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En las cafeterías también se toman jugos y gaseosas.

George.

—Lili me da miedo—declaro hacia Connor quien se sienta en nuestra mesa habitual de Gallo's—, así que si llega con alguno de sus ojitos de perro atropellado, tú me ayudarás a sacudírmela.

—¿Y por qué crees que haré eso?

—¡Porque se supone que eres mi mejor amigo! ¡Mierda! Debí traer a Louis para desayunar, él si me quiere—me hago la víctima y por ende Connor se ríe.

Ahora yo soy el payasito personal del obsesionado con los lápices. Lindo.

Lili es una de las mesas del lugar, una chica hermosa, de verdad, pero algo... loca para mi gusto. Cada vez que venimos a Gallo's la chica se me avienta y empieza hacerme insinuaciones. Yo sé que soy caliente, pero quiero permanecer casto hasta el matrimonio... ¡Ah, se lo creyeron!

—¡Hola! Bienvenidos a Gallo's, la cafetería que te mantiene calentito. Hoy seré su mesera—Bonita, una chica muy bonita que nunca había visto—. ¿Que desean pedir?

—¿Eres nueva?—pregunta Connor.

—Algo así, estoy aquí desde la semana pasada—la chica se encoge de hombros pero una particular sonrisa se desliza en sus labios.

—Bueno, yo siempre pido un café con leche y un pastel de zanahoria—precisa mi mejor amigo, la chica anota el pedido en una pequeña libreta—. Por cierto, me llamo Connor.

—Yo soy Cristine, es un gusto—contesta con una sonrisa para luego dirigirse a mí y preguntar—: ¿Qué café deseas?

Pregunta equivocada, bonita.

—¿Por qué crees que quiero un café?

—George—advierte Connor.

—No, Connor. ¿Por qué siempre que voy a una cafetería piensan que voy a tomar un café?

Realmente me siento algo tocado, odio aquel veneno oscuro.

—Ujm, porque estás en una cafetería—señala ella algo dudosa.

—En las cafeterías también se toman jugos y gaseosas.

—Tráele un jugo de naranja—murmura Connor.

—El café es asqueroso. Lo odio.

Y eso como que toca una fibra delicada en ella porque me fulmina con la mirada y rápidamente se pone a la defensiva.

—El café es divino, tú eres el único que viene a una cafetería que se especializa en el café, que huele a café y que sus clientes adoran su café, a insultar el café.

Lindo, la chica no es solo bonita y adicta a ese veneno sino también le gusta hacer trabalenguas.

—El café es una porquería, todos están locos aquí—ratifico.

—Tú estás loco. ¿Por qué demonios odias el café? ¿Los granos te hicieron algún tipo de daño?

—Te daría mil razones del porqué odio el café.

Y eso es cierto. No es bueno para la salud, te mancha los dientes y gracias a la maldita cosa sufrí una quemadura atroz en mi cuerpo. ¿Cómo no odiarlo?

—Pues perfecto, porque trato de entenderte—suspira—. Escuchen, iré por sus pedidos.

Observo a la chica irse pero mis ojos se despegan de ella cuando escucho las carcajadas de Connor.

—¡Te gusta!—me acusa él apuntándome con su dedo índice. Yo me ofendo.

—No me gusta una chica adicta al café.

—Todos nosotros tomamos café y tú nos quieres.

—Los conozco desde que hacía pipi sentado en el inodoro, ¡por Dios! A ustedes se lo acepto—digo con el ceño fruncido—. ¿Pero estar con una chica que le guste el café? Nah ah, para nada. Paso.

Cristine, la chica bonita, no tarda mucho en llegar con nuestros pedidos y alejarse rápidamente antes de que Connor y yo podamos agradecerle.

—Ya la asustaste—me acusa.

—Yo no he asustado a nadie. Ella es una chica venenosa, yo soy un chico sano que toma jugo de naranja. Esto es quererme.

—Eres un idiota, George.

Cuando ya nos vamos a retirar, se me ocurre una idea. Ella dijo que trataba de entenderme. Voy a hacerle entender.

—¿Tienes un boli?

—¿Me ves cara de librería?

—Pues tú le viste la cara de librería a Daisy por un buen tiempo, si no mal recuerdo.

¡Kaboom! Nadie se mete con Georgie dos punto cero.

Connor volteándome los ojos me lanza un boli que se encontraba guardado en su chequera. Sí, están leyendo bien, él tiene una jodida cartera-chequera, el ancianito Connor le llamaremos ahora. Tomo una servilleta y empiezo a escribir.

Razón número uno del porqué odio el café:

Aunque le eches azúcar, sigue sabiendo amargo. No me gusta lo amargo, bonita. Me recuerda a ti, pareces una dulzura, pero con el carácter que te cargas, espantas a cualquiera.

—G

La mejor razón de todas, nadie puede refutar a esto, esa cosa sabe horrible.

A ver cómo le queda el ojo a la chica bonita. Aunque mentí un poco, con ese humor esa chica sigue siendo preciosa.

¿Saben esos momentos que te dan arranques de escribir?

Este es uno de esos arranques xD No pude evitar subirlo así que espero que lo disfruten.

Denle mucho amor violando la estrellita de votos 7w7

Nos leemos.

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