
06 ╎『Capítulo seis』
— DELITO —
Narra Trunks.
Bien, es la hora.
Esto es lo que esperé desde que era un niño, poder encontrar el refugio, en el cual se encuentra secuestrado mi mejor amigo.
Marron dijo a ciencia cierta, que ni ella tenía idea de donde se encontraba.
Su ubicación, era incluso desconocida a los residentes de ese lugar, a excepción de jefes y supervisores.
Los niños perdidos, nunca se enteraban de donde estaba ubicado dicho "refugio".
Es más bien, una prisión que un refugio. Blindado, con artillería similar a la de cualquier ejército y con muchísima seguridad.
Esto, dicho de boca de la misma Marron.
Todos, una vez que suben al medio de transporte que los lleve hasta el refugio, eran dopados con cloroformo para llegar al lugar y ser despertados, en su dichosa habitación.
Nunca les permitieron manejar más información, de la que les fuera necesaria.
No me sorprende, que usaran más de una droga en ellos para provocarles perdida de memoria.
O incluso, recurrieran a medios como la tortura, capaz de causar tales consecuencias como lo es olvidar todo tu pasado.
Goten.
¿Acaso me olvidaste?.
Doy un suspiro agobiado.
Esto será peligroso.
Me consuela, la idea de que ésta tortura va a finalizar. No en mucho tiempo.
— Miren quien volvió —anunció en voz alta, de manera perversa.
— J-jefe.
Todo mi cuerpo, emite un escalofrío y se sobresalta, con tan solo escuchar la voz de ese tipo.
Hay personas, que con solo verlas te generan una mala espina inimaginable. El sujeto denominado "jefe" causaba ese efecto en mí.
Parece una mala persona.
Observo a Marron, desde mi vehículo, deseándole todo el apoyo del mundo. Parece nerviosa.
El plan en si, es bastante básico.
Ella se infiltra junto al jefe en la base, de camino yo sigo y rastreo su ubicación; robo toda la información posible, utilizandola a ella como ojos y oídos en la operación. Para finalmente, cuando tenga suficientes pruebas, recurrir a la policía, para detener a estos mal nacidos y recuperar a mi mejor amigo.
Todo limpio, legal, sin muertes de por medio.
Será como estar dentro, pero sin arriesgarme mucho a que me descubran.
Todo preparado, todo cool.
¿Que podría salir mal?.
Puse un micrófono en su blusa y un GPS en su bota, para facilitar nuestra comunicación.
Le prometí no abandonarla.
Aquí estoy, cumpliendo esa promesa.
Ambos serán libres Marron.
Te lo prometo.
— ¿En dónde diablos estabas?.
Oigo nuevamente la voz del molesto sujeto, reprocharle furioso a mi amiga.
Los miro con atención, intentando no dejar escapar, cualquier detalle importante.
Ambos están teniendo una conversación tensa, a orillas de la carretera. Mientras que yo, los observo detenidamente escondido en mi coche, detrás de unos sauces y arbustos.
— Y-yo, hice servicio extra —explicó con voz temblorosa— jefe, encontré clientes nuevos. Millonarios excéntricos, los cuales no podía despreciar.
— Que sea la última vez, que te separas del grupo —advierte, sujetándola con fuerza por el cuello.
— Por qué ¿Acaso me extrañó? —pregunta en la típica forma coqueta, que acostumbraba usar.
Su mano se estrella con violencia, en la mejilla de mi amiga.
Miserable, poco hombre.
¿Cómo se atreve a golpearla?.
— Sube —ordena con molestia, en dirección a su coche.
Marron tarda un par de segundos en reincorporarse, pero finalmente, lo sigue a dónde se encuentra su vehículo.
Un par de lágrimas se deslizan sobre sus mejillas.
— Resiste, por favor —imploro en un susurro.
Arranco el auto, cuando veo que la furgoneta estacionada frente a mi, comienza a avanzar.
