
cincuenta y siete.
"¿Sabes?" Susurró contra la mano de Jimin mientras la llevaba a sus labios para plantarle un beso. "Nunca creí que pudieras llegar a amarme."
"¿Por qué?" El omega sonrío llevando su mano al pecho desnudo de su esposo, trazando con su dedo índice izquierdo círculos sobre la piel de su alfa.
Jungkook se distrajo de la pregunta mirando a Jimin, veía sus pestañas y sus pecas tan cerca, sentía su aroma en sus fosas nasales, al tenerlo tan cerca en un momento tan íntimo le hacía sentir avergonzado. Su esposo causaba un mundo en él, cada pequeña porción de su ser lograba erizarle la piel y el saber que le amaba hacia estragos en su compostura. Siempre había sido así, desde aquella primera vez en donde lo vio, desde la primera vez que le hablo y desde la primera vez que se sintió tímido por su presencia.
Cuanto lo amaba.
"Porqué." Dijo entrelazando sus manos, sus anillos brillaron con el reflejo de la vela que les iluminaba en medio de su noche de miel. "Eras como una estrella en el cielo y por más que me parara de puntillas jamás podría tocarte. Cuando te conocí si tenía la ilusión de que me amarás, soñaba con nuestra historia de amor perfecta, pero cuando nos casamos ese deseo se fue."
"Mhm." Jimin sonrío aún mirando los círculos que hacía en el pecho de su esposo. "Pues yo tampoco imaginé llegar a amarte."
"Pero paso."
"Paso." Asintió mirándole a los ojos. "Pasa."
"Ay, Jimin." Susurró juntando su frente a la del omega, ambos cerrando los ojos por la cercanía y el calor de sus cuerpos desnudos debajo de las sábanas. "Que historia."
"Vaya historia, tormentosamente hermosa. Bellamente trágica ¿ah?" Rió ligeramente abriendo sus ojos para encontrarse con los redondos de su Jungkook. "Si la luna te diera la oportunidad de volver a repetir toda nuestra historia, ¿que harías?"
"Lo haría todo de nuevo, así me llevaría a este momento a tu lado. Aunque trataría de arreglar lo que rompí para que este momento no se tarde tanto."
"¿Y cambiar algo no afectaría a todo?"
"No sé de física, amor, creamos que no." Rió besando la nariz de Jimin.
El alfa abrazo al omega de la cintura y rodó sosteniéndole para cambiar las posiciones, jugando para reír pues una vez más se recostaron de costado en su cama. Había tanta paz que les resultaba abrumadora, pero era su nuevo presente.
Vivían en un momento en el que nada podría perturbarlos; ni la cola de una mentira, ni la amargura de las inseguridades de un ayer. Todo era paz y aunque les parecía extraña, estaba ahí para ellos.
Después de mucho necesitaban un poco de ella, servirse con ella un té mientras dejaban que sus vidas fueran como siempre debieron; pacíficas y amorosas.
Se llenaban de besos mientras reían sobre su cama, jugaban a las cosquillas hasta que alguien cayera en el piso, solo dos tortolos aleteando en el aire de su juventud melosa.
Tenían tanto por vivir, tanto por suspirar y amar que les parecía increíble cómo es que aquella vida la pasarían con su pareja destinada.
"¿Cuando volveremos a la hacienda?" Pregunto Jimin después de cansarse por la guerra de cosquillas, recostó su mentón en el pectoral de Jungkook como si fuera un gato.
"Cuando tú quieras." Respondió sin pensar en el desastre que dejó. Había puesto todo patas arriba cuando Jimin se fue de su lado.
"Vámonos mañana entonces, quiero ir a nuestra casa, quiero pasear con Seungmin en el jardín y que nos lleves a alguna laguna para pasar el día. Extraño mucho nuestra eterna luna de miel en la hacienda."
Y Jungkook recordó como había incendiado Roma por su corazón roto, quiso morderse la lengua al acceder con tanta facilidad. Ahora tendría que mandar un par de telegramas para que su casa esté en las mejores condiciones.
"Bueno no mañana, vámonos en tres días, haz todas las compras que veas necesarias y después podemos irnos." Sonrío rezando que su excusa le haya servido.
"Ahora que lo mencionas, Seungmin necesitará un montón de cosas, vayamos mañana a comprar todo lo que necesitara, ¿sí?"
