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Capítulo VII

El sol se filtraba débilmente a través de las cortinas entreabiertas, lanzando rayos pálidos sobre las filas de pupitres en el aula universitaria. Sin embargo, para Nico, el brillo matutino solo intensificaba la punzante sensación detrás de sus ojos y el malestar en su estómago revuelto. Estaba sentado en su pupitre, con la cabeza apoyada en una mano y los ojos entrecerrados, luchando contra la resaca que lo había abrumado desde el momento en que abrió los ojos esa mañana.

No recordaba siquiera como había regresado a su casa la noche anterior. Solo despertó tirado en su cama.

"Qué irresponsable Nicolás Lorca" se decía a sí mismo.

El único consuelo que tenía era que, hasta donde tenía entendido, es que sus padres no se habían dado cuenta de su estado cuando llegó y se despertó esa mañana sin castigo alguno. Al menos no había hecho alguna escena vergonzosa, la cual lo persiguiera el resto de su vida como tormento.

El murmullo suave de los demás estudiantes que conversaban a su alrededor parecía retumbar en su cabeza, cada palabra como un golpe sordo contra su cráneo. Cada movimiento repentino del profesor al otro extremo del salón le hacía retorcerse en su asiento, deseando desesperadamente estar en cualquier otro lugar que no fuera allí.

El recuerdo borroso de la noche anterior se deslizaba entre las grietas de su mente, dejando solo destellos de risas estridentes, luces parpadeantes y tragos que se sucedían uno tras otro. Ahora, enfrentaba las consecuencias de sus excesos en forma de una resaca implacable, una tormenta de dolor y arrepentimiento que amenazaba con consumirlo por completo.

"Tómalo, con toda la confianza, prometo que si te pasas de copas te cuidaré."

La voz de Santiago retumbó en sus recuerdos y no pudo evitar sonrojarse, lo cual lo hizo irritarse y gruñir en bajo.

Intentó mejor concentrarse en las palabras del profesor, pero cada intento de enfocarse solo parecía empeorar las punzadas detrás de sus ojos. Los restregó para intentar arreglar eso, sin embargo, lo único que hizo fue empeorar su vista, ya que tenía los ojos secos. Entre sus arrepentimientos se prometió a sí mismo que nunca más volvería a dejarse llevar de esa manera, pero en ese momento, todo lo que deseaba era poder retroceder en el tiempo y evitar el malestar que lo había sumido en la miseria.

Vio el reloj en la pared, el cual marcaba el paso inexorable del tiempo, Nico se aferraba a la esperanza de que, eventualmente, esa pesadilla matutina llegara a su fin y pudiera escapar de ese tormento hacia la promesa de un alivio bienvenido. Pero por ahora, estaba atrapado en un ciclo interminable de dolor y arrepentimiento, con la lección aprendida demasiado tarde para ofrecer consuelo en medio de su resaca implacable.

—Nico, ¿estás bien? —murmuró Georgy en el oído de Nico.— Te ves muy mal.

Nico estaba apoyando en sus manos tapando sus ojos. Negó lentamente y volteó a ver a Georgy con un rostro sin consuelo.

—Georgina... ¿Soy un mal amigo?, o, ¿por qué dejaste que tomara tanto? —dijo Nico en un murmuro.

Georgy hizo una mueca al escucharlo y luego rio en bajo para no ser regañada por el profesor.

—Bebé, pero... ¿Yo qué te hice? Ayer estabas muy feliz. No te vi incómodo. Al contrario, te vi muy feliz. —dijo Georgy sonriendo y para fastidiar a Nico enfatizó el "muy".

—¿Qué?, ¿a qué te refieres con muy feliz? —dijo Nico alarmado.

El profesor carraspeó y dijo en un tono severo.

—Señor Lorca y señorita Cerdeña. Disculpen mi mal educación al interrumpir su tan amena conversación.

Nico se sonrojó y se disculpó con el profesor, el cual solo rodó los ojos y continuó dando la clase.

El tiempo transcurrió y dio la hora que tenían libre. Nico salió como si fuera muerto viviente del salón de clases y comenzó a caminar con Georgy a su lado. Georgy le fue contando poco a poco sobre la noche, sin embargo, nunca le llegó a decir información de él.

Al llegar a la cafetería se encontraron con un Santiago más fresco que una lechuga.

Muy fresco para el gusto de Nico. Lo irritaba.

Santiago se quitó los lentes de sol y los puso en su cabeza. Se acercó y saludó afectuosamente a Georgy, quien lo recibió de la misma manera. Luego, tocó el turno de Nico, a quien tomó por sorpresa el beso que le plantó en la mejilla.

Nico se quedó estático por un segundo y luego lo empujó desconcertado.

—¿Qué se supone que haces?, ¿desde cuándo tenemos esta confianza?

Santiago solo se rio y arqueó su ceja de forma desafiante.

—¿Qué dices?, ¿me estás insinuando que tú eres el único que se puede dar la libertad de estar tocando a las demás personas, pero yo no te puedo saludar con un beso en la mejilla?

