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9. En la caída

Hay situaciones en que uno reconoce lo que sucede en el momento y, en otras situaciones, cuando ya sucedió. Mi historial en cuanto a observar, procesar y concluir situaciones nunca fue muy brillante. Por ahí se puede decir que soy mejor reconociendo y analizando el exterior que me rodea antes que a mí mismo.

Puedo contar tres momentos de mi existencia en el cual hubo un antes y un después. Cuando descubrí la pornografía y reconocí la tentación en mi vida. La aceptación de que las chicas no me atraían y los chicos sí. Y el tercero sucedió en medio de mis veinte, durante las vacaciones de la universidad y el viaje casi obligado a Clemencia, donde me di cuenta que en mi caída ya había llegado al fondo.

— ¿Cómo se supone que sobreviva sin esto? —le había preguntado a Ash la noche anterior al viaje, mientras estaba dentro de él, sosteniendo sus manos sobre su cabeza y besando su cuello hasta marcarlo. Él se quejaba entre gemidos y besos.

— No sé, pero encontraremos la forma juntos —me aseguró levantando la cabeza para que sus labios se encuentren con los míos.

Nuestras respiraciones agitadas se mezclaban con el latido de mi corazón que retumbaba en mis oídos. Los sonidos que él emitía eran una sinfonía celestial, y aunque me encontraba cerca, siempre necesitaba más. La adicción se estaba desparramando por mi cuerpo, instalándose en mi mente, haciéndome necesitarlo más y más.

Él era todo lo que necesitaba para vivir, respirar y seguir.

— Nunca me dejes —susurré casi para mi mismo, sintiendo mi estómago removerse, sabiendo que estaba muy cerca del tan ansiado orgasmo, enlazando los dedos de nuestras manos fuertemente.

Cuando lo escuché llegar al punto más alto, solo pasó un instante para que yo lo alcanzara. Permanecimos enredados, sudorosos y agitados, pero no quería alejarme. Él me besó con una intensidad que casi me desarma, con cientos de promesas sin decir pero dándome la seguridad que incluso volviendo a Clemencia todo estaría bien.

La vuelta a Clemencia trajo nuevas experiencias.

Mi habitación ya no era mía, sino de mi hermano menor que la heredó. La mayoría de mis cosas estaban en Bahía, y había pocos rastros de mí en esa casa. Mis padres parecían menos enfocados en mí ahora que tenían otro hijo al cual guiar hacia sus propios planes, y eso fue un gran alivio para mi. Y la vida en Clemencia continuó sin nosotros, por más que nos encontrábamos con su recuerdo estacionado hacía tiempo.

— Bahía te hizo bien, hasta pareces más simpático —me dijo el primer día de mi llegada mi hermano menor. Él tenía el pelo castaño más claro que yo, con ojos más grisáceos; y más allá que su aspecto era diferente al mío, su personalidad era quizás la más parecida a mi.

— Es gracioso que justo tú te refieras a mi simpatía, Alexander —le dije mirándolo de arriba hacia abajo, notando que llevaba una de mis antiguas chaquetas. Ahora sabía dónde la había perdido. Entrecerré sus ojos sobre él, quien sonrió arrogantemente, acomodándose la chaqueta que al parecer ahora era suya y se fue de la sala hacia la calle.

— No le hagas caso a tu hermano está en la rebeldía de los 17 —dijo mi madre con tono dulce, como si acaso no estuviese criando a otro potencial hereje del mal. Y sabiendo que podría predecir el futuro caótico de mi hermano, solo suspiré, prefiriendo ver el mundo arder antes que intentar acomodarlo.

— Odio a los adolescentes —susurré casi para mi mismo, mi madre decidió ignorarme y solo comenzó a hablar de como mi padre estaba a punto de jubilarse, poniéndome al día de la vida de mis hermanos mayores y las reuniones que se venían.

Me hundí en el sillón sabiendo que solo tenía que padecer eso porque eran los primeros días allí, teniendo que adecuarme otra vez a una rutina que ya no me pertenecía, a otras personas y a la ausencia de Ash que extrañaba con cada segundo.

Intenté ser un buen hijo, quedándome con mi madre pero siempre pendiente de mi teléfono.

<¿Cuándo volvemos?> le pregunté en un mensaje con caritas de horror y dolor. él me respondió con una risa burlona y un mensaje de esperanza.

<Pronto, disfruta lo que puedas, esta noche nos vemos> escribió haciendo que mi humor se tornara más festivo.

