El cuarto demás que había en su casa él lo había preparado para que sea exclusivamente mio. Yo solía quedarme mucho allí, aunque por la madrugada me escabullía a su cuarto y me acostaba en su cama, con él. Mirando esos detalles en ese momento descubrí que nuestra amistad nunca fue del todo normal. Por más cercanía que tengas con tu mejor amigo, no dormirías enredada en sus brazos.
Preparé la cena esa noche y me encargué de comer bien por mi falta de almuerzo. Nos despedimos y al subir las escaleras cada uno se fue por un lado distinto. Me alisté para dormir y me acosté enseguida, justo cuando la tormenta se desató afuera, con una furia alarmante. Cerré los ojos y escuché el agua salpicar, el tronar, el silbido de las ráfagas. Esas rebeliones de la naturaleza me calmaban, mas no podía conciliar el sueño. Di un par de vueltas y finalmente me rendí.
Salí al pasillo y lo recorrí con lentitud hasta una puerta, que abrí cautelosamente antes de ingresar por ella. Arrastré los pies con cuidado de no tropezar debido a la espesa oscuridad hasta que tanteé una cama. Me arropé en la misma y el cuerpo que ya descansaba allí dejó escapar bocanada de aire que sus pulmones estaban sosteniendo, el mismo aliento que los niños sueltan cuando reciben el mejor regalo de cumpleaños.
Justin se giró y me rodeó con sus brazos, atrayéndome a él. Coloqué mi cabeza en su pecho y, sin poder contenerlo, también largué un prolongado suspiro.
Love is Back (extras)
Tatiana Romina
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro