A salvo
Narrador omnisciente:
Minho suspiró sintiendo un agradable calor envolviendo su mejilla, el chico se mantuvo completamente sereno con sus párpados cerrados a la vez que envolvía su palma derecha presionando el borde de la cómoda almohada en un intento por obtener nuevamente la completa comodidad, su cuerpo se removió bajo las sábanas intentando acoplarse con la cálida almohada que se encontraba por debajo de su torso, su pulso se disparó en el instante que subió una de sus piernas sintiendo de golpe como su piel hacia contacto con otra completamente suave, su torso se impulsó hacia atrás abriendo sus párpados con pánico, observando con terror como Nayeon simplemente sonreía envolviendo sus palmas alrededor de su cuello manteniendo en todo momento sus largas pestañas apegadas con las de abajo, impidiendo que el muchacho fuese capaz de ver el bonito color de su mirada.
—¿N~Nayeon?—jadeó el muchacho de manera incrédula, sintiendo como los labios de la mencionada se presionaban contra su comisura, arrebatándole por completo el aliento.
El japonés tragó saliva sintiéndose mareado, observando en todo momento como la pelinegra se acomodaba por debajo de su cuerpo deslizando sus delgadas palmas alrededor de su torso, obligando a que ambos cuerpos nuevamente quedasen en una cómoda posición.
—Es muy temprano Minho, duerme un rato mas...—murmuró la coreana completamente adormilada.
Minho apoyó su palma contra el colchón sintiendo como Nayeon se giraba, obligando a su paso, que su cuerpo también se girase, quedando él ahora debajo de la chica. La coreana apoyó su mejilla contra el pecho del castaño provocando que le chico se mantuviese completamente quieto escuchando el suave silbido que causaba la calmada respiración de la muchacha. El japonés con nerviosismo dejó caer su mano sobre el hombro de la pelinegra, sintiendo como Nayeon se volvía acomodar contra su torso quedando completamente apegada a él. Minho guardó silencio queriendo que Nayeon fuese capaz de volver a conciliar el sueño, se cuestionó en sus pensamientos que estaba haciendo en realidad, ¿Por qué estaba permitiendo sentir felicidad?
El chico mordisqueó su labio inferior de manera frustrada, queriendo en lo más profundo de sus pensamientos callar las voces que lograban hacerlo llorar. Parpadeó completamente confundido en el instante que sintió como la cálida mano de Nayeon se entrelazaba con su mano libre que se hallaba apoyado sobre el cobertor, el chico giró de manera ligera su rostro observando como la pelinegra aun mantenía sus párpados completamente cerrados, al principio creyó que había sido un impulso el culpable de la unión entre sus manos, pero aquel pensamientos rápidamente fue desechado en el instante que el color oscuro de su mirada hizo contacto directo con el de la chica.
—Deja de pensar—susurró la chica a la vez que apoyaba su mejilla contra el cuerpo del menor.
Minho suspiró posando su mirada en el blanquecino techo de su habitación.
—Técnicamente es imposible el no pensar—aclaró el japonés sintiendo como la coreana deslizaba su pulgar alrededor de su dedo índice, manteniendo en todo momento sus manos conectadas.
—Me refería a tus pensamientos destructivos—respondió Nayeon terminando por despertar girando su rostro para apoyar su mentón sobre el pequeño bulto que conformaban los pechos del japonés.
El chico se incomodó causando que, rápidamente alejara a la chica de su cuerpo optando por tomar asiento sobre el colchón. Nayeon velozmente optó por la misma posición observando con determinación como el castaño simplemente guardaba silencio, siendo más que consciente que no podía replicar a sus palabras. ¿Por qué muestra tanto interés? se cuestionó nuevamente el muchacho apretando sus labios y mordiendo en el proceso su lengua deteniendo toda posibilidad de que aquella duda brotara de su garganta, pero una parte de él quería oír una respuesta deslizándose entre los labios de la coreana, pero temiendo a su vez que fuese de manera negativa.
