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Todos los días converso con ellos. Les cuento sobre mi día, o sobre alguna idea que tuviera en mente.
Ellos son mis más grandes confidentes. Procuro hablar con ellos en secreto, en susurros. Hablo no importando el lugar en el que esté.
Todo iba excelente.
Hasta el día en que un maestro me dijo:
—Señorita, usted era una de las mejores de su salón, y ahora sus calificaciones están bajando. ¿A qué se debe?
—Mi amigo John dice que no necesito la escuela.
—¿John?
—Si señor, John Lennon.
El maestro estaba extrañado.
—Creo que la mandaremos con la psicóloga.
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