"Claro, amor, todo lo que quieras." Una vez más lo acerco a su cuerpo para abrazarlo, es que sentía que perdía una parte de sí mismo cuando tenía a Jimin tan cerca y a la vez lejos - y ni siquiera era lejos, apenas una mano les separaba pero Jungkook tenía la necesidad de tenerlo pegado a su cuerpo para sentir su calor y el latido de sus latidos-.
Latidos que gritaban su nombre.
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Tal como Jungkook le prometió, fueron a comprar las cosas que su bebé necesitaría en la hacienda: ropita, mantitas, pañales y demás. Era bastante hogareño hacer ese tipo de compras pues después de ellas iban a una plaza a sentarse para hablar de lo que sea que viniera a sus cabezas.
Todo siguió muy bien, hasta que en una tienda se toparon con el hombre que dejó marcas en ambos; una marca de dolor y otra de amor. De repente Eunwoo estaba frente a ellos.
Y el corazón de Jungkook cayó a su estómago, aunque quisiera hacerse al tonto, aún sentía mucha inseguridad por Eunwoo; porque siempre fue inseguridad más allá de los celos y el odio todo se reducía en la constante comparación que su cabeza hacia entre ambos.
"Hola." Saludo Eunwoo, los miro a ambos pero dejo su mirada por unos segundos más en los ojos de Jimin, le dolía mirarlo y ambos podían sentirlo.
"Hola." Susurró Jimin, paso mucho tiempo desde que lo vio por última vez. Seguía igual, aún conservaba la tristeza en sus pupilas.
"Que lindo bebé." Dijo Eunwoo, era la segunda vez que lo veía y aún sentía la patada en el hígado cuando notaba el gran parecido con Jungkook. "¿Cómo lo llamaron?"
"Seungmin." Respondió Jungkook.
"Jeon Seungmin." Repitió Eunwoo, susurrando y mirando con una sonrisa al bebé que le observaba. "Le queda bastante bien, es muy lindo. Felicidades."
"Gracias." Dijo Jimin, las palabras cosquilleando su lengua. "¿Cómo has estado?"
"Ahí vamos." Sonrío. "Me transfirieron al norte de la frontera, hoy me voy en la noche."
Y era extraño, no sintió aquella opresión en su pecho cuando Eunwoo se fue de la hacienda pero ahora sí, quien sabe cuándo lo volvería a ver y eso le ponía triste. Porque Eunwoo fue parte de su vida, su primer latido y su primer sollozo.
Pero, así era. El mundo gira, la gente se va y los sentimientos evolucionan.
Y aunque así fuera, no le prohibieron apreciar a Eunwoo por ser el hombre que dejó todo por un amor sin rumbo, no le prohibieron sentir nostalgia y tristeza por el pobre hombre frente a él.
"Cuidate mucho." Le dijo, palabras sencillas pero cargadas de buenos deseos pues era lo único que podía hacer, desear que Eunwoo tuviera una vida feliz y que pudiese encontrar a la persona que le amaría por la eternidad. Se lo merecía.
"Tu también." Susurró. "Y tu también." Dijo en dirección de Jungkook. "Les deseo mucha salud y bienestar, mucha felicidad y amor, sean felices."
"Gracias. También te deseamos felicidad y mucha salud." Dijo Jungkook, cortando al fin con el rencor por Eunwoo.
Si bien fue el hombre que le quiso arrebatar todo, Jungkook era el hombre que le arrebató todo a Eunwoo.
"Nos vemos, si la vida quiere." Sonrío de lado, casi forzandose.
"Nos vemos." Dijo Jimin sosteniendo un suspiro.
Y fue lo último de Eunwoo, con una sonrisa les dio la espalda y camino en una dirección distinta. Yéndose con el viento y el ayer.
Jungkook puso una mano en el hombro de Jimin como gesto de consuelo, sabía que su esposo guardaba aprecio por aquel hombre y lo entendía.
Era tonto seguir sintiéndose inseguro por algo que ya pasó, ahora es él quien sostiene la mano de Jimin y carga a su cachorro en sus brazos.
Tenían que aceptar el pasado como era y caminar de el.
Porque todo lo que fueron los trajo a lo que son hoy, dos enamorados que compraban las cosas que les haría falta en su hogar campirano.
mañana el final amistades :")
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