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Capítulo VI

La vibrante noche madrileña se desplegaba con todo su esplendor en el corazón de la ciudad. Las luces de neón parpadeaban en la entrada del Cuenca Club, ubicada en el bullicioso escenario nocturno de Madrid, esta joya de la vida nocturna se destacaba como un epicentro de la diversión y libertad de expresión.

Entre las risas contagiosas y la música vibrante, se encontraba Santiago recostado en la barra del bar tomando un trago mientras esperaba la llegada de Georgy.

Vestía de manera poco convencional en comparación con su estilo habitual. Lucía unos pantalones de lona azul oscuro, ligeramente ajustados, acompañados por una camiseta de tirantes negra y una chaqueta de lona gris oscuro. Su característico cabello, como siempre, estaba desordenado, mostrando ondas sueltas que conferían una apariencia despreocupada pero pulida. Esa noche, había optado por llevar sus seis piercings. En la oreja derecha, destacaba un hélix con un aro conectado a través de una cadena que se unía a otro aro en la última perforación del lóbulo, mientras que en las dos perforaciones restantes lucía piedras negras. En la oreja izquierda, completaba el par con dos piedras negras en las únicas perforaciones que tenía. Como toque final, llevaba un piercing de bolitas en la ceja y un aro en el labio inferior derecho. Para complementar su atuendo, adornaba su cuello con una cadena plateada, su muñeca izquierda con una pulsera de cuero y en su mano derecha un anillo negro en el dedo índice. Además, su rostro mostraba un look de smokey eye negro con glitter plateado, un toque de rubor y gloss en los labios.

La expectativa de una noche llena de diversión y buena compañía dibujaba una expresión animada en su rostro.

El tiempo transcurrió y llegó finalmente el momento donde Georgy apareció abriéndose espacio entre el montón de gente. Santiago la saludó brindándole un beso en cada mejilla. Sin embargo, lo que Santiago no esperaba era la sorpresiva presencia de Nico, quien apareció detrás de Georgy como un destello inesperado con un gesto de incomodidad y timidez al notar que en ese mismo espacio se encontraba Santiago, pues al igual que él, estaba igual de sorprendido al encontrarse frente a frente.

Santiago sonrió y le dio descaradamente un beso en la mejilla a Nico, solo que a diferencia del que le dio a Georgy, este iba con un toque sutil de coqueteo y picardía. Nico solo se sorprendió y se separó para verlo fijamente.

—Gusto de verte, Nico.

Nico lo vio detenidamente y asintió algo desubicado, pero sin dejar de ser cortés.

—Hola, Santiago.

Georgy solo los veía admirando la escena con una sonrisa expectante, pues la culpable de aquel encuentro inesperado era ella. Los abrazó a ambos y dijo de forma animada.

—Bueno, ¿no me vais a invitar un trago? dejen tanto protocolo y vamos a divertirnos.

Santiago no despegaba la mirada de Nico y sonreía con picardía, sin embargo, se recostó en la barra y pidió un trago para ambos de sus compañeros. Nico solo intentaba no establecer contacto visual con él, a pesar de que sentía su mirada intensa sobre él. Se sentía justo como se sentiría una presa frente a un depredador.

El motivo de la mirada de Santiago era el atuendo de Nicolás, ya que, al igual que él, Nico había optado por un conjunto fuera de lo convencional. Llevaba unos pantalones negros de pinzas, un chaleco tejido blanco de corte oversized como camisa y unos mocasines de suela gruesa. Como accesorios, lucía únicamente un collar de perlas y unas pulseras artesanales en su muñeca izquierda. El chaleco permitía ver claramente el tatuaje en su antebrazo, y esa noche decidió aplicarse un poco de rubor en los pómulos y la nariz, resaltando sus pecas. Su cabello rizado estaba ligeramente estilizado.

Santiago se dio la vuelta hacia sus acompañantes y les brindó las bebidas que había pedido. Georgy lo recibió y tomó sin dudarlo, Nico vio el vaso por unos segundos, titubeando, pensando sí era buena idea o no tomarlo. Mientras Nico divagaba en su cabeza, el empujón de hombro de Santiago lo trajo de vuelta a la realidad.

—Tómalo con toda la confianza, prometo que si te pasas de copas te cuidaré. Tengo dos hermanos y a ninguno le ha pasado nada malo -dijo Santiago en su oído para que él escuchara.

Santiago se separó y topó su vaso con el de él y le guiñó el ojo para confirmar la confianza. Nico lo vio detenidamente y no pudo evitar sonrojarse un poco. Sonrió un poco más calmado para darle un sorbo a la bebida. Asintió y le dio las gracias a Santiago por el trago. Santiago solo sonrió y volteó a ver a Georgy, quien había desaparecido y ahora se encontraba en la pista de baile con una chica muy guapa.

