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20} Witness

El primer trago de café pasó por mi garganta con dificultad. Desmotré mi desagrado por la temperatura helada de la infusión con una mueca.

-¿Esperabas algo mejor? El estado paga por eso.

Miré al hombre frente a mí cuya grave voz había pronunciado esas palabras. No le contesté, pero me concentré en los duros ojos que asomaban por encima de sus gafas, escudriñándome.

Finalmente, volvió su mirada a la computadora y siguió tecleando con rapidez. Segundos después, pareció encontrar lo que buscaba, porque acercó su cara a la pantalla con interés .

-Hace cuánto tiempo no tiene contacto alguno con el acusado.

Exigió saber al terminar su lectura.

Apoyé el codo en la mesa y recosté el mentón en mi mano, denotando aburrimiento.

-La última vez que lo vi, tenía ocho años.

Respondí.

-Es decir que han pasado aproximadamente diez años desde su última interacción.

-Sí.

-Queda claro que por 'contacto' me refiero a cualquier metodo de comunicación, inclusive a través de cartas...

-No he hablado con él desde entonces. No hablaba mucho con él ni siquiera cuando vivíamos bajo el mismo techo.

Aquellas palabras se escurrieron entre mis apretados dientes.

El fiscal se percató del enojo creciente en mí y escribió algo en su maquina antes de proseguir.

-Tengo entendido que tú mismo denunciaste a tu padre frente a los autoridades.

-Ajam.

-¿Podrías relatarme como transcurrió tu día antes de que decidieras acudir a la policía?

-No.

Sentencié.

El fiscal volvió a observarme por encima de sus anteojos.

-¿Disculpe?

-No tengo porqué decirle que mierda estaba haciendo antes de eso.

El ceño pronunciado del fiscal se frunció.

-Bieber, tengo que recordarle que hay dos oficiales custodiando ésta puerta. Además de que cualquier arrebato de su parte va a afectar su ya iniciado expediente...

Dejé caer el brazo que sostenía mi cara y golpeé levemente la mesa con mi puño. Una amenaza clara, pero discreta.

-Las preguntas que está haciendo son irrelevantes. Mi relato entero, que di a los ocho años, está ahí...

Señalé la computadora.

El hombre se quitó los anteojos y mostró severidad en sus pupilas.

-Sé exactamente lo que hay aquí. Que quiera corroborar algunos datos...

-Usted no quiere corroborar datos, quiere adulterar los que ya existen.

-¡¿Me estás acusando de algo, estúpido niño?!

-¡Sí! De ayudar a la mafia que intenta darle libertad a Jeremy...

Me levanté del asiento con brusquedad y me encaminé a la puerta.

-¡Bieber, si das un paso más, mis hombres te traeran a la fuerza!

Me amenzó.

-No puede hacerlo sin una orden de arresto.

Desafié.

-Soy un fiscal, puedo dictarla ahora mismo.

-Sí, pero si me obliga a declarar despues de haber tenido esta confrontación conmigo, todo lo que yo diga será anulado por el juez, por sospecha de coacción.

Me volteé para mirarlo, y vi su rostro enrojecido por la ira.

-Nadie va a enterarse de que nos enfrentamos, nadie va a delatar ésta situación por un pendejo como tú.

Masculló.

La puerta se abrió en ese momento y Dunkan, uno de los oficiales que custodiaba la puerta, entró.

-Yo lo haré.

Afirmó, sujetandome por el brazo y arrastrandome fuera de allí.

-¿Lo grabaste?

Inquirí en cuanto estuvimos afuera de la fiscalía.

-Sí.

Contestó.

Habíamos acordado de antemano que debía provocar al fiscal para que lo destituyeran de la causa. Ese corrupto me la puso muy facil haciendome estallar en serio.

-Vas a perder tu empleo.

Comenté desinteresado.

-Tal vez sí, tal vez no. De lo que estoy seguro es que ya no podré volver aquí.

Señaló el edificio que dejabamos atrás.

Caminamos unas cuantas cuadras antes de que el policía se dirigiera a mí.

-El testimonio de Michelle Mileston constituiría un cincuenta porciento de probabilidades más para ganar éste juicio.

Habló.

Frené repentinamente mi andar, quedándome quieto en el lugar. Él se giró hacia mí, impasible.

-¿Qué?

Murmuré.

-Michelle Mileston. Sé que fue la última victima de Jeremy. De hecho, el video de la niña llevaba muy pocas horas de ser grabado cuando la policia llegó a su casa. Ella debió de...

-¿Cómo saben de ella?

Interrogué lo más frio que mi falta de aliento me permitió.

-Solo yo sé de ella, fui el único que logró (o de hecho, siquiera intentó) identificarla. La mayoría del caso lo investigué por mi cuenta, ya que fue archivado muy rápido.

-No vas a involucrarla en ésto.

Espeté, acercándome a él con prepotencia.

Dunkan sólo me observó, aún impenetrable.

-Su testimonio valdría...

-¡No vas a acercarte a ella! ¡No la metas en ésto!

Por primera vez desde que nos conocimos, el policia pareció muy confundido. Me observó detenidamente, tratando de descifrar mi reacción.

-¿Por qué? ¿Sabes algo de ella en la actualidad?

Alargó su pregunta con recelo.

Acorté aún más la distancia entre nosotros e hice que nos miraramos fijamente a los ojos.

-Yo no pregunto cuál es tu maldito motivo para querer ver a Jeremy morir en la carcel, sé que lo hay, sé que está ahí, tan cerca que podría enterarme si quisiera...

Vi cómo tragó saliva ante esa sugerencia.

-... Pero no me importa nada de ti, y a ti no te debe importar nada de mí si sabes lo que te conviene.

Culminé.

Me giré y me fui, marchando a paso ligero. Un malestar empezó a apoderarse de mi estomago. Si el oficial Dunkan se había podido enterar sobre Michelle ¿quién más lo sabía? Fui cuidadoso incluso a mis ocho años de dejarla afuera de la historia.

Tenía que verla y asegurarme de que estaba bien.

Cuando el septimo timbre del celular sonó y mi novia aún no respondía, comencé a alterarme. Monté mi motocicleta dispuesto a ir a su casa, justo cuando un mensaje cayó en mi móvil.

"Cariño, estoy en el cine, te llamo en cuanto la película termine".

Me avisó Chelle.

Tensé la mandibula con enojo y tecleé:

"Abandona la sala para contestarme o voy para allá"

Advertí.

Guardé el teléfono en el bolsillo de mi campera, porque pensaba ir donde ella de todas formas, pero antes de que acelerara, el aparato sonó delatando una llamada. La atendí con precipitación.

-Estoy en camino, no te muevas de ahí.

Ordené.

-Soy Dunkan.

Me cortó la voz del oficial, entendiendo que mis anteriores palabras no eran para él.

Gruñí con frustración.

-Si piensas joderme por el golpe...

-No es eso, es...

-¡Mierda! ¡Ya te dije que Michelle NO!

Exploté.

-¿Puedes calmarte? Olvídate de Michelle Mileston, acabo de contactar a una persona mucho mas relevante en el caso y que está dispuesta a colaborar con nosotros.

Me comentó, sin ocultar su emoción.

Hice un silencio de dos segundos, mientras regulaba mi respiración.

-¿Quién?

Inquirí.

-Tu madre, Bieber

Love is Possible (Bieber is Back #2)
Tatiana Romina

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