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Capítulo 1: Fiesta y Alcohol

Las fiestas.

Alcohol, sexo y “diversión”.

Algo muy importante en la vida para un adolescente.

Yo no soy fan de esos lugares donde predominan cientos de bebidas alcohólicas, jóvenes con ganas de calmar sus órganos reproductores, música que posiblemente te cause un problema auditivo y donde también encuentres ciertas sustancias que te pondrán a mil.

No me gusta asistir a las fiestas. Pero tampoco está mal relajarse un poco. Al menos eso fue lo que dijo mi madre, mujer que me obligó a salir de casa alegando que yo hacía mucho por la casa y necesitaba pasar un momento de adolescente normal.

Asi que aquí estoy yo, usando un vestido rojo hasta un poco más debajo de la mitad de mis muslos. No puedo parar de mirarme al espejo en todos los ángulos posible.

El vestido es provocador, pero no me convence del todo. No porque me incomode usar algo así —en realidad sí, pero solo un poco—, sino porque no soy muy fan del color.

—Eso mami. Quien fuera cemento, para sostener ese monumento. —Dice Sherling a mis espaldas.

Suelto una carcajada por su piropo tan peculiar. Desde que está en ese grupo de WhatsApp con gente latina, no para de utilizar muchas de sus expresiones. La miro de reojo mientras acomodo el escoge de mi vestido.

— ¿De dónde sacaste ese alago?—Le pregunto.

—De un venezolano —Se encoge de hombros mientras se da una mirada al espejo. Ese vestido color piel se pega a su cuerpo de forma exquisita. —Le mande una foto mía y me dijo eso. —Ríe picara.

—Bueno. —Me limito a decir algo distraída. No puedo parar de sentirme incomoda con este vestido, siento que no es para mí pero Sherling se empesinó diciendo que está hecho para mí.

Al parecer ella captó lo que pensaba porque cuando toca mi hombro y cuando volteo a verla solo puedo mirar el vestido negro que alzó a mi vista. Es precioso, corto, sencillo, con algo de encaje en el busto y ya. Me encanta.

Ella espera mi respuesta con una ceja elevada y yo solo puedo sacar a relucir mi mejor sonrisa. Bendita sea mi amiga, este es uno de esos momentos en que las palabras sobran y las miradas cómplices toman lugar para expresarse.

Poco a poco me deshago del vestido rojo que estoy usando dejándolo caer al suelo. El lado bueno de todo esto es que Sher y yo somos tan unidas que no nos importa andar asi delante de la otra. Además, la ropa interior es como los bikinis. Y yo no soy insegura en cuanto a mi cuerpo.

Sher me entrega el vestido y me da una nalgada cuando empiezo ponérmelo. Rápidamente me observo al espejo y esta vez sí estoy más que satisfecha. Corto hasta los muslos, sin ser exagerado y con un escoge en V que muestra un poco mis pechos medianos. Me gusta, esta si soy yo.

Me volteo hacia mi amiga quien solo me mira con los ojos muy abiertos.

—Wow, ese vestido te hace lucir un culo fenomenal. Si fuera hombre me encantaría darte por detrás. —Expresa con una sonrisa.

Esta vez puedo sentir algo de vergüenza y lo dejo en claro cuando siento mis mejillas algo rojas. Sherling Stewart siempre habla asi conmigo o con nuestros otros amigos, porque ante las demás personas puede resultar ser algo tímida.

No es hasta ahora que la observo de verdad. Su cuerpo, delgado pero con curvas pequeñas que resaltan muy bien con ese vestido de color piel, dejando su espalda al descubierto. Sus piernas largas y esbeltas, mucho más bellas que las mías, y sus pies portando unos tacones no muy altos en color rojo.

Su cabello castaño con reflejos dorados se encuentra recogido no de forma muy arreglada, como el mío. Y su maquillaje esta mucho más elaborado, limitándose a usar sombras oscuras para resaltar el azul de sus ojos. 

Sher toma un labial del tocador y se acerca a mí.

—Esta tonalidad de rojo en tus labios hará que cualquier hombre quiera violarte esa boca. —Dice al terminar de aplicármelo.

Río un poco y la aparto.

—Para fingir ser tímida con los demás te gusta ir de fiesta. Y más aún, expresarte de forma directa y peculiar.

Se encoge de hombros mientras toma su bolso y el mío.

—Ponte tus tacones ya y vámonos.

****

Mis oídos duelen a causa del volumen de la música. Una de rock, no la conozco pero parece que a las personas les encanta. Estamos en la casa de uno de los riquillos del instituto, puesto que a nuestro mejor amigo Hunter —jugador del equipo de futbol—, obviamente lo invitaron y él a nosotras.

Sher y yo caminamos entre las personas buscando a nuestro amigo. Ya puedo sentir el olor de las hormonas por todo el lugar. Personas bailando, bebiendo, riendo y otros que parecen no estar interesados de ir a un lugar más privado.

Debido a que es San Valentín, los del comité del instituto decidieron hacer una fiesta para celebrar dicha ocasión. Ni Sher ni yo tenemos pareja, asi que eso nos vale.

No sé en qué momento pierdo a Sherling de mi lado, pero cuando la consigo en unos sofás más allá de todo el bullicio la miro con detenimiento. Esta sentada sobre las piernas de Josh, un chico pelinegro que le ha encantado desde hace tiempo.

Vaya, y eso que es tímida. No me quiero imaginar si la condenada fuera más confiada. Capaz se lo folla delante de sus amigos.

Me acerco a paso decidido y me quedo de pie. Consiguiendo la atención tanto de Sher y Josh como de los amigos de este. Les doy una pequeña sonrisa a los depravados y amenazo con la mirada a mi querida amiga.

