8. Soltar y aceptar
Lo que al inicio del semestre me costó para la segunda mitad del semestre ya estaba bastante acostumbrado a la vida universitaria. Las clases seguían siendo un martirio muchas veces mientras que en otras amaba ir. Había conocido muchas personas, y sentía que a cada uno de ellos les mostraba el Cameron que en Clemencia no se veía.
La rutina diaria consistía en clases, almorzar en la universidad con mis compañeros, tener otras clases a la tarde, correr a mi casa a intentar estudiar donde terminaba escuchando música y hablando con Ashton, porque siempre había algo para hacer sí que nos juntabamos en su casa o en la mía. Había conocido parte de Bahía, pero me quedaba mucho por descubrir.
— Necesito salir —me quejé frustrado, dejando todos mis libros, y mirándolo con molestia—. Hace más de seis meses que no tengo sexo y es tu culpa —lo señalé acusatoriamente, sabiendo que estaba demasiado sumergido en los estudios y en pasar mi tiempo con él. Incluso había descuidado mis sesiones de pornografía semanales.
Toda una atrocidad.
— ¿Y por qué es mi culpa? —preguntó, elevando su tono de voz una octava, luciendo completamente confundido y tal vez indignado.
— Esta noche voy a salir a un bar y no vas a venir conmigo, tu presencia a mi lado de algún modo ahuyenta a todos —insistí casi como si estuviera proclamando un monólogo.
Pero ya sentía la falta de placer, la necesidad de descargar mis frustraciones, de sentir a otra persona de otro modo más que el de dormir. Sí, podría ser que Ash y yo hubiésemos compartido la cama un par de veces pero eso había sido completamente platónico.
— Nadie te obligó a salir conmigo —sentenció él, tenso, con la mandíbula apretada. Sus ojos se oscurecieron, casi letalmente. Respire hondo y apreté los frenos de mis pensamientos, sintiéndome culpable por quizás haber dicho las palabras incorrectas.
— Lo sé, pero hoy necesito estar solo —murmuré, y lo vi asentir. Silenciosamente agarró sus cosas para irse, cuando yo nunca le había pedido que se marchara. Una punzada en mi pecho me atravesó y me acerqué a él, agarrando su rostro con mi mano para evaluar sus facciones—. Prometo portarme bien y te avisaré cuando vuelva a casa —susurré porque sentía miedo que algo pudiese quebrarse entre ambos si hablaba normalmente.
Él no dijo nada, solo me miró, sosteniendo suavemente mi mano y sonrió con tristeza. Deshaciéndose de mi mano en su rostro con un movimiento gentil, se acercó a darme un beso en la mejilla, y se fue, dejándome solo como quería pero más miserable de lo que me había sentido en mucho tiempo.
Era la medianoche, me veía atractivo e irresistible y lo sabía porque me había visto y porque Santiago me lo había dicho. Ambos nos habíamos conocido durante las esporádicas fiestas a las que iba y era una de las pocas personas que conocía que eran como yo. Nunca había sentido tanta tranquilidad al hablar de mi sexualidad con alguien, y sabía que él no tenía ningún prejuicio.
— ¿cómo es posible que me sienta peor ahora? —pregunté, pidiéndole al bartender algo fuerte. Oí la risa de Santiago, mientras se acomodaba sobre la banqueta y miraba el bar, lleno de personas de la comunidad LGTB.
Sus ojos marrones eran como láseres mortales que sondeaba la zona en busca de algo que le interesara.
— Lo que pasa es que ambos tienen una relación demasiado fuerte, si acaso no intentaras insistir todo el tiempo en que son amigos, hubiese jurado que son pareja —dijo, haciendo que casi escupiera el contenido de mi copa.
— Ashton no es gay, ha tenido miles de novias —respondí contrariado, pensando en todos los momentos que compartimos, la forma en que actuamos juntos, y el pasado amoroso de ambos.
— Para ser gay eres demasiado cerrado —se quejó él, y quise golpearlo, pero nunca fui una persona violenta. Siempre me había asumido como alguien abierto, que me dijesen lo contrario dolía. En lo profundo de mi ego—. Puede ser bisexual, pansexual, demisexual, etcetera, nunca debes asumir la sexualidad de alguien por su apariencia o actitud —me recomendó, pasando sus manos por su pelo que era color morado.
Resoplé frustrado, hundiéndome en el alcohol y escuchando la música para no tener que escuchar su honestidad. Me sentía horrible allí sentado, bebiendo mientras no sabía si Ash se sentía bien o mal por mis palabras.
— Él lucía tan triste —canturree decepcionado de mi mismo—. ¿por qué soy así? —pregunté queriendo algún consejo. Dios ya no estaba de mi lado y en el único que podía confiar en ese momento era en un bailarín gay con pelo morado. Lo que habían cambiado las cosas.
— Es normal, uno a veces actúa bien o mal. Lo bueno es reconocer qué pasa y pedir disculpas —me recomendó con una sonrisa suficiente.
— Pero quiero tener sexo —respondí como un nene negociando con un padre por un chupetin. Santiago gimió frustrado, girándose hacia mí, con actitud severa.
— Haz lo siguiente, encuentra alguien para besar e intentar ver qué pasa, si ves que sólo puedes pensar en lo mal que hiciste sentir a Ash, vuelve con él a pedirle disculpas —me desafió, y como todo desafío, moría por ver qué sucedía. Brinde con su copa medio vacía e hice fondo blanco, decidido a buscar algo en aquel bar.
¿pero en qué terminó? Conmigo golpeando la puerta del departamento de Ashton a la una de la mañana.
