14} Precious
Cuando vi a Chelle entrar en el bar, enderecé mi postura. Ella tomó asiento frente a mí y me sonrió. Parecía relajada, no incomoda, inquisitiva o incluso enojada, como me lo hubiese esperado de cualquiera.
-Hola, Jus.
La miré detenidamente.
Nunca me habían apodado, yo no hubiese dejado que lo hicieran, pero la forma en que frunció sus labios para decir la abreviación de mi nombre no me dejó ganas de objetar.
-Hola, Chelle.
Una sonrisa se extendió en mí mientras la saludaba.
Intercambiamos unos cuantos comentarios triviales hasta que el camarero llegó a nuestra mesa. Era un muchacho joven, lo que dificultaba su habilidad al tratar con clientas lindas. Lo noté en cuanto puso sus ojos encima de mi acompañante y le sonrió sugerente.
-¿Qué desean?
Su pregunta fue en plural, pero toda su atención estaba en Chelle.
Apreté los puños debajo de la mesa y miré hacia otro lado mientras rodaba mis ojos.
-Una pizza estaría bien ¿no, Jus?
La voz de Chelle se dirigió a mí.
Giré mi cabeza en su dirección y asentí, aunque esquivé sus ojos. No sabía porqué la actitud del tarado que nos atendía me molestaba mucho, pero no quería que ella viera mi enfado.
Hizo el pedido y, por fin, él se fue.
-¿Quieres hablar de lo que sucedió en la escuela? No soy chismosa, ni entrometida, solo quiero saber si estás bien. Podría hacerte sentir liberado si lo comentas. Jus, puedes contar conmigo, puedes decirme lo que sea.
Su preocupación me relajó.
La contemplé mientras ella hacía lo mismo, esperando una respuesta de mi parte. Era tan malditamente hermosa en todos los sentidos, y yo no era más que basura.
-Sé que puedo contar contigo...
Murmuré.
Pero no podía decirle lo que sea. No podía contarle la causa de la tensión que me llevó a golpear a ese tipo porque implicaría relatar toda la historia de mi pasado... y ella parecía haber olvidado por completo que nuestros pasados estaban unidos.
-No tengo ganas de hablar hoy.
No quería que mi respuesta sonara tan dura, pero a ella no le importó. Solo asintió y sonrió.
-Entonces no digamos ni una palabra, llenemos nuestras bocas de maní.
Bromeó, tomando un puñado que había en un tazón.
-¿De dónde salió eso?
Inquirí, confundido.
-El camarero lo dejó.
Explicó.
-¿Antes o después de deslizarte su numero?
Me burlé, sin embargo tuve que hacer un esfuerzo para que la molestia no se notara en mi voz.
-Antes.
Respondió ella, con seriedad.
Fruncí el ceño, sintiendo el calor subir por mi cuerpo. Chelle soltó una carcajada.
-Era un chiste.
Aclaró.
-Lo sé.
Mentí, removiéndome en el asiento, pero su diversión logró que yo también riera.
Pasamos una velada agradable. Volver a estar con ella hizo que todo lo demás desapareciera, y tuve la extraña idea de mantenerla cerca siempre y no dejarla ir. Eso me alarmó un poco, era como necesitarla, y yo NO dependo de nadie.
-¿No comes eso?
Señaló la parte trasera de las porciones de pizza que había dejado.
Negué con la cabeza y ella los tomó.
-No puede ser. Es la mejor parte.
Su tono incrédulo se apagó en cuanto el trozo de masa entró en su boca.
La observé disfrutar la cena tanto como yo disfrutaba estar con ella. Sonreí. No podía parar de mirarla.
-¿Podrías traernos la cuenta?
Pidió, en cuanto llamó al camarero y éste se acercó a la mesa.
Él le guiñó un ojo antes de afirmar e irse, y yo no pude evitar que las palabras se escaparan de mi boca:
-Idiota.
Espeté.
-Él es un chico, solo se está comportando como uno.
Comentó Chelle, encogiéndose de hombros.
-Se está comportando como un imbécil, no como un chico ¿acaso no ve que viniste conmigo? Él coquetea contigo y ni siquiera le importa si hay algo entre nosotros, no sabe si somos... pareja.
Susurré la última palabra, porque su simple mención me acobardó, y además porque delaté mi enojo más de lo que pretendía.
Ella soltó una risa entre dientes.
-Bueno, él no sabe más que yo.
Admitió.
Medité sus palabras unos minutos. Nunca aclaré nada de nuestra relación, y ella se merecía algo más que unas impredecibles salidas. Vi que el camarero emprendía el camino devuelta a nosotros, con el papel del importe a pagar en sus manos. Rápidamente, me paré y rodeé la mesa para sentarme al lado de Chelle. Pasé mi brazo por sus hombros y la pegué a mí. Me incliné hasta su oído y hablé muy bajo:
-Me encargaré de que lo sepas.
Contesté tardío, pero con determinación.
Levantó su cabeza y nos miramos fijamente unos segundos. La atmósfera que nos rodeaba era tan espesa, cargado de sentimientos eléctricos.
Me encantaba.
-La cuenta.
La voz del muchacho llegó a nosotros, haciendo que le diéramos nuestra atención. Nos miraba a ambos con cautela. Le mostré una expresión de triunfo mientras Chelle tomaba su bolso. La detuve y volví a hacer contacto visual con ella.
-Yo invito, preciosa.
Mis palabras hicieron que se sonrojara y que el brillo en sus ojos denotara una debilidad que no estaba antes en ellos. Me llenó de emoción que se sintiera halagada por mí.
Un sentimiento que nunca experimentaba se extendió por mi pecho hasta que cosquilleó en mi corazón.
Cariño.
Acerqué nuestros labios y en el momento que hicieron contacto, sentí cada parte de mi cuerpo vibrar. Me sentía vivo.
Alguien carraspeó, cortando nuestro ensueño. Rompimos el beso y recordé al camarero. Saqué unos billetes de mi bolsillo y se los extendí.
-Guarda el cambio.
Le guiñé.
Love is Possible (Bieber is Back #2)
Tatiana Romina
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