17} Side
Utilicé la aplicación adecuada en mi celular para modificar cierta información en una página que me lo había requerido. Muy pocas veces me presentaba en la cafetería, pero ese día necesitaba el ruido a mi alrededor para que sonaran más fuerte que mis tormentosos pensamientos.
Oprimí un botón para finalizar mi tarea y dejé el teléfono en la mesa. Pasé mis manos por mi cara, tratando de ahuyentar el cansancio y miré a mi alrededor, nadie había tomado asiento cerca de mí. Eso no me molestaba (las personas sí) pero me extrañó que Chelle no se acercara si había notado mi presencia en el comedor.
Examiné el lugar con la mirada, y al fin la encontré. Estaba unas cuantas mesas más allá con su grupo de amigos. Chad, el mediocre galán de secundaria. Bruce, el bruto. Ana (la única persona de esa mesa que yo aprobaría que esté con mi novia) e Isabella, la presumida.
Sonreí cuando mi novia estalló en carcajadas gracias a un comentario de sus amigas. Verla feliz era una de las pocas cosas placenteras que experimentaba en mi vida. Además, en todas ellas, Chelle estaba involucrada.
Traté de sacar una conclusión sobre aquello. Busqué una razón por la cual esa chica tenía el poder de impartir luz en cada rincón oscuro de mi ser. Por supuesto, trataba de encontrar respuestas lógicas por lo que descarté todo lo que implicara la palabra "amor". Tal cosa no existe, y si le diera una respuesta imposible a mis interrogantes terminaría frustrándome peor. Pero ¿Por qué la quería alrededor mío todo el tiempo? ¿Por qué perdía la noción de todo cuando nuestros labios estaban juntos? ¿Por qué todo estaba bien entre sus brazos...?
El problema era que yo no estaba siempre entre sus brazos, y cuando se alejaba de mí, no importa cuan mínima sea la cantidad de tiempo, la negrura volvía a tomar posesión de mí... y con mayor intensidad.
Lamí mis labios mientras la seguía observando. A veces me costaba mucho quitar la vista de ella. Era como mirar una película que te dejaba absorto, y cuyo principal entretenimiento era el bello rostro de la actriz principal. Mi corazón saltaba con cada una de sus reacciones.
Y todavía podía sentirlo vibrar con exaltación por nuestra pelea del otro día.
Chelle lanzó una papa frita a Chad justo cuando David se sentó a su lado. Él tomó la mano de mi novia, la que había utilizado para lanzar comida. Me tensé y fijé mi atención en sus manos unidas mientras él le decía algo y ella reía. Sentí mi rostro calentarse mientras mi corazón se aceleraba. Era un sentimiento extraño. Se parecía mucho al enojo, pero también conllevaba algo de miedo.
Estaba celoso.
Un par de veces había pensado que David estaba ocupando el lugar que en realidad me pertenecía a mí, pero en ese momento la idea se hizo mucho mas fuerte: ese debería ser yo.
Chelle solía ser MI mejor amiga. Cuando niños, tendríamos que haber elegido el mismo nivel primario para compartir también los juegos escolares, y después pasar al mismo secundario, donde nos saltaríamos clases para reír tranquilos en el campo de deportes. Tendríamos que haber hecho los deberes y salir de fiesta, ambas cosas juntos. Yo tendría que haberla abrazado fuerte cuando un imbécil bueno para nada rompiera su corazón por primera vez y ella tendría que sentarse a mi lado en clase para contarme chismes sobre mi novia de turno. Entonces yo tendría que haber confesado que ella era la única mujer que me importaba, y los dos hubiésemos asistido al baile de graduación como pareja.
Pero era David Braylor con quien ella reía, aun sin soltar su maldita mano.
Y eso era culpa de la mierda que tuve como padre.
El hijo de puta de Jeremy Bieber tenía que morir en la cárcel.
En cuanto ese nombre resonó en mis pensamientos, no pude retener mi instinto. Me apresuré hasta la mesa de mi novia, y todos voltearon a verme en cuanto llegué a su lado. La mayoría parecían sorprendidos, ya que nunca me acercaba a ellos, pero cuando Chelle me vio sonrió.