Estaba nervioso, enojado conmigo mismo y frustrado cuando la puerta se abrió. Pero lo vi con el rostro entre dormido, el pelo revuelto y el pijama medio desprendido. La confusión se transformó en sorpresa, y lo oí contener un gemido cuando me abalancé a abrazarlo.
— Lo siento, siento haberte dicho que quería estar solo y que ahuyentas a todos. Lamento echarte la culpa de mis frustraciones. Estuve todo el rato bebiendo alcohol y quejándome porque te extrañaba —dije hundiendo mi cara en su cuello, abrazándolo por la cintura con fuerza para que no intentara separarme de él.
Ashton cerró la puerta, moviéndose unos pasos hacia atrás y yo lo seguí sin despegarme. Sentí sus brazos rodearme con gentileza y besó la cima de mi pelo. Los latidos de su corazón repercutian en mi pecho, y estoy seguro que él podía percibir los míos.
— Cada día estoy más seguro que quieres hostigarme en esta vida —murmuró él sobre mi pelo, y yo sonreí con mis labios rozando su piel, que era suave y tenía un adictivo aroma a colonia.
— ¿Puedes perdonarme? No quería lastimar tus sentimientos, pero después de verte irte de esa forma, sentí que mi corazón se rompía —confesé, tímidamente. Ashton suspiró, acariciando mi espalda hasta reforzar más su abrazo. Y estaba seguro que si alguien nos veía no sabría donde empezaba uno y terminaba el otro.
— Siempre te voy a perdonar, aunque me rompas mil veces el corazón —dijo con voz suave. Me tomé mi tiempo procesando sus palabras antes de alejar mi cara para mirar a sus ojos.
Busqué diversión, burla, malicia o complicidad pero había una mezcla de tristeza, nostalgia y crudeza que me tomó desprevenido.
— ¿Y cuantas veces voy haciéndolo? —pregunté con seriedad.
— Cuando te negaste a que te ayudará con Eric. O cuando preferías a nik. Cada vez que me reprochabas que te ignoraba o no quería llamarte. O el día que me llamaste luego de irte de la casa de tu amante —enumero algunas ocasiones, y el recuerdo de cada una de ellas generaba una punzada en mi propio corazón.
— Lo siento pero nunca supe lo que hacía o qué quería o quién era. Hay veces que tardo en procesar algunas cosas —Le recordé suavemente, llevando una de mis manos a su cara para despejar sus ojos de los mechones de pelo que caían.
— ¿Todos vamos a nuestro propio ritmo por eso mismo espere —Sus palabras eran suaves como una canción de cuna e hipnóticos como un hechizo. Quizás era que había magia en él o quizás era que tome más de lo que debía—. Te esperé por más de un año —parpadeó con ojos brillantes, y yo tragué con dificultad el nudo que se formaba en mi garganta.
Mis ojos deambularon por su rostro y se detuvieron en sus labios que acaricié suavemente con mis dedos. Estaba aterrado, nervioso e inquieto, pero también estaba embelesado por su encanto, sus palabras y sus actos. No entendía qué me sucedía, como tantas veces me sucedió, y no sabía si lo que estaba ocurriendo era algo bueno o malo.
— ¿puedo? —pregunté, sumergido en un trance, sin quitar mi ojos de sus labios suaves y rosados. Necesitaba tocarlos, sentirlos, probarlos. Los latidos de mi corazón retumbaban como explosiones a mi alrededor.
— Nunca te diría que no —respondió con un tono más alegre que antes, y yo sonreí antes de besarlo.
Toque sus labios con suavidad y cuidado mientras hundía mi mano en su pelo para atraerlo más cerca de mi. Había algo inocente y torpe al inicio del beso, hasta que Ash se encargó de profundizarlo, haciéndolo más intenso y duro. Sus manos agarraron mi cuerpo como si temiese que me esfumara, y yo tomé su cara queriendo estar así para siempre.
Nuestros besos sabían a menta y licor, sabían a deseo y pasión, a delirio y encanto, pero nada cercano al pecado. Podía ser que Dios me juzgara por lo que era y hacía, por mis elecciones que salían de lo que había estipulado como normal y sagrado, pero esto no podía ser considerado un delito ni un pecado.
Los besos de Ash me daban vida y excitación. Sentía como si hubiese caminado una eternidad por el desierto y él fuese un oasis.
— Tranquilo —susurró Ash con una sonrisa entre besos, pero ya era tarde para que estuviese tranquilo. Habiendo probado lo que era besarlo, ahora no lo quería soltar jamás.
Avancé sobre él a través de la sala hasta el sillón, donde lo senté con un suave empujón y me subí sobre él, sin poder dejar de besarlo y mucho menos tocarlo. Todo era calor y fuego.
— Imposible que te tome con tranquilidad —dije, soltando sus labios que estaban hinchados y rojos, pasé mis dedos por ellos solo para asegurarme que era real y no un mero sueño frustrado. Sus ojos eran brillantes como estrellas y sus mejillas estaban sonrojadas. Ash me sonrió, sosteniendo mi muñeca para dejar un beso en la palma de mi mano, sin quitar sus ojos de mi, mientras su otra mano se inmiscuyó dentro de mi camisa para tocar la piel de mi espalda.
— Solo con una condición —me advirtió, mientras me daba a la tarea de besar su mandíbula y su cuello, moví mi cuerpo hacia el suyo, ganándome un quejido medio gemido frustrado que me hizo sonreír.
