8
Entramos a ese despacho tan extraño. Una señorita estaba sentada leyendo, pero volteó a vernos al notar nuestra presencia.
—Hola chica, bienvenida.
Mostró la sonrisa más falsa que haya visto.
Yo no le contesté.
"Ella no es lo aparenta. Sé cuidadosa", me susurró Paul.
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