-¡Jus! Viniste a la cafetería.
Exclamó.
-Ya me voy. Y vienes conmigo.
Espeté, señalando la puerta con un gesto de mi cabeza.
Por unos segundos se mostró confundida, pero la cautela que usó para, finalmente, asentir, me hizo suponer que mi expresión era dura. Me siguió hasta la salida, y cuando dimos unos cuantos pasos lejos del comedor, me giré hacia ella.
-Te extrañé.
Murmuré.
Rodeé su nuca con mi mano derecha y la atraje hacia mí para chocar nuestras bocas. Al principio la besé con brusquedad, como si una parte animal en mí quisiera marcar territorio y recordarle que era mía. Ella movió sus labios sobre los míos con mas suavidad y, pronto me perdí en una nube de su sabor. La combinación creo un gesto romántico y apasionado.
Era la primera vez que nos besábamos con deseo, pero en cuanto mis manos cosquillearon por tocarla, fui consciente de que no podía hacerlo. Lo quería demasiado, pero no podía, porque su llanto, sus ojos llenos de miedo, la debilidad que había en todo su ser aquel día de nuestra infancia en el que todo se vino abajo, arremetían contra mi cabeza como un huracán. Sentía que hacer eso sería herirla.
Me separé con la misma precipitación con la cual me acerqué. La observé con mis ojos vidriosos como me miraba con adoración. Yo no merecía su cariño, debía alejarla de mí... pero tampoco podía hacer eso. Vivir sin ella sería morir todos los días.
Cerré los parpados con fuerza, tratando de calmar el remolino en mi interior que me abrumaba. Necesitaba con urgencia acallar mis pensamientos y atenuar toda sensación.
-¡¿Por qué siempre estás rodeada de tipos?!
Ese no era mi verdadero problema, pero mi voz se impulsó por sí misma, desesperada por buscar la adrenalina que me limpiara de todo lo demás.
Ella frunció el entrecejo, borrando todo rastro del hermoso momento anterior.
-¿Otra vez vas a gritarme?
Soltó entre dientes.
-Lo haré todas las veces que sean necesarias, hasta que entiendas que ahora debes rendirme cuentas.
Tomé su mentón para crear un contacto visual, y logré justo lo que quería: sus ojos se enfocaron con una furia que aplacaba cualquier rastro de debilidad en ella.
Chelle era fuerte y estaba apta para defenderse.
-No le rindo cuentas a nadie.
Ella también elevó el tono, alejándose de mi toque.
Las puertas de la cafetería volvieron a abrirse y David salió por ellas.
-¿Qué pasa aquí?
Inquirió, mirando a Michelle, pero su demanda parecía dirigida a mí.
-Nada, Dave.
Mi novia trató de controlar su temblorosa voz.
-Oí gritos.
Sentenció su amigo.
-Pero nadie estaba llamándote a ti.
Respondí, sin ocultar el resentimiento que venía acumulando por él.
David se volteó hacia mí. No había ningún rastro de la expresión cordial que solía mostrarme.
-Aléjate de ella.
Habló firme, tomando su brazo y empujándola suavemente lejos de mí.
Apreté los puños y traté de calmar mi acelerada respiración. Estaba haciendo un esfuerzo enorme por no tirarme sobre él y golpearlo. Chelle nunca me perdonaría eso.
De repente, mi novia se desprendió de su amigo y corrió hasta mí.
-¡Michi! ¿Qué haces?
David se sorprendió.
-Dave, todo está bien. Él solo está alterado, no voy a dejarlo así.
Respondió ella, tomando mi cara entre sus manos.
Me tranquilicé ante su tacto, soltando un suspiro y concentrándome en sus preocupados ojos.
-Lo siento.
Susurré, y quizás una parte de mi ser realmente se arrepentía.
-Oh santo cielo...
La indignación en la voz de David quedó ahogada por el ruido de otras personas precipitándose fuera del comedor.
Love is Possible (Bieber is Back #2)
Tatiana Romina
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