— ¿Cuál condición? —pregunté en su oído, mordisqueando el lóbulo de su oreja, luchando por quitarle la remera y poder sentirlo con más descaro.
— Nada de buscar afuera lo que puedo darte —sus palabras terminaron en un gemido, cuando moví mi cadera hacia la suya, podía sentir su erección sobre la mía. Era excitante saber lo que le producía, pero también un tanto frustrante que continuara estando tan controlado.
Lo necesitaba desesperado, perdido y hambriento como lo estaba yo.
— Por supuesto que no, eres todo lo que necesito —susurré dejando un camino de besos desde su cuello hasta su clavícula llegando a su pecho—. ¿Salir en citas? ¿Ir a bailar? ¿Compartir pasatiempos? ¿Pasar todo el tiempo juntos? Todo sí —agregué, sintiéndome seguro y confiado—. Pero no quiero que luego te arrepientas de todo —murmuré, alejándome de él para volver a mirarlo, aún despeinado y recién despierto, lucía hermoso.
Él sonrió con aquella expresión que parecía ser solo para mi, llena de admiración y deseo. Acarició mi mejilla con suavidad, suspirando lentamente.
— Quiero esto desde que tengo 16 años, imposible que me arrepienta —sus palabras quemaron mi corazón, y tomando su rostro lo besé con ternura.
Pero la ternura de los besos y las caricias se tornaron más intensas a medida que nuestra conversación quedaba atrás. Y ahí en el momento en que la intensidad era una mezcla de desesperación y tormento cuando Ashton dejó de mantener su usual control.
Sus manos se enterraron en mis muslos y al levantarme junto a él ahogue un grito entre sus hambrientos besos. Me preguntaba como rayos tenía tanta fuerza cuando me di cuenta que llegamos a su habitación y allí lo primero que desapareció fueron nuestras ropas.
— ¿Cómo quieres hacerlo? —me pregunto mientras esparcía besos por mi abdomen. Sacando los mechones de pelo que molestaban su visión le sonreí.
— Te necesito en mi —respondí, y él se vio conforme con mi respuesta. Y mientras me besaba, me tocaba y me hacía perder la cordura en busca del clímax, supe que estaba conociendo otra cara de dios.
— Dios mío —Gimió él mientras continuaba moviéndose dentro mio y yo enterraba mis uñas en su espalda.
— No lo nombres, solo di mi nombre —susurre porque él y yo no queríamos relacionarnos por un tiempo. Y que algo tan precioso estuviese interrumpida por su presencia era todo menos sensual.
— Vas a ser mi fin, Cameron —Dijo antes de explotar en éxtasis, besándome con firmeza. Y yo me uní a él poco después perdido de delirios y agradecimientos por haber sido lo suficientemente inteligente como para volver a Ash.
Permanecimos enredados por unos minutos, su rostro en mi cuello y mis manos acariciando su pelo. Cansados, satisfechos, completos. Miraba el techo y era ver una galaxia de emociones. Era tener el universo frente a mí, sentirme el amo y señor de todo eso.
— Siento que podría acostumbrarme rápidamente a esto —dije con voz ronca, dándole un beso en la sien. Su risa resonó en mi oído, profunda y sexual.
— Mas te vale que lo hagas —bromeó poniendo todo de sí para levantarse. En solo un abrir y cerrar de ojos los tenía de nuevo en la cama, desnudo y cálido.
Me acurruque sobre él, escuchando los latidos de su corazón. Y me dormí entre sus brazos con una sonrisa imborrable, sin importarme el resto. Olvidándome de quiénes éramos, dónde veníamos, cómo eran nuestras familias y la sociedad. Me dije a mi mismo que a pesar del distanciamiento, quizás Dios no estaría tan enojado conmigo, estaba eligiendo el alma antes que el cuerpo, y aunque todo podía estar mal, nada de lo que sucedía entre Ash y yo podía ser incorrecto.
***
Y más allá que la rutina siguió siendo la misma, los cambios en ella estaban ahí presentes. Las clases seguían sumándose, los exámenes se avecinaban, las presiones estaban en aumento, y yo estaba viendo como la marea de mis responsabilidades comenzaba a aumentar hasta transformarse en un tsunami. Pero lejos de correr, solo miraba como estaba a punto de ahogarme, con una sonrisa y expectativas de que pudiese salvarme al final.
Mis padres continuaban llamándome una vez por día, o mejor dicho mi madre, para saber cómo estaba y para ponerme al día con lo que sucedía allá. Hablaba seguido con Nik aunque no todos los días. Y cada día, sentía que mi vida en Clemencia era una especie de sueño que viví hace mucho tiempo.
— Nik vendrá la semana que viene de visita —dijo un día Ash, tras dejar su teléfono entre los almohadones del sillón. Mi alegría al respecto hacía contraposición con su expresión incierta. Yo me giré para hacerle frente, queriendo detectar qué era lo que le incomodaba.
— ¿Y cuál es el problema? Si es por lo nuestro, podemos esperar a contarle, pero sabes que ella tiene la mente suficientemente abierta como para aceptarlo —respondí, estirando mi mano para tomar la de él; enlacé mis dedos con los suyos, necesitando sentirlo. Ashton le dio un apretón a mi mano al mismo tiempo que me miraba con ojos de preocupación e inquietud.
— Lo único que me preocupa eres tú, solo me da miedo que si ella no lo acepta o está incómoda con esto, tú ya no quieras estar conmigo —la tristeza en su voz hizo que mi corazón se encogiera, y lo arrastre hacia mi, para que terminara acostándose sobre mi pecho.