Al poco tiempo llegó mi padre, dándonos un saludo breve para ir a refugiarse en su estudio. Yo permanecí contemplando a mi madre, quien seguía hablándome de sus amigas mientras bebía una taza de café.

Nunca me había detenido a contemplar la relación que mis padres tenían. Estaba tan naturalizado a esa extraña dinámica donde mi padre daba ordenes, mi mama las acataba y todos los seguíamos. Una relación en la que había poco afecto físico y dudaba del emocional; ni siquiera recordaba haberlos visto cariñosos entre si, con besos o caricias aunque sean disimuladas. Siempre eran como un equipo que funcionaban bien pero con una energía que no emanaba ternura, amor y confort.

Ahora entendía porque siempre me resultaba extraño enlazarme afectivamente a las personas. No sabía si era exactamente porque nuestros padres no eran afectivos con nosotros, tratándonos casi como maquinas, o porque no tenía el ejemplo de algo emocional y afectivo a mi alrededor.

Apenas comprendía como podía estar tan físicamente adicto a Ashton. Me gustaban sus caricias, besos, abrazos, tenerlo cerca, mirarlo. Había algo casi enfermizo que empezaba a ponerme alerta. ¿Era normal o anormal? ¿Estaba bien sentirse tan apegado a una persona? ¿Era usual que las relaciones de tantos años sea como las de mis padres? ¿Existía amor o pasión tóxica? ¿Era saludable mi comportamiento?

Un mundo de preguntas se expandieron frente a mí sin una respuesta clara. Me sentía incómodo y curioso, pero preguntarle mis dudas a mi madre no iban a ayudar tanto. Además, ¿Cómo le explicaría en base a qué eran mis preguntas?

No, madre, soy un homosexual religioso con planteamientos acerca del amor y la pasión. Imposible decir eso, ni en mil años. O tal vez sí, no sé.

Así que obnubilado y aturdido, asistí a la persona que sabía que podía confiar. El atardecer se esfumaba bajo el cielo azul, el aire comenzaba a enfriarse y el viento parecía más seco.

— ¿sucede algo? —preguntó Nik al ver mi rostro, supongo que la consternación y la duda estaban dibujadas en cada línea de expresión. Meneé la cabeza, no muy seguro, y caminé mecánicamente hasta donde ella me guiaba.

Terminé desplomándome en una reposera en el fondo del patio, cerca de la piscina y junto a una mesa con bebidas. No perdí el tiempo y fui al punto.

— Creo que voy a necesitar algo fuerte para tener esta conversación —dije, y ella puso los ojos en blanco ante mi dramatismo. No la culpaba pero aún así necesitaba algo fuerte, pero ella solo tenía cerveza así que la acepté sin rechistar—. Tengo dudas sobre algo y necesito respuestas o un poco más de claridad —comenté.

Ella me miró con ojos curiosos, acomodándose en la otra reposera, sirviendo una cerveza para acompañarme en el sentimiento. Yo moví mis manos inquieto, sin saber bien cómo contarlo.

— Hace un tiempo conocí a una persona y tenemos una relación casi de pareja —comenté, y de pronto nacían diez dudas más que necesitaban respuestas. ¿Ash y yo éramos una pareja? ¿Nos podíamos definir como novios?

Nik sonrió con felicidad y sus ojos brillaron; era curioso el contraste entre su euforia por mi estado sentimental y el caos de mis emociones.

— Es la primera vez que tengo una relación así, las cosas anteriores solo eran ocasionales y no me importaban demasiado. Pero esto sí me importa y ahora tengo dudas —murmuré, creando un silencio raro que terminó en mi bebiendo para hidratar mi boca seca.

— ¿No sabes si esa persona te gusta? —pregunto, y negué.

— Me gusta... diría que demasiado —suspiré, sacudiendo mi pelo— ,al punto de no saber si es normal o no, si acaso lo que siento es adicción, pasión o cariño. Sin saber si lo que me importa es su cuerpo o su alma, o todo. Extraño su presencia aunque este en otra habitación, y la lejanía solo incrementa todo, pero esta sensación de asfixia que siento ante su falta parece irreal, toxica y demencial —agregué.

Otra vez el silencio nos acompañó. Mi mente era una nebulosa que parecía calmarse ante la visión del agua moverse. Oí a Nik beber y luego de eso su risa resonó; la miré entre ofendido y horrorizado.

— El funcionamiento de tu mente siempre me pareció maravilloso —murmuró, y yo permanecí inexpresivo.

— Todo depende de si eso es bueno o malo —comenté con lentitud. Nik ocultó su sonrisa bajo su mano y negó.

