
Tortuga
Ni siquiera me había puesto los zapatos cuando él salió corriendo de la habitación hacia el pasillo.
— ¡Date prisa, vamos a llegar tarde! —me gritó sin importarle que estuviéramos dentro de un hospital y que hacer eso estaba tecnicamente prohibido.
Salí de la habitación solo con un zapato puesto e iba poniéndome el otro en el camino. Debía admitir que si dieran premios por tener un récord de vestirse en el menor tiempo posible mientras escuchaba los gritos de alguien apresurandome, yo me lo hubiera ganado.
Hyungwon corría entre la gente abriéndose paso mientras reía, como un niño pequeño en el jardín de infantes y yo simplemente intentaba seguirle el paso, pues aunque él no fuera rápido, me llevaba mucha ventaja y aparte parecía tener más energía que yo. Me sentí demasiado viejo a su lado, él simplemente derrochaba juventud y belleza. Cuando Hyungwon ingresó al ascensor, me hizo señas para que se apresurara a llegar antes que la puerta se cerrara, porque cabe destacar que no lo alcancé gracias a que él pasaba con más facilidad por varios sitios y yo simplemente debía esperar que la gente me diera permiso.
Corrí lo más que pude y aunque la puerta estaba cerrandose cuando llegué, pude ponerle una mano para que no se cerrara completamente y pudiera entrar. Por fin.
Ingresé al ascensor muy agitado mientras Hyungwon seguía riéndose, quizá de mi y no fue hasta que las puertas del ascensor se cerraron, que pude poner un poco de atención a mi entorno.
Hyungwon se estaba riendo. De mi, pero estaba riéndose y su risa era hermosa, como él.
Sonreí enternecido mientras lo miraba agarrándose el estómago, teniendo muy claro que su risa le había provocado el conocido dolor abdominal que muy pocas veces había sentido en mi vida. Pero en ese mismo momento pude notar por debajo de la manga de su abrigo como el moreton seguía ahí, pintado casi con la misma intensidad que lo recordaba.
Tomé su brazo con cuidado y levanté un poco su manga para observar mejor, acción que provocó que él dejara de reír.
— Sigue allí. —comenté en un susurro mientras tocaba el hematoma.
Hyungwon entendió de qué le hablaba y apartó su mano suavemente impidiendo que siguiera mirando.
— Ya se borrara... —afirmó con una sonrisa bastante convincente— fue un golpe fuerte, seguro tardará alguna semana en quitarse.
Lo miré extrañado, por alguna razón sentía que algo no encajaba.
— ¿Tú crees? —pregunté dubitativo. Pues aunque me preocupara, solo era un hematoma y él más que nadie conocía su propio cuerpo.
Él se encogió de hombros, asintió con una sonrisa y me acunó la cara, sorprendiéndome.
— Estoy bien... —comentó con un tono dulce— pero me pondré muy triste si no llegamos a tiempo a donde quiero llevarte.
La puerta de elevador se abrió sin darme tiempo a preguntar nada más y llegamos a una nueva sala, pero al igual que en el piso inferior, Hyungwon salió apresuradamente.
La cara de sufrimiento que puse fue notoria, solo pensar en que debía volver a correr me hacía sentir más viejo, pero su paso se fue ralentizando y repentinamente pude notar el cansancio en cada una de sus facciones, hasta que se detuvo arrimandose a una de las paredes pulcras de los pasillos.
Al ver aquella extraña acción me apresuré aún más a él y puse una mano en su espalda, buscando desesperadamente su rostro.
— ¿Estas bien? —pregunté con demasiada preocupación.
Hyungwon asintió muy agitado y sin mirarme, pero con su sonrisa pintada en sus labios.
— Lo mío es animar a las personas, no hacer actividades físicas, creí que se notaba... —bromeó irguiendose y soltando una risita.
Al verlo mejor, solté una risita también un poco agitado por las recientes carreras.
— ¿Es suficiente ejercicio por hoy? —pregunté con diversión mientras lo dejaba apoyarse en mi.
Él asintió mientras lo ayudaba a recuperar la postura.
— Si... —suspiró— Es mucho. Mejor vamos caminando, de cualquier forma ya estamos cerca.
Asentí y me limité a seguir su paso lento en silencio. Parecía bastante cansado, así que no quería obligarlo a hacer algo que lo forzara.
Guiado por Hyungwon, llegué a una enorme puerta en donde Hyungwon tomó el pomo, pero antes de girarlo se detuvo y me obligó a detenerme con él. Me quedé en silencio y pude ver como él intentó calmar su respiración irregular, suspiró con cansancio y luego compuso su postura para finalmente abrir la puerta muy animadamente. Como si todas las energías hubieran vuelto a su cuerpo en ese suspiro.
Su sonrisa deslumbrante volvió a aparecer en su rostro e ingresó a la habitación incluso sin mi ayuda.
¿Por qué él no había demostrado a los demás que verdaderamente estaba cansado sino que ingresó a la sala con una sonrisa fingiendo que estaba totalmente calmado?
Aquella acción me extrañó demasiado y aunque quisiera preguntarle, sabía que no era el momento. Me mantuve en silencio e ingresé detrás de él. Las personas que estaban en el lugar se acercaron a saludarlo como era de costumbre. Era la sala de adultos mayores, así que la mayoría no recordaban su bonito nombre pero si podían recordar ese animado rostro que iba a visitarlos una vez a la semana puntualmente con una bonita sonrisa que les alegraba el día. Eso fue lo que escuché.