Él respiró hondo sobre la piel de mi cuello, dejando un suave beso, y yo lo abracé con fuerza para retenerlo bien cerca.
— Eso no va a pasar —le aseguré, besando su pelo, luchando por acomodar nuestros cuerpos en el sillón que comenzaba a quedarnos chico—. Pero tenemos que tener en cuenta que tarde o temprano, vamos a tener que lidiar con lo que quedó allá —murmuré, haciendo referencia a nuestra familia y amigos en Clemencia.
— Lo sé, y lo tengo bastante asumido. Mi sexualidad nunca fue algo que me horrorizara, a medida crecí mis sentimientos y preferencias se sintieron naturales, por más que nuestro entorno no fuese muy propicio para pensar eso —explicó, sintiendo sus manos buscando el borde de mi remera para acariciar mi piel—. Y estar acá, lejos de la familia, la academia, y las personas cotidianas, fue más fácil aceptar lo que era sin preocupaciones —confesó al mismo tiempo que sus besos comenzaban a ser más intensos y sus dedos acariciaban puntos sensibles de mi cuerpo.
Y yo me hundía bajo él, completamente predispuesto a lo que él quisiera.
— Puede que nuestro futuro no sea perfecto, y tengamos que fingir lo que no somos, pero nunca te voy a dejar... lo que significa que tampoco me puedes dejar —le recordé, porque una vez que probaba lo bueno en esta vida, pretendía ahogarme en ello completamente hasta volverme un adicto.
Sus dientes mordieron mi piel y una de sus manos se metió entre mis pantalones, haciendo que la suavidad y ternura del momento se tornara intensidad y deseo. Ash marcaba mi piel, la habitación se llenaba de gemidos, y comenzamos a movernos uno sobre el otro en busca de fricción, placer y vitalidad. Con él, lo importante no era llegar al clímax, sino disfrutar el camino y los dos juntos.
— Nunca te voy a dejar —susurró en mi oído, agitado y sin aliento, sin poder detener sus frenéticos movimientos, levantando su rostro para reclamar mi boca. Y yo cedí, completamente perdido en la forma en que nuestros cuerpos funcionaban perfectamente juntos, y en todo lo que me hacía sentir.
— Ash —gemí su nombre una y otra vez, implorando por mi salvación y cordura—. Si vas a matarme, que sea de una buena vez —agregué, y lo oí reír, antes de besarme.
Para cuando alcanzamos el orgasmo y buscamos un poco de aire, prácticamente habíamos olvidado nuestras preocupaciones iniciales. Ni siquiera sabíamos por qué buscabamos sacar al otro de la tristeza y la tortura para devolverlo al confort y calides.
Permanecimos abrazados y sucios por unos minutos, hasta que el silencio se llenó del sonido de besos y susurros. Todos los temores iniciales se evaporaron, solo nos quedaba la certeza que lo que fuese a suceder a futuro, lo haríamos juntos.
— Si Nik va a venir, tenemos que planear a dónde vamos a ir y qué haremos —dije entusiasmado mientras me lavaba el pelo en medio de la ducha, mirando atento a Ash hundir su cabeza bajo el agua—. Ella siempre quiso vivir en Bahía, hay que hacer su visita memorable —agregué.
— ¿Y qué tienes en mente? —preguntó con curiosidad, dejándome un lugar bajo el agua.
— Una fiesta, día en la playa, podemos ir a los museos y exhibiciones, ella ama el arte. Quizás haya algún festival de música, debería preguntarle a Santiago si tiene alguna presentación él va a la academia Williamson. ¿tu no tienes ningún amigo que pueda recomendarnos cosas? —pregunté desorientado.
— Puedo preguntar, pero creo que lo que tienes planeado va bien. Vamos a quedarnos con eso y esperar a cuando llegue, quizás ella también tiene sus propios planes —respondió, dejando un ligero beso en mis labios. Y yo suspiré profundo, sentía demasiado entusiasmo en mi interior, era como una bola de nieve que iba en aumento y no se detenía.
No sabía si eran mis expectativas por tenerla cerca luego de tanto tiempo o era que quizás mi intoxicación con Ash me estaba convirtiendo en un ser lleno de luz y energía.
— Creo que me estoy volviendo un adicto a ti —sentencié en un momento. La risa de Ash resonó en todo el baño, divertida, alegre y ligera. Era una melodía celestial que encontraba encantadora.
No estaba seguro de tener recuerdos de que riera de aquel modo seguido. Pero últimamente oía esa risa continuamente y me sentía orgulloso de ser quien la ocasionaba o al menos la oía.
Si el orgullo iba a ser una de mis causas para la condena no me importaba que fuese por él.
La semana pasó más rápido de lo que quisimos; en un momento nos quejabamos que era lunes y al otro, nos encontrábamos ansiosos esperando a Nik en la estación de ómnibus. Nunca había visto a Ash tan tenso y nervioso, y aunque lo enmascaraba con inexpresividad y quietud, podía ver las pequeñas señales. Nos encontrábamos sentados en los bancos, él moviendo sus dedos sobre sus piernas mientras yo aprovechaba a curiosear por el lugar.
Terminé enlazando mis dedos con los suyos para darle más comodidad y tranquilidad. Me dedicó una suave sonrisa en medio de un profundo suspiro, le devolví la sonrisa y centré nuevamente mi atención a la espera de la llegada de Nik.