— Es bueno, es bueno —me aseguró aunque permanecí aprehensible—. Las relaciones son extrañas y siempre un mundo aparte. Cada relación, cada pareja es todo un universo que solo dos personas saben y pueden comprender. Yo puedo ayudarte a encontrar el camino, pero al final las respuestas solo las tienes tú —su voz era suave, sabia y diplomática. Era como estar hablando con un oráculo o algo similar.

Asentí, no muy conforme con saber que yo tenía las respuestas de las preguntas que seguía acumulando. Bufé por lo bajo, medio infantil medio resignado.

— ¿Ves un futuro con esa persona? ¿crees que te hace mejor persona? ¿sientes que puedes ser tú mismo y confiar en que puedes hablar de lo que sea que no te va a juzgar? —inquirió, y ni siquiera tuve que pensar demasiado para saber que la respuesta era sí—. El inicio de las relaciones son siempre caóticas. Mucho sexo, pasión y descontrol, esa tendencia a la dependencia que se vuelve enfermiza si uno es vulnerable y si no se detiene a evaluar lo que sucede —me explicó—. Con el tiempo todo eso se va reemplazando por mayor estabilidad, el amor aumenta y la confianza también. Es sano una relación que sea de dos personas por igual, con confianza y comunicación, queriendo que el otro sea mejor así como uno, donde los dos se apoyan para ir hacia adelante, y no la dependencia emocional —agregó.

Respiré hondo, apoyándome sobre el respaldar, evaluando las palabras de Nik y lo que me sucedía, queriendo aprender a ser mejor porque él lo merecía.

— Todo lo que siento es tan nuevo que me cuesta diferenciar mucho de lo que me pasa —confesé, habiéndome terminado la lata de cerveza y ni siquiera sé cómo sucedió—. En Bahía era fácil, pero acá no, y aunque me comunico permanentemente, lo extraño todo el tiempo —mis palabras flotaron por el aire hasta que se asentaron pesadamente.

Mi mente se volvió sobria por un instante, alerta, y la miré fijamente. Buscando alguna señal de curiosidad, dudas, horror, disconfort, juicio. Una pequeña mueca comenzó a cursar sus labios hasta que sonrió conocedora, cómplice y alegre.

— ¿lo? —ladeó su cabeza, me aclaré la garganta, necesitando más cerveza, de pronto estaba sediento.

— Escuchaste mal, dije "la extraño" —aclaré pero ella no me creía, era malo mintiéndole a ella así como a Ash. Sus ojos entrecerrados hacia mi me dijeron todo, y me resigné recostándome sobre el respaldar—. No quería que te enteraras de este modo —susurré.

— ¿de qué modo? No hay modo para hablar estas cosas, no hay un prospecto en la vida de cómo decirle a las personas lo que uno es. Además, cada uno lo dice del modo que puede a la persona que quiere —dijo convincente, haciéndome sonreír. La seguridad y confianza que me daba, me hacia más fuerte.

— Nik, soy gay —sentencié, y ella me miró orgullosa.

— Yo también —me dijo, y fue ahí cuando grité.

Grité inaudito, incrédulo, apesadumbrado y consternado. ¿cómo? ¿cuando? ¿dónde? ¿Estaba bien? ¿se sintió mal en algún momento? ¿por qué nunca vino a mi en buscar de confort o quizás compañía en caso de haberlo necesitado? ¿Qué mierda...?

Mientras yo gritaba ella reía a carcajadas, solo tuvo que darme otra cerveza para que deje de ser tan dramático. Había una sensación de perturbación que no podía definir, cómo si toda una creencia hubiese sido desbarrancada y debía crear otra nueva. Lo que conocía no era estable y eso me alegraba pero también me inquietaba.

Realmente los tres íbamos a ir al infierno.

— Necesito que explayes más... —comenté aún sin poder procesar lo que sucedía. Ella se rió entre un encogimiento de hombros.

— Conocí una chica en una de las clases del gimnasio, nos hicimos amigas, tanto al punto de cuestionarme si me gustaba como amiga o algo más. Fue una gran compañía y ayuda durante el divorcio de mis padres, y aunque no prosperó, me enseñó un mundo nuevo de posibilidades —su actitud era tan tranquila y resuelta, muy diferente a mi pasado tan oscuro, rebelde e incierto.

— ¿nunca pusiste en duda todo lo que pensabas o creías? ¿la religión, nuestros padres y familia? —pregunté, viendo como se tornaba meditabunda.