Nayeon suspiró sacudiendo su cabeza en negación, rápidamente la chica se levantó del colchón rodeando la cama para caminar en dirección de la salida. Minho jadeó sorprendido, velozmente se levantó de manera impulsiva de su cama obteniendo como resultado; su cuerpo tumbado contra el suelo con las sábanas enredadas entre sus piernas. El castaño apretó sus dientes de manera de frustración, lanzando patadas para alejar las cálidas sábanas de su cuerpo, cuando logró conseguirlo, se levantó de la manera más rápida posible, sintiendo su corazón latir de manera dolorosa del solo pensamiento que le consumía; Nayeon lo dejó, otra persona le dio nuevamente la espalda.
Con la respiración agitada abrió la puerta de golpe, sintiéndose confundido al ver como la pelinegra se encontraba en el baño extendiéndole el cepillo de dientes mientras que ella tenía uno nuevo en su boca. Minho relamió sus labios siendo completamente capaz de sentir como la vergüenza consumía sus mejillas, tomando un bonito tono carmesí que lograba cubrir hasta su cuello. El japonés se acercó aceptando su cepillo de diente, con nerviosismo se ganó al lado de la chica manteniendo sus ojos fijos en el espejo, se lavó sus dientes sintiendo como, a cada pocos segundos su mirada se encontraba con la de la pelinegra, aquello era extraño, se podría decir que, por primera vez estaba compartiendo su baño de la misma forma en que lo haría una pareja normal, su piel se erizó de la simple idea que le causó el pensamiento de que, tal vez, solo tal vez, Nayeon fuese capaz de ser algo más que la chica que secaba sus lágrimas.
Luego de un par de minutos ambos limpiaron sus bocas dejando los cepillados en cada una de los orificios de madera. El chico llevó una de sus manos hacia su cabello revolviendo aquella corta melena en un intento por relajarse.
—¿Sucede algo?—La suave pregunta de Nayeon logró romper el silencio que envolvía el minúsculo lugar. El japonés mordió su lengua sintiéndose avergonzado por el temor que floró de los más profundo de su corazón.
Se quedó por un par de segundos en silencio, tomando la decisión de dar un paso hacía atrás provocando que su espalda hiciese contacto directo con la puerta. Minho entreabrió sus labios manteniendo sus ojos fijos en el rostro sereno de la coreana quien, simplemente se había cruzado de brazos apoyando su cadera contra el borde del mármol del lavamanos, esperando a que él tomase la decisión de hablar.
—Creí que te habías ido—admitió siendo más que consciente que no era capaz de ocultar nada a la joven chica de cabello oscuro que le veía con un cariño que lograba erizar por completo su nuca.
Nayeon volvió a suspirar, de la misma forma en que lo había hecho en el instante que se marchó de su habitación, el castaño se quedó en silencio envolviendo una de sus palmas sobre el metal de la puerta observando como la pelinegra se acercaba presionando sus palmas alrededor de sus hombros.
—Te quiero Minho—admitió la chica inclinándose velozmente para impedir el oír una respuesta por parte del muchacho.
Sus labios se juntaron de una manera cálida, pareciendo verdaderamente tímidos por aquella simple unión. Minho entreabrió su boca inclinándose para profundizar el inofensivo beso que estaban compartiendo, sus palmas rápidamente se envolvieron alrededor de la cintura de la contraria siendo más que capaz de sentir como la pelinegra acariciaba con las yemas de sus dedos la piel de su nuca. El japonés jadeó sintiendo como la coreana mordisqueaba con suavidad su labio inferior soltando aquella carne sin llegar a lastimarlo.
Nayeon se alejó plantando sus hinchados labios alrededor de la mejilla del menor deslizando su húmeda boca hasta quedar frente a frente al cuello del muchacho siendo completamente capaz de oír el suave suspiro desprendiendo de la boca del castaño, con suavidad atrapó la piel del contrario succionando con calma escuchando de fondo como Minho jadeaba apoyando su cabeza contra la madera deslizando sus palmas por los hombros de la pelinegra queriendo alejarla sin tocar más de la cuenta. Luego de un par de segundos la coreana se alejó observando con sus ojos brillando en maldad como la piel del muchacho ahora estaba adornada por pequeños pigmentos rojizos que resaltaban por completo. El japonés tragó saliva relamiendo sus labios a la vez que centraba su mirada en el oscuro par de la contraria.