Algo curioso que había aprendido el último tiempo era que a las personas en Bahia no le importaban ver a dos chicos o dos chicos con las manos enlazadas. Nadie nos miraba raro por caminar por la calle como una pareja o compartir besos y caricias. La primera vez que le di la mano a Ash en público estábamos caminando por la playa durante una tarde luego de las clases, me había sentido tan raro cuando él decidió hacerlo que comencé a mirar alrededor con paranoia y terror, para aprender que a nadie le importaba lo que yo hacía o dejaba de hacer.
Y la primera vez que lo besé fuera de las paredes de nuestras casa fue durante esa misma noche, cuando llegamos a un puesto para cenar y decidimos que íbamos a hacer esas actividades más seguido. Me sentía tan feliz y emocionado que podía haber llorado si acaso fuese un poco más sentimental.
— Creo que ya llegó —oí que dijo más triste que emocionado por tener que soltar mi mano. Poniéndome de pie y lanzándole un beso por el aire, decidí ir hacia la plataforma.
Las personas iban y venían por la plataforma, todos lucían similares y ningún rostro se parecía al de mi prima. Hasta que noté como una chica con el pelo más rojizo que castaño se acercaba a paso rápido hacia nosotros. No había pasado mucho tiempo desde la última vez que la vi, pero estos meses habían hecho sus facciones más pronunciadas y como había perdido peso sus ojos parecían más grandes.
— ¡Llegué! —exclamó entre saltos antes de abalanzarse en los dos.
Era tan extraño estar los tres juntos que en medio de la felicidad y el caos sentía dudas. Lo miré a Ash, sin ninguna muestra de su nerviosismo anterior, y decidí que era mejor seguir el ritmo de lo que sucedía.
— ¿Cómo estuvo el viaje? —preguntó Ash, mientras ella nos miraba curiosa, quizás comparándonos con la última vez que nos vimos.
— Tranquilo, aburrido. Clemencia les manda saludos y dice que los extraña tanto como yo —canturreó, y yo sonreí, con la sonrisa falsa de mi madre.
— Imagino que deben extrañarnos tanto como nosotros —dije ocultando mi sarcasmo en palabras dulces que Ash no compro; me gané una mirada sagaz antes de salir de allí con los bolsos de Nik en mano.
El camino de vuelta fue a la casa de Ash, era el destino elegido porque estaba más cerca de la terminal y era el más ordenado. Aún a meses de mudarme, mi casa seguia siendo un caos y por más que tuviese tiempo libre, prefería usar ese tiempo para tener sexo con Ashton antes que ordenar.
— ¿Y cómo han estado comportándose ustedes acá? —dijo con una sonrisa maliciosa. Estaba seguro que se refería a las cientos de aventuras inexistentes que teníamos, porque no creo que se imaginara ni por medio de trampa que preferíamos revolcarnos entre nosotros que con alguien ahí afuera.
— Mejor de lo que creímos —respondí, echando una mirada de soslayo a un Ashton que parecía actuar mejor de lo que creí—. Todo es clases, estudiar y dormir. La vida acá es menos interesante de lo que imaginamos en la secundaria —confesé, viéndola tirarse en el sillón y quitándose las zapatillas.
No pude evitar mirar de nuevo a Ash solo para verlo entrar en pánico por el desorden que comenzaba a avecinarse. Con una sonrisa, lo seguí mientras agarraba los bolsos de Nik y los llevaba a su habitación.
— ¿sigue siendo un friki del orden? —preguntó Nik mirándome con una media sonrisa y asentí, antes de sentarse cerca de sus pies.
— ¿y tú cómo has estado? —pregunté, queriendo saber más de lo que solía decirme en llamadas o mensajes. Sabía que había más, y extrañaba tener ese vínculo tan fuerte que teníamos antes.
— Bien. Las cosas allá están un poco mejor, mamá está volviendo a ser la misma y papá dejó de ser un idiota, así que más allá de que no volvieron a estar juntos, la relación está más estable, y lo demás solo se habituó a eso —se encogió de hombros, más allá de esa meláncolía que emitia al respecto, había algo semenjante a la aceptación más que a la resignación.
— A veces es difícil crecer y alejarse de lo que tus padres hacen. Pero la vida de ellos y la tuya son dos cosas diferentes —suspiré, porque tantas veces me había sentido responsable de las decisiones, peleas y actitudes de mis padres. Y desde lejos, uno a veces veía las cosas de distinta manera.
— Lo sé, pero cuesta cuando vives en el mismo techo —suspiró, girándose hacia Ash que se unía a nosotros. Ella le sonrió, tomando su mano y dándole un apretón. Y nunca creí que podría tener celos de eso, aunque sabía que era infantil de mi parte y que ellos dos se querían como hermanos.
Respire hondo, desviando mi mirada a otro lado, sintiendo la amargura instalarse en mi interior, como un amargo veneno.
— ¿Te dijo Cam que planeó toda la semana cosas para que hagamos cuando llegues? —le preguntó Ash a Nik, oí el grito feliz de ella, e intentando hacer desaparecer la oscuridad en mí, me giré. Sus ojos lucían llenos de expectativas sobre mi.
— Y luego él me dijo que capaz que tenías tus planes —comenté queriendo que mi amargura no resuene en mi voz pero estoy seguro que fracasé. Nik negó rotundamente, sin dejar de reír, con los ojos llenos de emociones que amaba ver.
— Vamos a hacer cada actividad que planeaste, pretendo irme de acá cansada por no dormir de tantas vueltas que dimos —exclamó con el ánimo florecido, ella levantó sus ojos hacia Ash pero yo no me animé a mirarlo, aún intentaba conocer y manejar estas nuevas emociones en mi.