— Un par de veces —asintió—, hasta que reconocí que ese libro esta escrito en otro mundo cultural y que Dios solo quiere amor y respeto, no entra en mi mente que repela el amor venga de la forma en que venga —su voz se perdió en el aire, y permanecí contemplando, tan segura y tranquila, que sentía orgullo de verla tan resuelta.

Me acerqué a abrazarla, y permanecimos allí hasta que de a poco volvimos a ser los mismos de antes.

Era cerca de las nueve cuando decidimos entrar a la silenciosa casa, sumergidos en una especie de borrachera sentimental. Pese a que la mía era un poco más literal.

— Buenas noches, ¿de qué me perdí? —preguntó Ash ni bien Nik le abrió la puerta, y yo sonreí como un tonto, sin poder evitar maravillarme con su aspecto y presencia.

Él saludo a Nik con un breve abrazo y me miro con esa expresión que era solo para mi. Pude oír murmurar a Nik algo y la mire confundido.

— Oh... —decía entre risitas que comenzaban a intensificarse; la miré por un momento sin entender a que se refería hasta que miró a Ash y volvió hacia mi.

— ¿Qué sucede? —preguntó él, notando mi tensión y confusión.

— No —dije sin quitar mis ojos de ella, pero era tarde para detener todos sus pensamientos—. Nik sabe sobre mi orientación sexual, y también que estoy viendo a alguien —confesé, casi tímido, para darle contexto. Ash palideció acercándose a mí mecánicamente, él la miró casi con pánico mientras ella seguía sonriendo.

— Eres tu —su seguridad no daba ni chances de querer inventar otra cosa—. Es esa cara que nunca tuvo sentido hasta ahora —agregó, tal vez también notando esa expresión que me dedicaba.

Ashton miró a todos lados para asegurarse que realmente estábamos solos antes de sostener mi mano con fuerza.

— Él es la persona que te conté en Bahía, también es la persona por la que tantas veces te llame para sacar mis dudas y frustraciones. Ahora puedo decir tranquilamente que es mi novio —respiró hondo tras hablar todo tan rápido. Yo lo miré sintiendo que el mar tempestivo de dudas que era mi mente se hubiese calmado.

Novios. La palabra se sentía extraña pero había una sensación de seguridad, pertenencia y estabilidad que me agradaba.

— Estoy feliz por ustedes, aunque esto no lo vi venir... ¿o tal vez si? No lo sé —dijo acercándose entre risas, uniéndonos a los dos en un abrazo.

Mirándonos con la extraña sensación de que habíamos ganado algo, permanecimos allí con las manos enlazadas hasta que ella nos liberó, dejándonos solos con las consecuencias de lo que sucedió.

— ¿estás bien? —le pregunté, evaluando su rostro y tocando con gentileza su barbilla. Me contempló por unos segundos en silencio, hasta que suspiró en medio de una sonrisa.

— Estuve aterrado por unos segundos hasta que me di cuenta que te tenia de mi lado —respondió haciéndome sentir afortunado de tenerlo.

— Siempre voy a estar contigo y lo hiciste muy bien. Pensé que no lo descubriría pero por lo visto nuestras caras nos venden —susurre acariciando su mejilla antes de besarlo.

Mi corazón parecía estallar dentro de mi pecho, mi mente en ebullición de alguna forma se centró en lo importante y me devolvió la cordura.

— Te extrañe —respiro hondo entre besos, haciendo un pequeño camino hasta mi cuello y hombro—. Siento que me falta algo cuando estas lejos y me paso todo el tiempo pensando en ti —apoyó su cabeza en mi hombro, abrazándome.

— Me pasa lo mismo, y entre en pánico con tantas preguntas en mi mente —dije.

— ¿qué preguntas? —levantó su cabeza para mirarme y negué.

— Más tarde hablamos, ya avise que no duermo en casa esta noche —mis palabras lo pusieron de buen humor, sonrió, besándome una vez más y decidimos separarnos por el bien de la cordura de Nik.

Nos unimos a Nik en la cocina, quien ya tenía preparadas nuevas bebidas. Ella sonrió maliciosamente al vernos llegar de la mano, y nos invitó a sentarnos junto a la barra que se asemeja a la de un bar.

— Entonces... ahora necesito que me cuenten todo, con detalles pero tampoco tantos, y yo les cuento la vez que mi padre casi me descubre besándome con mi ex novia —respondió.

Ambos notamos la forma en la que Ash volvió a palidecer confundido y desorientado, mirándome en busca de alguna ayudado como si yo pudiese guiarlo en medio de la oscuridad. Sonreí ante lo adorable que era su expresión.