Guardo una distancia prudente, entre el vehículo del jefe y el mío, para comenzar con mi tarea.
Seguirlos.
No sé oye conversación alguna luego de esa situación —me parece raro— aunque seguramente, son ideas mías.
¿Que más podrían conversar? un supervisor y una prisionera.
Conduzco por la carretera, alrededor de diez minutos.
Avanzamos por un bosque oculto, el cuál ni siquiera tenía idea que existía; árboles, túneles, zonas obscuras.
La señal, deja de funcionar a esta latitud con distancia a la ciudad. Lo sé, porque la radio deja de funcionar.
La furgoneta se detiene por un momento, en un bosque frondoso.
Ese momento, pasa a transformarse en media hora.
Esa media hora, se convierte en una.
¿Acaso me descubrió?.
Mierda.
Me muevo sobre mi asiento.
Intentó conservar la calma, por muy imposible que esto me parezca. Marron le pregunta al jefe que es lo que sucede, éste le responde de forma brusca, que haga silencio y baja del auto, con un cigarrillo en la mano.
Doble mierda.
No entres en pánico, Trunks.
Estaciono lo más lejos que puedo y bajo, para esconder mi auto con una especie de ramas que hay tiradas en el suelo.
Mis piernas tiemblan, mi respiración es agitada en el proceso.
Intento ocultar mi automóvil y ver qué es lo que planea ese sujeto. Se quedó vagando en este lugar.
Unas luces azules, que resplandecen, logro percibir a distancia. Me dan directo en las gafas, por lo que quedo un par de segundos quieto, hasta poder percibir una mejor imagen.
Camionetas pintadas de blanco con azul, letras negras que adornan los costados y unos cuantos adhesivos refractarios.
Dos sujetos uniformados, cuya gorra es adornada en un cello de autoridad. Me miran con severidad, estacionando junto a mi vehículo.
El sonido del motor deteniéndose, sus pasos que avanzan en dirección mía, hacen que mi corazón se detenga.
Policías.
Triple mierda.
— ¿Usted nos llamó? —cuestiona uno de ellos, en dirección mía.
No alcanzo a responder, porque una voz se acerca y comienza a hablarles.
Un tipo alto, que mide aparentemente cerca del metro ochenta, lleno de tatuajes por todo el cuerpo; brazos musculosos, cuerpo entrenado con cabello despeinado y grandes ojos negros, oscurecidos por maldad o vicio, quizás ambas —no logró comprender—.
En definitiva, es el tipo malo por el que cualquier chica suspiraría.
Y es nada más y nada menos:
Que el dichoso "jefe".
Su presencia es intimidante, poco recomendada para cualquier niño; a pesar de vestir de manera elegante y emanar un perfume caro envolvente, es ese tipo de persona que te genera recelo con solo una mirada.
— Yo los llamé —informó.
Su preocupación, es más falsa que besito de suegra.
Tragó saliva, con el nudo de mi garganta, creciendo cada vez más.
Mi frente está un tanto sudada, por el nerviosismo que estóy padeciendo.
Ya cálmate idiota.
Van a sospechar.
— ¿Cuál es el problema? caballero —interroga está vez el rubio, que se encuentra junto al oficial pelinegro.
Hijo de...
¿Que pretende?.
Por qué de repente, pone una mirada de no matar una mosca.
Su expresión.
¡Rayos!.
Es irónico que un líder mafioso, sea dueño de un rostro tan angelical. Parece el típico niño bueno, que no mata a una mosca, si solo te concentras en su cara.
— Este tipo, estaba siguiendo mi coche. Con propósitos que desconozco —acusó con descaro, recibiendo una mirada confundida del oficial.
Ambos caminaron, de un lado a otro. Me observaron con sospecha.
Yo por lo tanto, no pude articular palabra alguna, por lo que ellos prosiguieron con su interrogatorio.
— ¿Que hacía conduciendo en un lugar tan desolado como éste?.
Bien.
Tengo esperanzas.