Nik se levantó rápidamente del sillón, decidida a darse un baño para que empecemos con nuestras aventuras por la ciudad. Y yo pretendía irme a mi casa a cambiarme de ropa cuando sentí la mano de Ash sobre mi brazo que me llevaba hacia la cocina.
— ¿Qué te sucede? —me preguntó, y yo negué sin querer mirarlo, porque no quería que viera la oscuridad en mis ojos. Pero posó su mano bajo mi barbilla, sin darme opción a mirarlo. Permanecí en silencio, tenso y alerta, podía oír a Nik caminar desde el dormitorio al baño para dejar sus cosas.
Había esperado curiosidad o indignación en él, pero la arruga en su entrecejo y la forma en que sus labios se curvaban me indicaba que estaba perdido y preocupado, incluso triste. Mantuve mi respiración atorada en mis pulmones por unos segundos, sin poder dejar de mirarlo y al mismo tiempo, completamente abstraído en lo que Nik hacía.
— Ash, ¿por qué hay dos cepillos de dientes acá? ¿hay algo que no me contaste? —preguntó entre gritos y la sorpresa recorrió mi garganta hasta que casi grito. A diferencia de mi pánico inminente y comentarios bromeando al respecto para ocultar la verdad, Ash continuaba contemplandome con total tranquilidad; como si no estuviésemos a solo una pared de ser descubiertos.
— Quizás si me animo más tarde te cuente prima, ve a bañarte —respondió él con voz firme, y yo permanecí ahí, comportándome lo mejor posible porque si había algo que me intimidaba y me excitaba al mismo tiempo, era Ash en modo disciplinario— ¿por qué estás siendo así? —me preguntó en voz baja, sin especificar bien cómo estaba siendo, pero sabía a qué se refería. Parecía un niño caprichoso y consentido al cual le había prestado sin su aceptación su juguete favorito. En este caso, era Ash.
— Resulta que me di cuenta que me cuesta más de lo que creí compartirte —suspiré frustradamente, cerrando mi ojos y apoyando mi cabeza sobre la pared.
él se acercó más a mi, podía sentir su calidez en cada parte de mi cuerpo, y casi emito un gemido cuando su mano libre se metió bajo mi camisa. Pero cada sonido de mi boca se amortiguó cuando sus labios tocaron los míos. Tras un suave mordisco en mi labio inferior, me besó como si eso dependiera su vida, como si quisiera obtener cada fragmento de oscuridad que había en mi para deshacerse de ello y hacerme un hombre mejor. El beso fue breve, una mezcla de dientes y lenguas que nos agitó a ambos. Yo buscaba un poco de aire y él se acercaba a mi oído.
— Imposible que me compartas, sabes que soy completamente tuyo —murmuro con voz gruesa, firme y letal. Sentí que viví y morí en ese instante, y una parte de mi alma sería condenada al fuego eterno solo por él.
Estaba cayendo, y no me importaba cuánto dolería.
Ash me dejó en la cocina solo, yéndose con una sonrisa orgullosa, haciéndome replantear mis ideas y sentimientos. Todo parecía menos dramático cuando él me aseguraba que estaba conmigo, haciéndome volver a poner los pies sobre la tierra.
Una vez que todos estuvimos listos decidimos irnos a explorar la ciudad. Visitamos la cafetería y la exhibición de arte de la academia williamson; una gran recomendación de mi amigo. Luego fuimos a las ferias sobre el borde de la playa y aprovechamos para sentarnos sobre la arena hasta que el horizonte se devoró el sol y el frío comenzaba a incomodarlos. Terminamos en un bar comiendo y bebiendo algunos tragos.
La extrañeza del inicio ya se había perdido para el momento en que encontramos una mesa desocupada en el bar 616. Y mi tensión para enmascarar mis deseos de estar cerca de Ash ya se había erradicado completamente para el segundo vaso de gin tonic.
— Es tan divertido estar de nuevo con ustedes —canturreo Nik en medio de un suspiro, mirándonos con cariño—. No hay nadie en este mundo que pueda entenderme como ustedes —sonrió con ojos brillantes.
— También nos alegra que estés acá. Es raro después de tanto tiempo pero es como si nunca hubiéramos estado separados" —respondió Ash.
Había una melancolía que hacía que su expresión fuese suave y pensativa. Además el alcohol lo hacía sonrojar, le ponía los ojos más brillantes de lo que eran y hablaba más de lo habitual. Se veía tan hermoso de esa forma que hubiese dejado de lado las apariencias para besarlo ferozmente.
Y algo me decía que pensaba lo mismo por la forma en que miraba mis labios con recurrencia. Yo me esforzaba por contener la sonrisa al oír la voz de Nik hablarnos.
— Tengo que confesarles, en este momento que me siento más valiente, que estoy conociendo a alguien —nunca la había oído tan tímida, y sus mejillas se enrojecieron aún más—. Aún no es nada serio porque todo es nuevo pero me ayuda a aprender —agregó con una incipiente sonrisa, moviendo sus dedos alrededor de su vaso, con la mirada perdida en la mesa, como si estuviera rememorando un recuerdo muy importante.
— Eso es muy bueno NIk, sabes que siempre te vamos a apoyar —le aseguré, queriendo que pudiese entender cuan grande iba a ser nuestro apoyo con cada decisión que tomara, sin importar cual era. Ella posó su mano en mí, sonriéndome y luego se giró hacia Ash.
