Cap. 11: Él... (Parte 1)
Las luces tropicales pegaban de perfil calentando en masividad parte de mi rostro, mi respiración era lenta y pausada, casi imperceptible, la cabeza me daba vuelta y poco a poco mis rodillas pedían clemencia del sufrimiento que les proporcionó estar tanto tiempo arrodillada viéndolo al chico que invadió mis sueños.
Pero no podía evitarlo, fantaseaba en medio de una película emocional vivida en la realidad. Sus ojos verdes me vieron inquietos como esperando que sucediera algo. Fue cuando recordé que tenía su dibujo y reaccionando, torpemente, me levanté, sintiendo las consecuencias de haberme quedado en aquella posición agachada en el suelo por varios minutos.
Aclaré mi garganta y volví a verlo de frente sin poder ocultar mi curiosidad.
—Tú... ¿Tú lo hiciste?
Parecía confundido, pero luego de ver que señalé el dibujo que tenía en mis manos, se enderezó acomodando como podía la carpeta sobre explotada de dibujos entre sus brazos y asintió con una sonrisa orgullosa.
—Sí, yo lo hice, ¿te gusta?
En cuanto proyectó su voz la analicé, suave y aun así potente, parecida a un miembro de la coral en cuerdas tenores. Y lo más importante, se parecía a la de él.
—Sí y mucho —Vi el dibujo de nuevo—, me recuerda a algo... ¿De qué es?
—¿De qué te parece que es? —Ladeó una sonrisa.
—¿Una noche sin luz en que dos personas se quedaron viendo las estrellas?
—Justo eso —Asintió complacido de saber que se entendía la idea.
—Muy bonito, parece tan real —Le di una última mirada y se lo extendí, siendo tomado por él.
—Es que fue real.
Esas cuatro palabras retumbaron en mi cabeza: "Es que fue real", "Fue real", "real".
—¿Re-real?
—Sí-sí.
No fue por burla la causa de su titubeo, el chico de lentes me dedicó una sonrisa doblada intentando guardar el dibujo dentro de la carpeta, pero de lo llena que estaba, y las venticas que transitaban, terminaron por resbalarse hasta el suelo.
Me apronté a ayudarlo a recoger los dibujos, uno por uno, evitando doblarlos o inclusive dañarlos, quedaba uno a mi izquierda del que me disponía a agarrar y otra mano se cruzó tomándolo antes que yo. Miré a su dueño y de levantarme le entregué sus dibujos.
—Dibujar en este lugar debe ser difícil, ¿no?
—El reto lo hace emocionante y la emoción un factor inspirador —Rió, guardando los dibujos y de igual forma se levantó del suelo. Extendió su mano ya más estable—. Soy Alexis.
—Milagros —Estreché su mano.
—¿Vienes mucho por aquí? No te había visto —Se soltó, espetando su curiosidad.
—Estoy de visita —contesté, algo incomoda.
—Ah eres turista —teorizó.
—No —Reí—, viví aquí.
—Oh, ya, ya —La pena surcó en su expresión, entendiendo a que me refería—, y... ¿Será larga tu estadía?
—De hecho, se acaba pronto —Hice una mueca.
—Que chimbo vale —Imitó mi mueca—, pero... bueno, ¿tienes... planes mañana?
—Creo que no —dije tras pensarlo un rato, dándome cuenta que hacía muchas preguntas y no por iniciar una conversación, quería llegar a un punto—, ¿por?
—Bueno...
—¡Alexis! —gritaron desde la entrada. El chico de lentes vio en esa dirección, alzó la mano que no sostenía la carpeta e hizo un STOP con ella.
—Pareces simpática —Volvió a mi—, quería invitarte a un par de lugares mañana, pasemos la tarde, ¿qué dices? —Su ofrecimiento me tomó de sorpresa, aunque conveniente.
—Depende, ¿dónde y a qué hora?
—En el Sambil a las dos, la entrada principal.
—Vale, me apunto.
—¡Alexis, mueve ese culo! —Volvieron a llamarlo.
—¡Ya voy! —gritó de vuelta, tomando un lapicero de su pantalón.
Me pasó su carpeta un segundo y tomó mi brazo en su lugar, escribió una secuencia de números en ella y guardando el lapicero de nuevo en su bolsillo, tomó su carpeta otra vez.