Santiago solo rio, no habían pasado ni 5 segundos y Georgy ya había encontrado un ligue. Era de esperarse, pues había decidido salir de su zona confort con el conjunto que estaba utilizando.

Llevaba una camiseta corsé de encaje negro y unos pantalones cargo verde que dejaban entrever un toque de lencería negra. Combinó el look con unos tenis chunky blancos que le daban un toque moderno y casual. En cuanto a los accesorios, llevaba una pulsera dorada y una gargantilla a juego, junto con unas arracadas que le daban un toque de estilo. Su cabello suelto y rizado le daba un aire desenfadado y chic. Y para resaltar sus facciones, optó por un maquillaje brillante que iluminaba su rostro, con destellos en los ojos y un toque sutil de rubor en las mejillas.

La noche transcurrió con diversión y sin ningún percance... Bueno, solo un mínimo percance.

Pues, Nico por los nervios que cargaba esa noche; el alcohol había hecho su función muy bien y lo relajó de más, pues ahora se encontraba en la pista de baile bailando muy sugestivamente frente a Santiago, quien horas antes casi le suplicaba a Nico que fueran a bailar, incluso le dijo que le prometía que no se iba a propasar. Sin embargo, ante la situación, el propasado iba a ser otro.

Como himno pop de la actualidad empezó a sonar a todo volumen "What's the time where you are?" de Troye Sivan. La Cuenca se encendió y como si hubiera sido requisito todos empezaron a corear la canción a todo pulmón.

Nico sentía la canción mientras bailaba con Santiago, a quien le aprecia hilarante ver esa versión de Nico, pues a diferencia de Nico, tenía buena resistencia al alcohol ( Sin mencionar que tenía casi el 60% más de masa corporal que Nico) y él estaba tranquilo bailando con menos intensidad que Nico. De hecho, tenía mucho cuidado en tocarlo, solo ponía sus manos para evitar que Nico se lastimara o se cayera y pasaba por alto el hecho de que siempre encontrara una excusa para pasarle las manos encima de los hombros o brazos, incluso de vez en cuando se atrevía a pasarle despreocupado las manos por el pecho, lo cual lo hacía reír. Georgy los vio de lejos y sonrió de satisfacción, le pidió a su acompañante esperarla pues tenía ganas de ir al baño.

Caminó tranquilamente entre la multitud que festejaba y bailaba hasta encontrar el baño. Fue y se arregló.

A la hora de salir, encontró sorpresivamente a la persona que menos esperaba ver por esos lares.

Victoria Luna.

Quién se veía extremadamente confundida y perdida. Estaba aturdida y no la culpaba, había mucho ruido y personas, no parecía de las personas que frecuentara un club y mucho menos un lugar como La Cuenca. Georgy mordió su labio, un poco indecisa sobre sí ignorarla o ir a preguntarle si necesitaba ayuda, pues solo se conocían de vista, no es como que si tuviera la confianza de acercarse solo así.

Esos pensamientos se esfumaron rápido, pues con las copas que tenía encima, más el hecho de estar en su "territorio", se armó de valor y se le acercó con amabilidad.

—Eres Victoria, ¿no?

Victoria la volteó a ver a la defensiva, pero asustada y empezó a mover sus manos en negación.

—No es lo que parece. Yo solo quería ir al baño, me dejaron entrar aquí. No sé qué es este lugar.

Georgy solo rio y asintió bajando sus manos para jalarla.

—Tranquila. Yo te llevo, ven.

Victoria la vio y se dejó llevar mientras veía alrededor alarmada, esperando no encontrarse a alguien más. Georgy la dejó en la puerta del baño y asintió.

—Aquí te espero. Estoy con Nico, lo conoces, ¿cierto?

Victoria suspiró aliviada al escuchar un nombre conocido y asintió.

—Bien, solo voy rápido y vamos.

Georgy asintió de forma amable y esperó a Victoria. Pasaron unos cinco minutos y Victoria salió finalmente apurada.

—Listo, perdona la tardanza.

Le tendió la mano.

—Soy Victoria, disculpa que no me presenté. ¿Nos conocemos?

—No nos conocemos de cerca. Pero eres amiga de mi amigo, por lo tanto, también te considero mi amiga, si no te parece mal.

Victoria la vio con cierta desconfianza y asintió, Georgy rio.

—Soy Georgina, puedes decirme Georgy.

Victoria asintió tranquilamente y vio alrededor abrazándose a sí misma.