Él también parecía muy contento de verlos y si había alguien que tenía dificultad para moverse, él se acercaba para darle el abrazo que ansiaban darle todos. Incluyéndome. Yo no sabía cómo reaccionar a la situación, una parte de mí estaba pensando en lo que Hyungwon hizo antes de entrar. Pero otra parte de mí estaba pensando en lo extraño que me sentía allí, pues jamás conocí a mis abuelos y mis padres jamás hicieron vínculos amorosos conmigo, así que no sabía lo que era recibir amor de alguien mayor. Sin embargo Hyungwon recibía tanto amor que parecía asfixiante.
Me rasqué el cuello un poco nervioso y fuera de lugar, pero Hyungwon me hizo una señal para que me acercara a donde estaba él, con un anciano.
Me acerqué cautelosamente notando como Hyungwon hablaba animadamente con el anciano que parecía tener alguna enfermedad terminal, pues estaba conectado a muchos aparatos, incluyendo unos tubos de oxígeno por la nariz. Llegué en silencio mientras intentaba prestar atención a la plática, no sabía precisamente qué hacer. Lo de animar no salía naturalmente de mí como Hyungwon pero afortunadamente en ese momento Hyungwon me señaló, incluyendome automáticamente a la plática.
— Es él... —afirmó poniendo su mano en mi hombro y haciendo que me sintiera más extraño que antes cuando el anciano dirigió su vista hacia mí, como si me examinara.
Me sentí avergonzado y todo lo que pude hacer fue un ademán de saludo que el anciano correspondió con una sonrisa.
— Eres alguien muy sensible, aunque quizá no lo notes... —afirmó sorprendiéndome porque había dado justo en el clavo aunque no me conociera. Asentí levemente teniendo en cuenta que me habían conmovido muchas cosas de las que Hyungwon me había mostrado — ¿Te gusta tu vida? —me quedé confundido ante la pregunta tan genérica pero asentí por dar una respuesta— Pues entonces sigue disfrutando muchacho, haz lo que te haga feliz antes que sea demasiado tarde... aprende a esta tortuga. —señaló a Hyungwon quien soltó una carcajada.
— ¿Sigues haciéndome bullying por mi tatuaje? —preguntó levantando las cejas— Tú no tienes remedio.
El anciano se rió, contagiandome.
— Es que tatuarse una tortuga es estúpido —admitió—, deberías haberte tatuado un pene en la frente y aún así sería menos raro.
No pude evitar soltar una risita al escuchar a Hyungwon reír tan libremente.
— Viejo sucio... —dijo en un tono gracioso.
El anciano rodó los ojos.
— Culo feo... —soltó imitando su voz.
Los tres reímos, me sentí bien después de ver la confianza y las bromas que habían entre Hyungwon y el anciano. Obviamente no iban a ofenderse de verdad, era simplemente jugueteo, como si fueran viejos amigos. Como si se conocieran de toda la vida y no en esas circunstancias.
Me quedé al lado de Hyungwon todo ese tiempo mientras los miraba bromear con cualquier tipo de cosas. Después de un rato el anciano comenzó a contarnos anécdotas divertidas sobre su juventud y por fin pude comprender por qué Hyungwon amaba visitar ese lugar; Nadie estaba amargado a pesar de estar enfermo.
Eran del tipo de personas que estaban conformes con lo que habían hecho en la vida y que sin importar lo que pasara luego, ellos estaban tranquilos de que dejaban sus cuentas resueltas en la tierra.
Se sentía bien, era como si en aquel lugar hubieran más buenas historias que en toda una biblioteca. La experiencia y los buenos recuerdos salían a flote por encima de todos nosotros y era genial conocer un pedacito de la vida que nosotros no pudimos conocer por ser muy jóvenes.
Durante una de las anécdotas, el anciano comenzó a contar cosas paranormales que le sucedieron en algunas ocasiones y yo con mi miedo a los fantasmas, comencé a sentirme muy asustado. Eran tonterías, pero aún así me sentía aterrado. Pero por suerte mía o bendición, Hyungwon estaba ahí y al verme asustado, disimuladamente entrelazó los dedos de nuestras manos para intentar darme el apoyo que necesitaba.
Y lo hizo, joder que sí lo hizo.
Me sentía realmente seguro con aquel leve contacto entre nuestras manos, como si pudiera venir cualquier cosa y todo estaría bien porque estaba ahí, con él.
Sin embargo la felicidad dura poco y nuestra fuerza siempre es puesta a prueba por el bendito karma.
Mientras el hombre contaba la parte final de su anécdota, comenzó a toser. Por un momento Hyungwon se puso de pie para alcanzarle un poco de agua, pero para cuando notamos, el anciano estaba tosiendo sangre. Me sentí totalmente alarmado al ver aquella escena. Era la primera vez que veía algo así ocurrir frente a mis ojos.
No pasó mucho tiempo cuando un grupo de enfermeros nos rodeó y antes de que pudiéramos hacer algo, ya lo estaban sacando de la sala ante la mirada atonita de todos. Pude ver como Hyungwon se preocupó mucho por él mientras miraba como lo sacaban de la sala, pero en un momento intentó salir corriendo detrás suyo.
Intentó seguirlo, pero me vi obligado a detenerlo en un fuerte abrazo con el cuál él forcejeó para soltarse, pues aunque yo no sabía cómo reaccionar ante una situación así, me era suficiente con saber que Hyungwon estaba muy cansado antes de entrar ahí, como para dejarlo ir detrás del anciano.
Busqué su rostro sintiéndome culpable de negarle algo así y él me miró con profunda tristeza, sin embargo no dijo nada, porque comprendía lo que yo pensaba.
No hacía falta ser un enfermero
para saber que Hyungwon necesitaba
un descanso que se rehusaba a tener.
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