Justo cuando estaba por abrir la boca para decir algo, alguien aparece en mi campo de visión impidiendo mi acción. Al alzar la mirada no puedo evitar quedarme más que estática, esos ojos azul verdoso que me cautivaron desde el primer momento junto a esa mirada tan penetrante.
Sus hombros anchos, espalda amplia. Todo su cuerpo mostraba su esfuerzo ejercitándose, no era exagerado pero si bueno de ver, de la atención femenina. Su piel tostada y se veía tan suave.

Resumiendo, el chico que esta frente a mi es nada más y nada menos que Santiago García. Mexicano súper sexy de 18 años que se mudo a los EE. UU con sus padres y, más importante, mi Crush desde hace un año.

No puedo negar que me he quedado sin palabras. Es más, ¿Qué puedo decir? Santo cielo. Puedo sentir como mi corazón toma un ritmo muy acelerado, como mis manos se cierran y mis mejillas se inflan de aire; manía que tengo siempre que estoy nerviosa. ¿Y cómo no estarlo? Cuando la perfección mexicana estaba frente a mí.

Es increíble cómo podemos llegar a ser tan fuertes, valientes y rígidos en unos momentos. Y luego débiles, cobardes y ansiosos cuando tenemos enfrente a esa persona que nos desestabiliza por completo.

Pero aún así no me quedaré con ésta.  Tengo un orgullo, y no me mostraré tímida ante él.

—Hola —Le saludo de forma casual junto a una sonrisa. — ¿Cómo estás?

—Bien, preciosa. —Imita mi gesto con picardía. — ¿Quieres algo de tomar?

Todo en el emanaba una sola cosa: atracción. Y es que este chico me anda calentando desde hace tiempo, ha sido el único hombre que con tan solo una mirada puede bajarme las bragas —si él quiere claro—; esa seguridad y galanteo en su andar que lo caracteriza. Y su voz, joder su masculina voz con ese acento tan caliente.

—¿Entonces? —Pregunta sacándome de mi fabulosos pensamientos. — ¿Aceptas, Ana? —Eleva su mano.

Entonces en ese momento mis ojos paran en Sherling, quien se olvido de mí para devorar la boca de Josh.

Repito, no puedo creer que actue de forma tímida en el instituto y aquí sea tan decidida y rápida respecto a él. Por consiguiente, miro al mexicano frente a mí.

—Si. —Tomo su mano con determinación. Ya hemos hablado un par de veces antes, todo gracias a la fama de Hunter. Pero esto es diferente, será tomar unos tragos y quien sabe que más. —Acepto, vamos.

Caminamos entre las personas hasta llegar a la gran mesa de la cocina donde se encuentran todo tipo de bebidas. Santiago toma unas bebidas y me extiende una, al probarla detecto un fuerte sabor a alcohol.

—Gracias, Santi. —Digo sin pensarlo. Luego lo miro apenada retractándome. —Ay perdón. ¿Puedo llamarte Santi?

El ríe con completa seguridad. Su risa es fuerte y clara, muy masculina me gusta. Entonces sus ojos azulados se detienen sobre los míos y es ahí donde mi mundo se detuvo por unos segundos, segundos que me parecieron eternos y fabulosos. El me repasa por completo, deteniéndose un segundo en mis piernas mientras toma de su bebida y luego vuelve a mis ojos castaños.

—Dime como tú quieras, preciosa. —Su voz se escucho más ronca y fuerte y sus ojos tenían cierto brillo.

Y de forma inesperada ya lo tenía a pocos centímetros de mi rostro, acortándome la respiración. Nuestros ojos conectados, enviándose un mensaje mutuo, uno muy claro. Su pecho rozaba mis senos sobre la tela del vestido y sus manos toman las mías.

Acerca su rostro aún mas rozando nuestros labios. Creando una tensión insoportable.

— ¿Quieres ir a un lugar más privado?

Esa típica pregunta. Una que esta más que gastada en momentos como este, en lugares como el que estábamos, pero que aun asi supo encenderme y darme ánimos. Demonios, esto va enserio.

— ¿Estas seguro de lo que propones?

—Estoy seguro de lo que propongo. La pregunta correcta es: ¿No quieres pasarla bien, Ana?

Escuchar como dice mi nombre de esa forma en que lo hace solo hizo que reconociera algo: Si que quiero pasar bien. Mucho más si es con él.

Entonces, es aquí donde agradezco que mi madre me insistiera tanto por salir de casa. Es aquí donde agradezco usar el vestido corto que llevo. Y es aquí donde agradezco que Sher me abandonara por su querido amor platónico Josh.

Pero sobre todo, es aquí donde agradezco haber sacado valentía. La valentía para hacer lo siguiente:
Poso mis brazos alrededor de su cuello y lo beso.

A él, y a esos labios que tanto me llamaban. No es beso suave y tierno, por supuesto que no. No cuando las ganas son grandes, cuando el beso solo se vuelve más salvaje y húmedo.
Puedo sentir como sus manos descienden hasta mi trasero y lo prieta. Un gemido corto se escapa de mis labios y cubre los suyos.

Al separarnos nuestras miradas vuelven a conectarse. Sus labios se curvan hacia arriba con una sonrisa y vuelve a rozarlos con los míos, aun con sus manos en mi trasero.

—Nos espera una gran noche, Ana. Créeme que si, una que nunca olvidaras.

Demonios. Si estoy soñando que nadie me despierte, porque este es el sueño más atrevido, sexy y real que he tenido.

Pero lamentablemente alguien si me despertó. Y fue una chica.

Una chica muy inoportuna.

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