— Pues —el jefe llevó una mano a su nuca, sonrió con inocencia— estábamos, paseando en coche con mi novia —claramente mintió.
Los dos oficiales, consideraron que su mentira era verdadera, tras observar a Marron; quien estaba sentada en el asiento del copiloto.
— ¿Por qué paseaban en un lugar como éste? —prosiguió a dudar con desconfianza, su compañero.
— Ya sabe, queríamos intimidad —eludió con picardía.
Es increíble.
Lo bien que miente este tipo.
Inclusive se merece un Oscar.
Las mentiras, se escuchan tan creibles viniendo de su boca.
Maldita sea.
Y yo que sigo aquí, congelado en mi lugar, como una estatua viviente sin poder decir o hacer nada.
Guardo mis manos en los bolsillos, muerdo mi labio frustrado. Desearía tener su labia o habilidades, como perfecto mentiroso.
— Usted, joven —me señaló a mí y seguido de eso, sacó una libreta de su bolsillo, con disposición de anotar mi testimonio— ¿Por qué lo estaba siguiendo?.
No pude responder nada.
En ese instante, comenzé a tartamudear como un idiota.
¡Carajo Trunks!.
¡Tu no eres el malo aquí!.
Pero, ellos me vieron ocultar mi auto con las ramas. Eso se consideraría como un comportamiento sospechoso, aquí y en la China.
Cualquier cosa que diga, sin pruebas, va a resultar en mi contra.
— Lo vé —me señaló esta vez el dichoso "jefe"— es obvio que está nervioso, porque no puede decir nada en su defensa. Este sujeto, es un psicópata oficial.
— Caballero.
— Le ruego que vele por mi seguridad, tome las medidas necesarias.
Aprieto mis puños con frustración y enojo.
La actitud descarada que estoy presenciando, me hierve la sangre.
Repito.
¡Denle su puto Oscar! por la escena de nervios que está montando.
:— Y-yo, confío en la justicia...
Lo interrumpió.
— Quedese tranquilo —"Alivió" al jefe. Después se acercó a mí, me observó de piés a cabeza— le daré una segunda oportunidad ¿Tiene algo que decir en su defensa? —propuso con una mirada de comprensión.
¿Que le digo?.
Pasan unos momentos de silencio, mientras pienso. El otro oficial, suspira con cansancio, negando darme el tiempo que necesito.
— Lo que sea que tenga que decir, va a responderlo en la comisaría —sentenció con voz espesa.
— ¿Q-que? —logré emitir, en pánico.
El jefe no dejaba de fingir ser la víctima y agradecer constantemente, que aquellos oficiales me detengan.
Intenté alegar algo más, pero está vez ya era demasiado tarde. Amenazaron con golpearme si decía algo, colocaron unas esposas en mis brazos, dejándome inmovilizado por completo.
Me suben a la camioneta, sin mucha cordialidad, a los empujones.
El tipo de los tatuajes, observa su victoria triunfante.
La ventanilla trasera de la camioneta, se encuentra abierta, por lo que logró observar como se burla de mi, con arrogancia.
Antes de que la camioneta pueda arrancar, ese sujeto se acerca a y me susurra al oído, con un tono cargado de furia.
— Si vuelves a jugar, al chivito espiatorio —comenzó a amenazar— la próxima vez que te vea: va a ser en una caja de madera, diez metros bajo tierra ¿Comprendes?.
— Miserable —respondo con enojo en su dirección.
El me observó a los ojos, al parecer en un recordatorio.
En caso de que vuelva a buscarlo.
Y lo haría.
— Disfruta tu estadía en la cárcel, lindo.
Reservaré mis insultos, para una mejor ocasión.
Aún tengo que seguir buscando.
No puedo cruzarme de brazos, siendo conciente que mi amigo, es víctima de alguien tan despreciable como él.
Cuando salga de la cárcel, voy a infiltrarme.
Yo mismo, con ayuda del GPS.
Estóy seguro que no lo encontrará.
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