—¿Por qué lo haz hecho?—cuestionó Minho llevando sus dos manos hacia su cuello sintiendo como, con la yema de sus dedos limpiaba el rastro húmedo causado por la boca ajena.
Nayeon sonrió encogiéndose de hombros llevando su pulgar hacia sus dientes, mordisqueando aquella piel a la vez que su mirada seguía estando puesta en el par del contrario, tomando una actitud juguetona, intentando inútilmente fingir una inocencia que jamás había sido capaz de poseer. El chico mientras tanto simplemente suspiró sintiendo como sus hormonas se habían alocado con el simple tacto de la coreana, pero intento no pensar más de la cuenta, se limitó a deslizar su palma por la madera intentando buscar la perilla para huir de aquel peligroso ambiente que solo la coreana había sido capaz de crear.
—Minho—la pelinegra lo llamó dando un paso hacia su dirección escuchando como la puerta cedía ante el giro de la manilla. El mencionado elevó una de sus cejas intentando actuar completamente normal, queriendo muy en el fondo que la coreana no fuese capaz de sentir el calor que estaba emanando todo su cuerpo—¿Estás molesto?—cuestionó al ver el cambio evidente que tuvo el japonés.
El muchacho apretó sus labios intentando no pensar en el hecho de que su madre lo mataría si veía la nueva marca que adornaba su piel.
—¿Por dejar una marca en mi cuello? ¿Por causar que mi madre me odie a un más? —cuestionó sonando completamente agresivo, teniendo que tragar saliva y cerrar por un par de segundo sus párpados para pensar con claridad—...no estoy molesto—confesó volviendo a posar su mirada en el otro de la contraria—solo estoy aterrado.
El timbre logró causar que ambos se alejaran, el castaño rápidamente huyó del baño caminando a través del pasillo mientras que intentaba ocultar la marca que envolvía su cuello elevando su camiseta hasta casi tocar el lóbulo de su oreja, bajó de a dos cada escalón, tomando de manera instintiva la chaqueta de cuello alto que colgaba en el perchero. Se envolvió aquellas telas alrededor de su torso logrando que los tintes rojizos que envolvían su piel no lograsen verse hacia el exterior. Minho acomodó cada prenda que cubría su piel deslizando su palma derecha por su corto cabello intentando ver lo más decente posible.
Nuevamente el timbre sonó siendo acompañado por los nudillos haciendo contacto con la madera. El desconocido aporreaba la puerta queriendo llamar la atención del habitante, rápidamente Minho abrió la puerta sintiendo como su cuerpo se paralizaba al ver a Hyunjin de pie frente a él. El chico lo observó como si le tuviese asco, rápidamente el japonés dio un paso hacía atrás intentando cerrar la puerta pero la mano del contrario velozmente detuvo todo intento de poder impedirle el paso.
—¡Ven aquí Mina!—gritó Hyunjin con rabia observando como el muchacho corría en dirección de la escaleras.
Minho subió con rapidez observando con pánico como Nayeon se encontraba en el umbral de la puerta del baño observando con curiosidad como el castaño se le acercaba. El japonés tomó con fuerza de su brazo adentrándose en el pequeño cuarto que anteriormente había sido testigo de sus besos.
—Quédate aquí—le pidió con la respiración agitada cerrando la puerta impidiendo que la chica fuese capaz de pronunciar palabra.
El japonés tragó saliva sintiendo como su piel se erizaba al sentir unas fuertes palmas atrapando su cintura, su pulso se disparó completamente aterrado escuchando la pesada respiración de Hyunjin chocando contra su oreja.