— Cada día creo que ustedes me aman más que mis propios padres —canturreo, acercándose a nuestros rostros para apretarnos las mejillas con fuerza. Los dos nos quejamos al mismo tiempo, alejándonos de sus manos—. ¿y ustedes? ¿no van a contarme de sus vidas amorosas acá en Bahía? —preguntó haciendo que Ashton casi escupiera la cerveza que había tomado.
— La única vida que tengo es la de estudiar —me quejé, haciéndome el desentendido y llenando mi boca de gin tonic para no tener que adentrarme más. Nik puso los ojos en blanco con dramatismo y resignación hacia mí, enfocandose completamente en Ashton, quien estaba enrojecido y arrinconado.
Sonriendo maliciosamente, posé mi rostro sobre mi mano, mirándolo con precaución y curiosidad. Él se acomodó contra el respaldo de la silla, riendo sin humor, mirando el bar como si hubiese algo interesante en él hasta que cruzo mi mirada y terminó en Nik.
— Sé que estás preguntándote lo del cepillo de dientes... —se detuvo sin saber cómo seguir, ladeando su cabeza y evaluando cada uno de mis movimientos de soslayo. Noté como movía sus manos sobre sus piernas.
— ¿te hace feliz? ¿Sientes que eres completamente tu con esa persona? — preguntó Nik, y él asintió sin dudarlo—. ¿Algún día conoceré a esa persona? —inquirió con grandes expectativas..
— eso no tienes ni que dudarlo —murmuró sonriendo tan felizmente que hacía que mi estómago se removiera con alegría y orgullo.
Nik aplaudió con felicidad, haciéndonos hacer un brindis antes de decidir terminar con aquella noche.
Las risas y bromas continuaron desde el bar, a través del tramo de playa que recorrimos hasta la casa de Ashton. Ni bien llegamos, Nik se recostó en el sillón, deshaciéndose de sus zapatos, mientras luchaba contra el sueño y por planear cómo íbamos a dormir esa noche, porque tanto Nik como Ash se negaban a que me fuera a mi casa.
Hubo toda una guerra de dignidades y egos para llegar a una negociación, y terminó con Nik yéndose directamente a dormir a la habitación de invitados. A mi no me quedó otra alternativa que dormir en la cama de Ash mientras él se quedó en el sillón, que más allá que era cómodo, no era ideal para su espalda.
De pie sobre la puerta cerrada, lo vi cambiarse con lentitud, siempre consciente de mi mirada sobre él. Se movía lento y torpe, poniéndose la remera con una media sonrisa y terminó acercándose a mi. Sus ojos se oscurecían cuanto más cerca estaba, e incapaz de estar un minuto más lejos de él y lo arrastré hacia mí desde la remera.
Nuestros labios se tocaron y permanecieron inmóviles por un momento. él suspiró profundamente, aplastando su cuerpo sobre el mío, posando su mano sobre mejilla y la otra sobre mi cintura. Y yo sonreí, involuntariamente, completamente embelesado con la cercanía y sus caricias.
De a poco nos fuimos besando con más y más intensidad, enterré mis dedos en su pelo y contuve mis gemidos ante su lengua contra mi lengua, sus manos enterrándose en mi cuerpo y yo incapaz de contener mi deseo de recorrer cada fragmento de su piel. Su perfume me intoxicaba, era adicto a su cercanía y a sus besos que eran un elixir de vida.
— No me extrañes demasiado esta noche —susurró mordiéndose el labio, y yo sonreí maliciosamente metiendo mi mano dentro de su pantalón, solo para verlo estremecerse bajo mi tacto.
— Lo mismo va para tí —le murmuré con voz aterciopelada, besando su cuello y mordiendo suavemente mientras lo sentía erecto en mi mano. Él se removió inquieto y tenso, ahogando un gemido frustrado, y riendo por lo bajo lo solté, oyendo sus quejas frustradas.
— Te gusta demasiado hacerme sufrir —posó su frente en mi hombro, hasta que se acurrucó sobre mí y lo abracé con fuerza, luchando por controlar los latidos desenfrenados de mi corazón.
La forma en la que me sentía con él era algo que nunca me había pasado ni había sentido. Ni siquiera mis anteriores amantes me daban una mínima parte de lo que Ash hacía. Cada mirada, toque o beso era estar un paso más cerca al cielo, aunque sabía que el infierno iba a ser mi hogar eterno.
Me hacía sentir que era una mejor persona, capaz de hacer lo inalcanzable y de tocar el cielo con solo estirar mis brazos. Y a medida que llegaba más alto, sentía que más bajo caía. Y lo estaba haciendo a tal velocidad que cuando me estrellara contra el suelo dolería, y muchísimo.
Solo esperaba la llegada inminente del impacto.
— Que duermas bien —susurró sobre sus labios, besándolo una vez más, y él permaneció sobre mí hasta que se resignó a la breve separación. Lo dejé ir con pocas ganas, acostándome a dormir en su cama sumergido en sus frazadas y en el aroma a él que tenían.
Se sentía como confort y felicidad, y era todo lo que necesitaba. Estaba cayendo; me recordé a mi mismo, antes de sumergirme en sueños.
*****
El tiempo con Nik transcurrió en un difuso borrón. Las horas parecieron no alcanzar para todo lo que queríamos hacer más allá de que pasamos todo el tiempo disfrutando de la ciudad.
Sentía que me habituaba de nuevo a su presencia cuando la ví preparando sus cosas para volver. La agria melancolía me recorrió con prisa, removiendose en mi estómago. Me senté en la cama junto a ella, mirándola armar su bolso con deseos de que pudiese estar más tiempo. Podía oír a Ash en la cocina, pero solo quería compartir lo que me quedaba con Nik.