Nico frunció su ceño y abrió la boca para defenderse, sin embargo, como si hubiera estado programado, sus recuerdos empezaron a aparecer de la noche anterior.

Nico siendo más que amistoso con Santiago. Allí entendió el énfasis de Georgy en el "muy feliz".

Las mejillas de Nico empezaron a teñirse en un rojo intenso. Su vista se volvió borrosa y él solo quería desaparecer. Luego el rojo se volvió una palidez preocupante y sus ojos amenazaban con cerrarse.

Santiago solo se reía con Georgy al ver como Nico cambiaba de color y como sus gestos eran tremendas obras de arte, sin embargo, Santiago terminó sosteniendo a Nico porque se empezaba a ver mal.

—Vale, vale Nico, no te desmayes. Todo bien, solo jugaba.

—Yo—...

Nico no podía hablar, estaba procesando toda la información. De repente, la resaca era inexistente. Nico estaba totalmente sobrio.

Santiago se rio y negó.

—Nicolás necesitas un café, urgente.

—Vayan ustedes, luego los alcanzo. —dijo Georgy sonriendo.

Santiago solo asintió y jaló del brazo a Nico, quien a este punto solo era una hoja de papel. Lo llevó a comprar un café para que se arreglara su aspecto.

Mientras tanto, Georgy tenía un objetivo y era hablarle a Victoria.

Victoria iba por los pasillos caminando despreocupada con sus audífonos puestos, ignorando a los demás.

Georgy se apresuró y corrió para alcanzarla. Se puso frente a Victoria y la saludó amigable con su mano. Victoria la vio sorprendida y paró en seco. Se quitó sus audífonos algo confundida y sonrío de lado.

—¡Hola Tory!

—Hola Georgy, ¿cómo estás?

—Todo súper, ¿por qué no nos fuiste a buscar?

—Uh... no lo sé, he estado ocupada. Justo voy a mi otra clase, ¿ustedes no tienen otra clase?

—¿Cuál tienes?

—Teoría de la imagen

—¡Oh!, qué suerte. Iba a esa clase. No sabía que estábamos en la misma clase.

Claro que Georgy sabía. Desde la primera clase la había visto.

—¿En serio?, yo tampoco me había dado cuenta, ¿Quieres que nos sentemos juntas?

Georgy celebró en sus adentros.

—Sí, sería genial. ¡Vamos!

Victoria sonrío de forma amistosa y asintió.

Georgy se dispuso a caminar junto a Victoria, pero su celular comenzó a sonar.

—¿Aló?, ¿Santiago?

—Georgina, me voy a llevar a Nico. Está mal, no creo que vaya a poder ir a la otra clase.

—Pero, ¿cómo que te lo vas a llevar?, ¿al hospital?

—No, no. Tampoco es que esté tan grave. Lo llevaré a comer algo y así.

Georgy se quedó en silencio procesando un segundo lo que dijo y no pudo evitar reír. 

—Ah vale, vale. Ya entendí. Vale, entonces nos estamos hablando. Suerte.

—Ah-... No es lo que piensas, mujer maliciosa.

—Sí, sí, claro. Nos vemos en el gimnasio hombre santo.

Georgy rio luego de decir aquello y colgó evitando que Santiago se defendiera.

—¿Está todo bien? —dijo Victoria algo preocupada.

—¡Oh!, sí, sí. No te preocupes. Es que Nico está con una gran resaca y Santiago se lo va a llevar a que tome aire porque dice que no lo ve capaz de ir a la próxima clase.

Victoria se rio y por primera vez Georgy la vio sonriendo y riendo, lo cual la hizo sonreír.

—¡Pobre Nico! ¿Por qué se puso así?

—No lo sé, no estaba allí con ellos cuando tomó de más, sin embargo, deberías de sonreír más. Tienes una linda sonrisa, es una lástima que la escondas.

Victoria rio y arqueó una ceja viendo a Georgy por un segundo.

—¿Crees que tengo una linda sonrisa? Pues, claro. ¿Sabes?, no es por ser presumida, pero no es la primera vez que me lo dicen, sin embargo, hay una regla de etiqueta que dice que si te quieres ver exclusivo no debes de estar con muchas personas en público, ser selectivo con las personas con quién andas, no asistir a todos los eventos donde te invitan, por consiguiente también no sonreír tanto o reír en público. 

Georgy la vio confundida.

—¿Por qué harías eso? Es mejor darle una sonrisa a la vida, para que te vean con carisma. Trasmitir las buenas vibras que puedes darles a las personas.

Victoria solo sonrío.

—No a todos se nos ve bien el sonreír todo el tiempo como a ti Georgina.

Georgy se rio. 

—¡Porque lo hago genuinamente!

Ambas se rieron y llegaron finalmente a la clase que les tocaba. Como dijeron se sentaron juntas y tomaron la clase, compartiéndose apuntes, charlando amenamente.

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