—¿Por qué has huido?—cuestionó Hyunjin dando un par de pasos logrando que la mejilla del menor se adhiriera contra la pared. Minho jadeó molesto sintiendo como el mas alto presionaba sus palmas sobre su abdomen queriendo tocar más de la cuenta—¿No aprendes verdad?—preguntó sonando completamente divertido siendo más que consciente que el contrario estaba aterrado.
—D~Déjame en paz—suplicó Minho sintiendo como el más alto se apegaba contra su espalda queriendo que todo su cuerpo hiciese contacto con el ajeno. El chico mordió su labio sintiéndose asqueado ante la sensación que le causaba las palmas de Hyunjin deslizándose por su abdomen tocando sus pechos de una forma completamente posesiva.
—¿Por qué te dejaría en paz?—cuestionó Hyunjin soltando una fuerte carcajada a la vez que envolvía una de sus palmas alrededor del cuello del castaño, hundiendo sus dedos en aquella zona causando que, la cabeza de Minho quedase apegada contra sus clavículas—eres mía, no lo olvides.
Minho apretó sus labios sintiendo como el mas alto comenzaba a besar su mejilla queriendo atrapar sus labios, el menor se removió incómodo sintiendo como el pelinegro con fuerza lo obligaba a girarse tomando su cuerpo de manera posesiva para alzarlo del suelo. El chico presionó sus labios alrededor de su cuello en la misma zona donde Nayeon le había besado con anterioridad, con fuerza el chico comenzó a succionar perdiendo toda la delicadeza que alguna vez había sido capaz de tener.
—M~Me lastimas—admitió Minho con fuerza apoyando sus palmas alrededor de los hombros ajenos golpeando con fuerza aquella zona para que el contrario decidiera soltarle.
—Cállate—gruñó Hyunjin presionando su palma alrededor de los labios del muchacho mientras que su otra mano se encontraba adentrándose en la camiseta del joven.
Minho cerró sus ojos sintiendo como el contrario comenzaba a lastimarlo de la misma forma en que lo había hecho con anterioridad.
—¡Oye déjalo en paz!—la fuerte voz de Nayeon resonó en el pasillo causando que Hyunjin soltara al castaño para girarse de mala gana.
El japonés entreabrió sus labios sorprendido observando a cámara lenta como la coreana elevaba el palo de la escoba plantando la madera contra el rostro de su novio causando que, la cabeza del muchacho se girara hacia la derecha mientras que la sangre salpicaba alrededor de la pared y de su propia piel. Nayeon suspiró observando como la madera se partía, rápidamente la chica se inclinó tomando el brazo de Minho para alejarlo del cuerpo inconsciente del más alto.
—Vamos—habló Nayeon comenzando a correr por el pasillo con Minho yendo detrás de ella. Rápidamente la chica bajó las escaleras manteniendo aun su mano atrapada entre los dedos del castaño—en cualquier momento despertará, vamos—suplicó al ver como el castaño tomaba sus zapatos y el de ella.
—¡ME LAS PAGARÁS MYOUI!—el grito de Hyunjin logró erizar los vellos de la menciona quien, no dudó en huir de su hogar junto con la coreana.
Ambos corrieron sin saber hacía donde se dirigían. Los minutos pasaron y los pulmones comenzaron a colapsar ante las cortas bocanadas de aire que ambos habían realizado intentando mantener el paso de su recorrido al querer alejarse lo más posible del hogar del japonés.
Nayeon jadeó deteniéndose en un pequeño parque desolado, la chica tragó saliva teniendo el impulso de inclinarse para tomar el brazo del castaño al ver como este intentaba nuevamente correr.
—¿Q~Qué haces?—jadeó Minho tragando saliva, a la vez que intenta nuevamente correr, pero la coreana lo detuvo tirando del cuerpo ajeno para presionar su mejilla contra el hombro del muchacho—é~él nos va a encontrar—admitió asustado.
—Estas a salvo—susurró Nayeon envolviendo sus brazos alrededor de la cintura ajena—estas a salvo—repitió acariciando la espalda del joven queriendo calmarlo.
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