—Llámame cuando llegues y aclaramos los detalles, hasta mañana —A continuación de su despedida se acercó y depositó un corto beso en mi mejilla, marcando su adiós, por el momento.
Wou, que simple, directo y al punto.
—Fiu, fiu, esa perra anda ligando —Oí a mis espaldas y giré mi cuerpo, May se burlaba.
—Mili no conocía esa parte de ti —Se le unió Ricardo y ambos rieron.
Pero lejos de avergonzarme de sus bromas reí con ellos y me fijé en el número en tinta negra sobre mi piel, curiosa y con la sed de saber más sobre aquel artista.
—Oye, May, ¿me dirías loca si te digo que pienso que ese chico era el chico sin nombre?
—¿Que? —Su risa disminuyó de nada, fijándose en lo seria que estaba—. No, ¿De pana? ¿Él? ¿Deberitas, deberitas?
—Creo que sí, es decir, tenía un dibujo de esa noche, su voz es parecida al de él, y sus ojos eran iguales, ¿casualidad? Lo dudo.
—¿Por eso quedaste con el mañana? —Asentí— oh... ¡No puede ser!
—Ya va, me perdí —dijeron, paralizándonos—. ¿De qué hablan?
Las dos nos espantamos olvidando por completo que había dos personas más con nosotras y nos habían escuchado hablar de algo que no debían. Volteamos hacia ellos y Ricardo taconeaba su zapato izquierdo impaciente y de brazos cruzados, y Asim, como siempre, solo veía en silencio.
Miré a May que estaba roja de los nervios y luego a los muchachos. Pensé en todas las posibles excusas que podría decirle, pero al final las eliminé y liberé un suspiro con mi diestra hecha un puño. "Me canse". Alcé mis ojos hacia ellos con determinación.
Alargué un ademán, avisando que me siguieran. Salimos del monumento histórico con la puesta del sol pisando nuestros talones, caminamos un rato hasta llegar al lado del castillo, donde había un espacio llamado "Concha acústica", lugar amplio completamente hecho de cemento, rodeado de escalones en que varios estaban sentados, charlando entre sí y riendo; en el centro había una especie de tarima y una pequeña edificación de techo y paredes de no más de diez por diez metros, en lo que una pareja parecía estar gozando el oscurito. Obviando detalles, como la gente que estaba, pasamos de largo y nos sentamos en una parte aislada, vacía en donde podríamos hablar sin interrupciones.
—¿Entonces, nos dirán qué coño está pasando?
May me miró expectante, esperando mi señal para empezar. No pasó mucho y no aguanté a explicar la situación. El rostro de nuestros amigos fue digno de enmarcar en una pintura del museo, de nuevo el par de primos invirtió sus personalidades, Ricardo tenía sus labios hecha una línea recta y no encontraba como mirarnos, y la boca de Asim estaba entreabierta y lanzaba balbuceos, buscando que decir. Fue unos minutos después del relato que ambos tragaron saliva y me miraron con pena ajena.
—Entonces, no regresaron para visitarnos —Negamos a Ricardo—, sino a buscar a ese chico que posiblemente es el que vimos en el castillo —Asentimos—. Están locas.
—En mi defensa, usó los ojos de cachorro —dijo May, señalándome y asentí cabizbajas, con media sonrisa traviesa.
—Como son las cosas, ¿no, Milagros? —Volví a asentir, fijándome en como Riki se rascaba los bellos de su barbilla, procesando todo—. Ahora entiendo muchas cosas.
—¿Tan extrañas estábamos?
—Muy sospechosas —Carcajeó—, era obvio que ocultaban algo, ¿no, primo?
Ricardo, al no recibir respuesta inmediata, miramos al más callado del grupo, quien estaba con los brazos sobre sus piernas y la cabeza baja, como si pensara en algo.
—¡Hola, tierra llamando a Asim! ¿Estás? —llamó Ricardo y como regresando del espacio infinito, el semblante fruncido del catire se alisó y nos vio desorientado uno por uno hasta detenerse en mí.
—No recuerdas, ¿nada?, ¿solo a él?