— ¿vas a volver pronto, no? —pregunté, y ella sonrió sin mirarme. Me sentía un niño pidiendo un poco de atención, inseguro y esperanzado.
— Vendré lo más pronto posible —me respondió—, estar acá me hizo darme cuenta que hay un mundo fuera del nuestro en el que podemos ser felices. Aunque no significa que no esté conforme con mi vida allá —aclaró, dedicándome una mirada de soslayo.
Suspiré pesadamente, acomodándome sobre la cama. Había cierta reminiscencia del pasado, de esos pequeños detalles que me daban felicidad, por el cual me daban de volver a Clemencia, mientras había muchas otras causas por las cual no quería volver.
Amaba y odiaba mi hogar, a veces prevalecía uno y a veces otro, pero esa constante lucha siempre se encontraba en mi interior.
— A ustedes los veo muy bien acá, pero tampoco se olviden de volver, se los extraña mucho por más que no lo crean —comentó y recibí un golpe en el brazo por mostrarme escéptico e irónico—. No seas malo, y sé un poco más empático con el resto —me reprimió, y sonreí con falsa inocencia.
La empatía no era algo con lo que fuese familiar. Ella nunca había estado conmigo durante mi infancia y adolescencia, así que me rehusaba a reconocerla. Sabía que si él aún me vigilaba desde lo alto a pesar del distanciamiento, debería estar juzgándome como siempre lo hace.
— La única persona que me importa que me extrañe eres tú —dije, e inmediatamente pensé en mi madre. Últimamente a ella también la extrañaba y me daba cuenta que la distancia me hacía apreciarla un poco más—. Intenta no perderte demasiado, y mantenme al día de tus cosas, de lo que sea —le advertí con una media sonrisa. Nik sonrió aún más y me abrazó; nunca había sido una persona muy afectiva y emocional, quizás era la edad, pero me gustaba ser afectivo con ella.
— Me gusta verte así, sea lo que sea que estás haciendo, me doy cuenta que te hace realmente feliz —murmuró en mi oído, y yo dejé un beso sobre su pelo.
— Creo que estoy cada día más cerca de saber quién soy —suspiré pesadamente antes de dejarla ir. Ella me miró, pensativa y abstraída de sus pensamientos, hasta que sonrió.
El fin de nuestra conversación terminó cuando Ash se unió a nosotros para avisarnos que el taxi de Nik estaba en camino. Eso solo hizo que la melancolía incrementara e intenté alejarme de ellos para no verme demasiado afectado. Mi sentimentalismo lo camuflé con bromas e ironía, con ese desdén y desinterés que incluso a mi me molestaba a veces.
Fue tan rápido el momento en que Nik se despidió de nosotros allí en la puerta de la casa de Ash. Nos abrazó con ojos llenos de lágrimas que se negaban a salir pero con una sonrisa gigante, llena de promesas que nunca se sabría si se cumplirían, manteniendo la esperanza de que quedaba mucho por hacer.
Ella se fue, quedamos solos y en silencio. él me miró deambular sin rumbo hasta que me recosté en su cama, rodeado de su perfume y del confort. Percibía la melancolía arremolinarse como un dulce veneno que me intoxicaba y necesitaba deshacerme de eso.
Él no tardó en unirse a mí, rodeándome con sus brazos y enlazando sus piernas con las mías. Un beso en mi frente y una caricia gentil fue todo lo que necesité para recomponerme un poco más. Cómo si él fuese capaz de juntar los pedazos en mi para unirme y reparar cada pequeña grieta.
— Puedes permitirte extrañar Clemencia, no seas terco —su voz era suave y profunda, como una melódica canción que me daba tranquilidad.
— ¿por qué voy a extrañar una ciudad donde crecí siendo golpeado, ignorado, obligado a ser algo que no era? —pregunté, más amargado de lo que creí, acurrucándome sobre su pecho. Mi voz se diluyó entre el silencio, hasta que él volvió a hablar.
— Puedes extrañarla porque más allá de lo malo también está lo bueno. Tu mamá, los tíos Jack y Lisa, las reuniones en familia que a pesar del caos a veces eran divertidas, cuando nos escapamos de la academia para ir a la plaza o fumábamos en rincones escondidos, Nik... yo —comenzó a nombrar cada recuerdo que por más pequeño que fuese tenía gran felicidad para mí. Me resultaba increíble el poder que tenía de ver lo bueno y esperanzador de todo, mientras que yo estaba del otro lado.
La melancolía se transformó en tristeza. Sentí una opresión en mi pecho que llegaba hasta mi garganta, y aunque no lloré, lo aprisioné con más fuerza. Estaba seguro que era la amargura de estar anclado a la oscuridad de mi pasado lo que impedía avanzar en mis sentimientos. Prefería mantenerse anclado a recuerdos oscuros para impedirme sentir y vivir antes que liberarme de ellos para intentar ser feliz.
Y aunque de a poco entendía un poco más lo que me sucedía, sentía que me faltaba mucho para dar el gran paso.
Al menos lo estas reconociendo; me dije a mi mismo, antes de dejar un beso sobre la piel de Ash. Y permanecí lo que se sintieron como horas, rodeado con su calidez, besos y abrazos, susurrándome palabras bonitas que me hacía un poco menos tormentoso. Haciéndome casi sentir que en algún momento podía ser alguien mejor.
Y así, en medio de sentimientos que quería entender, aprendí que a veces uno tiene que aprender a soltar y aceptar el pasado para seguir adelante y afrontar nuevos desafíos.
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