— Ella tiene algo que decirte —le dije porque no era algo mío declarar la orientación sexual de las demás personas.

— Me gustan las chicas, yay!!! —exclamó festiva tomando un vaso de cerveza. Ashton parpadeó saliendo de un embrujo, incapaz de asimilarlo mientras la contemplaba.

— Al menos los tres vamos a compartir lugar cuando vayamos al infierno —murmuré por lo bajo con humor oscuro.

— ¡Cameron! —gritaron los dos al mismo tiempo, y yo solo reí, porque estaba feliz, en compañía de las personas que más quería, siendo yo y aceptado.

En ese tiempo que pasamos juntos hablamos con más sinceridad y sin tantas limitaciones a diferencia de otras veces. Era extraño sentirse así, y me agradaba, dándome cuenta que más allá de lo que había sido mi vida hasta ese momento, me había juntado con personas que eran similares a mi.

¿era el destino? ¿era un plan de Él? ¿o era la vida misma que nos hacía ir por ese camino? ¿acaso teníamos elección o todas las decisiones de nuestras vidas estaban preestablecidas?

El alcohol nunca ayudaba al flujo turbulento de mis pensamientos. Pasaba de la alegría a la histeria, de hablar de series o películas a hacer planteamientos existenciales acerca del ser humano, la religión y la cultura.

A veces pensaba demasiado, y eso era un gran problema.

Era la madrugada cuando me desplomé sobre la cama de Ashton. Había mantenido mi compostura en todo el trayecto desde el garaje hasta la habitación, siendo lo más silencioso que podía ser e intentando no romper nada en mi camino con mi torpeza.

En medio de la penumbra, Ash trabó la puerta de la habitación mientras yo miraba el techo completamente abstraído en mis emociones. Me sentía borracho por tantos sentimientos, tanta alegría y serenidad. Era como flotar entre nubes seguras, esponjosas y cómodas. Así se sentía estar bien con uno mismo, y me gustaba.

Me deshice de mis zapatos, sintiendo los pasos torpes de Ash hacia mi. A un tropezón le siguió una risa que contuvo antes de recostarse sobre mi. Sus manos encontraron mi cuerpo con facilidad y su boca se dirigió a la mía como si fuese el único puerto seguro.

Lo besé, mordí y acaricié hasta que mis manos y mis labios perdieron sensibilidad. Me perdía en el control y en cada palabra o caricia que me daba, y cada segundo entregaba una parte más de mí hacia él.

— Pretendo recompensar cada minuto separados durante esta noche —me aseguró él entre besos.

Todo era fuego, pasión y enredo que subía hasta mi cabeza, cegándome. Y cuanto más cerca me encontraba del orgasmo, más caía y más cerca al cielo estaba. Pero en medio de la vorágine mantenía cierta lucidez que me hacía pensar en lo que me estaba sucediendo.

La caída ya no era una opción cuando me encontraba en el fondo del abismo. Mirándolo a los ojos viéndolo llegar a su punto más alto, me hacía plantearme si mi caída se debía a la pasión o a algo más. Todo ese tumulto de sentimientos y emociones ¿Qué eran? ¿Era la necesidad de la carne o del alma? ¿Solo pasión o también algo más?

Conocía la pasión pero el amor era algo muy difícil de encapsular. Nunca había estado enamorado, y tampoco sabía cómo era. Pero mirándolo sonreír con ternura y ojos brillantes, me di cuenta que eso era más que la pasión por la carne, ahí había sentimientos que no podía tener por nadie más, una necesidad de ser mejor por y para él, era darle felicidad para poder sentirme feliz. Era lo más parecido al amor que alguna vez viví.

Mi garganta parecía cerrarse con esa sensación que me aprisionaba el habla. Acaricie su rostro, besándolo con intensidad, ahogando mi orgasmo entre sus labios, sintiendo lágrimas silenciosas al caer de mis ojos cerrados.

No sabía cómo pero las respuestas a mis preguntas vinieron de forma pacífica y clara. Nada de esto podía estar mal, mi cuerpo y mi alma le pertenecían. Lejos de estar perdido me encontraba donde pertenecía, en el lugar que me daba felicidad. Y aunque no sabía muchas cosas, estaba seguro que aprendería a hacerlo bien.

Lo haría bien por él, por mi, y por nosotros.

Y fue así que en medio de mis veinte años, enredado a Ashton, me di cuenta que lo que sentía era amor, y no había vuelta atrás.

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