Por muy extraña que fue su forman de preguntar me limité a bajar y subir lentamente mi cabeza, diciéndole un "si" confundida. Asim volvió a mirar a abajo y luego para la sorpresa de todos se levantó de su sitio y se dio vuelta haciendo ruidos fuertes mediante respiraba. Rato después, regresó el Asim normal y callado que miraba a un punto inexacto, perdido en la lejanía.
—¿Qué pasa, Asim? —preguntó mi hermana, aturdida por la reacción que había adaptado nuestro vecino.
—Lo que dijo Reik —respondió él.
—Hey, solo May me di... —Intentó protestar Ricardo.
—Ustedes están locas —Lo cortó y nos miró de reojo—. No saben nada de él, dirección, apariencia, ni su nombre, y ¿se arriesgaron a venir? ¿Son estúpidas o qué? ¿Qué tal si se fue como muchos? O ¿Si murió en una de las protestas? ¿Acaso pensaron sin quiera en algunas de esas cosas? o, mejor dicho —giró acentuando sus claros ojos en mi—, ¿pensaron al menos?
Tragué fuerte, intentando devolver mi corazón de vuelta a su lugar, los ojos de Asim, que siempre eran tan pasibles e inspiraban paz y calma, se había tornado muy intensos, su mirada fulminaba e intimidaba, había hecho volcar mi interior; apenas verme de esa forma, me asustó incluso por un segundo, pero no por mucho, su última pregunta eliminó todo eso y había puesto a hervir mi sangre, francamente nos dijo imprudentes.
Algo que, si fuimos, tal vez, un poco, pero ¿con que derecho él nos recriminaba eso?
—Asim te estás pasando...
—Solo soy realista —Ni se molestó en ver a su primo, estaba ubicado solo en mi—. Responde: ¿pensaron?
La tensión se podía sentir entre ambos, cortante, eléctrica, magnética que la seria y molesta mirada de Asim no refutaba, no pestañeaba, ni se desconectaba de la mía, era recta, fría y chispeante, firme como montaña, autoritaria como militar, cruda, transparente.
"¿Y ahora? ¿Qué le pasó?". Pensé, armando mi respuesta.
—Sí, pensamos —Me puse de pie sobre un escalón extra al de él para estar a su altura, no quería hacerle ver que me había intimidado un segundo atrás—, pensamos: dónde, cuándo, qué y porqué.
—¿Entonces? ¿Por qué vinieron? ¿De verdad esperas encontrarlo? ¿Qué tal si no...?
—Y, ¿qué tal si sí? —Lo corté, echándome un paso hacia delante, me estaba molestando—. ¿Qué crees? ¿Qué ha resultado fácil? ¿Qué preparar todo para venir fue de ayer para hoy después de que despertara del accidente?
—Yo no dije eso...
—¿Entonces? —Quiso responder, pero no lo dejé y di otro paso hacia él—. Mira, yo vine aquí con razones y propósitos. No estoy aquí buscando a alguien, sino algo. Busco la llave de mis memorias, busco recordar, no hacerlo solo me está matando. Tú no tienes idea lo que eso se siente. No, ¿verdad? —Su rostro cambió un poco, pero no bajaba la tensión—. Pues yo sí y es horrible, ponte en mi lugar, ¿quieres? Si la vida te da limones tú haces limonada, pues a mí me dio una cerradura y debo busca la llave, y si eso significó levantarme antes de sanar bien, regresar, pasar tierra y mar, y estar aquí buscando a algo del que no sé nada, pues sí, estoy loca y me enorgullece serlo, pues incluso con un tornillo suelto estoy luchando por lo que quiero y me importa una mierda si no lo entiendes, ¿capish?
De tantos pasos que di durante ese discurso, ya no quedaba espacio entre nosotros, algo que me dio un escalofrió cuando caí en cuenta que tenía un dedo sobre su pecho, señalándolo y el rostro muy de cerca al suyo. Antes de que notara que mi propia firmeza me había enrojecido, me di la vuelta y bajé del escalón para tomar mi bolso, pero entonces lo oí de nuevo:
—Si la llave esta pérdida en un pajar, ¿qué harás?
—La buscaré, aunque tarde milenios, y luego te clavaré la aguja que la acompañe en el brazo por hacerme molestar —Coloqué el morral sobre mi hombro y giré hacia él—. La vida es una y quiero atesorar cada momento de ella, luego de morir no me importará olvidarla otra vez.
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