—No creo que sea prudente molestar a Nico, bueno... A ustedes.

—No nos molestas. Puedes quedarte si no te molesta el ambiente. Mejor para nosotros -dijo Georgy sonriendo mientras le hacía una señal para que la siguiera.

Victoria la vio algo indecisa hasta ceder y caminó junto a Georgy hasta la mesa, encontrándose con una sorpresiva escena.

Nico tenía casi arrinconado a Santiago contra la barra mientras bailaba y Santiago tenía una mueca divertida mientras ponía sus manos alrededor de Nico para evitar que se cayera, pero sin tocarlo.

Santiago vio a Georgy y susurró un "Ayúdame".

Victoria miraba sorprendida la escena sin decir algo. Georgy iba a distraer a Nico, pero no hubo necesidad ya que Nico se dio la vuelta y vio a Victoria.

—¡Tory! ¿Qué haces aquí?

Se separó de Santiago y la fue a abrazar. Victoria lo abrazó algo tensa y asintió palmeando su espalda.

—¿Te estás divirtiendo, Nico?

Nico asintió sonriendo, mientras tomaba de su trago y la miraba fijamente.

—Pensé que no te gustaban estos lugares.

Victoria volvió a negar alarmada.

—No, no vine de forma planeada. Es una larga historia.

Santiago sentado en la mesa ahora solo la miraba fijamente, pero de forma divertida.

—Venga, Victoria, pero nadie te va a morder si estás en un bar LGBT. ¿Se asustan tus pretendientes?

Victoria lo vio detenidamente.

—A diferencia de ti, Andrade, no acostumbro estos lugares.

Santiago solo sonrió con algo de picardía y desdén, sin decir nada, mientras tomaba de su trago.

Georgy solo rio y le tendió un trago a Victoria.

—¿Quieres? No tiene nada malo...

Victoria asintió y tomó el vaso tranquilamente.

La noche siguió transcurriendo con fluidez hasta dar las 2 de la madrugada. Todos ya estaban cansados, incluso Nico estaba tendido en el pecho de Santiago. Georgy y Victoria solo conversaban tranquilamente.

—Bueno, señoritas. Creo que es momento de irnos. Coronamos de nuevo en La Cuenca -dijo Santiago estirándose, sin despertar a Nico.

Victoria solo sonrió de lado y asintió. Santiago se ofreció a llevar a Nico porque era el único que llevaba carro. Georgy aceptó sin problema y se fue con Victoria a la estación de tren, irían en diferentes trenes, pero el trayecto a la estación era el mismo.

Santiago cargó a Nico sin problema al vehículo y lo recostó en el asiento del copiloto. Manejó a la casa de Nico con tranquilidad, se tardó unos 20 minutos hasta llegar a la puerta. Vio su celular y le escribió a su hermana.

Espero que ya estén acostados... No quiero llegar a encontrarlos despiertos ya van a ser las 3 de la mañana.

Suspiró y vio a Nicolás dormido plácidamente en el asiento, sonrió y deslizó sus dedos delicadamente por su cabello.

—Quien te viera no pensaría si quiera que eres un tosco.

Sonrió divertidamente y se recostó en el asiento cerrando los ojos. Los volvió a abrir a los segundos, tomó el celular de Nico y puso su huella para desbloquearlo. Buscó entre sus contactos y encontró a su hermana.

La llamó y ella contestó somnolienta al tercer timbre.

¿Nico?

Eh... No, soy Santiago, soy amigo de Nico. Traigo a Nico... Solo que no lo quise despertar, ¿puedes venir a abrirnos la puerta para evitar que lo regañen?

Su hermana estaba quedándose dormida hasta que contestó.

Hm... Si, voy.

Colgó sin más. Santiago vio el teléfono y lo dejó de nuevo en la bolsa de Nico. A los minutos apareció una chica desalineada, parecida a Nico, mientras se recostaba en el marco de la puerta. Santiago sonrió y saludó con la mano. Bajó del vehículo y volvió a cargar a Nico para llevarlo adentro de la casa.

—Gracias... No le digas a tus padres —Susurró.

Ella solo lo vio con una pequeña sonrisa y asintió cerrando la puerta con cuidado detrás de él. Santiago esperó a que ella lo guiara a la habitación de Nico y al llegar solo lo acostó en su cama.

—Gracias de nuevo, te debo un café, ¿qué te parece?

La chica se sonrojó y lo empujó afuera de la habitación.

—Sí, sí, mejor apúrate a salir de aquí.

Santiago sonrió divertidamente y salió de la casa. Se despidió de la chica y se subió a su vehículo para irse finalmente a casa.

¡Vaya noche!

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